Ponencia: Léxico médico en la cosmovisión de la lengua.
Hay cuestionamientos que merecen no sólo revisarse sino explicitarse. Es el caso de la pregunta siguiente con la que voy a encabezar el despliegue de esta exposición:
¿Qué lugar ocupa el léxico médico en la lengua? Éste es un cuestionamiento pertinente, focal y frontal que reclama desahogo por lo que es preciso acercarse al tópico de la esencia de la lengua invocando los preceptos científicos de la Lingüística general.
Al respecto, hay, por fortuna, teorías eficaces orientadas a explicar tanto la complejidad de la lengua como su vastedad, proporcionando datos reveladores con que pueden comprenderse algunos de los misterios de su esencia de una manera sencilla. Me refiero a la célebre teoría del diasistema.
En los términos de esa teoría, la lengua se dilata o se proyecta en tres dimensiones las cuales representan su hábitat, su repositorio:
1) el tiempo,
2) el espacio y
3) la realidad social.
Expresándolo de otro modo, la lengua es el producto de todas sus formas de hablarla en todos los tiempos, espacios y sociedades. En eso consiste el diasistema, de tal manera que ubicar una determinada habla (como lo sería el discurso de los médicos) en ese gran mapamundi que es la lengua es hacer que converjan en un punto las líneas temporales, espaciales y sociales.[1]
La lengua es un sistema de polaridades.-La lengua en sus tres proyecciones es algo de lo que se constata en esa teoría. Cada una de las dimensiones en que la lengua se proyecta (tiempo, espacio, sociedad) es, a la vez, una polaridad que se equilibra a sí misma por la fuerza de dos polos opuestos que se impulsa en su interioridad. De ahí que esas tres dimensiones sean tres polaridades:
1) Polaridad temporal y sus dos polos (diacronía y sincronía relativos al antes y al ahora);
2) Polaridad espacial y sus dos polos (diatópico y sintópico) relativo a muchos lugares o a uno en específico y
3) Polaridad social y sus dos polos (diastrático, sinestrático) referidos a diversos estratos sociales como el de las hablas urbanas o uno sólo de ésos.
De conformidad con ese esquema, el habla médica podría ubicarse en el punto cartográfico que nos interese. Entonces, como primera respuesta parcial, podría posicionarse como habla médica antigua o moderna; de México o estándar internacional y sinestrática por pertenecer a un tipo de habla culta. El habla médica necesariamente tiene que estar en la dimensión social, independientemente de su temporalidad y de su horizontalidad espacial[2]. Así pues, reiterando, el habla médica es consecuente con la proyección social puesto que, al igual que todas las hablas colectivas o individuales, se habla no para sí sino para los demás.
Es así como en esta dimensión la lengua va dando muestra de su natural esencia social, de cómo esa prístina naturaleza tiene sentido. No es fortuito, pues, que se la considere un objeto social y, en consecuencia, ingrese en la categoría de los comportamientos humanos, dentro de los cuales es el más genial por ser el instrumento supremo para pensar, en donde pensar y hablar es un suceso de correlación sempiterna, es el comportamiento más inteligente. [3]
El espacio social es el hábitat del habla médica.- Preciso es apuntar que, al interior de esta polaridad social, existe una subpolaridad representada en un extremo por el habla culta y en el otro por el habla inculta, intermediados por los mesolectos. Todas esas hablas, también conocidas con el término genérico de “sociolectos” se distribuyen, pues, de lo alto a lo bajo, de un extremo o polo al otro.
La pregunta inicial impulsa, como explicitación emergente, a reconocer que el habla médica es un producto de la formalidad, seriedad y eficiencia de una actividad científica. Es, en otras palabras un modelo de habla cuyo cultivo se remota siglos atrás. Es un ideal de lengua, es habla culta.
Desde esa excelsitud mantiene un contacto lineal posible con una serie de hablas colectivas distribuidas o imbricadas en esa verticalidad social en que cada habla va encontrando su colocación por su jerarquía sociocultural. [4]
Cada una va colocándose de manera natural en su espacio, en su categoría. Eso lo va determinando el grado de aceptación social, la actitud y extracción sociocultural de los hablantes.
Las hablas con jerarquía se ganan las notas de valor como la corrección y el prestigio y allí radica es su fuerza expansiva. Otras carecen de la brillantez de esas notas que son exclusivas de los modelos o ideales.
El habla de la medicina es un tecnolecto.- Alineando el léxico médico con la teoría del diasistema, se estaría destacando que corresponde a cierta habla profesional de naturaleza eminentemente social y que por su especialización ocupa –como cualquier otra habla profesional- el lugar más elevado dentro de esa verticalidad en que se acomodan todas las hablas sociales, conocidas con el nombre genérico de “sociolectos”. Así que un avance más en la explicitación del lugar que le corresponde al discurso médico revelaría que éste ocupa un sitio de excelsitud en la dimensión social en que la lengua se proyecta.
Ese sitio es el del polo más alto tomando en cuenta esa verticalidad de la esencia social del idioma. Hay que aclarar que ese sitio también lo comparte con las hablas especializadas técnicas y científicas de otros sectores científicos, técnicos o artísticos.
Este tipo de hablas –hay que explicitarlo también- son el resultado de ese cuidadoso tratamiento que por vocación prescriptiva recibe la lengua escrita a través de esa concurrencia de sofisticados artificios que se ejercen para la elaboración de la lengua escrita culta.[5] Eso hace la gran diferencia entre el habla culta y la inculta porque ésta (la inculta) carece de cuidado, esmero y celo en su elaboración y se despliega en ambientes informales donde no hay vigilancia prescriptiva y dando pase al libertinaje expresivo que va de la mano con las transgresiones.
El que el habla médica sea un tecnolecto, se refiere a esa condición de supremacía con que cuentan las hablas profesionales. Las hablas que cuentan con ese estado jerárquico son conocidas como tecnolectos, son hablas que han sido objeto de cuidado, de cultivo, son hablas cultas (científicas, tecnológicas o literarias, con el sello de hablas especializadas y –reitero- las hablas científicas son modelos o ideales que están allí para ser imitados y que sirvan de guía a todo aquel que desee poseer ese modelo con todas sus correcciones y perfecciones retóricas.
El léxico médico es un asunto de jerarquía social. Ese evento lexicológico se involucra básicamente con la proyección social de la lengua, ocupando un casillero de altura, de dignidad.
Las jerarquías no se pueden eliminar ni aquí ni en cualquier aspecto de la vida; asunto que los que luchan por las igualdades pretenden borrar sin darse cuenta de la esencia indeleble de las jerarquías en los actos humanos. [6]
Erróneo es vincular actos de jerarquía con discriminación. Como hombres somos iguales (según pregonan estos grupos). Habría que decir que la igualdad estaría en que contamos con cabeza, ojos, nariz, manos, etc.[7] A un lado de esa supuesta igualdad morfológica, somos mucho más diferentes aún por lo que pensamos y hacemos.
No puede ser igual, en ese sentido, alguien que se dedica a la nefanda vagancia con respecto a quien estudia o trabaja. Lo mismo pasa con la lengua. Hay hablas dignas, edificantes, rebosantes de contenido cognitivo y hay hablas insulsas, insustanciales, vacías. Al final yo diría que habría una diferencia sustancial por el tipo de habla que se elija. Somos pues diferentes por lo que decimos. Esas diferencias marcan jerarquía y nada tendría que ver con discriminación.
La categoría de habla culta a que se puede llegar por la vía de ese léxico es y debe estar dominado por el factor sociocultural.[8] El fundamento de ese dominio (del factor sociocultural) es, por un lado, su contundencia como determinante sociolingüístico de la naturaleza exacta de las hablas profesionales.
En este punto, con respecto a la pregunta inicial, se podría concluir que el habla médica tiene un lugar excelso en la dimensión social de la lengua. Consecuentemente, la lengua en su cosmovisión es un objeto de múltiples facetas no es de un solo lado. Asimismo son sus hablas, en especial las hablas profesionales, como el discurso médico.
Haciendo un parangón de la lengua con el cuento “El disco” de Jorge Luis Borges en El libro de arena, la lengua es como el disco. El cuento trata de la existencia de un objeto de un solo lado que era un disco de oro. Ése era un objeto singular por ser el único en el mundo con un solo lado. Sin embargo, la ambición del hombre terminó con ese singular objeto porque al quererlo poseer desapareció para siempre. Desde entonces no hay objetos de un solo lado.
El núcleo educativo, gnómico de ese cuento está en el axioma de que en la tierra no hay objetos de un solo lado, excepto cuando existió ese disco. Asimismo es la lengua; no es un objeto de un solo lado, es de muchos lados. Por eso en lo social hay hablas cultas e incultas. Esos son algunos de los lados de la lengua y el léxico médico ocupa una de esos lados.
Las características del léxico médico.- Un tecnolecto o habla profesional se determina por su vocabulario. Es posible también como dato de precisión, que ese vocabulario es producto de los artilugios de elaboración del habla científica.
Como todo vocabulario científico, el léxico médico no es la excepción.
La especialización es su primer atributo el cual se despliega como una manera eficaz de ejercer una actividad, científica, técnica o artística. Por lo tanto, esas actividades necesitan, requieren de manera inminente de los accionamientos elocutivos profesionales en sus dos manifestaciones: escrita y oral. Así p.ej. bioluminiscencia, somniloquio, frontispicio, metástasis, paronomasia, etc. pertenecen a distintos sectores del conocimiento humano, son lexías de distintos tecnolectos y que pueden cursar como voces ignotas o desconocidas.
El léxico científico tiene exclusividad, en la medida en que su acervo de vocabulario está destinado a la designación de los fenómenos, conceptos y referentes de cada sector del universo referencial, también conocido como realidad o mundo denotativo. Así p.ej. frontispicio es una lexía exclusiva del habla arquitectónica y paronomasia es un término filológico los cuales por su exclusividad y especialización podrían no ser reconocidas en el contexto médico.
En virtud de esas dos notas de valor (especialidad y exclusividad) el léxico científico es selecto, de élite. Estos señalamientos son indicadores inequívocos de un léxico propio de modelos de habla, de ideales o prototipos como lo son nuestras hablas profesionales a las que se llega en virtud de ese salto cualitativo que se da por el estudio, el cultivo intelectual y su formidable aliado, la memoria.[9] Además de eso, por un intenso anhelo de elevarse por encima de la diversidad de hablas no especializadas o subprofesionales.
Elevarse por encima de esa diversidad de mesolectos y basolectos , tiene un sentido de racionalidad y es que esas hablas colectivas, como resultado de su baja extracción sociocultural y de su pobreza léxica no están diseñados, ni entrenados para los denodados ejercicios de elocución a que se destinan las hablas científicas en su manifestación escrita principalmente. Es decir, el habla callejera, por ser un basolecto, no tiene el potencial intelectual elocutivo del habla científica. No podría tratarse un tema científico con discurso de la calle puesto que éste no está diseñado para ejercer funciones lingüísticas de esa magnitud.
Otra vez, no es asunto de discriminación sino de jerarquía, de eficacia comunicativa propia de ideales. Es por ello que un léxico selecto es aquel que ha sido convocado para designar conceptos científicos, de difícil captura.
Por tal motivo, para conocer y utilizar ese léxico se requiere de potenciar destrezas lexicológicas. La selección es el resultado o consecuencia de un cuidadoso culto e ingenio neológico desplegado para conseguir y elaborar esas palabras eficaces que sirvan para designar, reitero, los intrincados conceptos de la ciencia.
Me invade el asombro al encontrarme en el léxico médico con palabras de tan alta eficiencia, contundentes en su proyección, rendimiento e impacto comunicativo por su economía de esfuerzo. Es el caso de la palabra “ablactación”, es de élite, es decir selecta, exclusiva y especializada.
Así como los médicos realizan cirugías en el cuerpo, en Lexicología se procede a realizar cortes precisos al interior de la palabra en donde, como resultado de ese accionamiento nanolexicológico advertimos 3 componentes cognitivos: 1) ab- 2) lacta y 3) -ción ; en donde ab (=’separación’), lacta (del latín lacte> ‘leche’) y –ción(sufijo sustantivador).
El contenido cognitivo es la información del significado único de esa palabra. En este caso, es la cancelación de una fuente de lactancia humana o animal. Y ésa es una palabra muy eficaz, exclusiva y selecta. Lo mismo sucede con “insuflación” portentosa palabra que, además de su ingenio neológico[10] es también una voz exclusiva y selecta del léxico médico.
El ser especializado, exclusivo y selecto trae como consecuencia que el léxico científico sea de conocimiento restringido. Eso es lo natural porque los que lo conocen es porque han recibido entrenamiento para su uso a través del estudio y la investigación y han adquirido la habilidad de codificar y descodificar esas palabras.[11]
Un justificado alborozo experimenté al encontrar el siguiente poema luminiscente sobre el valor cognitivo de la palabra.
A la palabra (Alaide Foppa):
La boca
Entre labio y labio/Cuánta dulzura guarda / Mi boca abierta al beso,/ Estuche en que los dientes /Muerden vívidos frutos,/
Cuenca que se llena/ De jugos intensos de ágiles vinos/De agua fresca, /Donde la lengua/ Leve serpiente de delicias
Blandamente ondula, /y se anida el milagro/ de la palabra.
Eso habla de una admiración, culto y reconocimiento que desemboca en la importancia de la palabra ya que sin ésta habría dificultades serias para expresarse.
Aun cuando se trate de un usuario que posea un dominio amplio del vocabulario común, eso no significa que conozca el vocabulario técnico o científico; el cual, para ese usuario, es totalmente desconocido o ignoto aún tratándose de un especialista de otra área, p.ej. será difícil que un arquitecto, un abogado conozca la palabra “adipsia” y mucho más alejado de este léxico estaría el hablante de la calle, aquel que carece de instrucción académica y aunque no padezca de sed por ser un dipsómano o dipsomaníaco (teporocho en el léxico callejero) se declarará sorprendido ante el destello de una voz jamás oída. [12]
El léxico científico es unívoco, es decir sus líneas de significación se contraen al significado objetivo, referencial o denotativo, únicamente. Eso representa, en términos prácticos, una sencillez y un refinamiento semántico. Esa es una condición muy saludable de estas palabras ya que están libres de las endémicas y virulentas connotaciones de las voces comunes.
La univocidad de la palabra “adipsia” consiste en que únicamente cuenta con un solo significado conocido como denotativo. Es un significado racional. En consecuencia, carece de connotaciones.
El científico se esmera en una interpretación objetiva, lógica producto de análisis minuciosos con que se logra esa precisión y veracidad sin las imprecisiones ni equívocos que aquejan al vocabulario común, p.ej. gato del vocabulario común cuenta entre sus líneas semánticas con un significado denotativo como el ser un animal, mamífero, felino, etc., pero también cuenta con líneas connotativas, el ser una herramienta para automóviles y el ser un mozo (p.ej. díle al gato que salga a comprar el pan) y tanto gato como gata cuentan con un impacto connotativo que sobrepasa los límites de cortesía y, entonces, son disfemismos, es decir palabras que lastiman el honor de una persona y eso se marca como connotación. En suma, gato o gata no son unívocas.
Todas estas tipificaciones del léxico científico inducen, como consecuencia lógica, la separación tajante con respecto al vocabulario común y al vulgar.
Cada ciencia debe resguardar su vocabulario (como un tesoro) para uso exclusivo. Un científico, en consecuencia, no puede hablar como un vagabundo o como un dipsómano. Eso sería empobrecer su expresión y sobrevendrían graves problemas elocutivos ante la falta de palabras refulgentes para transferir la magnitud del conocimiento científico. Mermaría su funcionamiento y rendimiento profesional y perdería honorabilidad.
La especialización del dictum científico frente a la improvisación, relajación y laxitud del vocabulario común exige que haya separación de vocabularios, por principio de orden.
Puntos de honorabilidad del léxico médico.- Hablar bien es poseer y utilizar un modelo de habla, como el habla escrita culta depositada en los libros en que hemos estudiado. Allí tenemos un modelo, un ideal, garantía de supremacía idiomática y de respeto a las reglas del idioma.
Eso implica contar con una expresión limpia, libre de vulgarismos, barbarismos y de transgresiones con que se pueda transmitir un pensamiento ordenado y congruente.
Hablar bien es contar con una disponibilidad léxica amplia. Ése sería nuestro vocabulario activo. Muy útil para nuestra formación es inscribirnos en procesos de aprendizaje permanente del vocabulario pasivo (ése que sólo entendemos, pero que no sabemos usar) y del vocabulario ignoto (empezando con el de nuestra profesión). Ése es el tipo de vocabulario que debe estar en la mira de un proceso de aprendizaje.
Finalmente, hablar bien es un asunto de honorabilidad vinculado con la ética profesional.[13] ¡Qué concepto tan importante el de la honorabilidad, de gran cobertura y trascendencia!
La honorabilidad se construye con actos edificantes como el estudio, el trabajo y la expresión limpia porque el habla es el primer referente de la conducta inteligente y de la dignidad humana. El comportarse con inteligencia es construir dignidad.
Hablar bien es, finalmente, un evento de inteligencia y dignidad.
El léxico médico es un producto de inteligencia y dignidad.
Bibliografía:
Coseriu Eugenio, El hombre y su lenguaje. Ed. Gredos. Biblioteca Románica Hispánica. Madrid. 267 pp.
---------------Principios de semantica estructural. Ed. Gredos. Biblioteca Románica Hispánica. Madrid. 242 pp.
http://www.hispanoteca.eu/Lexikon%20der%20Linguistik/d/DIASYSTEM%20Diasistema.htm
Porzig Walter, El mundo maravilloso del lenguaje. Biblioteca Románica Hispánica. Madrid. 485 pp.
[1] Por lo tanto, el español europeo y el de México; el del siglo XVI y el actual; y el habla arrabalera en contraposición al discurso estándar serían modalidades conspicuas de la lengua.
[2] El interés metodológico o pragmático hará que se prefieran unas dimensiones sobre otras. Así, p.ej. el habla médica medieval, podría quedar excluida en razón de que, en ese entonces, el español no estaba constituido como lengua. Era imperativo escolástico escribir los tratados médicos en latín y no en la modalidad neolatina vulgar que era el español. Sin embargo, por encima de todas esas opciones para colocar el habla médica, el interés práctico inmediato apuntaría hacia la dimensión social y actual de la lengua. Ése sería su nicho específico.
[3] Al respecto de la correlación lengua-pensamiento Lázaro Carreter , ex presidente de la RAE, decía que si la lengua se empobrece, se empobrece el pensamiento (y viceversa).
[4] Eso es demostrable porque ese contacto de linealidad puede ser el vehículo que haga trascender algunas de sus lexías hasta el otro extremo de esa línea, sitio de los sociolectos populares o basolectos, donde puede alternarse el vocabulario común con el vulgar. Prueba de eso es la presencia de la palabra colesterol que ha impulsado la práctica de retirar la piel de los pollos en los expendios. Lo mismo sucede con: cáncer, doctor (por médico), medicina, inyección, pastilla, etc. que por su gran difusión han pasado a ser parte del vocabulario común. Ahora bien, no sólo en dirección descendente, en línea lateral con otras hablas profesionales habrá presencia de ese léxico, p.ej. en el tecnolecto periodístico. Leo una noticia sobre la Guardería ABC en donde resalta el uso de un derivado de la palabra anestesia: “Tres años que caen implacables sobre sus padres, sobre nosotros, sobre la situación del país. El tiempo puede tener un efecto anestésico, hacer que todo pase. Por eso, hay que luchar contra el olvido.“ Esa transcripción es de habla culta en donde el texto transcrito aparece limpio. Esa pulcritud es un artilugio de la más alta eficiencia cognitiva. Aquí lo que se percibe es cómo la fuerza expansiva de una habla profesional pudiera tener cierta penetración en otros dominios profesionales ¿cómo explicar la presencia del concepto de sinestesia en literatura? La sinestesia literaria consiste en la vinculación de una palabra con sensaciones diversas. Es así como puede afirmarse que las palabras tienen sazón porque se saborea una palabra dulce como una lisonja. Se habla de una plática o una presencia exquisita o de lo agrio de una expresión, de un disfemismo. En virtud de la sinestesia adquirimos poderes sensoriales alternos como admirar o percibir la cromática emocional de las palabras p.ej. advertimos el rabo verde de un hombre sobrepasado en edad que pretende enamorar a jovencitas. El mismo color verde lo percibimos en la inexperiencia juvenil; vemos que la inocencia es blanca y un cuento de color subido es rojo o lo negro de un personaje siniestro como en el título sinestésico de un libro: Lo negro del negro Durazo. En rigor “sinestesia” es un término sensorial, médico que ha llegado a la literatura convertido en un excelente artificio para potenciar el discurso literario y luego diseminándose también en las hablas informales. Quiste es un concepto de la patología médica, pero se usa por fuera (“…si no explico por qué me enquisté en la docencia, esta historia quedará truncada”: ejemplo extraído de Lodo, Guillermo Fadanelli.
[5] Dentro de esos artificios estaría en primer lugar la limpieza del léxico lo que se consigue apartando los vulgarismos, barbarismos y transgresiones diversas, como faltas de ortografía. En el léxico médico sería preferir p.ej. cabello en vez de greñas o mechas; epidermis o cutis en vez de pellejo; o apariencia o fisonomía en vez de look. Otro de los artificios es el ingenio neológico que es ese numen o habilidad creativa de esas novísimas formas como: somniloquio, distimia, genotipo, genoma, fenotipo, etc.
[6] Como una expresión de la lingüística moderna existen sectores que pugnan por borrar las diferencias y las fronteras. Se caracterizan por su incomprensión y radicalismo, logrando socavar algunos de los principios rectores de las instituciones encargadas de la vigilancia y defensa del idioma. Eso explica que en un alarde de modernidad la propia RAE empiece a legitimar algunos usos y palabras vulgares. Tal es el caso de los femeninos analógicos forzados por los grupos radicales del feminismo (presidenta, aprendiza) y aún de masculinos analógicos (modisto, p.ej.).
[7] Aún así la genómica ha formulado un axioma o verdad universal que se repite. Con frecuencia escucho que cada individuo es único e irrepetible, así de literal y axiomático, poniendo énfasis en lo diferente que cada quien es. Dejándome llevar por la curiosidad voy encontrándome con lexías tan específicas y profesionales como genoma, genotipo y fenotipo que me hacen notar de una manera estridente cuán diferentes somos en realidad incluso en lo que parecemos iguales como tener cabeza, manos, etc. Sólo la clonación nos daría la certeza de una igualdad genómica.
[8] La marca de valoración del uso léxico va implícita en la palabra. Así p. ej. vocablos relativos a “morir” marcados por su valoración sociocultural dentro del campo léxico de la medicina serían: petatearse, colgar los tenis (vocabulario vulgar); morir (vocabulario común); fallecer, perecer (vocabulario estándar o culto); fenecer, obitar (vocabulario culto, ignoto o especializado). Una dictaminación médica determinaría, por ejemplo, “el óbito”, es decir, el fin de la vida de alguien. Un dictamen es un documento que debe contener léxico especializado que refleje la seriedad y profundidad de conocimiento de un experto en la materia. En ese documento, por sensatez, no figurarían vulgarismos como “chupó faros” o “se lo llevó patas de cabra”. Eso podría tener un efecto pernicioso para la honorabilidad médica del dictamen y el signatario del documento estaría socavando su propia dignidad. Todo eso es valoración léxica y es necesario ejercerla. Acabo de escuchar una voz de la comunidad que con sorpresa exclamó: “¡cómo es posible que la lengua culta no sea mejor que el habla vulgar? En clara alusión a esas posiciones seudocientíficas modernas que pretenden borrar diferencias, jerarquías y valoraciones en el habla.
[9] Asimismo el grado de civilidad, educación y el buen gusto. Todo ello trae como consecuencia el refinamiento de las costumbres idiomáticas.
[10] porque es resultado de la articulación de pequeños elementos internos portadores de significado como el prefijo “in” que comporta el significado de interioridad; -su- proveniente de sub- ; flare, identificado como el componente que soporta el mayor peso semántico de la palabra. Por cierto, sub+flare dio “soplar”. Finalmente –ción es una desinencia sustantivadora. De tal manera que esa palabra fue elaborada con una perspicaz ingeniería con que se articuló de manera sorprendente por medio de esa serie de componentes descritos. Eso es eficacia e ingenio por su alta eficiencia creativa. Entonces “insuflación” es el aire que se induce a otro cuerpo, es la respiración de boca a boca. Insuflación, como palabra transfiere con economía y rapidez ese contenido cognitivo
[11] Codificar y descodificar son actos de reconocimiento en las dos rutas del evento interlocutivo, la del emisor que invoca la palabra insuflación y la del receptor que la captura al reconocer su contenido cognitivo. Se trata de operaciones mentales asociativas. El que codifica asocia un referente a un significado y su poder nemotécnico lo conecta con el milagro de la palabra. El que descodifica sigue el camino contrario.
[12] Eso me sucedió cuando alguien me preguntó por el significado de la palabra médico-psiquiátrica, distimia, la cual no pude reconocer, excepto por su prefijo griego dis- . Eso sucederá igualmente al pretender leer un texto científico de una especialidad diferente a la nuestra, p.ej. un lingüista frente a un libro de medicina o viceversa. Habrá serias dificultades de comprensión a partir del léxico técnico, tan serias como pretender leer un periódico en una lengua desconocida.
[13] Sin embargo, la honorabilidad puede perderse realizando actos no edificantes. En mi percepción, un médico es un profesionista de la salud que si realiza actos insanos (como fumar o sobrepasarse en la ingesta de bebidas alcohólicas) pierde credibilidad y honorabilidad. Asimismo, si se expresa mal, utilizando vulgarismos o voces altisonantes, soeces o procaces para dirigirse a otros similares o subalternos en su área de trabajo. En este punto hago notar cómo los exabruptos léxicos de un presidente mexicano, como figura pública, colaboraron en contra de su imagen que desde entonces ha quedado desautorizada y, como sanción al malhablante, la reprobación social lo ha confinado en un sitio de descrédito y eso es deshonor.
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