Lexilogía

Mi mente calenturienta vagaba por estas pasarelas, llenas de primicias  ganadas con esfuerzo y que me recordaban mis logros amorosos; “ninguna se me escapa” donde fijo la mira  caen las municiones, soy certero y estratega experto en esto de las conquistas.

La mejor (la más buena) fue sin duda Alexia, nada podría superar ese mar de lujurias y erotismo; piel tersa, caliente, brillante, blanca, mía y de nadie, ¡Ay como me gusta acordarme de ti!, su forma de vestir, de combinar sus colores con los del clima, no, más bien el clima combina los suyos con los de ella, ¿Acaso existirá alguien que pueda resistirse?, su forma de caminar tan sensual, destruyendo el mundo con cada caderazo que suelta, su rostro, no puede haber otro más hermoso, fina, inocente, ojos gríseos, nariz de marfil, afilada como muñeca de porcelana, sus pistilos abundantes que adornan su negra cabellera juguetean cual colibrís en el aire, ¡Que afortunado es el viento por poder tocarte siempre!.

Aún recuerdo aquella fiesta, el deposito, el alcohol, el humo de tabaco, la cremosa León”; la plática fue sorda, yo solo buscaba aquel camino que me llevara a quitarte esa ropa de la cual estaba tan celoso ¡Como envidio tus prendas!, ellas siempre pueden estar encima de ti, así, como un servidor quisiera; te convencí pues, ¿El argumento? ¡Sencillo!: “oye… ¿Qué te parece si yo…y tú…nosotros…quisieras…porque yo…hay no se…? ¿Me entiendes, no? Y su respuesta, haciendo honor a su fama, fue un simple beso, el más rápido que jamás habría probado, pero también el más delicioso y mágico de todos; después ese beso se color por mi mejilla hasta llegar a mi cuello, de allí hasta mi oreja; nada más que decir, el baño estaba sucio pero, era viable; la lleve, y apenas entrando nuestros labios se replegaron como imanes, le quite su ropa casi a mordiscos, la bese toda, paseé mis manos con ansias por todo su cuerpo, sentí sus infinitas atribuciones, exquisita como me la imagine; la entrada fue certera, como si estuviéramos predeterminados a estar unidos siempre, la levante y sus piernas rodearon mi torso haciendo un nudo en mi espalda, te saboreé completa, ¿Acaso mi hambre era tanta?, sin palabras continuamos con la rutina, hasta que un éxtasis nos invadió a ambos, cerramos el acto con un duradero beso, nos vestimos, y salimos; alrededor los tercos ebrios regresaban su fiesta por la boca, el humo se veía más tenso y el olor era casi insoportable, pero algo era seguro, todo, absolutamente todo, contrastaba con la hermosura de Alexia, mi Alexia que se alejaba, que tomó su bolso, y que se fue sin decir nada de aquel sucio deposito; seguidamente hice lo mismo, salí de ese lugar, tome el autobús en la base de Tlaltenco, busque un lugar, me senté, cerré los ojos y abrí las puertas de esta pasarela y para soñar nuevamente contigo…Alexia.