EL ESTRIDENTISMO EN EL CANON LITERARIO MEXICANO

 

 Lic. Valeria Rodríguez Martínez

vrodma@hotmail.com

 

 

 

 

    INTRODUCCIÓN

 

Convenientemente podemos vincular la situación del estridentismo en el canon mexicano con la teoría historicista esbozada por Jauss (1982) acerca de los horizontes de lectura. El término horizonte –horizon- proviene del griego horizein (delimitar, cortar) remite al “círculo de la mirada que limita la mirada” (ibíd: 18); el cambio de horizontes entonces se puede entender como “ir de horizontes más estrechos y más determinados, a horizontes más amplios y más generales” (ibíd: 33). Según Jauss nuestro paradigma de percepción se constituye en la convergencia de dos horizontes: la predeterminación receptiva de esas formas y las expectativas o prejuicios del lector. Bajo la teoría de la recepción cobran relevancia las condiciones sociales y metaliterarias en las cuales se produjeron las obras y la relación con los códigos estéticos vigentes cuando se llevó a cabo la lectura inicial.

El horizonte de la tradición, o canónico, deviene del arte del pasado que lo ordena de forma nueva y global sobre el presente, mostrándolo con un significado diferente, hasta ahora desconocido.

Para poder observar un cambio de horizontes de lectura, cualquiera sea el canon, deberá ser puesto en juego el horizonte de mi propia experiencia de principios de siglo XXI con la experiencia ajena, reestableciendo la reciprocidad dialógica entre el presente y el texto.[1]

Con respecto al movimiento estridentista, el canon literario mexicano de los años veinte da muestras de un horizonte de lectura diferente que el canon de finales del siglo XX. El resurgimiento y la valoración de parte de la crítica y el canon oficial hacia el movimiento así lo demuestran. El estudio de las condiciones de recepción así como los requisitos canónicos –incompatibles con las condiciones que definen una vanguardia[2]- nos permitirán alcanzar esa perspectiva general, imprescindible para conciliar el horizonte propio con el ajeno.

Antecedentes. Al finalizar la revolución de 1917, que apenas había acabado con un sistema autoritario, anti-democrática, semi-feudal, y que carecía de desarrollo industrial y con la firma de la constitución mexicana se inicia la pacificación en México; para 1920 la paz parece definitiva.

La vanguardia internacional surge el 20 de febrero de 1909 con la publicación del manifiesto futurista de Filipo Tomaso Marinetti publicado simultáneamente el Le Figaro de Paris, la revista italiana Poesía, volantes y libros.

Al enterarse de la revolución literaria que sacude a Europa y especialmente a España, un grupo de escritores que en Puebla editaban la revista Vincit cierran esa etapa posmodernista y fundan la revista Ser, así, la irrupción de la vanguardia en México coincide con el período posrevolucionario.

Admitido cronológicamente como el primer movimiento de vanguardia mexicano el estridentismo, impulsado por Manuel Maples Arce, se dio a conocer en diciembre de 1921 anunciando sus propósitos en el primer manifiesto estridentista, lanzado a la calle bajo el nombre de Actual Nº1. Comprimido estridentista de Manuel Maples Arce.

Arqueles Vela, otro de los integrantes del movimiento, hace el siguiente esquema:

“En 1921 apareció el Comprimido estridentista firmado por Manuel Maples Arce, manifiesto literario que difundía una incitación a la rebeldía estética en contra del ambiente de la época. El estridentismo encerraba los mismos propósitos del arte de la palabra en una tentativa de renovación: intensificar, extenderlas posibilidades del vocablo en su unidad de forma y pensamiento. Confinaba sí, con todos los ismos, pero se diferenciaba de todos en el intento de realizar el poema todavía con hilación formal. Mientras otras estéticas concebían la obra poética como una secuencia de imágenes, fragmentadoras de la realidad, el poema estridentista se estructuraba estableciendo los nexos entre los elementos del mundo externo y sus tendencias en el mundo interior”.

 

 

1. CANON Y ESTRIDENTISMO EN LOS AÑOS VEINTE

 

 

1.1.La contribución a la vanguardia.

El México posrevolucionario propició, debido a las exigencias históricas, una confusa mixtura entre vanguardia política y estética. Para Calinescu la diferencia fundamental entre ambas reside en que la última insiste en el “potencial independientemente revolucionario del arte” mientras que la vanguardia política justifica la idea opuesta, es decir, que el arte “debería someterse a las peticiones y necesidades de los revolucionarios políticos. Pero ambas surgen de la misma premisa: la vida debe cambiar radicalmente” (1991:108).

Alfredo Bossi en su artículo “la parábola de las vanguardias latinoamericanas (Schwartz 1991: 17) señala que uno de los puntos de partida a la hora de definir un movimiento de vanguardia es la ruptura con el pasado y el rechazo al convencionalismo académico “llamado realismo o copia servil”.

Desde su primer manifiesto los objetivos del estridentismo son la ruptura, la provocación y la concientización; la décimo tercera cláusula de Actual Nº1 dirigida contra ”los críticos desrrados (sic) y biliosos, roídos por todas las llagas lacerantes de la vieja literatura agonizante y apestada”; contra “los académicos retardatarios y específicamente obtusos, vescientes consuetudinarios y toda clase de androides exoténicos, prodigiosamente logrados en nuestro clima intelectual, rigorista y apestado”. En síntesis “una fuerza radical opuesta contra el conservatismo solidario de una colectividad anquilosada” (Schwartz: 41).

Urbanismo, tecnologismo, deshumanización, primitivismo, antinomianismo, y, experimentalismo son para Calinescu (1991) las características de la vanguardia; elementos presentes en las obras estridentistas. La lectura de los manifiestos permite catalogar de vanguardista al movimiento; sus propósitos son la provocación mediante el desparpajo, la ironía, el humor, el aggiornamiento de un lenguaje que se adapta al mundo mecánico y urbano que los rodea.

El primer manifiesto de Maples Arce fue un llamado a los intelectuales mexicanos “a la acción rápida y la subversión total”, arengaba a “echarse a la calle y torcerle el cuello al doctor González Martínez” quien había sugerido en un poema contra Darío, torcerle “el cuello al cisne de engañoso plumaje” (Schneider 1970: 35). En abril de 1924, se inauguraba un café, denominado por los estridentistas “El Café de Nadie”, una exposición de cuadros de Alva de la Canal, Diego Rivera, Jean Charlot, Leopoldo Méndez y Fermín Revueltas, entre otros, se leyeron poemas y Arqueles Vela leyó su novela, aún en proceso, El Café de Nadie. Dos meses después, Xavier Villaurrutia, integrante de los Contemporáneos ofreció una conferencia llamada “La poesía de los jóvenes de México” en la Biblioteca Cervantes, donde vertió algunios conceptos sobre la poesía mexicana, además de referirse a los estridentistas: “Sería falta de oído y probidad no dedicar un pequeño juicio al estridentismo que, de cualquier modo, consiguió rizar la superficie adormecida de nuestros lentos procesos poéticos. Manuel Maples Arce supo inyectarse, no sin valor, el desiquilibrado producto europeo de los ismos; y consiguió ser a un mismo tiempo, el jefe y el ejército de su vanguardia (…) (Gordon: 59-60). Con el transcurso del tiempo Contemporáneos y Estridentistas serían contemplados como representantes de la vanguardia mexicana.


1.2. Estridentistas y Contemporáneos.

Algunos puntos comunes entre ambos grupos eran: ciertas preferencias terminológicas y una marcada tendencia a instalarse en la “contemporaneidad”, así como el recurrente uso de formas y artefactos de la vida “ultramoderna”; además de la reconocida admiración hacia dos de sus predecesores: Juan José Tablada y Ramón López Velarde.

Aunque Maples Arce practicó en su poesía una estética diferente a la utilizada hasta entonces, fueron los Contemporáneos quienes lograron una mayor difusión. Una de las razones fue el diálogo que mantuvieron con las formas tradicionales de la poesía en lengua española. Al leer los poemas de Villaurrutia o Salvador Novo tenemos dificultad a la hora de encontrar en sus versos elementos vanguardistas. En los Contemporáneos predomina una “actitud evocadora” (Verani 1996: 52) sumida en una realidad atemporal y cargada de remembranzas.

Sobre el vínculo y el enfrentamiento entre Estridentistas y Contemporáneos hay muchas versiones. Si algo puede sacarse en limpio es que la historia de la vanguardia en México “debe más a los Estridentistas en actitud, tono y militancia y procedimientos; y a Contemporáneos le debe el “trasvase cultural y literario, las traducciones y la obra” (Gordon: 69). Lo cierto es que ninguno de ellos fue incluido en el canon imperante en los años veinte; por el contrario, ambos fueron censurados.

Según Anderson Imbert (1974: 163-164) “En comparación con los estridentistas, los de Contemporáneos tenían más decoro artístico, más instinto para apreciar los valores de la literatura europea y elegir los modelos. Eran cultos, mesurados, disciplinados. No permitían que la agitación social sacudiera su arte (…)”. El movimiento renovador de Maples Arce “prepara y limpia el camino para el advenimiento de uno de los mejores y mas fecundos grupos de la historia de nuestras letras: Contemporáneos. Este grupo, si bien arriba evidentemente provisto de influencias extranjeras, abre a la todavía depauperada poesía mexicana de la época un ciclo de universalidad y le descubre nuevas perspectivas y dimensiones (Michelena, 1956: 64).

Raúl Leiva en su libro Imagen de la poesía mexicana contemporánea señala “No era con ”manifiestos” y truculencia poéticas como se iba a superar el atraso e indefensión en todos los órdenes del pueblo de México. Otro grupo (…) (nos referimos a los Contemporáneos) hizo más por el desarrollo de la poesía mexicana que los bulliciosos estridentistas (…). De los primeros quedan obras de primer orden (…), de los estridentistas si hemos de ser justos, quedó muy poco (1959: 65).

 

1.3. Obra estridentista.

 Manuel Maples Arce, fundador del movimiento y autor de los manifiestos, publicó Andamios interiores (1922), Poemas radiográficos (1922), Urbe (super-poema bolchevique en cinco cantos) (1924) y Poemas interdictos (1927).

La poética de Andamios interiores adopta un lenguaje geométrico mediante la introducción de elementos cubistas e imágenes futuristas: “tedios triangulares”, “vértigos agudos”, “paraguas cónicos”, “sombras eclípticas”, “bohemios romboidales” y “planos oblicuos”. Predominan en la obra estridentista todas las imágenes y metáforas proveniente de un mundo industrial y mecanizado, símbolos representativos de la época, colocados como idealizaciones estéticas. Borges señala al respecto en “Acotaciones sobre Andamio Interiores”: “(…) es un contraste todo él. A un lado el estridentismo: un diccionario amotinado, la gramática en fuga, un acopio vehemente de tranvías, ventiladores, arcos voltaicos y otros cachivaches jadeantes; el otro un corazón conmovido como madera que acomba el viento fogoso, muchos forzudos versos felices y una briosa numerosidad de rejuvenecidas metáforas (…). Por su raudal de imágenes, por las muchas maestrías de su hechura, por el compás de sus versos que se sacuden zangoloteos de encabritada guitarra, Andamios interiores resultará como vivísima muestra de un nuevo modo de escribir…” (1994: 129).

Un ejemplo ilustrativo de la obra de Maples Arce es “Prisma”:

 

La ciudad insurrecta de anuncios luminosos

Flota en los almanaques

Y allá de tarde en tarde,

Por la calle planchada se desangra un eléctrico

 

Vemos en esta estrofa el escenario de una ciudad en plena rebelión contra la naturaleza. También es eterno el tranvía que se desliza por la calle recién pavimentada.

 

Yo departí sus manos,

Pero en aquella hora

Gris de las estaciones,

Sus palabras mojadas se me echaron al cuello,

Y una locomotora

Sedienta de kilómetros la arrancó de mis brazos.

 

Esta estrofa es una despedida entre el narrador y su novia. Se trata de una escena en la hora “gris” de las estaciones, al terminar la jornada de trabajo y rumbo a sus casas. Hay una personificación de la máquina quien tiene “sed” y posee la capacidad de “arrancar” a la novia de los brazos de su amado. Se mezclan la vida y la ternura en un mundo frío e indiferente como en las tres últimas estrofas:

 

Locomotoras, gritos

              Arsenales, telégrafos

 

El amor y la vida

Son hoy sindicalistas

 

Todo se dilata en círculos concéntricos

 

Se reiteran los temas de la modernidad con su maquinaria, también se alude a la Revolución mexicana y a los trenes, militares, arsenales y telégrafos empleados en la lucha. El amor y la vida ahora también están supeditados a otra máquina: los sindicatos.

La srta. Etcétera de Arqueles Vela (1922) aparece dentro de ese clima de renovación que pretendía jugar con la noción misma de género literario. Se trata de una prosa relampagueante y fragmentaria, con un uso inusitado de los verbos y que organiza el relato a través de cuadros o escenas de corta duración. Con este texto se inicia propiamente la narración fragmentaria y su lenguaje da entrada a una terminología técnica que no solía usarse en literatura:

 

La calle fue pasando bajo nuestros pies, como una proyección cinematográfica…La inquietud la levantaba subsidente, como en un juego de baseball.

 

En estas dos oraciones se suceden imágenes propias de la edad moderna: el cine y el juego de baseball. Más adelante emplea un caligrama cuando escribe:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Verani señala que “es el primer ejempo importante que rompe con la trama episódica y las categorías tempo-espaciales y subordina la creación del personaje a la exploración de estados interiores” (1996: 50).

 

Germán List Arzubide, el tercer escritor del movimiento escribió Esquina (1923), El viajero en el vértice (1926) y El movimiento estridentista (1926).

 

Para hablar inglés es necesario

Cortarse la mitad de la lengua

 

Los teléfonos sordomudos

Han aprendido a hablar por señas

 

¿Quién halará los cables

Que arrastran los eléctricos?

 

Lo que sobresale a primera vista en estos versos es el humor de List Arzubide. También encontramos huellas del futurismo como los teléfonos, los cables eléctricos, los tranvías. En “Silabario”, otro poema del mismo libro, leemos:

 

Mutt y Jeff no sabían

Que ella se extravió en mis brazos

Por esto la Academia

No la puso en su diccionario.

 

¿En 1950 las mujeres llevarán anclas?

 

Hay que tirarse de 40 pisos

Para reflexionar en el camino.

 

La referencia a Mutt y Jeff, personajes de las tiras cómicas de los periódicos junto con la Real Academia de la Lengua nos remiten a las burlas dadaístas hacia las normas y lo establecido. Cuando pregunta si en 1950 las mujeres seguirán llevando anclas da una visión de futuro, con cierto sarcasmo hacia la condición de las mujeres de la época.

 

El cuarto autor, Luis Quintanilla (Kin Taniya) escribió Avión (1923) y Radio (poema inalámbrico de trece mensajes) (1924). De éste último transcribimos parte del poema titulado “...IU IIIUUU IU...”

 

ÚLTIMOS SUSPIROS DE MARRANOS DEGOLLADOS EN

CHICAGO ILLINOIS ESTRUENDO DE LAS CAÍDAS DEL

NIÁGARA EN LA FRONTERA DE CÁNADÁ KREISLER

RISLER D´ANNUNZIO FRANCE ETCÉTERA Y LOS JAZZ

BANDS DE VIRGINIA Y TENESI LA ERUPCIÓN DEL POPO-

CATEPETL SOBRE EL VALLE DE AMECAMECA CASO COMO

LA ENTRADA DE LOS ACORAZADOS INGLESES A LOS

DARDANELOS EL GEMIDO NOCTURNO D ELA ESFINGE...

 

Es una colección de titulares de diarios, noticieros de radio mezclado con nombres de las personas famosas del día, escrito en letras mayúsculas y sin puntuación. Todo contribuye a crear “ruido”.

 

El último poeta del grupo, Salvador Gallardo, aportó al movimiento El pentagrama eléctrico (1925). Allí leemos esos versos:

 

El álbum de las calles

Se enrolla en los motores

Con fugas de los postes

       Que escriben sinfonías

 

La fascinación por la ciudad, las máquinas y la personificación de objetos, como “los postes que escriben sinfonías”, siempre presentes en la poética estridentista.

 

 

 

1.4. Recepción de la poética estridentista en publicaciones literarias mexicanas

 

El ámbito intelectual mexicano, aún conmocionado por el fin de la revolución, continuó apegado al canon oficial.

 

El primer manifiesto estridentista Actual Nº1 (diciembre de 1921), con el que surge el movimiento, tuvo escasa repercusión en las publicaciones locales. Según el completo estudio de Luis Mario Schneider El estridentismo o una literatura de la estrategia, sólo un artículo (p.42) escrito por José D. Frías para el semanario Revistas de revistas hizo eco del hecho. Allí el crítico confiesa “me trae confuso este buen Maples” y acerca de los méritos de Actual Nº1 sigue escribiendo Frías “una literatura como la nuestra, la mexicana, que apenas se diferencia de la española, que posee tan pocos caracteres propios... (...)” no está mal que Maples Arce “agite un poco las aguas, ese proyectil que, aunque inocente, cuando menos rizará la superficie de las linfas aletargadas” (ibíd: 43).

A pesar de la indiferencia periodística en febrero de 1922 aparece Actual Nº2 pero no será hasta el lanzamiento de Actal Nº3 en julio del mismo año que la crítica advierte la importancia de las premisas estridentistas. Rafael Heliodoro Valle comenta en El Universal Ilustrado: “Es indudable que el estridentismo acabará por fastidiar la paciencia de los santos, los tímidos y los decididamente cobardes. Otros síntomas de rebelión y exterminio ya son notorios y el cielo está lleno de esos signos presagos...” (ibíd: 45). En el mismo mes será publicado también Andamios interiores de Maples Arce. Los artículos y reseñas críticas no tardaron en aparecer. En El Heraldo de México, bajo anonimato se lee “...no hay allí poesía ni siquiera sentido común. Los andamios interiores y exteriores deberían levantarse eso sí con sólidos amarres, en el entendimiento del autor” (ibíd: 48). En México Moderno, sin firma, aparece una nota donde se opina que el “centro motor” del estridentismo “reflejo de Europa con propósito local”, es sólo ir en contra de la influencia de González Martínez, aunque termina señalando que “Andamios interiores es obra de poeta sagaz y talentoso. Maples Arce dará mucho de bueno” (ibíd: 49).

 

2. LA PARADOJA ENTRE LA VANGUARDIA Y EL CANON

 

 

En Agosto de 1923 la Academia de la Lengua de México propone a Rafael López el ingreso a sus filas, hecho que sorprendió a los escritores considerados vanguardistas, ya que López simpatizaba con las corrientes literarias renovadoras. Al ser interrogado Maples Arce en unaentrevista para EL Universal Ilustrado responde acerca de este hecho “Después de él irá Tablada, y tras de ellos iremos nosotros: la Academia va camino al estridentismo: hoy es como si no existiera, porque nadie la toma en serio...” (Schneider 1970: 79). Maples Arce se equivocaba cuando pensó en el futuro. La cuestión no era tan fácil , ni la Academia resultó tan flexible.

¿Cómo un movimiento vanguardista, caracterizado por la fugacidad y la ruptura ingresa en un canon académico oficial, y por ende, arraigado a la tradición y obras de escritores de antaño? Esa es la contradicción que encierran los ismos del siglo XX que han absorbido por el canon literario occidental, un canon que en principio rechazaban y criticaban, luego pasa a incorporarlos.

 

2.1.El estridentismo como “literatura menor.”

El nivel de la teoría y terminología de Deleuze y Guattari (1978) es desarrollada a partir de los diarios de Kafka, cuya literatura denominan littérature mineure. Estos conceptos acerca de la “literatura menor” son confirmados a la hora de intentar renovar el canon establecido; en el caso del estridentismo podemos hablar de “literatura menor” basándonos en las siguientes caractrísticas: primero, la carencia de un lenguaje propio, ya que los lenguajes denominantes pertenecen a los grupos de poder que dominan el espacio desde donde estas literaturas pretenden emerger, en este caso, el academicismo y la literatura nacional establecida provocan la ruptura e impulsan a los estridentistas a crear un nuevo lenguaje. En segundo lugar, la carencia de una tradición, que será impuesta a través de las teorías vanguardistas que llegarán a México de la mano por citar algunos ejemplos, del pintor Jean Charlot –recién llegado de Francia-, a través de Le Figaro, donde en febrero de 1909 se publica el “Manifiesto del futurismo” y otros viajeros como Marius de Zayas y Diego Rivera[3] que residen en Paris, que llegan con sus apprtes del cubismo y del dadaísmo.

Deleuze y Guattari (1978) al plantear el problema de la escritura, llaman “literatura menor” a “una literatura que una minoría hace dentro de una lengua mayor”. Su consecuencia “es que, en ese caso, el idioma se ve afectado por un fuerte coeficiente de desterritorialización”. Aclarando que ésta es la exigencia de cualquier escritura ya que “menor” califica las condiciones revolucionarias de cualquier literatura en el seno de la llamada “mayor o establecida”.

Deleuze señala (1996) que implica romper con la propia lengua, transformar la lengua propia en extranjera, trabajar la materia de la lengua hasta que de ella logre salir una lengua nueva. Plantea que el escritor, la escritura, inventa dentro de la lengua una lengua nueva, una lengua extranjera en cierta medida y en la medida en que la inventa, crea nuevas lenguas, extrae nuevas estructuras gramaticales y sintácticas, la hace estallar, la lengua tiende hacia el límite que rompe las fronteras, que comunica con lo exterior. Pero el límite no está fuera del lenguaje, sino que es su afuera, protagonistas de una historia y una geografía que se va reinventando. La escritura altera aspectos concretos de modos de ser, experiencias del lenguaje, no es una experiencia más, es la experiencia de un pueblo, singularizada en una letra.

“Menor” en el caso estridentista quiere decir las fuerzas de transformación inherentes al lenguaje y su poder para transgredir el canon literario tradicional en el que se encuentra inmerso. Los horizontes de expectativas de los lectores establecen, a su vez, un modo de canon y son los cambios en estos horizontes de expectativas los que permitirán (o no) el cambio, la inclusión o exclusión de una obra literaria del canon predominante.

“Excluír y marginar son nociones que no tienen que ser diferenciados, porque en ambas se puede intuir una cierta voluntad, una decisión personal que se convierte en institucional (Corral: 11). El canon mexicano de la época cumplía con los horizontes de expectativas esperados: apego a las formas tradicionales de literatura y rechazo hacia las tendencias rupturistas e innovadoras. Los versos de González Martínez “Bajo la bruma gris, frente a un ocaso/de fatídica luz, por las siniestras/rutas del mal, en un crujir de ramas/y un volar de hojas secas,/silencioso, fantástico, cruza el desfile de las almas muertas” (“Las almas muertas” de El libro de la fuerza, de la bondad y del ensueño) publicados en 1917 frente a los de Manuel Maples Arce en Andamio interiores, hablan por sí solos: “Yo soy un punto muerto en medio de la hora,/equidistante al grito náufrago de una estrella/Un parque de manubrio se engarrota en la sombra,/y la luna sin cuerda/me oprime en las vidrieras” (“Prisma”).

Posiblemente a los lectores de Enrique González Martínez les fuera arduo leer los primeros versos de “Prisma”. Lo que está en juego aquí es la utilidad política del canon, utilidad que puede demostrarse históricamente. El sistema de valores que expresa el canon está basado en la tradición, en el pasado, y este sistema es útil para reconocer valores autoritarios. La cultura oficial absorbe finalmente, en la argumentación discursiva, a la cultura “popular”; y la impresión de diálogo entre ambas queda disminuída en la práctica. El canon, lo universal, terminan siendo la explicación para el conjunto de la práctica literaria con la cual esa diversidad queda en desventaja.

La novela estridentista más reconocida por la crítica La srta. Etcétera, considerada la primera novela vanguardista mexicana, y por tanto, una reinvención, una desviación del canon, permite considerar a Arqueles Vela un escritor de “literatura menor”.

“Literatura menor” quiere decir aquí “ir más allá del canon”: tomar un pre-texto, por ejemplo, el futurismo italiano y un con-texto, la situación histórico-social mexicana para a su vez construír una escena propia, a modo de palimpsesto, como es el mosaico que pieza por pieza se debe armar al leer La stra. Etcétera.

 

El status de “literatura menor” es articulado de acuerdo a su recepción, ese es el aspecto “desterritorializador”, que desplaza y hace del acto literario individual un acto subversivo y revolucionario, anulando el centro canónico y desviándose de cualquier norma.

Como sugieren Deleuze y Guattari (1978: 42) “la langue cesse d´être représentative pour tendre vers ses extrêmes ou ses limites”

 

3. LO QUE EL ESTRIDENTISMO DEJÓ

 

 

3.1.La influencia de las teorías poscoloniales[4]

Como ya señaláramos, una de las premisas fundamentales del movimiento fue la crítica ala autoridades y de los gobiernos capitales, situación que provocó que la obra estridentista fuera relegada y desconocida durante mucho tiempo por instituciones oficiales.

Fue en el último tiempo que las creaciones obtuvieron el reconocimiento de las autoridades. En 1997, el presidente Zedillo otorgó el Premio Nacional de Arte en el rubro de Literatura; además, en ese mismo año, el Instituto Nacional de Bellas Artes, realizó un homenaje al estridentismo con la presencia de Germán List  Arzubide, cuyo acto central fue la develación de un monumento al estridentismo en el bosque de Chapultepec.

Esta valoración y resurgimiento del movimiento y reconocimiento de parte de la crítica se debe, en parte, al poscolonialismo y sus teóricos. En este debate se “cuestiona un sistema normativa centrista, cuestiona la jerarquía y la autoridad centrista, lo hegemónico”, se “propaga el fin del eurocentrismo permitiendo una reevaluación de los centros y de las márgenes, fomenta la alteridad, la diferencia”, de tal forma que “la contraposición centro-periferia es ya obsoleta” (Richard). Esta “descentración y multiplicación del centro” (de Toro) es lo que permite el proceso de descanonización, al ser contaminados y relegados esos espacios inalterables y hegemónicos; la subalternidad entendida como “efectos de las relaciones de poder que se expresa a través de una variedad de medios: lingüísticos, sociales, económicos y culturales” (Mignolo) trata de reconvertirse, y asimilarse buscando “desencadenar procesos que revisan formas y prácticas de dominación presentes o pasadas” (Klor del Alva, citado por Achúgar, 1998)

Esta reescritura de la historia, del discurso del centro y la periferia tiene como consecuencia la alteración de la memoria colectiva y afecta el proceso de reafirmación de la identidad, a partir de una proyección cultural diferente; además del cuestionamiento de las formas hegemónicas de representación de la realidad. El poscolonialismo acentúa, de esta manera, la búsqueda de una identidad nacional[5] de manera que el subalterno “empieza a ser desplazado hacia una teoría de la recepción, de la lectura, de la interpretación, que subraya los modos de construcción en la sintaxis, los hitos, las cesuras, los silencios (Ileana Rodríguez, 1998), la subalternidad es entendida por Antonio Gramsci como una “condición de insubordinación”.

Esta transmutación de valores o “nueva complejidad el discurso” (Castro-Gómez, Mendieta) estudiada por el poscolonialismo ha permitido que el canon literario mexicano de fines del siglo XX regrese en el tiempo para devolver al estridentismo un reconocimiento que la segunda década del siglo le había negado. Se trata de un “cambio de paradigma”, y a la vez, de “una reescritura del discurso del centro y además una reescritura del discurso de la periferia, de un “contradiscurso” como discurso subversivo, de reflexión y de tipo crítico, híbrido, heterogéneo; se trata de un descentramiento semiótico-epistemológico y de una re-apropiación de los discursos del centro y de la periferia y de su implantación recodificada a través de su inclusión en un nuevo contexto y paradigma histórico (de Toro). Este “en torno al poder y en torno al poder de la representación” (Achúgar, 1998) a partir de los noventa ha alcanzado gran intensidad entre los teóricos de Estudios Latinoamericanos y Estudios Subalternos, permitiendo una instancia de apertura.

John Beverly propone “desmantelar el canon” como una de las metas que debe plantearse la Academia como forma de transformar la dinámica universitaria de “programas, departamentos, y currículums” (Richard, 1998), es decir “la relocalización de la subalternidad en los procesos de generación de conocimientos dentro del paradigma de la globalización (Ileana Rodríguez). Lo que está en juego según Castro-Gómez y Mendieta (1998) es “el acceso a posiciones de poder en las universidades, la financiación multimillonaria de proyectos académicos, los interese mercantiles de la editoriales y (...) la reestructuración metropolitana de los programas educativos de acuerdo a las necesidades del capital”

 

3.2. A modo de conclusión

Al hacer una recapitulación del desarrollo de la poesía mexicana, José Joaquín Blanco escribe (1981: 89): “La fuerza positiva, creadora de la nacionalidad, libertaria, redentora de la primera generación romántica, desapareció en cuanto los poetas fueron excluídos del espacio político y tuvieron que refugiarse en la exacerbada y restringida región sentimental”. Después de la primera generación romántica-López Velarde, García Mirón, etc.- la poesía mexicana se enfrenta a una profunda decadencia, que se manifiesta en un “no querer ver” la realidad social para así aislarse en la contemplación en la “restringida región sentimental”.

 

La mayoría de los poetas mexicanos deciden darle la espalda a la difícil situación que atravesaba el país. En ese momento, el estridentismo se convierte en un movimiento iconoclasta, cuya crítica fue dirigida no sólo contra los nuevos burgueses sino también contra los intelectuales acomodaticios y  los poetas que no abrazaban las causas de la revolución. Esta actitud le ganó la censura y el rechazo de las elites intelectuales y artísticas de México, con las consecuencias que mencionamos en páginas anteriores. Lentamente, el juicio negativo de los críticos de la literatura en México ha dado paso a la consideración del movimiento, no tanto en la relevancia de su obra literaria como en su actitud de ruptura y el aporte vanguardista que realizaron los escritores estridentistas.

 

No obstante, existen señales de que aquel movimiento comienza a ser reivindicado y los escritores reconocidos y estudiados en los ámbitos oficiales. Varios sitios de Internet ilustran lo que decimos: a propósito de la muerte de Germán List Arzubide fueron publicados varios artículos donde se destaca su valor literaria y se reconoce al estridentismo  como una corriente poética que “rompió totalmente con los cánones que siguió la poesía mexicana después de la primera generación romántica” (La Jornada, 19 de octubre de 1998). Anteriormente, List Arzubide había sido distinguido con varios premios: en 1997 recibió el Premio Nacional de Bellas Artes en el rubro Literatura. Uno de los primeros homenajes que se le hizo en Puebla fue el del periódico Síntesis, quien le entregó el premio Alux en junio de 1997. Unas semanas antes de su muerte, la Universidad Autónoma de Puebla le otorgó el doctorado Honoris Causa (ibíd).

 

Artículos que celebran el centenario de Manuel Maples Arce: “Este año las letras mexicanas conmemoran el centenario del natalicio de uno de sus “poetas mayores”. “Maples Arce , fue en nuestro país, la primera figura que encarnó un coherente proyecto de vanguardia.” (Banda Hispánica/ Jornal de poesía, 1998).

 

Reseñas de libros de List Arzubide, Poemas estridentistas “List es quizá el poeta más importante de su grupo. Fiel a sí mismo y a su compromiso estético y moral, y sin las lamentables incongruencias y vacilaciones de que hizo gala Manuel Maples Arce (...)” (La Jornada Semanal, 25 de octubre de 1998), de publicaciones como El estridentismo. La vanguardia literaria en México.: “El escritor Hernán Lara Zabala coincidió en que el libro rescata y aborda un capítulo importante en la historia literaria de México, (...) da cuenta de uno de los movimientos más auténticos de vanguardia que ha producido el país y que buscaba la destrucción simbólica de los patriarcas de la literatura nacional, así como demostrar la falta de vitalidad y modernidad a la que llegó la poesía por estancamiento y abuso descriptivo (...)” (Carrillo Rojas).

 

También encontramos algún artículo haciendo referencia a los ochenta años de la publicación de La srta. Etcétera: “En México, país ritual, nos encantan las celebraciones. Mucho me temo sin embargo, que los ochenta años de La srta. Etcétera le pasarán inadvertidos a nuestros funcionarios culturales (..)” (La Jornada Semanal, 10 de marzo de 2002).


BIBLIOGRAFÍA


AAVV (1983). Estridentismo: memoria y valoración. México, Fondo de Cultura Económica.

 

AAVV. (1977). El estridentismo vuelto a visitar. México, instituto Veracruzano de Cultura.

 

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AZUELA, Mariano. (1981). Los de Abajo. México, Fondo de Cultura Económica.

 

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[1] La cuestión d ela dimensión social del lenguaje es tratada desde el concepto de “dialogismo”, acuñado por M. Bakhtin.

[2]Los movimientos de vanguardia se caracterizan por: 1)rechazar el arte de su época, y por lo tanto, 2) producir una ruptura con la tradición; además, 3)sus manifestaciones se dirigen especialmente contra la istitución arte, tal como se ha formado en el seno de la sociedad burguesa (Bürger 1987: 54).

[3] Los vanguardistas mexicanos de la época se encontraban fuera del país. Marius de Zayas es expulsado del país por desavenencias con el gobierno de Díaz en 1907. Diego Rivera reside en París. José Juan Tablada se exilia luego de haber escrito algunos artículos contra Madero.

[4] Nos limitaremos a señalar los aportes del poscolonialismo en cuanto a “cambio de paradigma” sin entrar a discutir las diferentes posiciones de los teóricos poscolonialistas.

[5] El proceso de búsqueda de “identidad” es consecuencia de lo hegemónico y del deseo de especificidad, es un reclamo a ser re-conocido, de obtener una voz y un espacio. Es una reacción frente al fenómeno de la colonización, a la hegemonía cultural, al etnocentrismo y al eurocentrismo, reacción a los fenómenos de globalización y migración (de Toro, 1999).