MI PADRE, EL QUIMICO FARMACEUTICO

(La Mística de una Profesión)

 

A Oswaldo Pedro Guevara Meza Q.F

In memoriam

Luego de haber vivido el entierro de mi padre, con un mar de personas acompañándolo desde el día anterior, en la ciudad de Trujillo, en el Perú, sin más interés que el más puro amor y sentimiento de amistad que se pueda imaginar, y de haberle dedicado un responso que terminó en sinceras lágrimas, que me fue difícil de recitarlo por un profundo sentimiento de amor y de dolor en mi alma de hijo, trato de entender aquella enorme convocatoria que generó la partida de este mundo de mi padre, pues es usual que las grandes convocatorias de gente en los entierros estén más ligados al poder económico, político o a los cargos públicos de personajes fallecidos, no siendo usual lo contrario; esto es,     que la falta de poder económico, político o de cargos públicos genere tal arrastre de personas.

 

            En la búsqueda de razones, debo de mencionar el hecho de su profesión que le permitió desenvolverse en sociedad en determinado campo del saber humano; es decir, el hecho que era Químico Farmacéutico (1).  Tal profesión de las ciencias de la salud era muy amada y sentida por mi padre, y recuerdo que, desde mis épocas de niño, era muy querido y respetado en las farmacias públicas de los centros poblados y de las ciudades en los cuales trabajó. Uno de sus primeros trabajos profesionales los realizó en la antigua Cooperativa Agraria Azucarera San Jacinto (hoy en día Empresa Agroindustrial), ubicada en el valle de Nepeña, en la región Ancash, cerca a la ciudad de Chimbote. Ahí era el jefe del Servicio de Farmacia por mérito curricular, dado que había cursado estudios tanto en la Universidad Nacional de Trujillo, como en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a nivel de pre y postgrado, respectivamente.      

En la Universidad Nacional de Trujillo llegó a ser dirigente estudiantil por la Facultad de Farmacia y Bioquímica, en determinados periodos lectivos, sin que su actividad dirigencial y representativa impida su graduación dentro del plazo académico más corto posible, conjuntamente con su esposa, mi madre, a la cual conoció precisamente en la Facultad en mención. Fue quizás su vida universitaria dirigencial la que hizo posible que para su velorio y entierro asistan desde actuales dirigentes del Colegio Químico Farmacéutico, hasta un reciente ex Rector de la Universidad Nacional de Trujillo, también de profesión químico farmacéutico (2). Dentro de sus actos dirigenciales, como representante estudiantil en los años de la década de mil novecientos sesenta, me pude enterar de la defensa de una alumna de pregrado que iba a ser sancionada por el Consejo Universitario, tras ser descubierta en “contactos no académicos” con un profesor universitario, el cual iba a salir bien librado de toda culpa, siendo que la defensa de mi padre tuvo éxito, consistiendo tal defensa en el hecho que la mayor responsabilidad recaía en el docente por su calidad de instructor y de educador, mientras que la alumna debía de ser comprehendida como una mujer en desarrollo cercana a la imagen de una hermana de padre y madre, debiendo en consecuencia de asumir una menor responsabilidad por el hecho (3).  Al haber sido dirigente estudiantil, con rescatable formación académica, muchos pensaron que su destino eran las aulas de su Alma Mater; pero promesas familiares paternas hicieron que mi padre tome un camino distinto, el cual adoptó formas insospechadas después de que dichas promesas fueron incumplidas.   

Sin embargo, la docencia adquiere varias formas de expresión, yendo más allá de su consideración formal, en cuanto cátedra impartida en aulas en el proceso lectivo de aprendizaje-enseñanza, pues se aplica también en el desarrollo de las actividades profesionales de los diversos campos del saber humano, desde las ciencias sociales hasta las ciencias naturales, exactas y formales (4).  De ese modo, se puede explicar que la gente considere como maestros o guías de la juventud a personas que no se han desempeñado como docentes de carrera o de profesión. El carácter dirigencial de mi padre hubiese hecho posible una carrera magistral de docencia universitaria en la ciudad de Trujillo, pero el destino le tenía deparado otro ámbito de actuación, en las oficinas de Farmacia de las instituciones públicas y privadas del país, desde el cual desenvolvió su actividad profesional químico farmacéutica.

 

            También su labor como dirigente estudiantil le permitió conocer a quienes se habrían de convertir, con el transcurso del tiempo, en miembros de la clase política, como el diputado aprista Miguel Angelats, surgiendo entre ellos una amistad, que mi padre siempre hubo de reivindicar, aún después de fallecido el personaje público, pues, según sus palabras, reunía todas las cualidades para suceder al maestro líder, Víctor  Raúl Haya de La Torre. Dotado de carisma y de integridad política, el conocido político habría ofrecido a mi padre respaldarlo para que integre, como compañero, las filas de su partido político. Era la oportunidad por excelencia para que mi padre sea miembro de la clase política peruana. Era una oportunidad única para que mi padre detente cierto poder político, ocupando cargos públicos en el Poder Legislativo del Estado. Era la oportunidad por excelencia para hacerse conocido en la arena política y en los medios de comunicación social. Era una oportunidad única para irradiar su rotunda oratoria en los ambientes del hemiciclo; pero la decisión del patriarca fue hacia la defensa de la profesión químico farmacéutica, en el ejercicio de la misma. Tiempo después recordaría ello, sin ninguna nostalgia por el poder y prestigio político que pudo haber obtenido, aunque perdió una buena oportunidad de ejercer el servicio público como funcionario máximo en el Parlamento; esto es, en el “Primer Poder del Estado”, al decir de Haya de la Torre.

 

En la cooperativa agraria azucarera San Jacinto llegó a ser dirigente, al punto que la representó en la Central de Cooperativas Agrarias Azucareras del Perú (CECOAAP) en los años de la década de mil novecientos ochenta, en la ciudad capital, viajando a diversos países del mundo, como Panamá, Brasil, Gran Bretaña, Cuba y otros, representando al país, ejerciendo los cargos de vicepresidente del Consejo de Administración, presidente del Comité de Apoyo a la refinanciación de la deuda agraria, presidente del Comité Electoral CECOAAP 1981, presidente de la Comisión Política Salarial, jefe de las Delegaciones Peruanas en GEPLACEA (5), en Panamá (1980), en Alcosucar, Río de Janeiro-Brasil en 1981, y en la XII Reunión de la O.I.A, en Londres, Inglaterra-Gran Bretaña (Mayo de 1981). Tal periodo de su actividad dirigencial se dio en el contexto del segundo gobierno de Fernando Belaúnde Terry.

 

            El desempeño de dirigencia en la industria azucarera nunca estuvo divorciado de su actividad profesional química farmacéutica, pues su representación de la cooperativa agraria azucarera San Jacinto no dejó de estar ligada a su trabajo como jefe del Servicio de Farmacia de la cooperativa en mención, dado que mi padre llegó a San Jacinto para realizar  actividades de su profesión en el año de 1966 cuando la misma era una hacienda de empresarios cubanos. La vida de mi padre estaba conectada de tal manera con la vida de San Jacinto que pudo asistir a su conversión en Cooperativa Agraria al amparo de la reforma agraria que implementó el gobierno del general Velasco Alvarado con fines de redistribuir más equitativamente la riqueza nacional, aunque las implementaciones de las medidas sociales no cumplieron precisamente requisitos de justicia y equidad hacia todos los sectores de la población del país. En la ahora empresa agroindustrial, mi padre y la familia fundada por él encontraron casi quince años de alegría campestre y sol renovador de esperanzas en el futuro, tras incumplimientos de promesas filiales que perjudicaron el ingreso del patriarca a la docencia en la Universidad Nacional de Trujillo. Pero, como reza el dicho, no hay mal que por bien no venga, y de esa manera mi padre conoció la experiencia de vivir y gozar del campo, a la vez de poder tener contacto directo con la industria azucarera, desde la base de la cooperativa agraria hasta la representación nacional e internacional mediante la mencionada CECOAAP.     

   

Sacando tiempo en su diaria labor mi padre acudía a sus hijos para encontrar paz y sosiego en familia, con mi madre como ama de casa y profesional farmacéutica, dándose espacio para jugar como sólo lo pueden hacer el padre y sus hijos. Así recuerdo, cuando niño, que mi padre dejaba su imagen de dirigente azucarero para hacer de arquero, conmigo de delantero cobrando un penalty, o para hacerme girar agarrándome cuidadosamente con sus manos, dedicándole a todos sus hijos su tiempo con equidad, sin perder la disciplina del caso cuando la travesura ya implicaba un riesgo para la vida de uno, como el irse junto a los amigos con bicicleta por las pistas de la ciudad, rumbo a la carretera Panamericana, teniendo menos de ocho años de edad. También recuerdo inolvidables tardes cuando hijos y padres se reunían en la mesa del comedor a hacer sus tareas o sus pasatiempos, como si el hacerlo juntos hubiese sido un requisito para ello. Mi padre complementó siempre a  mi madre, y la crianza de los hijos no fue la excepción, pese a haber sido progenitor por primera vez a los veintiséis años de edad. Desde el primogénito hasta el último hijo recibieron atenciones y preocupaciones por la formación y destino de cada cual, irradiando seguridad, sintiéndome feliz de andar con mi padre para determinado lugar, por el hecho de ser mi padre; esto es, al margen de regalos o de cuestiones materiales que en los tiempos actuales sumen a las relaciones paterno-filiales en un lamentable consumismo. A pesar de que el trabajo hacía que esté buen tiempo lejos del hogar, siempre pensaba en su esposa e hijos. Muestra de ello es que hasta su último cumpleaños lo disfrutó en compañía de mi madre, no habiendo estado nunca separado de ella. Su enseñanza para con sus hijos no solamente se centró en la palabra, sino sobre todo en el ejemplo, en los hechos concretos. La integralidad de su mensaje comenzaba precisamente con los hechos, pues el discurso se daba para fortalecer o completar el ejemplo en la vida diaria de ser honesto y persona de bien en el trabajo, en el estudio, en el hogar. Primero eran los hechos y luego las palabras; no a la inversa, pues, como reza el dicho popular, a las promesas se las lleva el viento.    

 

 

El discurso de mi padre estaba apoyado previamente en hechos, de modo tal que no tenía mucho problema para fructificar y florecer en medio de la colectividad, a la cual ayudó y socorrió en el terremoto del año de mil novecientos setenta que asoló San Jacinto y la región Ancash en general, causando cincuenta mil muertes de seres humanos aproximadamente. Pese a que perdimos la casa y las cosas materiales en el terremoto, mi padre no olvidó al pueblo, pues, al contrario, en su calidad de jefe del Servicio de Farmacia, junto con un profesional amigo suyo, entró al hospital en ruinas a rescatar las medicinas que quedaban y podían servir, teniendo contados minutos para hacerlo, pues unos tractores les habrían camino y espacio entre escombros de techos, paredes y columnas. Con mi madre herida por proteger a mi hermana, mi padre protegió a la familia que fundó, remplazando con el tiempo la casa destruida por una casa de madera con techos de calamina, a modo de prevención de futuros y probables terremotos. Supo cómo afrontar el ser un damnificado por un sismo, sin perder nunca la dignidad, puesto que, al contrario, sacó fuerzas de flaqueza, al punto que no dejó de colaborar con la colectividad, al ser parte consciente de la misma. Ya en la nueva casa pude ser testigo directo de tres hobbies de mi padre, como el hecho de construir modelos de barcos antiguos, de diferentes tamaños, del siglo XVI aproximadamente, a partir de materiales caseros como cartón para simular la madera, papel pergamino como velas, jeringas anchas como cañones, con un paciente trabajo de detalle, y un cartel de propaganda de un fármaco que decía “Artrinovo” como nombre del barco. También está el hecho que le gustaba hacer  pergaminos sobre papel o sobre una base de triplay, conteniendo pensamientos, oraciones o poemas, trabajando con la técnica de escribir con tinta china. De esta época datan dos hermosos pergaminos que colgaban como cuadros en la casa: Uno que era la oración cristiana atribuida a Francisco de Asís, titulada “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz”; y otro que correspondía a la oración por el hijo del general norteamericano Douglas Mac. Arthur, que empezaba diciendo “Dame, Oh Señor, un hijo …”. (6)  

    

Es de mencionarse la pertenencia de mi padre al Club de Leones del Valle de Nepeña, como parte de la proyección a la comunidad que debe de cumplir todo buen profesional, pues un profesional encasillado en sí mismo no satisface todos los requisitos que el carácter social del ser humano exige al hombre en específico. Quizás la oración franciscana fue aprehendida y asimilada en su interior por mi padre fruto de su contacto con “Los Leones”.        

 

            Su tercer hobby era la música, especialmente la música melódica, de corte lírico, romántico y espiritual, en un conocimiento casi enciclopédico del cancionero mundial, desde el jazz, la música instrumental, la música de la nueva era, la de los grandes temas romántico-sentimentales, entre otros géneros musicales, sin perder el gusto por la música vernácula del país, como el huayno huancaíno, al haber nacido en Huancayo, que hace énfasis en el zapateo, y el huayno ancashino, más alegre y festivo. Cómo olvidar el “Close to you” de los Carpenters, o la música de Kítaro, en particular su “Silk Road”, “Shimering Horizon” y “Koi”, entre otras tantas canciones buscadas por mi padre con el fin de encontrar tranquilidad para su espíritu, al punto que bien puede ser definido como un melómano.

              

Posterior traslado a la ciudad de Trujillo hizo que mi padre siguiera desempeñándose en la oficina farmacéutica en el Instituto Peruano de Seguridad Social (IPSS) -actual ESSALUD-, tanto en las sedes de Chimbote como de Trujillo. En esta última ciudad trabajó desde principios del año 1985 hasta finales del año 1990, cuando renunció con el fin de poder iniciar un negocio propio; esto es, una Farmacia de la familia que fundó, dado que mi madre no podía hacerse cargo del negocio por estar delicada de salud, lo que dificultaba una óptima regencia en la Farmacia (7). La experiencia de mi padre en la conducción de la farmacia de la familia se vio enriquecida con su paso en las oficinas del Estado, desde la época de la hacienda de San Jacinto hasta el tiempo de su trabajo en el IPSS. Y es que su experiencia en el servicio público la dirigió y canalizó en el servicio que brindó en la farmacia familiar. Del servicio público pasó al servicio al público a lo largo de veinte años, en los cuales logró conectarse de tal modo con la gente que, llegado el momento del entierro, la masiva concurrencia, sin haber tenido mi padre poder económico o político que ostentar, fue la respuesta a esa conexión, la respuesta fiel al cumplimiento de principios de honestidad y transparencia que durante toda su vida respetó mi padre, siempre pensando en el bien y en la justicia hacia el prójimo, aún por encima de su propio confort material. Su experiencia en el servicio público fue la condición necesaria de su éxito en el contacto espiritual con la gente, pero no la condición suficiente (8), puesto que su humanidad justa y compasiva fue la que aseguró que entre él y la gente se tiendan puentes de amistad y admiración, que perduraron y se consolidaron con el transcurso de los años. Lo uno necesitaba de lo otro, y lo otro, de lo uno, en una combinación armónica que hizo posible que florezca una hermosa relación de mutua empatía, que luego se tradujo como simpatía entre mi padre y el público usuario que se convirtió después en fiel asistente a la farmacia filial (9).  

 

La personalidad de mi padre se centraba por excelencia en la empatía, lo cual generó mucha simpatía en las personas que tuvieron contacto con él. Desde la farmacia del hogar que fundó irradió todas sus bondades, no solamente restringidas al plano de la ética y la moral, sino también aplicada al terreno de lo profesional; esto es, al ámbito de la profesión químico-farmacéutica. La profesión de mi padre y su persona llegaron a ser una misma. Fue tanta su pasión por ella que defendió a la Farmacia y Bioquímica en cuanta oportunidad y lugar se presentó, al punto que siempre la reivindicó como la profesión hermana de la Medicina Humana, llamada a complementar y corregir los posibles defectos y/o excesos en que puede incurrir la profesión médica (10), pues así como el médico expide la receta con la prescripción correspondiente, el farmacéutico regula la administración y el tipo del medicamento prescrito, de modo tal que puede recomendar un producto análogo al mismo, entre otras funciones inherentes a la profesión químico farmacéutica. Parte de esa empatía se nutría de un componente de profunda espiritualidad y de amor por la existencia que defendía toda forma de manifestación de la vida, incluyendo a la vida humana, específicamente la vida de los concebidos. Por ejemplo, en el ejercicio de su actividad profesional en la farmacia de la familia tuvo la oportunidad de conocer el drama de mujeres jóvenes embarazadas con una concepción no deseada, que acudían a la farmacia con el fin de agenciarse de un medicamento con fines variados, pero usado también para provocar la interrupción del embarazo. Lejos de participar o de ser cómplice en la provocación de abortos, mi padre defendía la vida humana como sólo lo podía hacer quien cree y tiene fe en la vida misma, haciendo gala de sus dotes de orador, pues había sido dirigente universitario, combinando magistralmente la palabra con los hechos. Enfocando la vida humana como prácticamente un milagro, siempre defendía la vida de los no nacidos, argumentando a favor de la vida de los mismos ante las mismas mujeres embarazadas que buscaban las medicinas recomendadas por profesionales y no profesionales de la medicina que lucran con los embarazos no deseados. La propaganda resumida en la frase “Sal del embarazo con una inyección” o en la otra consistente en regular la regla de la mujer, se enfrentaba a uno de los más férreos defensores de la vida humana, pues mi padre, luego de argumentar a favor de la vida, mostraba a las mujeres embarazadas, que dudaban en tener a sus criaturas, unos frascos con formol que contenían fetos humanos, exactamente dos, de edades distintas, uno más desarrollado que el otro, para ilustrar el concepto de la vida y la importancia de decidir siempre por la vida, siempre por la vida (11).  El destacar la responsabilidad ligada con la libertad en la decisión de la gestante fue realizado magistralmente por mi padre. En ese sentido, su muerte ha sido una innegable pérdida para los que defienden con amor y pasión la vida humana. Entre las mujeres jóvenes que lloraron sentidamente su muerte se encontraban aquellas que habían decidido por la vida luego de conversar con mi padre en la Farmacia de la familia.

Dentro de su labor mi padre también veló por el uso racional del medicamento, desde lo básico de recomendar agotar remedios caseros contra resfriados comunes antes de proceder a la ingesta de pastillas, hasta lo complejo de advertir la utilización excesiva de ciertos fármacos, tanto respecto a su indicación impropia como respecto al empleo de la dosis correcta de ingestión diaria del medicamento. Un ejemplo de ello, fue su preocupación por la gente que se automedicaba en procesos gripales o infecciosos, que no hacen sino causar resistencia bacteriana a ciertos antibióticos. Frente a ello mi padre hizo pedagogía sobre la dosis correcta y la necesidad de la receta médica.Siempre puso especial énfasis a la labor preventiva en la atención primaria de la salud, educando al público usuario, a los pacientes (12). La prevención después de todo no le era ajena, pues uno de sus últimos trabajos en el Instituto Peruano de Seguridad Social (actual ESSALUD) fue en el rubro de la labor preventivo-promocional.

La obra de mística en la profesión químico-farmacéutica desplegada por mi padre se dio en el contexto de una farmacia dedicada a la atención primaria de la salud. Su maestría en el servicio al público usuario fue gracias al ámbito discrecional que permitía la farmacia filial, la cual realizó sus funciones en el contexto de una competencia compleja y plural autorizada por el Reglamento de Establecimientos Farmacéuticos, dado mediante el Decreto Supremo N° 021-2001-SA, que desarrolló la Ley General de Salud Nº 26842 en lo específico sobre el rubro de las formas que adquiere la práctica de la profesión químico farmacéutica en el desempeño profesional en locales determinados (Farmacias o boticas;  botiquines; droguerías; y, laboratorios farmacéuticos según el mencionado Reglamento). Mi padre siempre defendía la visión de que el establecimiento farmacéutico que representa por antonomasia a la misma profesión farmacéutica viene a ser precisamente la Farmacia, que es administrada por el mismo propietario farmacéutico, y no la Botica, desde una base tradicional en donde el químico farmacéutico reúne las necesarias y suficientes cualidades del conocedor de la ciencia y el arte de la Farmacia, con el imprescindible referente precursor de la Alquimia. Como un Miguel Grau con su humilde Monitor Huáscar ante la división completa de grandes acorazados chilenos, mi padre condujo la farmacia de la familia hasta el final, rodeado de grandes cadenas de Boticas, de propiedad de personas no cultivadas en Farmacia y Bioquímica, que contratan nada menos que como meros empleados a los propios químicos farmacéuticos, en medio de un número cada vez mayor de técnicos en farmacia (13) . El purismo en el ejercicio de la profesión químico farmacéutica lo inspiró por encima de todas las dificultades y adversidades en una competencia de precios en donde el gran capital lleva las de ganar; pero la atención personalizada en el establecimiento farmacéutico de la farmacia filial marcó un hito, con un antes y un después, cuando en un comienzo había una serie de restricciones para que se pueda implementar una farmacia, como el metraje y distancia entre los negocios farmacéuticos, y cuando posteriormente se flexibilizaron las condiciones de entrada al mercado, con el resultado concreto del ingreso de grandes capitales que adoptaron la forma de Boticas, que competían entre sí por lograr vender los productos al más módico precio. El purismo profesional de mi padre hizo que considere a la salud del público como un factor central de primerísima importancia. En esa medida, analizó los fármacos provenientes de países como la India o Ecuador, por ejemplo, bajo el prisma de requisitos de calidad en la satisfacción de las dolencias y enfermedades de la población, haciendo una comparación con productos nacionales e internacionales de reconocido prestigio, los cuales si bien en ciertos casos  tenían un precio mayor en el mercado, justificaban el precio de venta por lo predecible de la auténtica solución a determinado problema de salud. Sus críticas siempre eran fundamentadas y fundadas, como se dice en el argot jurídico, siendo el eje de sus consideraciones la salud de la población. La preocupación por la salud del público usuario de la atención primaria de la salud estuvo acompañada por la preocupación por los destinos de la profesión químico farmacéutica, de la cual llegó a ser dirigente estudiantil en su época, miembro de la promoción “Jesús García Alvarado” del año 1965 que se formó en las aulas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad Nacional de Trujillo. Si bien el destino quiso que en lugar de ser docente en la mencionada Universidad, encuentre el ejercicio profesional en lugares distintos del país, no dejó de pensar y de sentir por su Alma Mater. Tal es así que saludó correctamente la elección en el año dos mil cinco de dos compañeros de su promoción, como Nelly Jave Morales en el  cargo de Decana de la Facultad de Farmacia y Bioquímica, y como Víctor Carlos Sabana Gamarra, en el cargo de Rector de la referida Casa de Estudios, los cuales estuvieron presentes en el sepelio de mi padre, demostrando su compañerismo y amistad hasta el final. Las publicaciones en el mes de marzo del año dos mil cinco en el Diario La Industria de Trujillo dan fe de ello.

El mostrar la preocupación por la salud de la población y los destinos de la profesión farmacéutica se concretizaron en sendos artículos de opinión publicados en el diario Decano del norte del Perú, así como en otros medios periodísticos. Como profesional de la salud se dio cuenta de la actual realidad de los egresados de Farmacia y Bioquímica, los cuales han perdido la mística de la profesión en la vorágine de las grandes Cadenas de Boticas que compiten más por el menor precio posible, y no así por la mejor atención brindada, que incluye por cierto la real solución a específico y determinado problema de salud.

El sentirse, como químico farmacéutico, un profesional de la salud, del mismo nivel y categoría que el profesional médico, hizo posible que, en todo lugar donde desempeñaba sus servicios, lo llamasen, con respeto, como Doctor. Pese a no haber querido ser médico, llegó a ser un buen profesional en el ámbito de la salud, aunque en los últimos años se empapó de lectura jurídica, revalorando a la profesión de Derecho, por problemas de herencia con sus hermanos de sangre (14) que en lugar de conformar una gran familia empresarial, prefirieron medrar entre las ruinas de una masa hereditaria. De esta época, me legó un buen libro de lectura obligada en materia de psicología jurídica como la obra de Enrigo Altavilla, titulado “Psicología Judicial”, entre otros libros, con el fin de que enriquezca mi formación jurídica antes que sea magistrado. La revalorización de la profesión químico farmacéutica, frente a la progresiva desaparición de las farmacias, absorbidas por las grandes cadenas de Boticas, fue una de sus últimas luchas, en las cuales también se encuentran comprometidas las nuevas generaciones de profesionales universitarios en Farmacia y Bioquímica, en las cuales mi padre cifraba la esperanza, al igual que hacía lo mismo con sus hijos, respecto a dejar buenos seres humanos, excelentes no solamente en lo intelectual y lo profesional, sino también en lo ético y lo personal.

Y es así cómo le dedico su responso, y es así cómo escribo estas palabras, inspiradas en él, en la persona de mi padre que supo corregir y subsanar sus errores y omisiones de juventud, con la sabiduría plena adquirida en la edad adulta y en la ancianidad, siendo para mí símbolo del conocimiento, la bondad y la experiencia, que siempre buscó la dicha más en el amar, que en el ser amado, más en el servir, que en el ser servido, por encima de cualquier interés subalterno, reivindicando la riqueza espiritual, más allá de ganancias materiales que vienen y van, que hoy están y mañana no están; reivindicando el verdadero amor en la tierra, más allá de los egoísmos y de los apegos a las formas; prefiriendo acumular sinceras amistades, antes que acumular poder económico, teniendo la suficiente inteligencia para ello.

Es por eso que hoy, como ayer, mi alma de hijo lo recuerda en la alegría de haber tenido un padre como él, no perfecto, pero consciente y preocupado de su imperfección, aunque también en la pena por no poder conversar más con él. Sin embargo, si bien mi padre se fue ya para siempre, algún día nos reuniremos, y las tristezas que él tuviera, yo las disiparé.

Nota de Agradecimiento:  

Agradezco profundamente la contribución de mis hermanos en la elaboración del presente artículo:

-                     Oswaldo Marco Antonio  (Ingeniero Industrial);

-                     Ana María del Carmen (Químico Farmacéutico);

-                     Marlon Julio César  (Químico Farmacéutico).

 

Iván Pedro Guevara Vásquez

Docente de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega

 



(14)    Así como, según el decir popular, nadie es profeta en su tierra; en cuestión sanguínea nunca se sabe, pues los hermanos de padre y madre no nacen necesariamente semejantes en riqueza espiritual y valores humanos, al punto que incluso, en ciertos casos, se puede llegar a la ironía de ser amado por todos, menos por los hermanos. A pesar de siempre haber amado a sus hermanos, como hermano mayor protector, nunca esperó recompensa o reconocimiento por ello, al igual que Francisco de Asís.    

 

 



(13)   El predominio claro y nítido de las cadenas de Boticas por encima de las Farmacias de los químico farmacéuticos está conduciendo a la desaparición progresiva de estas últimas, las cuales van saliendo cada vez más del mercado, al punto que en la actualidad se tiene que el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y la Propiedad Intelectual (INDECOPI) está investigando una concertación de precios entre siete grandes cadenas de Boticas en el país, en una tendencia económica que no dista de ser prácticamente un oligopolio.

 

 



(12)   El término “paciente” fue empleado correctamente por mi padre y por toda la familia farmacéutica por doble motivo: En primer lugar, porque la Farmacia y Bioquímica es una carrera de la salud; y, en segundo lugar, porque los usuarios no pueden ser vistos como meros clientes en la atención primaria de la salud al estar en juego precisamente su salud. 

 

 



(11)   Los fetos humanos fueron conseguidos por mi padre durante su trabajo en el Hospital de la ex Cooperativa Agraria de Producción Azucarera San Jacinto, por abortos naturales que se produjeron en dicha localidad, en su condición de jefe de Farmacia, como parte de su preocupación por el estudio del cuerpo y de la vida humana.   

 



(10)   En sentido contrario, se encuentra la posición que resta méritos a la profesión químico-farmacéutica, al colocarla por debajo de la profesión médica, en una especie de creencia similar a la que considera al derecho por encima de la pedagogía, cuando se hace unilateral énfasis en los réditos económicos, dado que un médico tendría más horizonte de ganancias pecuniarias que un químico farmacéutico, así como un abogado lo tendría respecto a un profesional de la educación.

 

 

 

 

 

 


(7)   La Farmacia que mi familia logró en la ciudad de Trujillo tomó el nombre de “Farmacia Larco”, por la avenida Larco en la cual se encontraba. Colocada cerca de la casa paterna trujillana, la Farmacia realizó una labor muy loable, con la dirección de mi padre en la atención del público, al atender con una plana completa de químicos farmacéuticos, pues mis padres lo eran, así como dos de mis hermanos, durante veinte años, cesando en sus actividades al cesar la vida física de mi padre.  

 

 

(8)   En filosofía, la condición necesaria y la condición suficiente, en su manifestación conjunta, hacen posible la eclosión, explicación y descripción de un fenómeno u objeto determinado de la realidad, de tal modo que ello no sería posible si solamente se presenta una de las dos condiciones antes mencionadas. 

 

(9)   La empatía, que consiste en el colocarse en el lugar del otro, es requisito sine qua non de la simpatía, pues para que exista esta última, debe de verificarse previamente la existencia del acto de comprensión de la condición del otro, pues sólo así el otro se sentirá cercano con el ser humano que “se coloca en su lugar”, y de ese modo se tenderán los puentes de oro entre los hombres y las mujeres de la tierra.   

 



(6)   “La Oración de un Padre” contiene un bello y sincero mensaje: “Dame oh Señor, un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuando es débil, y lo bastante valeroso para enfrentarse a sí mismo cuando sienta  miedo /  Un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota honrada, humilde y magnánimo en la victoria.  / Dame un hijo que nunca doble la espalda cuando deba erguir el pecho, un hijo que sepa conocerte a Ti y conocerse a sí mismo, que es la piedra fundamental de todo conocimiento. / Condúcelo te lo ruego, no por el camino cómodo y fácil, sino por el camino áspero, aguijoneado por las dificultades y los retos, ahí, déjale aprender a sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan. / Dame un hijo cuyo corazón sea claro, cuyos ideales sean altos, un hijo que se domine a sí mismo, antes que pretenda dominar a los demás; un hijo que aprenda a reír pero que también sepa llorar, un hijo que avance hacia el futuro pero que nunca olvide el pasado. / Y después de que le hayas dado todo eso, agrégale, te suplico, suficiente sentido del buen humor, de modo que pueda ser siempre serio, pero que no se tome a sí mismo demasiado en serio. / Dale humildad, para que pueda recordar siempre la sencillez de la verdadera grandeza, la imparcialidad de la verdadera sabiduría, la mansedumbre de la verdadera fuerza. / Entonces, yo, su padre, me atreveré a murmurar: ¡No he vivido en vano! ”

 



(5)   Grupo de Países Latinoamericanos y del Caribe Exportadores de Azúcar. Es un organismo intergubernamental regional fundado en el año de 1974, con sede en México. Se fundó con 23 países miembros, llegando a ser, en muchos sentidos de su labor, la más importante institución en la industria azucarera.

 

 



(4)   Así se puede apreciar que en el terreno del derecho se suele decir que tal juez dictó o sentó cátedra con su sentencia, en referencia a que con el fallo judicial se sentó un precedente importante o ejemplar que ha de servir de guía e inspiración para futuros pronunciamientos.



(2)   El Doctor Q.F Carlos Sabana Gamarra, Rector de la Universidad Nacional de Trujillo en el periodo 2005-2010 fue compañero de estudios de mi padre y testigo directo de su actividad dirigencial, así como de su desenvolvimiento académico. 

 

(3)   Mi padre partía de una visión pura de la familia filial en donde los hermanos de padre y madre se estiman y quieren en igual medida; esto es, por igual, al margen de consideraciones económicas como la cuestión hereditaria por ejemplo. Tiempo después, pese a la dura realidad, tal visión la defendió a lo largo de su vida, aunque replanteándola en el sentido de que lo más importante es el acto de amar, que el ser amado, al modo de un Francisco de Asís.  

 

 

           


(1)   El Químico Farmacéutico es aquel profesional formado científicamente en Farmacia y Bioquímica, que desenvuelve sus labores en farmacias y boticas del sector público y privado, así como en puestos en laboratorios y empresas e instituciones diversas.