I. LA PEDAGOGÍA COMO DISCIPLINA. UNA VISIÓN HISTÓRICA A PARTIR DE LA DIDÁCTICA.

 

Para el estudiante de Pedagogía resulta necesario conocer en proceso histórico que antecede a la conformación del campo de estudio de su disciplina, ubicar y delimitar su campo de conocimiento para apoyarse en teorías y planteamientos propios de su disciplina; todo ello en el marco de la consolidación de la pedagogía como campo disciplinario[1].

A lo largo de la historia la pedagogía ha sufrido diversos cambios en la conformación de su campo de conocimiento[2], para algunos autores este hecho a repercutido en la estructura, lineamientos y orientaciones de los currícula de pedagogía que a su vez han afectado la formación del estudiante de la disciplina pedagógica.[3]

 

Resulta, por ello, no menos importante contextualizar históricamente ciertos momentos que formaron parte de la constitución de la disciplina pedagógica.

 

Sus Inicios En La Escuela Y El Estado Nacional.

Partimos de la aseveración de que la pedagogía[4] como disciplina se estructura a partir de la filosofía alemana en el siglo XIX; sin embargo, desde el siglo XVII encontramos en la didáctica ciertas manifestaciones de una perspectiva disciplinar o científica.

La disciplina pedagógica se gesta en el contexto de la restauración de los Estados Nacionales y su conformación se ve permeada por el conflicto religioso entre la reforma y la contrareforma. Este debate permite que se sienten las bases que dan lugar a la primera reflexión sistemática sobre la escuela a través del pensamiento didáctico.

 

El término escuela a lo largo de la historia se ha caracterizado de diversas formas, aunque “… es un error de las historias de la educación asignar el término escuela a instituciones tan diferentes como el Gimnasio griego, la escuela de Alejandría, las escuelas parroquiales del periodo medieval.”[5] Por lo que, para el Estado Nacional la escuela se concibe como una institución social y pedagógica, en donde se realizan prácticas educativas de diversa índole.

 

Las aspiraciones socioculturales de la nueva nación se perfilan hacia un nuevo planteamiento educativo como parte del programa de modernidad social.

 

Las demandas de la burguesía moldean la escuela moderna y definen la orientación del campo de la educación denominado pedagogía, y posteriormente, ciencia de la educación. Asimismo no es casual que las producciones a cerca de la pedagogía se efectúen desde la misma configuración de la escuela del Estado Nacional.

 

Un elemento indefectible para concebir la institución escolar es el ascenso de las masas como fenómeno social.

El Estado Nacional redefine a la educación como un problema de interés y de dominio público.[6] De esta manera, asume su responsabilidad como representante de este interés y establece la obligatoriedad de la enseñanza primaria, la gratuidad, la laicidad de sus estudios y la certificación del proceso educativo.

 

La consolidación de la escuela pública[7] edifica un escenario que demanda una disciplina que estudie los problemas de la educación, como es la pedagogía. Por ello, en el XIX se empieza a conformar la pedagogía como campo de saber específico. Lo que significa que es hasta la época de la filosofía moderna que se dan las condiciones para la estructuración de  una disciplina pedagógica.

 

Con la aparición de la máquina y la generación de nuevas concepciones administrativas ligadas a la eficiencia se precisa el debate educativo del siglo XX.

 

La Disciplina Pedagógica Con J. F. Herbart.

El filósofo alemán J. F. Herbart consolida a la pedagogía como disciplina en el siglo XIX. Su pensamiento pedagógico obedece a una formación kantiana; por ello, enfatiza la importancia que tiene el saber y la formación filosófica en la construcción y desarrollo de esta disciplina.

 

Una de sus metas era la conformación de la pedagogía como campo específico e independiente de conocimiento. Debiera,

 “...deliberar sobre sus propios conceptos y cultivar más de una reflexión independiente; de esta manera llegaría a ser el centro de un círculo de investigaciones y no correría el peligro de ser gobernada por un extranjero como lejana provincia conquistada.”[8]

 

Las aportaciones de Herbart al pensamiento de su época estuvieron cernidas por la experiencia de los maestros; por lo que, la pedagogía que él propone aporta elementos esenciales para desarrollar la tarea docente. Reconoce, asimismo, a la pedagogía como la ciencia del maestro e indica que la finalidad de esta perspectiva pedagógica es, pues, la educación.[9]

 

El pensamiento herbartiano alude a una posición ambivalente respecto al papel de la filosofía en la constitución del saber pedagógico. Esto es, que la pedagogía desarrolle sus propios conceptos para no ser gobernada desde otras disciplinas. Enfatizando la importancia que tiene el saber filosófico en dicha consolidación.

 

“Quizá fuera mejor que la pedagogía intentara en cuanto le fuese posible, deliberar sobre sus propios conceptos y cultivar más de una reflexión independiente; de esta manera llegaría a ser el centro de un círculo de investigaciones y no correría el peligro de ser gobernada por un extranjero como lejana provincia conquistada.”[10]

 

Herbart en el siglo XIX estructura a la pedagogía como disciplina a partir de una fundamentación filosófica en la construcción de este conocimiento bajo dos vertientes: la ética y la psicológica.[11] La primera discute los fines de la educación en vista a lo que el hombre futuro puede ser. Y la segunda, es decir, la psicológica es quien puede establecer los medios para realizar tales finalidades.

 

La noción de pedagogía que sugiere este filósofo, es rescatada e incorporada en México por el neo-kantiano Francisco Larroyo, quien dejará impregnada su filosofía en las concepciones y procesos de formación de las Escuelas Normales de su época. Así también, sus ideas se verán expresadas en la conformación del plan de estudios de este profesional dejando precedente en la pedagogía universitaria de nuestro país. Por ello, “...la licenciatura en pedagogía en México se establece (1960) vinculada a los espacios de la filosofía, desde una perspectiva humanista y bajo esta denominación”.[12]

 

En lo que respecta a la construcción de una teoría de la educación; Herbart expresa una propuesta:

 

“Si los que quieren edificar tan gustosamente la educación sobre la experiencia (no reflexionada) dirigieran una mirada atenta a las otras ciencias experimentales,... Entonces experimentarían que no se aprende nada con una experiencia, y mucho menos con observaciones dispersas..... Experimentarían que no se puede hablar de experiencia, hasta que no se ha terminado el ensayo; hasta que no se ha terminado minuciosamente y se han pesado exactamente los a posteriori. El a posteriori de los experimentos pedagógicos son las faltas que comete el alumno en la edad viril. Así la duración de uno sólo de estos experimentos es por lo menos igual a la mitad de una existencia humana”.[13]

 

Entonces el ser humano no puede circunscribirse a un laboratorio. Sin embargo, Herbart reconoce a la pedagogía como la ciencia del maestro. ”La finalidad de esta perspectiva pedagógica es la educación”.[14]

 

 Se afirma que “... no dejó perfilado con claridad estatuto de una ciencia que, estando apoyada en la ética y la psicología, pudiera ser autónomamente pedagógica”.[15]

 

Así es como esta perspectiva nos da pié a inferir el lugar que ocupa la labor docente y sus prácticas en la conformación de la pedagogía como campo de conocimiento.

 

El peso histórico que se le confiere a la didáctica ha influido en la constitución teórica de la pedagogía y/o ciencias de la educación en México debido a que éstas se forman como desprendimiento de la reflexión de lo educativo.

 

Dicha situación contextual afecta la consolidación de su campo científico y le otorga un peso mayor a la labor docente. Consecuencia es que actualmente la formación del estudiante en pedagogía también se vea afectada por este motivo. Ejemplo de ello, son las orientaciones de los currícula, las demandas de trabajo y la identidad del mismo pedagogo.

 

Las Dos Tradiciones: Durkheim Y John Dewey.

Resulta no menos importante, y para este estudio en particular, la apreciación que el estudiante de esta disciplina tiene acerca del reconocimiento de una multiplicidad de problemáticas y debates que enfrenta la disciplina pedagógica en su constitución teórica.

 

En este recorrido histórico y puntualmente en el siglo XX se erigen dos tradiciones: la Sociología Funcionalista propuesta por E. Durkheim y el Pragmatismo con el concepto de John Dewey,[16] como referentes para el establecimiento del campo de la educación no como pedagogía sino como un estudio empírico y sistematizado de una serie de aspectos de la educación (la ciencia de la educación).

 

Durkheim determina que la ciencia de la educación no existe más que en estado de proyecto y plantea que ésta puede desarrollarse, como tal, siguiendo los procedimientos de una disciplina que posea un campo de investigación científica reconocido, es decir, siguiendo el camino de una disciplina como la sociología.

 

Establece una distinción entre educación y pedagogía: “La educación es la acción ejercida sobre los niños por los padres y los maestros”.[17] Esto le permite construir el concepto de pedagogía: “Ésta consiste no en acciones, sino en teorías. Estas teorías son maneras de concebir la educación, no de practicarla”.[18]

 

Asimismo, especifica que la pedagogía no estudia científicamente los sistemas de educación, sino que reflexiona sobre ellos con el objeto de facilitar la actividad del educador. Supone, por lo tanto, que la pedagogía no es la educación y no puede sustituirla. Debido a que su función no es reemplazar a la práctica, sino por el contrario, debe guiarla, esclarecerla y ayudarla.

 

“No hay razón para que la educación no venga a ser objeto de una investigación que satisfaga a todas estas condiciones y que por consecuencia, presente todos los caracteres de una ciencia”.[19]

 

La ciencia de la educación va a depender de los desarrollos que se planteen en el ámbito de la sociología. Entonces, “... sin sociología no puede existir una comprensión del fenómeno educativo”.[20]

 

El concepto que plantea Durkheim respecto al docente se ve invadido por una serie de planteamientos, asumiendo que se puede ser un perfecto educador y ser, sin embargo, completamente incapaz para las especulaciones de la pedagogía.

 

En la segunda tradición John Dewey busca articular la industrialización, el pragmatismo y la democracia. En su opinión, “no existe una ciencia independiente especial de la educación”.[21] Ésta se construye con las aportaciones que todas las ciencias dan para entender lo educativo.

 

Su postura parte de la formulación de una serie de abordajes sistemáticos de la educación aplicada a diversos ámbitos de la industria.

 

Empero, en la construcción del concepto de ciencia de la educación, reconoce de manera más explícita la dificultad en la integración de este campo científico argumentando que las fuentes de la ciencia de la educación son las demás ciencias:

 

“...para entender la diversidad de problemas que afectan a la educación se requiere del apoyo de diversas disciplinas como la sociología, la psicología, la economía, la historia, la antropología, etcétera, las cuales posibilitan comprender y actuar sobre lo educativo, así la ciencia de la educación pierde su aridez y no cae en una vaga especulación”.[22]

 

Dewey indica que la filosofía permite la construcción inicial de los conceptos de la ciencia de la educación y que los datos que se obtienen dan pié para que se efectúen replanteamientos en el ámbito filosófico.

 

En este sentido, la filosofía de la educación va a ir por delante de la ciencia de la educación no importando que esta última cuente con el status de una ciencia práctica, en donde se combine con las aportaciones de otras disciplinas para entender los problemas que se presentan en la práctica.

 

El concepto de ciencia de la educación, empleado por John Dewey, ha cobrado vigencia y se ha implantado en los ámbitos educativos; además de ser el que se estudia y maneja actualmente en el campo pedagógico, sostiene Díaz-Barriga.

 

“...pedagogía y ciencia de la educación, son conceptualizaciones diferentes para la constitución de una teoría de la educación. Su constitución depende de su historicidad, su comprensión es indispensable para entender los avatares y posiciones que atraviesa la interpretación del campo de la educación en nuestros días”.[23]

 

Asegura, asimismo, que los planteamientos realizados por Dewey se manifiestan en la manera en como se integran las asignaturas de los planes de estudio de esta disciplina y en los desarrollos recientes de las diversas especialidades que guardan relación con lo educativo.

 

Esta revisión histórica desde la didáctica nos da muestra de las dificultades en la integración del campo de la educación, ya sea como pedagogía (XVII al XIX) o como la ciencia de la educación (XIX y XXI). De lo cual se desprende que este campo “... sólo se puede estructurar a partir del conocimiento de otro conjunto de saberes provenientes de diversas disciplinas de las ciencias sociales y del humanismo clásico”.[24]



[1] Especialistas en el campo opinan que no existe una convención acerca de lo que es la pedagogía o su campo de conocimiento, ni de su estatuto académico; por lo que, el debate continúa desde diversas perspectivas.

[2] Díaz-Barriga, Ángel. “Pedagogía-ciencias de la educación. Paradigmas para entender lo educativo". En: Bartomeau M., Juárez Irma, Juárez Fernando, Santiago Héctor. En nombre de la pedagogía. Memoria del Coloquio Identidad de la Pedagogía: interrogantes y respuestas. Ed. UPN. México. 1995. p. 50.

[3] Ángel Díaz-Barriga, Patricia Ducoing, Concepción Barrón, entre otros.

[4] Díaz-Barriga, Ángel. “Concepción pedagógica y su expresión en los planes de estudio de pedagogía.” En: Ducoing Patricia y Rodríguez Azucena (Comp.) Formación de profesionales de la educación. Ed. UNAM-ANUIES-UNESCO. México. 1990. p. 52.

[5] Díaz-Barriga, Ángel. “Articulaciones entre filosofía y educación.” En: Revista argentina de educación. Año X. Núm. 18. Argentina. 1992. p. 18.

[6] Ibidem. p. 18.

[7] Ibid. p. 20.

[8] Herbart, J. F. Pedagogía derivada del fin de la educación. Edit. Humanitas. España. 1983. Estudio preliminar de Joaquín García Carrasco p. 8.

[9] Díaz-Barriga, Ángel. “Pedagogía-ciencias de la educación...”. p. 55.

[10] Herbart, J. F. op. cit. p. 8.

[11] Ibidem.

[12] Díaz-Barriga, Ángel. “Pedagogía-ciencias de la educación...”. p. 57.

[13] Herbart, J. F. op. cit. p. 6.

[14] Díaz-Barriga, Ángel. “Pedagogía-ciencias de la educación...”. p. 55.

[15] Herbart, J. F. op. cit. p. XVI.

[16] Díaz-Barriga, Ángel. “Pedagogía-ciencias de la educación...”. p. 59.

[17] Durkheim, E. Educación y sociología.  Ed. Linotipo. Colombia. S/f. p. 99.

[18] Ibidem. p. 100.

[19] Ibid. p. 103.

[20] Díaz-Barriga, Ángel. “Pedagogía-ciencias de la educación...”. p. 60.

[21] Dewey, John. La ciencia de la educación.  Ed. Losada. Argentina. 1946. p. 39.

[22] Ibidem. p.43.

[23] Díaz-Barriga, Ángel. “Pedagogía-ciencias de la educación...”. p. 63.

[24] Ibidem. p. 65.