Patología de la flojera

 

Conceptos clave:

Patología: Ciencia de las causas, síntomas y evolución de las enfermedades.

Estudiante: Persona que tiene por actividad principal el estudio.

Salud: Es el completo estado de bienestar físico, mental y social (bio-psico-social) y no sólo la ausencia de enfermedades.

Saber cuáles son las causas de la flojera en nuestra conducta y comportamiento como seres humanos y concretamente como estudiantes ha intrigado mi atención últimamente. Desde el momento en que lo consideré un problema lo he venido pensando. El resultado ha sido la elaboración de algunas ideas que pretenden desentrañar lo que se esconde detrás de ese fenómeno tan dañino y ver cómo se manifiesta en un estudiante. Esta reflexión tiene su origen en considerar que la flojera es un problema y es animado por la convicción de encontrar una alternativa a esa conducta y la forma más idónea de combatirla en la práctica para erradicarla e ir construyendo un nuevo tipo de comportamiento que sea libre de toda flojera.

Algunas interrogantes que han pasado por mi mente son:

ü      ¿Es la flojera un problema de salud mental y por lo tanto una enfermedad? Problema psicológico.

ü      ¿Es un hábito creado intencionalmente por la ideología dominante? Problema moral.

ü      ¿Cuáles son las diferencias entre el cansancio y la flojera?

ü      ¿Cuál sería una actitud correcta ante esta conducta?

ü      ¿Este fenómeno es inherente al ser humano?

ü      ¿Quiénes son los más propensos a padecer esta conducta?

ü      ¿Qué se necesita para liberarse de la flojera?

Estos enigmas tratarán de ser contestadas por este ensayo especulativo.

Pues bien, considero que la flojera es una de las modalidades en que la ideología dominante nos adoctrina para garantizar la continuidad de un sistema social. Los aparatos ideológicos del Estado nos inculcan subliminalmente el conformismo, la apatía, la indiferencia y la inacción. Por otra parte, no sería exagerado pensar que la flojera puede llegar a convertirse en un problema de salud mental (psicológico), ya que llega a arraigarse tanto en nuestra mente que incluso lo llegamos a considerar como algo normal, aún cuando una y otra vez esto nos genera problemas y consecuencias drásticas en la vida práctica.

La flojera es fundamentalmente una actitud hacia el trabajo. En la vida cotidiana se manifiesta como aversión al trabajo o muy poca disposición a ejecutar una actividad. En una colectividad, el flojo es una persona que tiene muy poca iniciativa, se le dificulta mucho construir propuestas y se le ve como alguien aburrido de la vida que muestra muy pocas energías. Cuando se trata de realizar sus actividades elementales hace un “gran esfuerzo”, ya que tiene mínima conciencia de que nadie lo hará por él. La típica expresión del flojo es: “que güeba tengo” (así califica su estado de ánimo), de esa forma reconoce que padece una conducta patológica. El flojo desea que otros hagan el trabajo por él y gozar así del trabajo ajeno para convertirse en un parásito que no produce pero vive de la producción de otros. En definitiva, el flojo es una persona que no tiene amor por el trabajo creativo.

No debe confundirse el cansancio con la flojera. Generalmente la persona cansada puede alegar que no quiere hacer algo porque justamente está fatigada de haber realizado algún trabajo. La persona floja siempre tiene muy poca actividad y su relación con el trabajo es precario. Esta distinción es importante para no caer en confusión. La flojera es la negación casi permanente al trabajo y el cansancio es pasajero, pues la puede tener cualquier persona común que después de la jornada regresa exhausta por el diario trajinar. La persona cansada se recupera descansando, durmiendo y comiendo, es decir, recobrando energías para que al día siguiente vuelva a estar activa. La persona floja come, duerme y su actitud al trabajo se mantiene estática. La flojera va de la mano con el ocio, no así con los deberes. Lo esencial es que la persona que padece la flojera vive en un círculo vicioso sin intentar salirse, amen de planteárselo seriamente en la práctica.

El fenómeno de la flojera afecta principalmente a la juventud, la cual muchas veces no es conciente de padecerlo porque no ha habido nadie que le advierta de los daños que produce este mal.

La flojera no es innata al ser humano y es susceptible de combatirse en la práctica aquí y ahora. Esta sería una actitud de nuevo tipo. La flojera no debe ser acompañante de la conducta humana. El cultivo del amor al trabajo creativo y la lucha contra la flojera empezando por uno mismo sería una muestra de voluntad para irse formando como un mejor ser humano.

La flojera es una amenaza para la consecución de ideales, proyectos y convicciones. El sujeto que la padece y no logra liberarse de ella, termina convirtiéndose en un mediocre.

La flojera también puede tener como causa la depresión, pero se trata de una flojera temporal que desaparece en tanto que la depresión es superada. Aquí hemos estado hablando de la flojera como conducta permanente y no la causada por una depresión.

Lo que se necesita para liberarse de la flojera y dejar de ser esclavo de ella, es ser consciente y reconocer que es un problema que se padece. Después tener una gran voluntad de cambiar y de someterse a un proceso gradual de transformación que tendrá que ser fundamentalmente en la práctica. Aquí no se tendrá que demostrar a nadie sino a uno mismo la capacidad y la fuerza de la voluntad para liberarse de algo que inhibe el crecimiento como ser humano.

Una forma particular en que se manifiesta la flojera lo constituye el escuelante mexicano. El escuelante es aquel que va a la escuela por obligación o para “ser alguien en la vida” porque la universidad otorga un status social, es decir, un título y un empleo remunerativo. El escuelante forma parte del “montón” o de la “borregada”. Juan Sánchez Andraka diría que el escuelante es “un mexicano más”.

La flojera académica del escuelante consiste en la tendencia a aplazar las tareas académicas, relajación en los tiempos o fechas de entrega de resultados. Siempre está presente el factor de confiarse y despreocuparse. El escuelante se empieza a preocupar  en la víspera de la entrega de resultados y trata de ponerse a trabajar. Como es natural, el escuelante es invadido por una presión que es producto de haber dejado pasar mucho tiempo para hacer lo que ahora, ya muy tarde, se dispone a hacer.

El esfuerzo que hará el escuelante no será ejemplar y los resultados no serán los mejores. Puede darse el caso de que el escuelante huya de su responsabilidad y ni siquiera intente realizar sus tareas académicas porque dirá que no gusta de estar presionado.

En síntesis, la flojera académica del escuelante consiste en no hacer alguna actividad académica a tiempo porque siempre se confía en que hay mucho tiempo para hacerla. Cuando el tiempo se agota surge la preocupación, pero ya hay un ambiente de presión que no es óptimo para hacer lo que se tiene que hacer. Aquí el escuelante puede optar por dos caminos: hacer lo que tiene que hacer pero de manera deficiente, o bien, no hacer nada dejando todo a la deriva y tirando todo por la borda, es decir, optar por no complicarse la vida.

La solución es que el escuelante reflexione su problema, adquiera conciencia de la necesidad de hacer las cosas de manera diferente, pero empezando a intentarlo desde ya. Sólo de esa forma el escuelante puede irse transformando de manera gradual en un estudiante.

En la práctica sería asumir que ninguna actividad derivada del estudio debe ser desatendida o aplazada. Toda actividad deberá realizarse de manera puntual desde el primer momento para ir avanzado diariamente. La finalidad de esto sería evitar la acumulación de trabajo o la saturación de actividades. Sólo de esta forma estaremos revolucionando nuestra práctica y nuestra actitud con el estudio.