DELINCUENCIA ORGANIZADA Y SEGURIDAD NACIONAL

Agustín Salgado García

 

 

La inseguridad pública es el daño directo que recibe la población de un Estado, pero que no ponen en riesgo la totalidad del bien común, en cambio la inseguridad nacional es una forma masiva de poner en riesgo no solo la población de un estado, sino que la propia existencia de dicho Estado; atentar contra la seguridad pública es enfermar al Estado, pero atentar contra la seguridad nacional implica su muerte.

 

Es por esto, que si no se previene y combate adecuadamente la delincuencia común esta evoluciona en formas más complejas y jerarquizadas hacia la delincuencia organizada, misma que atenta directamente contra la población del Estado, pero que además por su poder económico, alcanza la penetración de las esferas del poder político en todos sus niveles, atentando contra la seguridad nacional.

 

Al irrumpir la delincuencia organizada  dentro del poder político, se pone en riesgo la estabilidad nacional, ya que se presentan fenómenos de amalgamación entre la delincuencia organizada y las entidades políticas que participan en las contiendas del sufragio; lo que conlleva al cumplimiento de compromisos que de manera directa atentan contra la seguridad pública, bajo la sombra de la luz de la corrupción originada en el poder político, con el pretexto de mantener la estabilidad regional.

 

A raíz de las relaciones de poder entre el poder político y la delincuencia organizada, surge una metamorfosis que invariablemente puede ir de la criminalidad a la política o de la política a la criminalidad, propiciando el nacimiento del poder corruptor que directamente atenta contra la seguridad nacional, todo con un origen claro en la delincuencia común y su evolución hacia la delincuencia organizada. 

 

 

De la delincuencia común a la delincuencia organizada

(El conocimiento de uno mismo)

 

Como ya quedo precisado, al momento en que la delincuencia común alcanza cierta “evolución”, rebasando limites de control de las autoridades, estableciendo líneas especiales de operación, basándose en un complejo sistema bien estructurado, que busca el poder económico, político y social, por medio de determinadas acciones violentas, es cuando se puede argumentar la presencia de la delincuencia organizada.

 

Es menester tratar de entender la personalidad (rasgos comunes) de los miembros de la delincuencia organizada, para ello, nos enfocaremos en la constitución de su estructura psíquica, partiendo de algunos fundamentos filosóficos, que nos facilitarán esta encomienda.

 

El filosofo michoacano Samuel Ramos nos dice: “Imaginémonos una sociedad sin guerras, sin luchas de clases, sin lucha por la existencia… Todos los problemas técnicos de la sociedad están resueltos. Queda todavía uno sin resolver: hallar el sentido de la existencia humana.”[1]   

 

Esto implica el conocimiento de uno mismo, iniciaremos este análisis a partir de como nos sentimos o nos encontramos respecto al mundo que nos rodea, es decir como percibimos nuestro entorno dependiendo de la posición en la que nos encontremos, lo cual es determinante para la existencia de uno mismo.

 

“No podemos percibir más que desde un determinado punto con una determinada perspectiva. Por ejemplo, vemos un determinado lado de la casa o escuchamos ruidos desde una determinada (sic) orientación. Al cambiar el punto en que estamos, las cosas se muestran desde otro lado. El trozo del mundo percibido es siempre distinto, según donde yo me encuentre. Si el mundo aparece desde una perspectiva, tiene que existir un centro de dicha perspectiva. Ello apunta justamente a la existencia de un sujeto o un yo con esa perspectiva.”[2]

 

El conocimiento de uno mismo implica el autoconcepto, lo cual es le percepción que tenemos de nosotros mismos, no es como nos ven los demás, sino como nos vemos nosotros mismos; hay personas con gran potencial intelectual o con habilidades físicas impresionantes, empero su desconocimiento de si mismo, como hombre lo lleva a negarse ante sí, lo que en muchas ocasiones hace que este tipo de personas sean vulnerables, ante la manipulación de otro tipo de personalidades con habilidades seductoras, sometiéndoles a realizar actos delictivos para el crimen organizado, acciones que de otra manera no harían.

 

“…El autoconcepto se compone de todas nuestras ideas, percepciones y actitudes de lo que somos, las cuales revisamos después de acumular nuevas experiencias”.[3]

 

Por la convivencia y el deseo de aceptación, el sujeto que no se conoce así mismo acaba por modificar algunos rasgos de su personalidad, para mostrarse ahora con actitudes violentas y con falta de empatía, siendo de esta manera aceptados por la organización criminal, pero son un riesgo para la seguridad nacional, pues generalmente este tipo de personas, cuentan con conocimiento especializado en diversas áreas, que le son de gran utilidad a la delincuencia  organizada, cabe señalar que esta solo es una forma en que ocurre esta amalgamación del sujeto, además de que esto aplica principalmente con jóvenes que “no encuentran”, una alternativa de vida por el contexto en que se han desarrollado desde su infancia.

 

La vida social de muchos países como el nuestro, con un contenido altamente transgresivo, es tierra fértil ampliamente propiciatoria, para el desarrollo de la violencia en las primeras etapas de formación de un sujeto, pues esta creciendo sin ningún tipo de contención conductual, basada en la moral y el respeto a las normas jurídicas.

 

La delincuencia es un fenómeno complejo que no tiene un origen único, la mayoría de las veces convergen en un solo individuo, un cúmulo de factores que pueden ser la causa de conductas antisociales, pero no solo es el contexto de desarrollo del hombre, lo que lo hace delincuente, sino que también los rasgos de su personalidad, son un eje de su actuar antisocial, es por esto que resulta tan complejo prevenir tales conductas y resocializar  al delincuente.

 

“…En ciertos lugares la “narcocultura” se encuentra arraigada entre los niños, quienes juegan con armas de verdad, soñando con ser capos protagonistas de los “narcocorridos”, sin que exista algún sistema de refreno de estos hábitos en el seno familiar o en su entorno social; desde muy pequeños estos niños trabajan largas jornadas en los campos de marihuana y parte de su desarrollo infantil tiene que ver con actos violentos, en los que familias enteras pierden la vida en la lucha del control de las cosechas de las drogas o por conflictos armados comunitarios; muchas veces por disputas familiares.”[4]  Foucault consideraba que: “Constituyen esquemas que él encuentra en su cultura y que le son propuestos, sugeridos, impuestos por su cultura, su sociedad y su grupo social”[5]

 

Para poder comprender la integración y funcionamiento de la delincuencia organizada es necesario desmembrarla, mediante el conocimiento de los sujetos que la integran, por eso se ha hecho necesario proferir toda esta serie de argumentos, que han sido esquivados en el tratamiento y análisis de la delincuencia organizada, principalmente como una amenaza contra la seguridad nacional. Es importante ver a este tipo de criminalidad como a un todo, pero se debe conocer la personalidad de sus integrantes, lo que no es tarea fácil, por la forma tan vertiginosa con la que evoluciona este tipo de organizaciones, así como la forma de actuar de sus integrantes.

 

La interacción que existe entre los miembros de la organización criminal, es la conducción hacia una misma dirección a la que se encaminan como grupo, pues como afirma Recasens Siches  la interacción, “existe donde quiera que dos o más sujetos humanos están influyéndose recíprocamente por virtud de contactos mentales, es decir, relacionados por mutuas acciones psíquicas.”[6] Lo que implica una identidad como grupo, al que están dispuestos a defender y fortalecer.

 

La seguridad nacional se encuentra en riesgo, desde que el sujeto esta en pleno desarrollo y este se encuentra influenciado por un medio nocivo (familiar y social) y sin preceptos morales que moldeen su personalidad, con escuelas carentes de resultados positivos; la escuela esta formando tácitamente, individuos que se convierten en enemigos de la sociedad, no esta creando aliados de esta.

 

En la obra El valor de educar, del filósofo español Fernando Savater, se lee: “La sociedad prepara a sus nuevos miembros del modo que le parece más conveniente para su conservación, no para su destrucción, quiere formar buenos socios, no enemigos ni singularidades antisociales… No solo busca conformar individuos socialmente aceptables y útiles sino también precaverse ante las desviaciones dañinas.”[7]

 

El filósofo argentino José Ingenieros señala que: “Cada individuo es el producto de dos facetas: la herencia y la educación. La primera tiende a proveerle de los órganos y las funciones mentales que le transmiten las generaciones precedentes; la segunda es el resultado de las múltiples influencias del medio social en que el individuo esta obligado a vivir. Esta acción educativa es, por consiguiente, una adaptación de las tendencias hereditarias a la mentalidad colectiva: una continua aclimatación del individuo en la sociedad.”[8]

 

Partamos de estas premisas para buscar prevenir la delincuencia común, ya que esta evolucionará en delincuencia organizada en cualquiera de sus modalidades; este tipo de criminalidad atenta directamente contra la seguridad pública, pero ataca y corrompe las instituciones sociales como la familia, y las instituciones públicas como  las dependencias de gobierno, inmiscuyéndose en asuntos políticos, poniendo de esta manera en riesgo la seguridad nacional, como se puede apreciar es un fenómeno que se produce en escalada y que debe ser detenido y prevenido desde sus orígenes previniendo primeramente la delincuencia común.

 

La violencia y el poder

 

La delincuencia organizada para alcanzar y mantener su poder hace uso excesivo de la violencia, por lo que es imperante abordar este fenómeno conductual, a efecto de estar en posibilidades de comprender el perfil generalizado de los brazos armados de la delincuencia organizada; ya que este factor es uno de los que mayor complejidad de solución presentan (al poder político que los combate), por la forma sanguinaria con la que actúan a fin de expandir su poderío, atentando así contra la seguridad nacional.

 

En todo momento nos encontramos ante la posibilidad de ser victimas de la comisión de delitos violentos, lo que nos hace vivir en una angustia constante, impactando seriamente en nuestras actividades cotidianas y en nuestra calidad de vida, ahora prestamos más atención a los lugares que frecuentamos, el tiempo que permanecemos en estos, la ropa que vestimos, nuestros horarios de salida y llegada al hogar y al trabajo.

 

En algunos lugares se vive una psicosis colectiva que no permite vivir en paz, esa paz que el poder político debe procurar, como parte del bien común al que como ciudadanos tenemos derecho.

 

“Un argumento que suele difundirse desde los medios, convalidado con cierta opinión pública, cuando se intenta justificar la violencia como innata, es emparentar pobreza y delincuencia. Se trata de un mito que hay que romper porque es ideológico, es una mentira.”[9]

 

La violencia es la intención de causar daño, es producto de la sociedad, el ser humano no nace siendo violento, el ser humano nace siendo agresivo, (pues esa es parte de su naturaleza) pero aprende a ser violento mientras se desarrolla y forma su personalidad en su contacto social.

 

No es posible precisar el origen único de la violencia pues existen diversos factores que la originan. Feggy Ostrosky-Solis señala que “se ha intentado investigar y abordar el fenómeno de la violencia desde diferentes perspectivas para comprenderlo de una manera integral, donde se acoten y se introduzcan los factores psicológicos en las variables sociales”.[10]

 

Existe un factor social que cada vez esta tomando mayor fuerza en el ejercicio de la violencia, al que el poder político no ha dado la importancia requerida, me refiero a los medios de comunicación, como la radio con la emisión de narcocorridos, la televisión y muy recientemente la Internet, con material de contenido violento.

 

No podemos atribuir a este factor, la totalidad del fenómeno violento que se vive en la sociedad, empero es cada vez más frecuente, que los padres desatiendan a los niños en su contacto con los medios como la televisión y la Internet; aunque no es la función principal de la televisión el aspecto educativo, es de reconocer que viene a suplir el vacío que los padres dejan en este sentido.

 

Como atinadamente señala Giovanni Sartori “…el papel educativo de la televisión tiene lugar por sustitución, y sobre todo por defecto o carencia de una escuela en colapso. No es que la televisión “deba” educar. Es que en ausencia de otros y mejores educadores el peso de la paideía le cae encima.”[11]

 

A través de la historia de la humanidad, la búsqueda del poder implica el uso de la violencia y en el caso de la delincuencia organizada no es la excepción, ya que en este fenómeno se encuentra la lucha y sometimiento de un grupo de seres humanos a otro, no solo es la pugna del poder criminal, sino hasta la pugna por el poder político, lo que a todas luces facilita su actividad antisocial.

 

“Se trata aquí de la praxis como acción de unos seres humanos sobre otros, o como producción de un mundo humano tras la subversión de la realidad social establecida”.[12] Esto ha venido a transformar en gran medida las tradiciones de nuestros pueblos, principalmente en el medio rural, en el que convergen una serie de factores que permiten la existencia y proliferación de individuos que a temprana edad se incorporan a las filas de la delincuencia organizada, la mayoría de la veces como miembros que se encargarán de mantener o “arrebatar las plazas”.

 

“La violencia es aquí el uso de la fuerza física para destruir o quebrantar una resistencia física”.[13] Lo que presupone una serie de actos que el sujeto ejecuta, ya sea de manera directa con sus propias manos o indirecta con el uso de armas, aunque en el caso de la delincuencia organizada es más común la practica de la forma indirecta.

 

Sí nos situamos en el terreno de la violencia, dentro el crimen organizado en la búsqueda por el poder, la acción violenta es ejercida sobre hombres concretos o relaciones humanas que constituyen su obstáculo para lograr sus metas de expansión. “Estos hombres son seres dotados de cuerpo, hombres de ‘carne y hueso’, como diría Unamuno.”[14] (Miguel Unamuno filósofo español 1864-1936).

 

Sin embargo, las acciones violentas que se ejercen sobre los hombres, no se dirige esencialmente a lo que tienen como seres corpóreos, sino a lo que significa su existencia en el medio criminal, como un obstáculo de expansión. Esto es evidente pues sistemáticamente violentan lo que no se “alinea” a sus intereses. Originándose así la contraviolencia que es la resistencia a ese fenómeno violento que pretende destruir lo que ya esta establecido, lo que trae como consecuencia pugnas sangrientas en la lucha por el poder, en el que la autoridad política y la sociedad civil caminan de manera paralela, enfrentándose al riesgo de su propia destrucción de manera paulatina.

 

Cuando el hombre carece de libertad, no tienen la capacidad de ejercer poder  sobre si mismo, pues es esclavo de sus propios apetitos; sin embargo, cuando se tiene el poder sobre otros hombres y se abusa del mismo, desbordándose  el ejercicio legitimo o ilegitimo de dicho poder, imponiendo a los otros sus fantasías y deseos. “Nos encontramos aquí con la imagen del tirano o simplemente del hombre poderosos y rico que se aprovecha de esta pujanza y de su riqueza para abusar de los otros, para imponerles un poder indebido.”[15] Además esta imposición generalmente se realiza mediante el uso de la violencia como ya quedo precisado en líneas anteriores.

 

En el crimen organizado, la competencia no se centra en la calidad y atención al “consumidor” como ocurre en el comercio legalmente establecido y aceptado, sino que gira en torno al poder. Considera Saveter que “quienes buscan a toda costa tiranizar o exterminar no son más competitivos que los otros: al contrario, lo que quieren es acabar de competir cuanto antes…”[16] Y la forma que les ha resultado favorable de acuerdo a sus intereses, es el uso excesivo de la violencia, sea ejercida contra otro grupo criminal o frente al poder político, (representado por las diversas autoridades emanadas del Estado).

 

En algunas ocasiones la lucha por el poder, concluye en la amalgamación de grupos delictivos que estructuran y fortalecen la creación o renovación de una compleja organización criminal, en la que se establecen claras relaciones de poder, mediante concesión de espacios, actividades, equipo, personal etcétera.

 

Dichas relaciones de poder son delineadas por contextos específicos, que permiten el poder por lapsos de tiempo determinado, lo que nos lleva a comprender lo dinámico y cambiante del poder. “Las relaciones del poder son por lo tanto móviles, reversibles, inestables… es decir, pueden modificarse, no están determinadas de una vez por todas.”[17]

 

El poder del crimen organizado en relación con otros grupos criminales, y en relación con poder político, generalmente implica enfrentamientos y conflictos, que dan como resultado un acuerdo, con resentimiento o sin él, asimismo puede terminar en desafió inmediato, a las reacciones esporádicas o a una resistencia que se prolonga latentemente, conduciendo inevitablemente al conflicto por la lucha por el poder; generándose así la base psicodinámica del ciclo del poder.

 

La satisfacciones y utilidad del poder son transitorias, resultando no adaptativas y autofrustrantes. El poder empieza a resultar sin importancia y sin posibilidades de adaptación:

 

·         “Cuando el ejercicio del poder no aumenta u obstaculiza las posibilidades de gratificar las necesidades más fundamentales de la supervivencia y la satisfacción.

 

·         Cuando el ejercicio del poder es ambiguo, fortuito, arbitrario, regresivo, desproporcionadamente intenso y rígido, a pesar de las consecuencias.

 

·         Cuando el ejercicio del poder se hace tan funcionalmente autónomo y extremo en intensidad que subvierte y pervierte las facultades críticas, racionales y morales de los individuos y los grupos…”[18]

 

Por tales motivos los grupos criminales buscan mantener relaciones sólidas con el poder político, en todos los niveles y en los tres poderes, aportando recursos económicos a actividades que son propias de la actividad estatal. Lo que representa una de las formas menos violentas de tener y mantener el poder, pues en algunas ocasiones solo se hace uso de intimidación y amenazas.

 

Esto último es uno de los factores que representan mayor riesgo a la seguridad nacional, pues la criminalidad se encuentra compenetrada en las arterias del poder político, sometiendo en muchas ocasiones desde adentro la actuación estatal, que pretende preservar la seguridad como parte del bien común, al que tienen derecho la ciudadanía y a la que el Estado esta obligado a garantizar.

 

Atinadamente señala Francisco Porrúa Pérez: “…debe el Estado tener autoridad y poder para imponer una cierta conducta, con el objeto de no caer en la anarquía y en la imposibilidad de conseguir el bien público. No se llega al orden por la vía de la dispersión y de desorden. El orden implica una determinada convergencia de acción como necesidad impuesta por la autoridad.”[19]

 

El poder político para alcanzar el bien común, debe ostentar la totalidad del poder que el pueblo le confiere, pues si este se encuentra compenetrado por el crimen organizado, dificulta a la autoridad la actividad política, aunado a esto, tenemos que el ejercicio del poder también se encuentra viciado, principalmente en puntos estratégicos, como la seguridad pública en primer plano, pero que desemboca con alto riesgo en la decadencia paulatina o vertiginosa de la seguridad nacional.

 

Acciones corruptivas del crimen organizado

 

Decir que no existen o no han existido personas con carácter integro e incorruptible, es una forma mediocre de justificar los actos de corrupción. A lo largo de la historia se conocen casos en los que grandes personalidades optaron por sacrificar su vida antes que traicionarse a si mismos, como Sócrates que en el 399 a.C. fue acusado (entre otras cosas) de corromper la moral de la juventud, sus amigos planearon un plan de fuga, pero Sócrates prefirió acatar la ley y murió por ello, durante la noche cumplió su sentencia, bebiendo una copa de cicuta según el procedimiento habitual de ejecución; Galileo fue obligado a abjurar sobre el movimiento de la tierra en 1633 y se le condenó a prisión perpetua (condena que le fue conmutada por arresto domiciliario) por no retractarse de su dicho; Antonio Gramsci en 1928 fue encarcelado por su ideal revolucionario, contra el fascismo de Benito Mussolini, pero tampoco se retracto de sus ideas, pues aun en prisión siguió escribiendo acerca de estas.

 

De la misma manera como estos personajes se resistieron al poder corruptor que atentaba todo aquello en lo que creían, existen personas que nos resultan anónimas, pero que se han mantenido incorruptibles, aunque eso signifique en muchas ocasiones la perdida de su propia vida o a de sus seres queridos.

 

Tratemos de entender someramente (pero no por eso fútil), las razones que mueven a una persona a ceder ante los actos de corrupción y como este fenómeno implica riesgo para la seguridad nacional, causado por la delincuencia organizada.

 

Evidentemente, es posible actuar sin corrupción al seno de las instituciones públicas. Aunque para ello se requiere una gran fuerza de voluntad y una disciplina muy rígida, pues muchos hábitos humanos como la corrupción, han llevado un largo proceso de formación en la personalidad, desde su desarrollo en el interior de la familia, hasta su formación como personas con preparación académica; esta actitud no es exclusiva de un extracto de la población de niveles económicos bajos, la única diferencia es la magnitud de los actos de corrupción.

 

La naturaleza humana tiene una gran capacidad para encontrar excusas, para justificar los excesos, errores y negligencias, consolando en apariencia, el  hecho de que no se es culpable de actos denigrantes como la corrupción pues como afirma  Edwin J. Delattre, “culpamos a nuestros padres por la manera que nos educaron o adoptamos ideologías sociales y políticas que nos dicen que “el sistema” siempre tiene la culpa.”[20]  Y continua diciendo, “el autoconsuelo fomenta la pereza y la negligencia. Algunos policías pueden ser poco exigentes para hacer cumplir el reglamento de tránsito bajo el pretexto de que muchas infracciones pasan inadvertidas y no se castigan y que los patrulleros incompetentes nunca se involucran en una persecución que pudiera resultar más peligrosa que la infracción misma. Sin embargo cuando es seguro y prudente detener y amonestar a los infractores, ponerles una multa o arrestarlos, no hay excusa para la negligencia.”[21]

 

En ocasiones puede existir una discrepancia entre pensamiento y conducta, desencadenándose un estado mental desagradable y desestabilizador, que nuestra estructura psíquica tratara de reducir inmediatamente. Esto es explicado por el psicólogo Leo Festinger con la Teoría de la disonancia cognitiva, estableciendo que las ideas contradictorias o antagónicas causan conflicto incómodo, es decir, necesitamos congruencia en nuestros pensamientos, las creencias, las actitudes percepciones y la conducta. La reducción de la disonancia dependerá del grado de justificación que obtengamos entre nuestros actos y el beneficio obtenido, modificándose el pensamiento, no la conducta.

 

La corrupción comienza de esta manera, la mayoría de las veces con actos que parecen insignificantes, inofensivos y “bien intencionados”, empero, con el tiempo conduce a la comisión de delitos más graves, que le reditúen mayores beneficios. A este respecto, sucede lo mismo al corruptor activo (que es quien corrompe) y al pasivo (que permite la corrupción y la acepta), lo cual hace de nuestras instituciones entes vulnerables y frágiles. La corrupción es la osteoporosis de la estructura institucional del Estado.

 

Reflexiones en torno al tema

 

Las funciones de la seguridad nacional, deben comprender la supervisión de las funciones de las autoridades encargadas de la seguridad pública en todos sus ámbitos y niveles, pues como ya quedo de manifiesto, el ejercicio operacional deficiente de la seguridad pública, alcanza las entrañas de la seguridad nacional.

 

Se debe prestar especial atención en la prevención de las conductas antisociales, desde la formación familiar hasta la actividad educativa, que son un complemento para la constitución psíquica, moral y  física desde el neonato.

 

La falta de una verdadera prevención, ha propiciado el crecimiento y evolución de la criminalidad (de la delincuencia común a la delincuencia organizada como ya se precisó), pues el sistema de seguridad pública solo ejerce funciones de prevención, pero de manera material, es decir, actúan mediante acciones de prevención que solo sirven de obstáculo para la realización de actos delictivos, mediante rondines, vigilancia, retenes, etcétera, este tipo de prevención es meramente, mecánica.

 

La prevención que se requiere, es la que esta encaminada a la atención del hombre, desde su nacimiento hasta su vida productiva y senectud, el Estado debe desarrollar estrategias que atiendan al individuo, que lo fortalezcan con preceptos éticos, que permitan una adecuada, convivencia social y el respeto a las normas jurídicas.

 

No se pretende crear una sociedad como la “República” de Platón o la isla utópica de Tomas Moro, sin embargo los índices delictivos pueden ser reducidos, sí se atienden estos aspectos del conocimiento y ocupación de uno mismo, pero con un enfoque filosófico que nos lleve a la esencia del conocimiento de nuestra existencia ontológica.

 

Esta es la razón por la que se ha abordado este tema de la manera como se desarrolló, pues no debemos limitarnos tan solo a observar como transcurren los hechos frente a nosotros, sino que debemos transformar la sociedad que se encuentra en decadencia por la falta de valores éticos y axiológicos; debemos dejar de ser meros espectadores, inclusive de nuestra propia vida, debemos encargarnos de conducirla y transformarla, para estar en posibilidades de transformar nuestro entorno de manera favorable para la integridad del Estado, para evitar que se encuentre en riesgo, la seguridad pública en primer lugar y por consiguiente la seguridad nacional, (como ya quedo expuesto aquí).

 

 


[1] RAMOS, Samuel. “EL PERFIL DEL HOMBRE Y LA CULTURA EN MEXICO”. Ed. Planeta, 45ª

   reimp. México, 2005, p. 103.

[2] GADENNE, Volver. “FILOSOFÍA DE LA PSICOLOGÍA”. Ed. Herder. Barcelona, 2006, p. 34.

[3] COON, Dennis. “PSICOLOGÍA”. Ed. Thomson. 10ª ed. México, 2004, p. 509.

[4] SALGADO García, Agustín. “LA PREVENCIÓN DEL DELITO Y LA READAPTACIÓN SOCIAL

  ANTE LA IRRUPCIÓN DEL CRIMEN ORGANIZADO EN LAS ESTRUCTURAS PÚBLICA Y 

  SOCIAL”. Colección "Análisis contemporáneo", Serie "Seguridad y justicia" N° 8.

  Cátedra Iberoamericana de Ingeniería Política. Puebla. 2006, p.23

[5] FOUCAULT, Michel. “HERMENÉUTICA DEL SUJETO”. Ed. Altamira, La Plata, s/f, pp. 109 y 110.

[6] RECASENS, Siches Luís. “TRATADO GENERAL DE SOCIOLOGÍA”. Ed. Porrúa, 21ª ed.

   México, 1989, p. 419.

[7] SAVATER, Fernando. “EL VALOR DE EDUCAR”. Ed. Ariel, Barcelona, 1996, p. 147.

[8] INGENIEROS, José. “EL HOMBRE MEDIOCRE”. Ed. Porrúa, 17ª ed. México, 2004, pp. 31 y

   32

[9] OSORIO, Fernando. “VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS. ANÁLISIS DESDE LA       SUBJETIVIDAD”. Ed. Noveduc. Buenos Aires, 2006, p. 47.

[10] OSTROSKY-SOLIS, Feggy. “MENTES ASESINAS. LA VIOLENCIA EN TU CEREBRO”. Ed. 

  Quo, México, 2008, p. 75.

[11] SARTORI, Giovanni. “HOMO VIDENS. LA SOCIEDAD TELEDIRIGIDA” Ed. Punto de lectura, 

   3ª reimp. México, 2007, p. 166

[12] SÁNCHEZ Vázquez, Adolfo. “FILOSOFÍA DE LA PRAXIS”. Ed. Grijalbo. 3ª ed. México, 1973,  

   p. 302

[13] Ibdem

[14] SÁNCHEZ Vázquez, Adolfo. Op. Cit. p. 303.

[15] FOUCAULT, Michel. Op. Cit.  p. 104.

[16] SAVATER, Fernando. “POLÍTICA PARA AMADOR”. Ed. Ariel, 23ª reimp. México 2003. p. 95

[17] FOUCAULT, Michel. Op. Cit.  110 y 111.

[18] B. CLARK, Kenneth. “EL PATETISMO DEL PODER”. Ed. FCE, México, 1976, pp. 168 y 169

[19] PORRÚA Pérez Francisco. “TEORÍA DEL ESTADO”, Ed. Porrúa, 22ª ed. México, 1988, p. 290.

[20] DELATTRE, Edwin J. “INTEGRIDAD POLICIAL. LA ACTITUD DEL POLICÍA FRENTE A SU COMUNIDAD”. Instituto Cultural Ludwig Von Mises, México, 2002, pp. 111.

[21] Ib idem, pp. 112