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El Abastecimiento de la Ciudad de México durante la Colonia.







Jaimes Villarreal Pedro de Jesús

Ciudad Universitaria. Junio del 2002














Introducción.

Si caminamos por la calle de Corregidora en el Centro Histórico de la ciudad, empezando desde la plancha del Zócalo, podremos ver con claridad edificios neo-coloniales como lo son el del Gobierno de la Ciudad, claro esta el Palacio Nacional y un edificio que desentona arquitectónicamente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Si ponemos atención nos daremos cuenta que ese sitio es un rincón histórico en términos espaciales, antes de esa construcción estuvo el edificio del mercado El Volador y mucho antes la Plaza con el mismo nombre. Un Sitio que constituyo el corazón de las actividades comerciales y de abastecimiento para la ciudad moderna de la época colonial.

El Comercio en el Valle de Tenochtitlan.

El mantenimiento del poderío azteca se debía en parte al dominio militar que ejercían sobre las ciudades conquistadas a las cuales se les obligaba a pagar un tributo, pero también el comercio fue utilizado como medio de dominación y de existencia. Es así que la forma de abastecimiento de la ciudad de Tenochtitlan tenía sus orígenes en estas dos vías, el tributo y el comercio.
El comercio era de gran importancia para las culturas en Mesoamérica, de esta manera se posibilitaba la existencia y sobre todo la expansión de los imperios. Esta era una actividad de prestigio desempeñada por la clase alta que abastecía a la metrópoli de artículos de lujo destinados a las elites.[1] Pero también estaba el comercio en corto destinado al mercado local donde se comerciaba con los excedentes de la producción mexica y que estaba desempeñado por profesionales de la venta así como por representantes de familias productoras. Mediante el mercado se producía el abastecimiento de alimentos y materias primas a la ciudad de Tenochtitlan, llegando incluso a superar el abastecimiento que producía el sistema tributario hasta en tres veces mas. En el mercado había infinidad de productos que reflejan la variedad de las ramas de la producción en Tenochtitlan, la especialización del trabajo y el potencial económico mexica.[2]


La Ciudad de México en la Colonia


La idea de hacer de la antigua capital del imperio Azteca la nueva capital del Virreinato es obra de las ideas de Hernán Cortés y de sus consejeros. No habiendo sido satisfechas sus ansias de conquistador y después de haber matado a mucha población civil, de haber saqueado los tesoros, y de haber destruido la mayoría de las obras arquitectónicas que le maravillaron al comienzo de la conquista. Ya que la ciudad de Tenochtitlan era considerada como un punto estratégico y sobre todo simbólico para los indígenas, hizo todo lo posible por edificar sobre las ruinas el nuevo gobierno de la corona española mediante un virreinato, no obstante, las recomendaciones de sus allegados eran de que constituía un peligro fundar la capital del virreinato sobre esta ciudad indígena, ya que tendrían problemas de terrenos pantanosos, estarían constantemente expuestos a inundaciones, que se enfrentaría a problemas graves de suministro de agua y de mercancías, y que el trato con los indios serían de excepcional intimidad. Sin embargo fue tal la maravilla de lo observado a su recién llegada a la ciudad que la perspectiva de sus intenciones se amplió y sobre todo les llamo la atención de sobremanera la plaza del mercado desde una posición funcional:
... la multitud de gente que en ella había, unos comprando e otros vendiendo, que solamente el rumor y zumbido de las voces y palabras que allí había sonaba más que de una legua, e entre nosotros hobo soldados que habían estado en muchas partes del mundo, e Constantinopla e en toda Italia y Roma, y dijeron que plaza tan bien compasada y con tanto concierto y tamaño e llena de tanta gente no la habían visto. [3]

Ya confirmado Cortés como Gobernador en 1522, la ciudad se organizo como un Ayuntamiento y fue cuidadosamente planeada, la concepción de su ciudad nos describe las ideas políticas y sociales de la dominación española en América. La traza de la ciudad original de Tenochtitlan se conservaría con algunos ajustes, el cuadro con sus calles anchas los edificios alrededor de la plaza central como el de gobierno, la Catedral, las acequias principales y los comercios. No importando las dificultades del terreno, incluso se construyo sobre ruinas y antiguos templos indígenas. La construcción de esta ciudad se llevaría a cabo por los mismos indígenas, así como los servicios y el abastecimiento correrían por cuenta de ellos mismos.
Las predicciones de catástrofes no se hicieron esperar y pronto las inundaciones aparecieron recurrentemente,[4] lo que hizo necesario la adecuación en la altura de las casas y banquetas, sobre todo en la entrada.




El abastecimiento de la Ciudad.

El acomodo de la población recién instalada, el repoblamiento de la capital y el incremento de la tasa demográfica hizo que la organización política y administrativa de la ciudad fuera evolucionando, así como también se desarrollo la infraestructura urbana necesaria para responder a las necesidades de la población. Como ya había dicho el abastecimiento de la ciudad estaba a cargo de los indígenas, a quienes se les permitía el comercio de sus productos a cambio de un impuesto real por el lugar ocupado, por el traslado de la mercancía, por el producto mismo y por el tiempo y los días en los que se comerciaba. Pero para que esto sucediera, es decir para que se diera el correcto cobro de impuestos era necesario la ordenación del abasto en la ciudad, tarea nada fácil.
En un principio el comercio se daba en casi cualquier punto de la ciudad, pero sobre todo en la plaza central y en las acequias por medio de mas de mil canoas [5]. También el abasto se introducía por los grandes canales que provenían de los embarcaderos en las afueras de la ciudad (Chalco, Atenco, Ayotzingo, Xochimilco, Iztapalapa, y sobre todo el de Mexicalcingo), y se comerciaba con gran diversidad de productos como es el trigo, maíz, frutas, verduras, leña, hierba para caballos, pescados, carne, pan, zacate y flores.


A finales del siglo XVIII, el mercado de la plaza mayor era insuficiente para albergar a mas comerciantes, y a tantos mas productos ,aunado a esto los regateros[6] provocaban inseguridad en los compradores así como la sobreutilización de las acequias provocaba la inmundicia y desorganización del transito por estas avenidas acuáticas.

Era necesario pues, tomar las decisiones adecuadas para administrar este comercio de manera que se ejerciera de manera funcional y con una mejor dirección, sobre todo para higienizar la ciudad, y ordenarla. Así el Segundo Conde de Revillajigedo ordena la concentración de mercados y comerciantes para tener control absoluto del comercio y para cobrar los impuestos de manera mas eficiente. De esta manera se traslada el mercado de la plaza mayor a un rincón del centro de la capital, aproximado a la acequia real, en un lugar donde ya se ejercía el comercio pero de forma atomizada. Así nace el mercado de El Volador ubicado enfrente de la universidad, en la esquina del edificio de gobierno para una mejor vigilancia y para comodidad de los habitantes de la ciudad y teniéndolo cerca, esta plaza de El Volador debe su nombre a que en ese lugar se llevaba a cabo el antiguo juego del volador de fascinación mexica, el dueño de la plaza era el Marques del Valle de Oaxaca, Duque de Terranova y Monteleone quien arrendó el lugar al Barón de Santa Cruz Representante del ayuntamiento de la ciudad en Noviembre de 1789 por cinco años y por 2500 pesos anuales, de esta manera se limpio el lugar, se arreglo y se acondiciono para ejercer el comercio e incluso para llevara acabo corridas de toros para las ocasiones especiales como la llegada o nombramiento de los virreyes, la entrada a la plaza se empedró y enlosó, se acomodaron cajones y tringlados de madera que mas tarde constituirían un peligro por los incendios que su deterioro ocasionaba.
Debido a fallas en la administración y en la dirección de este mercado se hizo necesario un reglamento general de los mercados y mercaderes, que se llevó a cabo en noviembre de 1791 por el intendente Bernardo de Bonavia, para el “buen funcionamiento y orden del mismo” que constituye un punto de referencia para el estudio histórico de los mercados.
Así se constituyo el principal centro de abastos de la ciudad de México después del de la plaza mayor y el de Tlatelolco en la época de la colonia, al que le seguiría el de La Merced ubicado en el antiguo convento del mismo nombre, y el de otra plazas como el mercado de San Juan uno de los mas amplios y mas concurridos, el de Loreto en la plazuela del mismo nombre [7], el de Santa Maria la Redonda que venia de la calzada de Guadalupe, el de Jesús, Sta. Catarina y Cruz del Factor.















Bibliografía.




[1] De Rojas, José Luis. México Tenochtitlan Economía y Sociedad en el siglo XVI. FCE-El Colegio de Michoacán. México.1986. Pág. 211[]
2 Yoma, Medina Ma Rebeca. Dos mercados en la historia de la ciudad de México: El Volador y la Merced. Colección Divulgación. INAH-DDF. México.1990. Pág. 15[]
3 (Díaz del Castillo 1975:193) []
4 Contreras Bustamante, Raúl. La Ciudad de México como Distrito Federal y Entidad Federativa, Historia y Perspectiva. Editorial Porrua. México. 2001. Pág. 12[]
5 Vázquez de Espinosa, Antonio. Geografía y descripción...pág109 en Pazos Pazos, Ma Luisa J. El Ayuntamiento de la ciudad de México en el Siglo XVII, continuidad institucional y cambio social. Diputación de Sevilla. Serie Nuestra América. España. 1999. Pág. 141.[]
6 Los regateros eran personajes que especulaban con las mercancías, las compraban a precios bajos en las afueras, las introducían a cualquier costo al mercado y las revendían no importándoles los elevados costos y ni la calidad del producto, esto iba en detrimento de los consumidores pro lo que se prohibió esta practica en febrero de 1541 desde el cabildo.[]
7 García Cubas, Antonio. Geografía e historia del Distrito Federal. Colección facsímiles. Instituto Mora. México. 1993. Pág. 85.

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