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LA MUJER Y LA POLÍTICA

En octubre próximo se cumplirán 50 años de que a la mujer mexicana se le otorgaron derechos políticos al reconocerle capacidad para votar. En efecto, fue un 17 de octubre de 1953 cuando formal y legalmente inicia su “vida política” después de siglos de haber estado relegada a un segundo y hasta tercer plano.

Sin embargo, la incursión de la mujer en la política no es ninguna novedad, sobre todo si se concibe a ésta última como el “arte de persuadir a los demás”, puede entonces afirmarse que la mujer siempre la ha practicado, está dentro de su propia naturaleza.

Es erróneo pensar que la mujer se encuentra en un plano inferior al del hombre, ni siguiera igual o superior.  Es simplemente un universo diferente del cual emergen la intuición, la sutileza, la sensibilidad y la entereza como características de su esencia, haciéndola diferente de otros universos.

Estos rasgos los imprime en todas las actividades que realiza, ya sea en el plano familiar o fuera de éste, y no obstante de su actuar firme, decisivo, visionario y mesurado, con frecuencia se le aislaba y se le sobreprotegía, quizás por el hecho de ser poseedora de la simiente de la vida, desconociéndole la capacidad de pensar. Así lo creía el filósofo alemán Arthur Schopenhauer cuando dijo que “la mujer era un ser de cabellos largos e ideas cortas”.  Qué aberración! Si hasta para dar vida la mujer tiene capacidad de discernir soslayando su propio instinto.

La función asignada a la mujer era la primordialmente la  procreación, que si bien es importante y sublime, no es la única que puede realizar.  Su propia esencia no la limita, sino que la apremia a trascender en otros planos.  En el pasado la mujer se dedicó plenamente al desempeño de esa tarea, ese era su mundo, para eso se le preparaba y se le acondicionaba.  Aquellas quienes osaran traspasar el umbral se le recriminaba duramente, así lo atestigua la historia. 

Alevosamente se confabularon en su contra para impedirle acceder a caudales que estaban reservados exclusivamente a los varones, pero esta limitación no decreció su ánimo ni amilanó su espíritu:  se le desafió y al reto respondió con determinación y coraje.  De esta manera, en ejercicio de su tenacidad, la mujer empieza a introducirse al mundo hasta entonces vedado para ella, el de la educación superior, e incluso accede a elevados privilegios que solo había ostentado el varón, llegando al grado de intervenir en asuntos políticos dado su carisma pacificador.

Para lograr sus fines, la mujer ha tenido como fuerte aliada la automatización que le ha proporcionado los instrumentos facilitadores para la atención de sus tareas primarias, siendo por ende, capaz de alcanzar con plenitud su desarrollo intelectual y espiritual.

Al ampliar su acervo, la mujer entró en una legítima contienda para alcanzar la dominación y el poder.  La detentación del poder es ahora el corolario de su lucha por salir de la sumisión y relegamiento al cual se le tenía destinada.  De esta forma, cree estar en posibilidades de desarraigar añejos patrones que tanto minimizaron su imagen.

Octavio Paz dijo: “La mujer nunca ha sido dueña de sí.  Su ser se divide entre lo que es y la imagen que se hace de ella dictada por la familia, escuela, amigas, religión y amante.  Su feminidad se expresa en formas inventadas por el hombre”.

Ahora ha salido de esa inercia obligada y se atreve a contender por el poder obteniéndolo en muchos casos debidamente registrados a lo ancho y largo de todo el mundo.  Ha aprendido a utilizar inteligentemente sus armas, ya no solo para dar vida, sino para tratar de mejorarla teniendo como trincheras las posiciones políticas que ha sido capaz de alcanzar.  Estos logros son resultado de esa intuición, sutileza, entereza y sensibilidad que mencionamos antes.  Si utiliza sabiamente sus valores, sin duda se trata de una gran mujer, y en su caso, de una gran política. Decía Nietzche que “el hombre es algo que debe ser superado”.  Se refería a un superhombre o a una mujer?

Los logros políticos de la mujer se deben sin duda al haber obtenido el derecho de voto lo cual le ha permitido una militancia más activa, tanto eligiendo a sus gobernantes, como incorporándose ella misma en las filas de la dirigencia de los diversos órganos del Estado.  Su presencia en la política se deja sentir cada vez con mayor fuerza y vitalidad.  Ha introducido una concepción de nuevos valores en diversos campos como el educativo, jurídico, empresarial, etc. y particularmente en el familiar.  Paradójicamente, la mujer a quien ancestralmente se le consideró frágil y etérea, carga ahora con una gran responsabilidad para cimentar las bases sólidas de la sociedad cuando decide entregarse al servicio público.

Luis Echeverría en un discurso manifestó: “Nuestro orden jurídico, que antes se limitó a protegerla (a la mujer), a veces con exceso, promueve una igualdad de oportunidades para lograr sus esfuerzos por conquistar un mundo en el que construya su propia libertad”.

Difícil tarea pero no imposible.  Su tenacidad, intuición, entereza y sensibilidad habrán de indicarle el rumbo, y el voto le dará el mando.  Las reglas del juego han cambiado y sin duda le favorecen.  Ejemplos a citar serían muchos, mencionar sólo algunos, sería muy injusto. 

El desempeño de la mujer en política no sería un hecho si no se hubieran dado las formas jurídicas para hacerlo factible.  Definitivamente se requirió valentía y conciencia para situar a la mujer en el sitio que ahora tiene, eliminando los injustos mecanismos de tutela que impedían que participara en política.  Ahora el camino está allanado y es un imperativo que haga propia la oportunidad que se le presenta para hacer oír sus reclamos y exponer sus ideas.  Es importante entender que el logro femenino de alcanzar importantes posiciones políticas no significa la lucha de los sexos.  Cada uno ocupa su lugar.  El varón representa otro universo en el que hay valores, criterios y expectativas distintos a los de la mujer, pero no por eso incompatibles sino complementarios.

La lucha que la mujer tiene que librar no es con el hombre, sino con ella misma para evitar confundirse al hacer política y mezclar negocios públicos con los privados, como lo explica Octavio Paz: “no valerse de la política para servirse de ella”.  La mujer que decida entregarse a la política debe atreverse a ser ella misma rompiendo la anquilosada imagen con la que la sociedad durante siglos encarceló su esencia.

Octavio Paz mencionó que “en el transcurso de nuestras vidas experimentamos dos soledades: al nacer y al morir”.  Cabe preguntar, qué hay entre el nacimiento y la muerte?  En el lapso hay una convivencia social en la que debe procurarse la armonía entre los integrantes en donde impere la paz, el respeto y el compromiso.  Es necesario demarcar con líneas suaves, sutiles e indelebles las normas que regulan las interrelaciones humanas, rasgos que indiscutiblemente imprimen todas aquellas grandes mujeres que hacen de la política su vocación.



Bibliografía:

AMADOR BECH, Julio.  Al filo del milenio. Universidad Nacional Autónoma de México. 1994.

PAZ, Octavio.  El laberinto de la soledad. Fondo de Cultura Económica.  México. 1987.

Pensamiento Político No. 73.  Discurso de Ma. Esther Zuno de Echeverría. Presencia de la mujer en la vida contemporánea. 1975.

Pensamiento Político No. 73. Discurso de Luis Echeverría Alvarez, en la Conferencia Internacional e la Mujer el 3 de enero de 1975.

VILAR, Esther. El varón domado. Editorial Grijalbo, S.A.  Barcelona-México. 1973.



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