a) ¿Para que sirve la técnica?
Algunas plumas han establecido que la máquina es
simplemente una herramienta para facilitar la comunicación o para
facilitar los trabajos, reduciendo las tareas tediosas o acortando los tiempos
entre actividades distintas, etc., lo que si nos queda claro es que de entrada
las máquinas son entendidas como un instrumento o medio para conseguir
ciertos fines que incrementan el placer o beneficio en las tareas sobre las
necesidades humanas.
Nuestros ancestros desarrollaron y utilizaron la
técnica en beneficio de sus necesidades de alimentación, creando y
perfeccionando armas para la caza de animales sumamente salvajes. Con este
ejemplo, queda claro que la técnica es desarrollada por el ser humano
como un medio para conseguir un fin o fines que incrementan el
beneplácito en casi todas las actividades que desarrolla el ser humano.
Pero cabría la posibilidad de preguntarnos si ¿la técnica
puede jugar un doble papel: el de medio y fin al mismo tiempo?, y si lo pudiera,
tendría todo el sentido preguntarnos si ¿ello tiene algún
beneficio para nuestro existir?
La pertinencia de las preguntas anteriores surge a
razón de que el actual avance tecnológico que, a todas luces, se
muestra descontrolado, sin brújula y sin sentido, refleja su claro
crecimiento exponencial. Una empresa que esta semana desarrolló esto o
aquello, al siguiente mes o semana la otra empresa desplegó o
mejoró esto otro, encontrándonos con novedades que se tornan
inexplicables como traductores de ladridos de perros y cosas por el estilo, que
si las tratamos de comprender no hallamos respuestas mínimamente
razonables.
¿Para qué diantre nos puede servir
comunicarnos o para qué querríamos comunicarnos de manera
electrónica con un animal? ¿Para qué querríamos
escuchar a través de una voz ridícula la
“traducción” de los ladridos de mi perro? ¿Para
qué necesitaríamos o en que nos beneficiaría
“comunicarnos” o saber lo que dice nuestro perro, si en respuesta el
perro no cuenta con un traductor de nuestra lengua? Además, el mercado no
lo produciría, pues no habría perro que lo adquiriese. ¿Para
qué querríamos un traductor de ladridos si nuestra
comunicación con los perros ha sido tan fiel y noble como lo es el perro
doméstico, además de tener la incertidumbre de si lo que expresa
el animal sea exactamente lo que esta sintiendo? ¿No estamos limitando las
capacidades e intenciones comunicativas y de afecto entre ambas especies?
¿Tiene esto algún sentido? ¿Por qué y para qué
alterar (y con alta incertidumbre) siglos de interacción humano-can?
Tratando de obtener respuestas más o menos
coherentes, hallaríamos alguna en la hipótesis de que el objetivo
es que la técnica está dejando de ser un medio para convertirse en
un fin. ¿Pero en qué fin? La respuesta correcta sería: en un
fin para el consumo.
Antes, la técnica o la tecnología era el
medio para cubrir ciertas necesidades, era pensada o creada en función de
una necesidad ampliamente justificada. Hoy día deja de cumplir esa
función; poco a poco ésta se desvanece y nos topamos con la
creación tecnológica, novedosa sí, pero estropeada, pues el
fin para el cual es creada normalmente es para su consumo. Se presume ser
altamente benéfica, así se anuncia o mejor dicho así se
vende, pero saben sus creadores que de entrada se encuentra destinada a su
extinción debido a la ardua competencia en la cual se encuentra inmersa:
Ser novedosa para acaparar siempre la atención de los consumidores. Si se
es una empresa que la caracteriza la novedad, mantendrá cautiva siempre
la atención de los consumidores.
La lógica empresarial es hoy: “Consigue o
desarrolla algo novedoso y te lo financio, siempre y cuando considere que me
reportará grandes beneficios con su venta o consumo”. La
tecnología ya no se crea para ser un medio sino simplemente para el fin
de ser consumida y generar riqueza.
La técnica ha perdido la función de
satisfacer necesidades para transformarse en objeto de consumo. La
técnica se ha transformado en signo de “look”, de estatus, de
moda. Hoy la tecnología esta dejando de ser un medio para satisfacer las
necesidades reales del ser humano, para convertirse en novedad que se pone a
disposición en el mercado con el propósito de vender una idea de
moda, estatus, control y poder imaginarios.
La tecnología se transforma en la carne de
cañón del consumo para dejar de ser el vínculo entre
ideales y logros, es decir, renuncia a ser el motor de la evolución.
Desiste de ser un mecanismo filosofal: si quiero o necesito ésto,
entonces reflexiono sobre qué, para qué y cómo hacerlo. Una
vez que se ha perdido este vínculo, el desarrollo tecnológico
pierde valor humano, pierde cualidades únicas como lo son la
meditación e inteligencia.