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Una aproximación al constructivismo: la producción del conocimiento

Ramón Ojeda


Introducción
 
Cuando hablamos del constructivismo nos referimos a un enfoque pedagógico que explica la forma en que los seres humanos nos apropiamos del conocimiento, es decir, cómo conocemos la realidad y al mismo tiempo la hacemos nuestra desde un punto de vista conceptual.
Para el constructivismo el aprendizaje es posible gracias a la interacción, es decir, la relación con el medio y el grupo en el que un individuo se desenvuelve.
Para el enfoque constructivista el conocimiento no se descubre, se construye; el alumno construye su conocimiento a partir de su propia forma de ser, pensar e interpretar la información y desde esta perspectiva, el alumno es responsable de su aprendizaje dado que participa activamente en el proceso.
Para el constructivismo el conocimiento no es el resultado de una copia de la realidad preexistente ni de la repetición mecánica de los contenidos o de la información proporcionada por el profesor o alguna otra fuente, sino de un proceso dinámico e interactivo mediante el cual la información externa es interpretada y re-interpretada por el pensamiento que va construyendo de manera gradual modelos explicativos cada vez más complejos y profundos.
 
De acuerdo al constructivismo los seres humanos conocemos la realidad a través de los modelos que construimos para explicarla y que pueden ser cambiados y mejorados.
Para entender mejor el enfoque constructivista necesitamos remitirnos a lo más general: el conocimiento y la forma en que este se produce.


El conocimiento
 
La palabra conocer, procedente del latín cognoscere, significa aprender, distinguir la esencia y las relaciones entre las cosas; otra acepción es saber algo sin profundizar en ello[1]. Ambos significados se refieren a la capacidad que tenemos para darnos cuenta de la realidad, ya sea de manera superficial o profunda. Más adelante explicaremos un poco más esta cuestión.
El conocimiento puede definirse como la capacidad de aprender las propiedades de un objeto, aprender como sinónimo de saber, pero también, mediante el conocimiento se aprehenden esas propiedades, es decir se apropian mediante los conceptos.
Por ejemplo: si observamos un objeto, como puede ser el caso de un limón, éste tiene las siguientes características:



a) es verde
b) redondo u ovalado
c) de tamaño reducido
d) consistencia dura
e) textura rugosa
f) aromático
g) sabor ácido
Dichas características, que no son las únicas y han sido determinadas con la participación de los sentidos: el color, la forma y el volumen con la vista, la consistencia con el tacto, el aroma con el olor y el sabor con el gusto. El objeto en cuestión tiene más características de las que hemos señalado, pero lo importante es que, a partir de los sentidos hemos determinado sus características, las reconocemos (aprender) y al integrarlas a nuestro acervo (aprehender) ello nos permite distinguir un objeto de otro.

Al aprehender hemos hecho nuestro el objeto al convertirlo en una imagen conceptual. El concepto es la síntesis de las características del objeto que permiten definirlo y convertirlo en un objeto único y distinto de otros, aún cuando guarde semejanzas con una gran variedad de objetos.
Al decir que un objeto definido lo hemos convertido en único queremos decir que hemos construido una definición que particulariza el objeto, lo hace singular y distinguible. Los conceptos son construcciones que son resultado de procesos de observación m detallada, análisis, comparación, contrastación y comprobación.
 
La producción del conocimiento: el sujeto y el objeto 

El conocimiento es producto de una relación entre dos elementos: el sujeto cognoscente (que es capaz de conocer) y el objeto cognoscible (que puede conocerse). Sujeto y objeto forman una unidad. No hay sujeto sin objetos, aunque los objetos existen independientemente de los sujetos.
Dice Hessen al respecto: “En el conocimiento se encuentran frente a frente, la conciencia y el objeto, el sujeto y el objeto. El conocimiento se manifiesta como una relación entre estos dos elementos que permanecen en ella y están eternamente separados uno del otro. El dualismo de sujeto y objeto es parte de la esencia del conocimiento.
La relación entre los dos principios es, al mismo tiempo, una correlación. El sujeto sólo es sujeto para un objeto y el objeto sólo es objeto para un sujeto. Uno y otro son lo que son, en cuanto que son para el otro. Sin embargo, esta correlación no es reversible. Ser sujeto es totalmente diferente de ser objeto. La función del sujeto consiste es aprehender al objeto, y la del objeto en ser aprehensible y aprehendido por el sujeto”.[2]

Sujeto y objeto se influyen mutuamente: el sujeto influye sobre el objeto en la medida que el primero actúa sobre el segundo: un carpintero transforma la madera (materia prima) en un objeto práctico, útil u ornamental. Pero también el objeto puede influir sobre el sujeto en la medida que la madera, dadas sus características de maleabilidad, color y consistencia pueden estimular al carpintero para imaginar distintas aplicaciones, formas y diseños que pueden lograrse con la materia prima. La experiencia en el trabajo sobre los materiales da como resultado un conocimiento profundo sobre un campo de actividad.
 
En este sentido podemos agregar que un profesor al desarrollar su actividad con sus alumnos llega a tener un conocimiento muy específico de las características propias de los niños por su contacto constante con ellos, de tal suerte que con el tiempo se especializará en el comportamiento infantil, al menos en el terreno de la interacción social y afectiva. Cuando un profesor inicia un ciclo, se enfrenta a nuevas situaciones y actitudes de sus alumnos, ello puede estimular la creatividad docente y la búsqueda de formas de trabajo innovadoras.
Conocer es una actividad intrínseca de los seres humanos pues desde el nacimiento y a lo largo de toda nuestra vida adquirimos, generamos y producimos conocimientos, mismos que se expresan mediante el lenguaje.

Etapas del conocimiento
 
Si como seres humanos nuestra vida es una constante producción de conocimientos podemos agregar que, de forma muy general, el conocimiento pasa por dos etapas. Una primera etapa es la sensorial en la que aprendemos mediante los sentidos.
El poseer órganos de los sentidos nos da la posibilidad de conocer a través del contacto directo con el medio a través de los que percibimos inmediatamente. Si son los sentidos los que nos permiten percatarnos de nuestro entorno este conocimiento es de carácter sensual, es decir, mediante los sentidos ya que “todo conocimiento se origina en las sensaciones que el hombre obtiene del mundo exterior objetivo a través de los órganos de los sentidos”[3]
La segunda etapa es la conceptual ya que con la experiencia acumulada (proveniente de escuchar y observar) y una cierta cantidad de información los seres humanos estamos en posibilidad de sintetizar los datos proporcionados por las sensaciones y podemos ordenarlos y elaborarlos; esta es la etapa en la que la clasificación, el orden y la construcción da como resultado la formulación de conceptos, juicios y razonamientos.

¿Cómo se produce el conocimiento?

La relación sujeto-objeto da como resultado el conocimiento, es decir, la determinación de las propiedades o características (reales o atribuidas) de las cosas, los objetos, los procesos, las personas y los fenómenos naturales o sociales.
 Al señalar que las características de un objeto un hecho, incluso una persona, pueden ser reales o atribuidas queremos decir que la mera observación no nos proporciona toda la información sobre el objeto, ni todo lo que procesamos es cierto u objetivo. Una persona puede llegar a la conclusión de que una afección es resultado de “un mal de ojo” (pensamiento mágico), pero un clínico, ante la misma situación puede considerar que es una alteración emocional; en el primer caso tenemos una apreciación subjetiva y falsa, en el segundo, un juicio más próximo a la objetividad y la verdad.

Para determinar las características de un objeto es necesario que exista una actividad pues conocer no es sólo contemplar; el ser humano sólo conoce la realidad en la medida en que la crea y se comporta ante ella como un ser práctico.
 
Expliquemos esto de la siguiente forma: los seres humanos tenemos la capacidad de observar la realidad, es decir, el mundo que nos rodea y las condiciones del mismo. La simple contemplación puede convertirse en observación cuando lo que vemos nos atrae, llama nuestra atención e inevitablemente elaboramos juicios o sacamos conclusiones de lo que tenemos frente a nosotros. Ante una puesta de sol, por ejemplo, podemos sentir placidez, o sueño; ante el sabor de un alimento podemos experimentar gusto o rechazo y ante las palabras de alguien experimentamos placer, indiferencia o molestia.
 
Las reacciones que manifestemos ante la realidad no son otra cosa más que una síntesis de algo que hemos elaborado en nuestra mente y que resultan de un proceso en el cual la realidad y sus componentes, al pasar por nuestros sentidos y llegar a nuestro cerebro son sometidos a procedimientos en los cuales aceptamos, rechazamos y experimentamos para, finalmente, realizar una acción específica con respecto a lo que hemos captado: en el ejemplo anterior, ante la contemplación del atardecer, la comida o una conversación, mis reacciones pueden ser diversas: me gusta, me disgusta, continuaré la plática, aceptaré la crítica, me quedaré más tiempo a contemplar el paisaje, e infinidad de reacciones que no son mecánicas y que requieren la participación activa de nuestro entendimiento, pero que a su vez se traducirán en acciones concretas.

El conocimiento es producto de la actividad, de hecho el propio conocimiento es actividad en tanto que ésta crea la realidad, pero no en un sentido mágico o sobrenatural propio de una concepción religiosa, sino en el sentido de que la realidad se interpreta, se evalúa, se somete a un juicio y se determina, a partir de lo que observamos, de lo que la realidad es para nosotros de acuerdo a nuestras creencias, prejuicios, puntos de vista o consideraciones particulares.
 
Producción material e intelectual
 
La percepción de la realidad nos da la posibilidad de integrarla a nuestro acervo; observar, escuchar, tocar, utilizar nuestros sentidos nos proporciona experiencia ya que cualquier contacto con el medio o la propia interacción social da como resultado un conocimiento nuevo o un incremento del mismo. De hecho la “sabiduría popular” señala que “cada día se aprende algo” y ello es una confirmación de que la experiencia cotidiana contribuye, sin que nos lo propongamos necesariamente, a incrementar el cúmulo de conocimientos resultantes de la experiencia.
 La experiencia directa es fuente de conocimiento, pero no todas las experiencias pueden ser directas pues a través de otros podemos conocer, ya que el hombre no puede tener experiencia directa de todas las cosas y, de hecho, la mayor parte de nuestros conocimientos proviene de la experiencia indirecta, por ejemplo, todos los conocimientos de los siglos pasados [...] los conocimientos de una persona los constituyen sólo dos sectores: uno proviene de la experiencia directa y el otro de la experiencia indirecta. Además, lo que para mí es experiencia indirecta, constituye experiencia directa para otros.[4]

En este sentido la labor del profesor es una fuente de experiencias indirectas que son básicas para el aprendizaje. En una clase el alumno aprende de lo que el profesor transmite, pero también de lo que observa y de lo que él mismo desarrolla al construir. Cuando un alumno repite una definición, pero reflexiona sobre ello y encuentra la forma de aplicarla a su experiencia directa a partir de ese momento lo integrará a su acervo de conocimientos y será capaz de aplicar la explicación de una ley, una fórmula o una experiencia histórica a las condiciones actuales. Lo que habrá de resultar será una síntesis, una comparación entre lo teórico y lo práctico y un conocimiento nuevo.


Construcción del conocimiento

El conocimiento es, en suma, producción material en tanto que cualquier actividad se manifiesta en hechos específicos o productos materiales, objetos concretos y tangibles, pero pensar, imaginar, idear, conceptualizar son productos de la conciencia aún cuando estos sean intangibles. Pensar y actuar, teoría y práctica son sólo dos momentos, dos partes distintas pero unitarias, esto es, se realiza una actividad y simultáneamente se reflexiona sobre la misma; se piensa y concibe y ello se materializa en un objeto o acción concreta y tangible.
Cuando elaboramos conceptos lo que hacemos es construir mediante el lenguaje, una serie de definiciones que nos permiten concebir la realidad a través de términos que posibilitan su comprensión.
Por ejemplo: la palabra educación es un concepto y significa: la acción que una generación ejerce sobre otra y que implica transmitir la cultura, los valores y una visión del mundo que permite a los individuos desarrollar actitudes y patrones de conducta como parte sustancial de los procesos de adaptación social.
Lo que construimos son conceptos; la construcción del conocimiento es la elaboración de conceptos y categorías que nos permiten comprender la realidad natural y social y a través de ello apropiarla, esto es, integrarla a nuestro acervo cognitivo, pero también para actuar. No se conoce sólo por el deseo de hacerlo o por mera curiosidad, sino con la intención, consciente o no, de modificar el entorno o a nosotros mismos.
 
La educación como proceso de transmisión y formación pretende que el individuo modifique, en lo posible su entorno, sus condiciones de vida y en ese proceso él también es sujeto de cambio.
 

El conocimiento como objeto de estudio
 
Para concluir podemos agregar que el conocimiento como proceso de aprendizaje y aprehensión también es objeto de estudio por parte de la filosofía. La rama de la filosofía que se encarga de estudiar los procesos de conocimiento se conoce como epistemología; la epistemología estudia los fundamentos y los métodos del conocimiento y proviene de dos raíces: epistéme (griego) que significa ciencia y logía (latín) que significa ciencia o estudio.
Cuando se habla de cuestiones epistemológicas se hace referencia a los procesos de conocimiento y su producción. Así un problema epistemológico es algo relacionado con los procesos de conocimiento, percepción de la realidad y visiones del mundo.
 




Bibliografía
 
Besse, Guy
Práctica social y teoría
México, Grijalbo, 1975
 
Cassigoli, Armando
Conocimiento, sociedad e ideología
México, ANUIES, 1976
 
Hessen, J
Teoría del conocimiento
México, Editores Mexicanos Unidos, 1977
 
Kosik, Karen
Dialéctica de los concreto
México, Grijalbo, 1976
 
Tse Tung, Mao
Cinco tesis filosóficas
Pekín, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1975
 



[1] Gran diccionario enciclopédico ilustrado Grijalbo, p. 480
[]
2 Hessen, J. Teoría del conocimiento, p. 25
[]
3 Tse Tung, M. Cinco tesis filosóficas, p. 16
[]
4 Ibid. pp.15-16


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