I. Concepción Salud – Enfermedad
(¿Medicina vs. Psicología?)
El concepto de salud ha sido revisado a través de
la historia y desde hace más de 4,000 años (Stone, 1987 en Vaca
2001). La medicina que se enseña en las universidades esta perdiendo de
vista su premisa fundamental: ser una ciencia y a la vez arte de las relaciones
humanas. Sin embargo ante el avasallador progreso de la técnica, esta
premisa se esta perdiendo. El médico corresponde cada vez menos a aquel
viejo estereotipo de amigo familiar, para irse revistiendo de las
características comunes al estereotipo de los
“científicos”, ocupados en analizar en forma por demás
carente de pasión lo que se denomina “el frío objeto de la
ciencia”. No obstante, si la medicina como ciencia ha ganado terreno, el
paciente ha salido perdiendo en la relación. Ya no se le visualiza, salvo
excepciones, como un ser humano carente de salud y necesitado de
comprensión; se le manipula, se le cosifica y se le cataloga como un
expediente o un simple número. (Vaca, 2001)
Existen muy diversas conceptualizaciones acerca de la
salud versus enfermedad. La medicina es quien ha tomado el papel regulador o
“hegemónico” sobre aquello que se considere normal o
anormal; sano o enfermo. Tal y como lo señala Sanmartin (1992) ...en
biología lo normal es algo más que un promedio: un valor normal
corresponde a variaciones más o menos finas alrededor de un promedio
característico para una población dada en su ambiente
específico.” Sin embargo, no es posible definir límites
precisos entre la normalidad y la anormalidad y menos en el ser humano que como
ser biopsicosocial alcanza complejidades que van más allá que el
simple determinismo organicista. El cual señala entre otras cosas, que el
aspecto de salud – enfermedad obedece a la armonía o disonancia
existente entre dos componentes. Salud y enfermedad como parte de la
adaptación física, mental y socialmente a las condiciones del
ambiente en su totalidad. (Op. cit.)
Donde la salud es integrada como una condición
positiva por aspectos bioquímicos, fisiológicos,
preceptúales, cognitivos y ecológicos, considerándose que
el fracaso en algunos factores da como resultado la enfermedad. (Vaca,
2001)
En este sentido la salud no es una condición dada
o determinada biológicamente, sino que representa un estado en
demasía variable y que debe ser constantemente cultivado, protegido y
fomentado. (Sanmartin, 1992).
Por otro lado, el aspecto cultural tiene vital
importancia al momento de abordar lo normal de lo anormal en salud, sobre todo
en salud “mental” o tal y como Gómez, (2004) menciona,
“trastornos psicológicos” los cuales pueden estar matizados
en cada sociedad o grupo étnico particular. Por ejemplo, en estudios
transculturales, Mechanic, D. (en Vaca, 2001) se han descubierto diferencias
entre méxico-americanos, judíos-amercicanos y otros grupos,
documentándose la tendencia al soporte estoico del dolor y la enfermedad,
sobre todo en la cultura con ascendencia mexicana y han concluido que estas
diferencias demuestran el poder de los efectos de socialización entre la
enfermedad y el rol del enfermo en cada una de estas culturas. En este sentido
podemos afirmar que los grupos culturales tienen diferentes valores sobre el
manejo de la enfermedad y en consecuencia del manejo de las conductas
preventivas. (Op. cit.)
Ello ha llevado a que el ámbito de la salud se
amplíe hacia áreas de conocimiento que antes eran relativamente
ignoradas, como las ciencias sociales y humanas; ahora no solo se reconoce su
función y su aporte, sino que se le demandan a estas ciencias soluciones
para problemas que escapan al alcance del modelo biomédico tradicional.
(Flórez- Alarcón, 2002)
A su vez, la Psicología se encuentra ahora
anclada sólidamente como una importante compañera de otras
ciencias que enfocan las condiciones y consecuencias de las experiencias y
comportamientos humanos. Sin embargo, en el paso del siglo XX al XXI, la
Psicología enfrenta nuevos retos que emergen de dos fuentes principales:
1) los cambios sociales que se suceden alrededor del mundo y han otorgado a la
vida del trabajo y a la vida fuera del trabajo un carácter vertiginoso en
grados desconocidos, 2) el notorio desdén de la psicología
occidental tradicional a través del siglo, de una acumulación de
sabiduría e ingenio de las tradiciones psicológicas
autóctonas de sociedades no occidentales u geográficamente
occidentales pero no catalogadas como “civilizadas”. Ambas inducen a
un reto dual a la Psicología, una Psicología en verdad
comprehensiva. (Vaca, 2001)
Psicología y medicina en lugar de contraponerse,
deberían entonces contribuir al análisis biopsicosocial e
investigar sobre cómo enfrentar mejor estas situaciones. Una idea
básica de algunos psicólogos que basan sus estudios en
tópicos psicológicos culturales y transculturales como John Berry
de Canadá o el Doctor Ype H. Poortinga de Holanda citados en Vaca (2001),
ambos sugieren que la “diversidad cultural debe y puede acomodarse de
tal manera que el bienestar social, médico y psicológico de todos
los grupos puede ser alcanzado”. Sin embargo, esto no
significaría necesariamente la suposición de que los procesos
psicológicos sean universales y que compartan mecanismos similares para
todos los seres humanos, las diferencias en comportamiento son explicadas en
términos de las condiciones antecedentes, matices de tipo
ecológico, económico, sociocultural o histórico,
-circunstanciales, dicen, mas que esenciales-. (Op. cit)
Los problemas de salud y enfermedad se encuentran
íntimamente relacionados a factores físicos, conductuales y
ambientales. Cada uno de estos factores contribuye a los diferentes tipos de
problemas que se encuentran en la práctica médica, cada uno de
ellos requiere de especial atención si se quieren satisfacer plenamente
las necesidades de los pacientes.
Tal y como lo señala Sanmartin (1992, pp 9)
“...la salud engloba aspectos subjetivos (bienestar mental y social,
alegría de vivir), aspectos objetivos (capacidad para la función y
aspectos sociales (adaptación y trabajo socialmente
productivo).
Los conceptos y las técnicas de otras disciplinas
pueden ayudar a sugerir soluciones, por lo que un modelo integral de la salud
(atención al paciente) que combine entre otras a la ciencia médica
y conductual es percibida como una opción por demás interesante en
el análisis de la relación entre conducta y salud. (Vaca,
2001)