LA JUSTICIA
“Jesús
de Nazaret, al ser interrogado por el gobernador
romano,
admitió ser un rey, mas agregó: ‘Yo para esto
he
nacido y para esto he venido al mundo, para dar
testimonio
de la verdad’. Pilato preguntó entonces:
‘¿Qué
es la verdad?’ Es evidente que el incrédulo
ro-
mano
no esperaba respuesta al interrogante: el justo,
de
todos modos, tampoco la dio. Lo fundamental de su
misión
como rey mesiánico no era dar testimonio de la
verdad.
Jesús había nacido para dar testimonio de la
Justicia,
de esa Justicia que deseaba se realizara en el
reino
de Dios. Y por esa Justicia fue muerto en la cruz”
Hans Kelsen
El
término Justicia es una de las palabras más difíciles de
definir y de las que más preguntas se han hecho. Filósofos,
juristas, escritores, entre otros, han tratado de dar su concepto pero, ninguno
se ha considerado como universal. Es por ello que surge la pregunta:
¿Qué es la Justicia? El jurista Hans Kelsen afirmó que:
“No hubo pregunta alguna que haya sido planteada con más
pasión, no hubo otra por la que se haya derramado tanta sangre preciosa
ni tantas amargas lágrimas como por ésta; no hubo pregunta alguna
acerca de la cual hayan meditado con mayor profundidad los espíritus
más ilustres, desde Platón a Kant. No obstante, ahora como
entonces carece de respuesta”.
Desde
la época romana, la Justicia ha sido representada por la diosa Themis. La
cual se presenta con el aspecto de una noble mujer empuñando en todo lo
alto la espada de la ley; sosteniendo con la otra mano, la balanza de la equidad
y manteniendo siempre los ojos vendados en señal de imparcialidad. Esto
es, que deja caer la fuerza de la espada sobre quien trate de desequilibrar la
balanza, no viendo las particularidades del individuo, sin importar que sea
joven o viejo, rico o pobre, enfermo o sano, blanco o negro, virtuoso o
criminal.
El
sentimiento de la Justicia, la oscuridad de su noción, las discusiones y
los conflictos que esta oscuridad hace surgir, existe desde que hay hombres que
piensan y viven en sociedad. El hombre siempre realiza conductas a las cuales se
les puede catalogar como justas o injustas. Un claro ejemplo, es cuando un
individuo da muerte a otro individuo, pues aquí ya nos encontramos con la
privación del valor primordial del ser humano: la vida. Porque donde hay
negación de la vida o atentados contra la misma, en cualquier forma y
aspecto, no hay Justicia; ya que ella es la reina y señora de todas las
virtudes.
Existen
dos posiciones respecto a la Justicia: la Justicia de los moralistas y la
Justicia de los juristas. Los moralistas la conciben como una gran virtud, en
donde el fin primordial es la perfección moral del individuo. Es
así como Sócrates declaraba que la Justicia es ante todo una
perfección interior, una virtud que radica en el alma. Y
Aristóteles termina diciendo que la Justicia es la virtud más
alta, la virtud perfecta. Por el contrario, para los juristas es el fin
principal para solucionar de forma práctica y oportuna los problemas
sociales que surgen de la convivencia humana, siendo esta última la que
le pertenece al abogado.
Ahora
surge otra pregunta: ¿En dónde se encuentra plasmada la Justicia
dentro de esta convivencia humana? La respuesta no se hace esperar, la Justicia
se encuentra plasmada en el Derecho, pues éste es quien, con sus normas,
busca como fin dar Justicia a todos los miembros de una sociedad, pues el medio
para alcanzar la Justicia es evidentemente el propio Derecho.
El
Derecho es justo por naturaleza, tal como lo afirmaran los iusnaturalistas. La
ley, en cambio, trata de serlo. Aquí hay que hacer una aclaración,
que no es lo mismo ley que Derecho; porque toda ley es Derecho, pero no todo
Derecho es ley. La ley es una parte del Derecho, ella surge de él, por lo
que es necesario no incurrir en el error de catalogarlos como
sinónimos.
Después
de lo anterior, se puede ver que la Justicia es inherente al Derecho, en donde
se debe tratar por igual a todos los individuos, no restringiéndoles su
libertad de actuar, siempre y cuando ésta no dañe a los miembros
de la sociedad.
El
Derecho es justo, no obstante, son los seres humanos los que lo hacen injusto
puesto que los legisladores hacen el Derecho positivo y éste es el que
debe ser observado por todos. Los positivistas consideran que por Justicia debe
entenderse la legalidad, el riguroso apego a la ley, o sea, la imparcial y
correcta aplicación e interpretación del Derecho positivo. Pero,
en uno de los mandamientos del abogado que da Couture, sostiene: “Tu deber
es luchar por el Derecho, pero el día que encuentres en conflicto el
Derecho con la Justicia, lucha por la Justicia”. Esto significa que la
Justicia está por encima del propio Derecho, pero del derecho
positivo.
El
Derecho es en sí el que radica en el pensamiento, en las ideas, en la
doctrina que los estudiosos de esta materia realizan. En cambio, el Derecho
Positivo es aquél que el legislador crea, y en la mayoría de las
ocasiones sin previa meditación y sin razonamiento alguno. Este Derecho
es al que debe enfrentarse el abogado y lo debe hacer con el arma más
poderosa: la Justicia.
Es
por eso, que el estudiante de Derecho debe de prepararse conscientemente para
conocer plenamente lo que es el Derecho y cómo debe alcanzar la Justicia.
El abogado debe sentirlo porque ésta es inmaterial no puede ser captada
por los sentidos. Cada acto del abogado debe ser una impresión de su fe
en la Justicia; porque la Justicia es para el abogado como Dios para el
creyente.
Si
se pudiera enseñar la Justicia, no sería dando teorías ni
explicaciones, sino comportándose de una manera recta y conciente,
asumiendo las responsabilidades de nuestros propios actos. Sócrates nos
dejó este legado, que a pesar de haber sido juzgado y sentenciado a
muerte por leyes injustas, decía que más injusto sería no
cumplir con la ley, porque cumplir con la ley es cumplir con la
Justicia.
Se
debe dejar en claro, que todos aquellos jueces impartidores de Justicia, deben
de hacerlo, no conforme a Derecho sino conforme a la propia Justicia. Así
como el profeta Isaías dijo: “Y ciertamente haré del Derecho
el cordel de medir y de la Justicia el instrumento de
nivelar”.
Después
de haber hecho el análisis anterior con respecto de la Justicia,
encontramos que no hay una definición clara aceptada por todos. Desde la
antigüedad los grandes pensadores han tratado de dar un concepto claro de
este término, ya que es un tema que puede ser encarado bajo tantas
facetas y del cual se ha escrito tanto y con tanta pasión, por lo que se
presenta tan impreciso.
La
Justicia carece de realidad material, no puede ser pesada, palpable ni medida y,
además, se muestra constantemente huidiza ante los esfuerzos de asirla
palpablemente. Porque ¿quién puede negar que cambia
constantemente?
Tampoco
podemos negar a la Justicia como una parte de la moral y al igual que ella,
cambia según el lugar, según la época y según el
tiempo, sin embargo la Justicia podrá cambiar pero siempre será el
valor supremo de toda moral y sobre todo del propio Derecho.
Lic.
Edgar Martínez Cruz
edmartinezc@yahoo.com.mx