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3. MARCO TEORICO.


3.1 EL CAPÌTALISMO

El Capitalismo es definido como un Sistema Social basado en el principio de los derechos individuales. Aquí el termino es usado en su mas amplio termino filosófico-político, y no en el sentido económico (mercado libre, etc..)

“La justificación moral del capitalismo NO reside en el dicho altruista que dice que representa la mejor manera de alcanzar el bien común. Es verdad que el capitalismo lo hace, pero solamente es una consecuencia secundaria. La justificación radica en el hecho de que es el único sistema consonante con la naturaleza racional del hombre y que su principio reinante es justicia”

“Ningún sistema político-económico en la historia ha demostrado su valor mas elocuentemente o ha beneficiado mas a la humanidad que el capitalismo, y así mismo, ninguno ha sido mas duramente atacado”

Una sociedad ideal conformada bajo este sistema, seria aquella en la cual,

“Cada hombre es libre de luchar por su propia felicidad, cualquiera que sea el destino que esta lo lleve”

“Aquella en donde cada hombre pueda adorar libremente a su propio Dios, aun cuando este sea el mas grande de todos ellos, EL MISMO”,

“Una Sociedad en donde la ganancia de uno no sea a costa de la del otro, sino mas bien para beneficio de ambos”,

“Aquella en donde una vida de riquezas inimaginables es posible, para cualquiera que tenga la voluntad de pensar”,

“Una sociedad en donde el costo de vida continuamente este bajando, mientras que los ingresos continúen subiendo”,

“Una sociedad de paz, prosperidad y felicidad, donde los hombres no negocien como patrón-trabajador, sino en el mismo nivel, intercambiando valor por valor, para su propio beneficio”,

Esconden el hecho de que el Capitalismo ha sido no solamente el mas practico, sino el UNICO SISTEMA MORAL DE LA HISTORIA”, ( www.capitalism.org )

Hoy en día, sus partidarios señalan que a través del libre mercado, o sea, un mercado desregulado sin intervención estatal y dejado a la deriva de la Ley de la Oferta y la Demanda, es la mejor receta para todos los países, incluyendo a los países en vías de desarrollo, y esperan que su solo funcionamiento bastara con resolver los problemas económicos y sociales de los países.
A menudo, en los debates sobre sistemas económicos, incluso aquellos que aceptan que el capitalismo, o economía de libre mercado, es el mejor modelo para lograr el bienestar de las naciones, ponen en duda que este sistema que, a todas luces produce los mejores resultados en los países más o menos desarrollados o industrializados, sea aplicable a las regiones -sean de África sean de Iberoamérica- que se hallan en trance de desarrollo.
La misma duda se plantea el Papa Juan Pablo II, cuando, en el número 42 de su Encíclica "Centesimus Annus", se pregunta: "¿se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad? ¿Es quizá éste el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil?". Pero el Papa da una contestación rotunda, diciendo: "Si por capitalismo se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva". Es verdad que, a continuación, el Papa advierte de las desviaciones erróneas en las que el capitalismo, como cualquier otra forma de construcción humana, puede incurrir y evidentemente las condena. Pero definido el capitalismo de la forma que lo hace, que es como lo definen los partidarios del sistema, es evidente que el Papa no ve inconveniente en que se recomiende el capitalismo a los países del Tercer Mundo.
Al parecer, no solamente es posible aplicar el capitalismo a los países en retraso, sino que la causa de su retraso es precisamente que nunca se haya aplicado a ellos el sistema de libertades, tanto políticas como económicas, que configuran el capitalismo democrático.
Esta situación, con escasas excepciones, se ha mantenido hasta el día de hoy, de forma que la mayoría de los países hispano-americanos se han visto dominados, a lo largo de los años, por grupos de intereses, continuamente o en forma rotativa asentados en el poder, lo cual, con el agravante de las periódicas perturbaciones del orden gubernamental y los desafortunados experimentos de raíz socialista o constructivista, ha supuesto la permanente exclusión de las verdaderas libertades políticas y económicas que estos países hubieran necesitado para su desarrollo.
Veamos ahora la otra cara de la medalla. A finales del siglo XVIII, el germen de lo que hoy llamamos Estados Unidos de América no era más que el conjunto de trece colonias de la mayor potencia europea; un país atrapado en la misma pobreza y subdesarrollo inmemoriales que los demás. En la época de su fundación, era por lo menos tan pobre como las colonias de España en América. Pero los fundadores de los Estados Unidos actuaron de manera muy distinta a como lo hicieron los iberoamericanos. Volviendo la espalda al modelo vigente en Gran Bretaña, que, desde luego, no era mejor que el español, y afirmando su creencia en que "todos los hombres creados iguales, han sido dotados por el Creador con derechos inalienables, entre los cuales están el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad", crearon un nuevo orden secular, basado en la libertad de iniciativa y el gobierno limitado, bajo el imperio de la ley.
Dejo ahora, para no alargarme, de dónde sacaron el impulso los padres fundadores de los Estados Unidos para actuar como actuaron. Lo cierto, y lo que nos importa, es que el resultado, al día de hoy, de una y otra actuación está a la vista de todos. Y la causa no es otra sino que en el Norte se aplicó el capitalismo, que, con todas sus limitaciones e imperfecciones, sigue aplicándose, mientras que en el Sur ni se aplicó en el origen ni se ha aplicado después. Pero, podía haberse hecho. Iberoamérica disponía de los recursos naturales para ello: es rica en petróleo, en zinc, bauxita y muchos otros importantes minerales; sus tierras de cultivo y sus bosques tropicales son prolíficos. En contraste con esta abundancia, los primeros colonos de la Nueva Inglaterra se encontraron con un medio agrícola bastante duro: las únicas riquezas que pudieron extraer del suelo norteamericano fueron el tabaco, las pieles, el maíz y más tarde el algodón. Esto prueba que si Iberoamérica no ha llegado a ser el más rico de los dos sectores del Nuevo Mundo, no ha sido por causas naturales, sino por la distinta naturaleza de los sistemas políticos, económicos y culturales imperantes en una y otra parte. El Norte, más subdesarrollado en el origen que el Sur, adoptó el modelo capitalista, mientras el Sur siguió con el mercantilismo. O con el juego cíclico de intereses de varios grupos de poder.
“Pero lo que no se hizo en los momentos de la independencia de las colonias iberoamericanas, ni se ha hecho después, puede hacerse ahora. De la misma forma que el Fondo Monetario Internacional, en su último informe anual, recomienda a España que no mire a sus colegas de la Unión Europea, porque no constituyen, ni de lejos, el modelo para el logro de los objetivos que España debe proponerse, Iberoamérica no debe mirar hacia el modelo europeo sino hacia el de su vecino del Norte, adoptando, con todas las mejoras que estime pertinentes, las líneas esenciales del modelo cuyos resultados, entre los que destaca la situación de pleno empleo, han colocado a los Estados Unidos a la cabeza de todas las naciones del mundo, por lo menos, en el sector de influencia.
Que esta línea de actuación es posible, lo demuestra no sólo la historia de los orígenes de los Estados Unidos que, brevemente, he traído a colación, sino también, al día de hoy y dentro del propio continente, el caso de Chile, país que, gracias a haber adoptado hace ya tiempo el modelo de economía de libre mercado, en el ranking mundial de competitividad, que elabora anualmente el World Economic Forum, ocupa el lugar 18, no sólo por delante de todos sus colegas iberoamericanos, el segundo de los cuales, México, aparece en el lugar 46, sino también por delante de Austria, Francia, Suecia, Alemania, España, Portugal y Bélgica, entre los europeos.

El problema del mundo llamado "en desarrollo" o "economías emergentes" es su incapacidad de consolidación nacional como receptor de inversión de los países centrales y generador de ahorro interno capaz de incorporar a sus poblaciones a un sistema de producción eficiente para sí, sus vecinos y el mundo globalizado.

Aquellas naciones que han logrado consolidar su identidad, acumular ahorro interno, atraer inversiones extranjeras y administrar el patrimonio público y el privado en forma honesta y eficiente, se han ido incorporando a la aldea global con ventajas comparativas crecientes.

Estos paises, en vez de crear una burguesía nacional orgullosa y patriótica, desarrollaron una dirigencia con sentido turístico o de liso y llano pillaje que, en vez de acumular capital y ganancias para reinvertirlas y crear más riqueza y trabajo, se ocupó de remesarlas al exterior en efectivo donde a la fecha sirven para financiar proyectos en casi todo el planeta con la excepción de nuestro propio país.

La histórica apatía y/ o desprecio hacia el Estado, y el estímulo a la corrupción como sistema de articulación entre lo público y lo privado han hecho crisis en forma terminal.

Para que este proceso pueda realizarse, es necesaria una concepción ideológica que defina al capitalista como un administrador responsable política, moral y socialmente.


3.2 ACTUALIDAD DEL CAPITALISMO Y DEL NEOLIBERALISMO
Por otra parte, la “Declaración de Copenhague" de 1995 acierta. Salvo la imprecisión terminológica y por ello científica (sin duda exigida por las reticencias de algunas ONG´s obsesivamente antimarxistas) que supone usar el eufemismo "sistema neo-liberal dominante" en vez de decir sencillamente "sistema capitalista" o "Modo de Producción Capitalista", acierta.
Formulada por el Foro alternativo de las Organizaciones No Gubernamentales para comentar los acuerdos y documentos oficiales de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social, acierta porque describe bastante bien la actual situación y su previsible evolución al decir que:
"El hecho de que los documentos (de la Cumbre) se basen en las " fuerzas del mercado libre y abierto ", que no rinden cuentas, como la base para organizar las economías nacionales e internacionales agrava, y no contribuye a solucionar, la actual crisis social global.
El sistema neoliberal dominante ha fracasado como modelo universal de desarrollo. La carga de la deuda externa de docenas de países es insostenible, pues los está despojando de los recursos que necesitan para generar desarrollo económico y social. Los Programas de Ajuste Estructural impuestos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han atacado persistentemente el progreso económico y social al recortar sueldos, socavar las contribuciones y medios de vida de pequeños productores y al poner los servicios sociales, particularmente los servicios sanitarios y de educación, fuera del alcance de los pobres. Al desmantelar los servicios estatales básicos, estos programas han desplazado una carga aún mayor sobre las mujeres, quienes se ocupan de la nutrición, salud, bienestar y armonía de la familia, además de las relaciones en la comunidad. Al promover la exportación rápida de recursos naturales, desregularizar la economía y forzar un número creciente de pobres a trasladarse a tierras marginales, el ajuste estructural ha contribuido al proceso de degradación medioambiental.
Este sistema ha resultado también en una concentración cada vez mayor de poder económico, político, tecnológico e institucional, y en el control de alimentos y otros recursos básicos, en las manos de un reducido número de corporaciones transnacionales e instituciones financieras. Un sistema que sitúa el crecimiento por encima de cualquier otro objetivo, incluso el bienestar de las personas, destruye las economías en lugar de regenerarlas, explotando el tiempo, trabajo y sexualidad de las mujeres. Incentiva al capital a externalizar los costes sociales y medioambientales. Genera crecimiento sin aumentar el empleo, deroga los derechos de las trabajadoras y trabajadores y ataca el papel de los sindicatos. A lo largo de este proceso, el sistema sitúa una parte desproporcional de la carga sólo en las mujeres, erosionando su salud y bienestar, y por tanto la de aquellos a su cargo. Por último, lleva a una distribución desigual en el uso de los recursos naturales entre y dentro de los países, lo que genera un apartheid social, alimenta el racismo, el conflicto civil y la guerra, y ataca los derechos de las mujeres y los pueblos indígenas."
La mayoría de los analistas serios aceptan que el modelo conservador (mal llamado liberalismo) ha sido un fracaso para el desarrollo, tanto en México como en América Latina, y en las llamadas potencias emergentes, es decir, en todos los países pobres. Sin embargo, aún no aparece en el horizonte un modelo alternativo claramente delineado. Ya no sirve lo ensayado en los últimos 20 años, y aún no encontramos algo nuevo que pueda servir para los próximos 20.
Creo que para entender las causas de este fracaso puede ser un buen ejercicio volver sobre la visión de Fernand Braudel, quien distingue al capitalismo de la economía de mercado y demuestra que son antagónicos. Curiosamente el capitalismo, afirma, siempre tiende a destruir al libre mercado, aunque lo enarbole como su bandera y justificación.
La luz que proyecta Braudel en su libro “La dinámica del capitalismo” no nos permite crear un nuevo modelo, pero ayuda a una crítica creativa a partir del análisis de desequilibrios profundos que se producen en la historia económica y que, como dice, es la historia íntegra del hombre.
Para entender el antagonismo entre el libre mercado y el capitalismo, Braudel recurre al análisis histórico de los intercambios comerciales, a los que entiende como un puente entre la producción y el consumo. Este intercambio, agrega, tiene un doble registro, ya que mientras una parte de la sociedad está profundamente imbuida en el "gran mercado", otra sólo lo toca de forma marginal.
Cada uno de estos intercambios tiene distintos mecanismos y agentes. Mientras uno es elemental, competitivo y transparente, un comercio local que se esparce entre multitud de participantes, el otro, en donde se sitúa el capitalismo, es complejo y dominante, un comercio a larga distancia, que se reparte en pocas manos y que posee mil medios para falsear el juego a su favor, mediante la manipulación del crédito y el juego en el uso del dinero. Deriva de actividades que se desarrollan en la cumbre y tiende hacia la cumbre.
Otro elemento central es aceptar que el capitalismo es impensable sin la complicidad activa de la sociedad y sólo triunfa cuando se identifica con el Estado, como sucede también con la Iglesia y con la cultura.
También el fenómeno de la globalización puede ser repensado a partir del pensamiento de Braudel, quien habla de la economía-mundo como economías que ocupan un espacio geográfico y que tienen un centro o polo principal en una ciudad dominante. Estas economías cambian lentamente de centro de gravedad, en medio de crisis importantes, y muestran una historia profunda del mundo.
Pensar a México a través de estas tesis nos hace poner en duda muchos de los convincentes discursos de nuestras autoridades, quienes pensaron que el impulso a las grandes corporaciones era una certera salida a la pobreza y un paso seguro hacia el primer mundo.
La primera y más contundente propuesta resulta en México una realidad que salta a la vista: el capitalismo ha sido el peor enemigo del libre mercado y no su aliado como se nos ha querido mostrar. Es un hecho que las grandes corporaciones, típicas de este modelo, prácticamente "borraron del mapa" a las empresas familiares, a las pequeñas y medianas industrias, que no sólo ofrecían un número significativo de empleos, sino un espacio para la competencia y para un mercado realmente libre.
La ideología neoliberal ha puesto énfasis en la reducción del Estado, algo que finalmente no se ha dado. Lo que sí se dio fue una reestructuración; es decir, se ha vuelto a un Estado mucho más represivo y fuertemente orientado por los intereses del capital. Por esto mismo ha reducido enormemente su capacidad de integrar las luchas sociales en forma consensual como lo hacía anteriormente. Por lo tanto, se ha dado un crecimiento de este tipo de luchas que no se integran dentro de las estructuras tradicionales.
De lo que no se puede dudar es que el neoliberalismo está destruyendo el mundo, matando a la gente, los recursos naturales y el tejido social. Esto se ve en la vida cotidiana: estrés, inseguridad, disminución de la calidad de vida... Y destrucción de identidades colectivas también.
En este proceso, en el que el capitalismo parece haber triunfado sobre el libre mercado, dos fuerzas han debido ser sus aliadas. Por un lado, los principios de las grandes agencias internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y por otro lado el Estado mexicano y todos los demás, quienes convencidos de las virtudes del capitalismo, han sido sus más fieles abanderados.
Por eso, hay quienes dicen que el mercado, es el hermano cruel del capitalismo.

3.3 DESIGUALDAD EN LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

Debido al termino de la guerra fría y a la caída del sistema socialista, contrapeso en ese entonces del sistema capitalista, el mundo contemporáneo fue arrastrado por el surgimiento de nuevas teorías económicas, tales como la de libre mercado o el neoliberalismo, las cuales, se convirtieron en el punto de partida de los Organismos Monetarios Internacionales, organismos pilares e iconos de este.

De tal manera, el mundo fue arrastrado hacia este sistema, sin posibilidad de salida alguna ya que, al ser los países mas poderosos del mundo participes de este sistema y el resto del mundo, deudor al por mayor de aquellos, forzosamente tuvieron que adoptar las reglamentaciones que los Organismos imponían.

Más sin embargo, hoy en día, la distribución de la riqueza en el mundo actual es cada vez más desigual, extendiéndose cada vez más la brecha entre ricos y pobres. Esto ultimo, irónicamente, ocurre inclusive hasta en la economía más desarrollada, Estados Unidos, la máxima economía capitalista por antonomasia.
“La concentración del ingreso en el máximo nivel es la clave por la cual, los Estados Unidos, por todos los logros económicos, tiene mas pobreza y mas bajas expectativa de vida que cualquier otro país desarrollado. Aun más, la creciente concentración de la riqueza ha redefinido nuestro sistema político.
En los últimos 30 años, la mayor parte de la gente ha visto solo medianos incrementos salariales. En 1970 su ingreso fue de 32,522. En 1999 solo fue de 35,864. Lo que resulta en un incremento de solo 10% en 29 años. Sin embargo, en el mismo periodo, los Directores Generales de las Empresas (CEO) fueron de 1.3 millones, a 37.5 millones de dólares, o sea, 1,000 veces el salario anual de las familias promedios americanas.
Sin embargo, Estados Unidos, no es el numero 1 como mucha gente piensa. Después de todo, son la nación mas rica, por ejemplo, con un PIB 20 veces mayor al de Canadá. Pero, no debería esto de traducirse en un mejor nivel de vida para todos los americanos?
Pues no. Pues aun cuando el ingreso per capita es el mayor que cualquier otro país desarrollado, ha pesar de ello, resulta que principalmente es porque nuestros ricos son cada vez mas ricos. Y aquí esta el el pensamiento lógico de ello. Si los más ricos obtienen mas, eso deja menos para todo el resto.
Pensemos rápidamente en la comparación entre Suecia y los Estados Unidos.
a.La expectativa de vida en Suecia es 3 años mas alta que en Estados Unidos.
b.La mortalidad infantil es la mitad de su contraparte
c.Los suecos toman más periodos vacacionales que los americanos
d.El ingreso de la clase media es casi similar al de los Estados Unidos, y una tasa de impuestos mas alta, permite que el estado sueco proporcione de manera gratuita los servicios médicos y de otros servicios públicos que son mejores que los que proporcionan los Estados Unidos.
e.En 1994, el 6% de los suecos padecía de pobreza, en Estados Unidos, era el 14%.”
Otro dato más: El sistema educativo americano fue clasificado penúltimo entre los 24 países más desarrollados. (Diario de Juárez, 26 de Noviembre de 2002, Sección Internacional)
Baste leer lo siguiente: (La mayoría de estos datos fueron presentados precisamente en esa Cumbre Mundial para el Desarrollo Social (CMDS) en Copenhague en 1995)
I. Muerte. Cada día el hambre mata a más de cuarenta mil personas. En 1993 murieron 12,2 millones de niños menores de cinco años por desnutrición o por enfermedades. Por ejemplo 3,7 millones de afecciones respiratorias, 3,2 de tuberculosis, 3 de diarrea. Enfermedades para las que existen medicamentos eficaces pero que sus familias no pudieron comprarles a pesar de que su coste no superaría las cuarenta pesetas.
Cada año mueren en las ciudades del mundo unos diez millones de personas de epidemias por la contaminación de aguas y carencia de redes de saneamiento y alcantarillado.
Cada año partos o embarazos inadecuadamente atendidos provocan la muerte de medio millón de mujeres. En 1996 la directora general de la UNICEF Carol Bellamy cifró esa cantidad en 585.000 añadiendo que "por cada mujer que muere hay treinta que sufren graves lesiones o enfermedades que convierten sus vidas en un suplicio".
II. Pobreza. Mil trescientos millones de personas viven en la pobreza (con no más de un dólar, lo que tú pagas por un periódico, al día) y, según el Banco Mundial, dentro de tres años serán mil quinientos millones. Más de la mitad de aquéllos, 700 millones, no llegan a disponer de 175 dólares (5.750 pesetas) al año para vivir. La pobreza es, sobre todo, femenina: siete de cada diez pobres son mujeres.
Y aunque ya suman 600 millones los pobres que viven en ciudades, la pobreza sigue siendo sobre todo -además de femenina- rural. Porque son más y porque incluso los que son pobres viven entre tres y diez veces mejor en las ciudades que en las áreas rurales según el PNUD, hecho que explica bien la masiva emigración actual del campo a las ciudades.
III. Hambre y desnutrición. Más de dos mil millones de personas padecen insuficiencia de vitaminas y minerales en su alimentación y las enfermedades como ceguera y retraso mental que ello acarrea. Los desnutridos suman setecientos millones. Datos publicados en 1996 estiman en 786 millones de personas las que se "desnutren" con menos de las 2.300 calorías diarias que son el mínimo aceptable para estar saludable.
Suman 192,5 millones los niños menores de cinco años que están desnutridos. Una de cada cuatro niñas de los países empobrecidos padece insuficiencia de yodo, causa de principal de los retrasos mentales.
IV. Carencia de agua potable. Dos mil millones de personas no tienen acceso a agua potable. Entre ellos se cuentan dos de cada cinco personas que viven en ciudades.
V. Carencia de vivienda. El Centro de la ONU para Asentamientos Humanos calcula que más de mil millones de personas en todo el mundo ocupan viviendas que no reúnen las condiciones sanitarias y de infraestructura mínima. La ONU dice que hay quinientos millones de personas en el mundo sin vivienda o con casas, chabolas, tugurios o barracas mal construidas.
Cien millones de niños viven (malviven, avanzan hacia la muerte) sin techo y mendigando en las calles de las grandes ciudades.
VI. Carencia de instrucción. Hay en el mundo 885 millones de adultos analfabetos. Y 130 millones de niños sin escolarizar (dos de cada tres son niñas).
VII. Falta o exceso de trabajo. 820 millones de personas están censados oficialmente como parados, 120 millones, o están subempleados, 700 millones.
Y, además, están los esclavos. Los esclavos infantiles. Porque nos ha dicho la Organización Internacional del Trabajo, la OIT, que hay en el mundo por lo menos 73 millones de niños de diez a catorce años diariamente masacrados porque están esclavizados por un trabajo que, además de impedirles educarse, pone en peligro su salud y su seguridad.
Las crisis económicas mundiales han generado diversas reacciones de los expertos internacionales relacionadas con la multiplicidad de sus causas. Mucho se ha escrito, pero poco es lo que se ha hecho, sin embargo cada vez mas las economías del mundo son dependientes de las decisiones gubernamentales establecidas por las potencias mundiales, y su arrogancia en dictar medidas que únicamente los benefician a ellos en detrimento de la calidad de vida de los más necesitados, así como la decadencia del sistema económico capitalista en el cual únicamente se busca beneficiar a los más aventajados a costa de los países pobres.
Una reflexión sobre la verdadera meta de la globalización y sus implicaciones en los países pobres.
Cada vez es mayor la brecha entre los ricos y los pobres del mundo, la tecnología, la investigación científica y la acumulación del capital ha creado verdaderos emporios que tienen ingresos mucho más altos del promedio mundial, esta situación no solamente se observa entre personas y empresas, sino también entre países, cuyas estructuras de capital han favorecido la creación de monopolios mundiales en sectores como telecomunicaciones, sistemas, energía, petróleo, etc. Estas ganancias son inmensamente superiores a las de los países en vía de desarrollo, y a los países pobres cuyas únicas armas son la agricultura y la producción de productos primarios para vendérselo a precios irrisorios a los países industrializados.

Debido a esta gran desigualdad, que ha ocasionado diferentes consecuencias en el mundo (desde la hambruna en países africanos como Somalia, hasta la observación que en Estados Unidos se consume el 25 % de la producción mundial de alimentos), se ha venido desarrollando una tendencia global de apoyo a los países menos desarrollados bajo la filosofía de disminuir la brecha de la riqueza y generar un mercado competitivo e interdependiente, que ha sido llamada Globalización, pero muy pocos han entendido la verdadera finalidad de esta que es ampliar los mercados para los países industrializados, ampliando su control sobre las políticas globales y en detrimento del crecimiento de los países tercermundistas.

Queda claro que la globalización se ha enfocado en el sistema económico capitalista, que busca generar mayores utilidades a los agentes del mercado, ampliando su poder de decisión, de los intereses particulares sobre los generales, la búsqueda de la acumulación del capital, el valor de los productos y la mercantilización de las fuerzas del mercado (tierra, capital y trabajo).
Una segunda concepción se observa en el método utilizado, subvenciones, créditos a largo plazo, entidades multilaterales guiadas por políticas gubernamentales de países desarrollados, tasas de ganancia excepcionales a costa de los costos de los factores de producción, generación de empleo a personas de las naciones industrializadas y profundización de la pobreza global.
Estos factores se han establecido ocultos en las economías tercermundistas, hasta lograr el control total de ellas por parte de las entidades multilaterales, bajo cuyo mando se han desatado crisis mundiales financieras como la crisis argentina y uruguaya, la crisis rusa y la crisis mexicana por mencionar un ejemplo durante los últimos 20 años.
El problema de fondo es acabar con la desigualdad social, desde un punto de vista empírico no es posible concebir que exista hambruna en algunos países, tasas de desarrollo nulas, falta de oportunidades y mercados incipientes, mientras existen economías con niveles de desarrollo elevados que llevan hasta 200 y 300 años de desarrollo frente a las economías tercermundistas.
Las finanzas internacionales han creado paradigmas dignos de ser reevaluados inmediatamente, las tasas de interés dependen directamente de la capacidad de creación de capital de la industria de un país, en el cual las condiciones económicas están controladas por entidades multilaterales que no les permiten tener un crecimiento optimo sin sacrificar la autonomía de su economía, a costa de disminuir la inversión extranjera, cerrar líneas de crédito multilaterales y ayudas para combatir sus problemas internos como la falta de demanda, producción primaria, tercerización de la economía, déficit fiscal y en los casos más graves conflictos internos y guerras civiles con potencial de desestabilizar una región y crear un efecto dominó en los países vecinos.
Bajo este panorama, las entidades ayudan a que los países generen niveles de desconfianza altos, que redundan en el costo de su deuda, la incapacidad de cancelar sus obligaciones, la falta de dinero para realizar inversión social y la poca confianza en la inversión extranjera directa como indirecta. Esto implica un sobrecosto que se convierte en utilidades para los capitalistas industrializados, ingresar a economías con costos realmente bajos, ampliar su dominio y su monopolio en el ámbito mundial y eliminar la competencia local a bajo costo para sus economías.








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