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Del sexo y la sexualidad
La mayor parte de mis acciones está gobernada
por exigencias e instintos biológicos
que desdeño cuando medito y existo realmente.
Julio Torri.

Introducción

La sexualidad humana es un tema de estudio reciente, sobre todo en países como México.
Como sucede con otras características o actividades, hay gran variación respecto a las ideas y la práctica del sexo.
Para los científicos, como para los biólogos, no hay una explicación satisfactoria de por qué la naturaleza “inventó” el sexo. La reproducción sexual requiere de la producción de gametos, de la recombinación del material genético y de la fertilización; además, “producir” un macho cuesta mucho. Por ejemplo, en los rotíferos los machos son más pequeños que las hembras y en algunas especies el macho es apenas un décimo del tamaño de la hembra. Algo similar ocurre entre las arañas; los machos son mucho más pequeños que las hembras (Ramos et al. 2004). Se podría decir que entre estos grupos el macho sólo sirve para fecundar a la hembra. La partenogénesis (la hembra pone huevecillos sin fecundar que originan más hembras) es frecuente y en la clase Bdelloidea no se han encontrado machos. En los gusanos planos la fisión es frecuente, aunque son hermafroditas y se fecundan de manera cruzada.
Cabe recordar que un organismo asexual le hereda todas sus características a su descendencia, incluidas las mutaciones, ventajosas y desventajosas, que acumuló a lo largo del tiempo. Es decir, en realidad produce clones de sí mismo. Por su parte, la progenie seguirá acumulando más mutaciones, generación tras generación. Si llegara a acumular tantas mutaciones de tal manera que el organismo no fuera ya viable, junto con las mutaciones desventajosas, desaparecerían también las ventajosas que hubiese acumulado (Wuethrich 1998).
En la reproducción sexual la descendencia no lleva la misma información genética que su padre o su madre, si no una mezcla de ambos. Durante la meiosis la recombinación para formar los gametos, permite poner en un mismo juego de cromosomas genes con mutaciones ventajosas para el organismo y por eso está tan extendida la reproducción sexual. Aunque también puede poner juntos genes con mutaciones desventajosas (Wuethrich 1998).
La llamada hipótesis de la reina roja (red queen) es lo que plantea: la reproducción sexual se mantiene debido a que aumenta la habilidad de la especie para responder al cambio en el ambiente biótico; para que el sexo incrementa la tasa de adaptación se requiere que haya muchas mutaciones benéficas esparciéndose entre la población y que haya una fuerte selección sobre estas mutaciones. En estas condiciones la reproducción asexual impondría límites a la dispersión de las mutaciones entre la población (Otto y Nuismer 2004; Colegrave 2002).
Un estudio en caracoles de agua dulce (Potamopyrgus antipodarum), capaces de reproducirse sexual o asexualmente, reveló que cuando hay muchos parásitos infestándolos, los caracoles se reproducen en su mayoría de modo sexual. Cuando hay pocos parásitos, lo hacen de manera asexual. Una explicación tentativa es que la reproducción sexual produce combinaciones de genes que hacen a los caracoles resistentes al parásito (Wuethrich 1998).
Parece que junto con el sexo nació la infidelidad. Ahora sabemos que en la naturaleza, gracias a las modernas técnicas para el estudio del DNA, una buena parte de la descendencia no es engendrada por el padre social. Por ejemplo, hay pájaros que viven con una sola pareja a lo largo de toda su vida, pero una de cada cinco crías no son del macho que tienen como pareja social. Entre los mamíferos, sólo del 3 al 10% de las especies son socialmente monógamas y entre estas especies, muchas menos son las que tienen una sola pareja sexual durante su vida reproductiva. Parece que la monogamia se presenta cuando se requiere del esfuerzo de los dos padres para sacar adelante la descendencia(Wuethrich 1998). Con base en el estudio de huesos fósiles de Australopithecus afarensis y comparando el dimorfismo sexual que presentan estos con los de gorila, chimpancé, orangután y humano y las estrategias reproductivas de estas especies, los autores proponen que nuestros antepasados directos eran monógamos (Reno et al. 2003). Se supone que esto disminuye los conflictos entre machos; al tener cada cual su pareja se evitan las confrontaciones.
Entrando un poco más en detalle, y dado que a los humanos, especialmente los hombres, les gusta inquirir y compararse con los animales en cierto grado, podemos anotar que mientras el pene de los hombres mide entre 12-18 centímetros de largo, el del gorila mide apenas 5 cm. El del caballo mide 60 cm, el de la jirafa 70 cm, el del elefante 1.5 m y el de la ballena hasta 2.5 m. El del hombre rara vez sobrepasa los 20 cm y pocas veces mide menos de 10 cm. Entre más grande es el tamaño del pene flácido, menos “crece” al ponerse erecto. Gunther Grass da una idea de la curiosidad y los “juegos” entre adolescentes en “el gato y el ratón” “Schilling, que era quien de todos nosotros tenía el miembro más largo, hubo de sacar el suyo, llevarlo a erección y ponerlo al lado del otro. En primer lugar, el de Malkhe era un número más grueso; en segundo lugar, era más largo en una caja de cerillas, y en tercer lugar se veía mucho más adulto, peligroso y digno de adoración” (Grass 1992). En cuanto a potencia, un carnero puede cubrir 30 ovejas en 4 días, cubriendo cada oveja una 25 veces en promedio, lo que da unas 750 veces en total, o sea un promedio de 188 veces al día. Un león macho puede copular hasta 100 veces en un día. Pero esto no nos dice nada sobre la conducta sexual humana. El filósofo Kant jamás se acostó con una mujer, mientras que una tal Dubois, que vivió en Francia poco antes de la revolución, tuvo 16527 amantes en 20 años, tres al día (Eysenck y Wilson 1981).
En promedio, los hombres realizan entre 2 y 3 coitos por semana, disminuyendo la frecuencia a medida que aumenta la edad. “Una vez más nos había mostrado de que era capaz, y nos lo mostró de nuevo, acto seguido, al sacarse dos veces consecutivas algo de la palma, como decíamos nosotros” (Grass 1992). Un estudio con 153 gemelos varones y 339 gemelas dio por resultado que en el 67% de los casos la líbido es explicada por la genética. O sea que los hijos heredarán muchas de las características presentes en los padres referentes a la sexualidad. Como lo señalan Eysenck y Wilson (1981), si se quiere saber que hacen y como piensan respecto al sexo los humanos, lo que hay que hacer es preguntárselo.

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