La prostitución y las enfermedades de transmisión
sexual
En la Ciudad de México hay unas 200 mil mujeres y hombres que sirven
a 4.5 millones de clientes. Entre las prostitutas, aproximadamente la mitad
tiene entre 16 y 24 años de edad; el 40% entre 25-34 años y el 2%
más de 45 años. En cuanto a escolaridad, casi el 30%
terminó la primaria y el 17% no la terminó, 14% tiene la
secundaria, 4% carrera técnica y 2.4 % carrera profesional.
Aproximadamente el 62 % son solteras y 77% tienen hijos. El 70% atienden entre 1
y 14 clientes a la semana, el 23% entre 15 y 28, y 5.6% entre 29 y 42 clientes a
la semana. En promedio, se dedican a esta actividad durante cinco años
(Jorda 2003). Como señala Monsiváis, (Amor perdido) la
preocupación de algunos grupos políticos ha sido la de pedir que
se les reconozca como seres humanos, ya no otros derechos, como podría
ser el derecho a los servicios de salud, laborales, etc. Das el placer, oh
puta redentora del mundo, y nada pides a cambio si no unas monedas
miserables. (Jaime Sabines, “Nuevo Recuento de Poemas”).
Siempre criticadas y denostadas, estigmatizadas, segregadas, para muchas de
ellas es la manera de salir adelante, de poder mantener a sus hijos. Por
ejemplo, dado que los sueldos en general son muy bajos, algunas mujeres con
estudios universitarios se prostituyen para poder pagar las colegiaturas de sus
hijos, la renta del departamento. Aunque también puede ocurrir como
escribe Juan Rulfo : “Y estoy seguro que no está con las
Arrepentidas; le gustaba mucho la bulla y el relajo. Debe andar por esos rumbos,
desfajando pantalones” (Anacleto Morones). Algunos han propuesto que,
como en “Pantaleón y las visitadoras” (de Vargas Llosa) o
como el comentario de Carlos Monsiváis en el mismo sentido (Amor
perdido), su actividad ayuda a disminuir las urgencias sexuales de una buena
parte de la población, que de otra manera se podría desahogar de
modo violento o menos “adecuado”. Y aunque es una manera de
satisfacer una necesidad fisiológica de las más apremiantes, las
ideas alrededor de la prostitución y el sexo mismo, hacen que hombres y
mujeres se sientan “sucios”. Como lo describe Graham Greene en
“El revés de la trama”: “hasta su repugnancia, su
desagrado y su temor no eran características personales; eran tan comunes
a todos los que venían por primera vez”. Y sigue: “una
queja lo invadió, un odio hacia lo que lo había traído
allí.” Estas ideas y sentimientos son algo muy extendido,
aunque se notan cambios. León Tolstoi en “La sonata a
Kreutzer” también reniega contra ese impulso tan poderoso que
empuja a los humanos incluso al crimen y recomienda el ayuno y la
mortificación, el ascetismo, a fin de disminuirlo y controlarlo. Y si
Borges temía hacer el coito, en cambio Ramón y Cajal era
adelantado en la fila de espera de la casa de citas para que pudiera volver a
sus ocupaciones. Incluso en Finlandia se sigue viendo al matrimonio como el
ámbito adecuado para mantener relaciones sexuales (Ojanlatva et
al. 2003), aunque muchas parejas se divorcian por no encontrar
satisfacción sexual. Parece que después de dos o más
matrimonios o la encuentran, o quizá adecuan sus expectativas y aumenta
su edad y experiencia y entonces se dicen satisfechos. Algo similar ocurre en
Portugal, donde las generaciones jóvenes practican el sexo fuera del
matrimonio, mientras los viejos siguen apoyando el matrimonio (Machado-Pais
2003).
La prostitución siempre ha sido relacionada con las enfermedades de
transmisión sexual. En el mundo globalizado se han empezado a dar algunas
características dignas de considerarse. En un estudio sobre la presencia
del virus del papiloma humano en estudiantes universitarios del estado de
Morelos se encontró que estos están en un nivel intermedio entre
una muestra global de mujeres y las sexoservidoras de la Ciudad de
México. La presencia del virus fue mayor en mujeres que en hombres. A
nivel mundial, en 1990 se presentaron 30 millones de casos nuevos en el mundo.
La presencia de algunos de sus genotipos se asocian con el desarrollo de
cáncer cervicouterino (Sánchez Alemán et al. 2002).
La práctica sexual moderna ha llevado a la elevación de las
enfermedades de transmisión sexual. En Israel desde los 80´s y hasta
1997 hubo una disminución en el número de personas infectadas por
gonorrea. Esto parece ser que se debió a una menor promiscuidad y al uso
del condón. Pero actualmente ha habido un aumento en la incidencia de
esta enfermedad y de la sífilis, que podría deberse a los
contactos sexuales con mayor número de parejas, entrada de prostitutas de
otros países y el ayuntarse sin usar condón (Green et al.
2003). Algo similar se reporta para el Reino Unido, donde las infecciones por
enfermedades venéreas han aumentado, incluida la debida a
Chlamydia y el herpes. El sida también ha aumentado,
principalmente entre homosexuales, pero también en heterosexuales, que la
adquieren en Africa, principalmente (Adler 2003). La facilidad para desplazarse
de un lugar a otro puede explicar en parte este aumento a nivel mundial,
incluido México, de las infecciones de transmisión sexual. Las
prácticas sexuales riesgosas, la menor edad a que se inicia la vida
sexual entre adolescentes sin estar debidamente informados y la aparición
de cepas resistentes a los antibióticos son otros de los factores a tener
en cuenta. De la gravedad de la situación puede darnos idea el siguiente
dato: sólo en el Africa subsahariana se infectaron de sida 3.5 millones
de personas en el año 2002 (Walker et al. 2003). En México,
las mujeres son especialmente vulnerables a este tipo de enfermedades, no por
sus propias prácticas sexuales, si no por las de sus parejas (Herrera y
Campero 2002). En Uganda la distribución amplia e informada del
condón y la mejora en el tratamiento de las infecciones sexualmente
transmisibles tuvo gran impacto en la disminución de la tasa de
infección por sida. En particular, la advertencia e información
sobre esta enfermedad a ocasionado que los jóvenes opten por la
abstinencia sexual (Stoneburner y Low-Beer 2004).
Dada la diversidad de gustos y preferencias en cuanto a modos y frecuencia
para llevar a cabo el acto sexual, pareciera que lo mejor es dejar a los adultos
en libertad de elegir y practicar el sexo de la manera en que ellos quieran.
Claro, salvaguardando los derechos de terceros y de la niñez. Aunque
desde un punto de vista darwinista el homosexualismo, por ejemplo, es una
especie de callejón sin salida. Una relación sexual entre miembros
del mismo sexo no dejará descendencia y podría llevar
hipotéticamente a la extinción de la especie. La búsqueda
de parejas alternativas para procrear, y no siempre con la misma, desde este
punto de vista, permite una mayor variabilidad en la descendencia. Y el que la
mujer tarde mucho más que el varón para lograr el orgasmo,
podría explicarse porque de ésta manera ella podría
acoplarse a varios hombres, uno tras otro, para asegurar la fecundación,
como algunas hembras en la naturaleza (Eysenck y Glenn 1981).
El hecho de que las mujeres sean mucho más cuidadosas a la hora de
elegir pareja podría explicarse porque ellas invierten mucho en el
desarrollo y cuidado de la cría. Si tuvieran, por ejemplo, un
híbrido incapaz de llegar a término en el embarazo, o de dejar a
su vez descendencia, sería un embarazo fallido. Los machos invierten
mucho menos tiempo, recursos y energía y están dispuestos a
acoplarse casi con cualquier hembra. Pero si el macho alimenta y cuida a las
crías, entonces quiere estar seguro de que son sus hijos y no los de
otro. Sin duda también esto es parte del porque antiguamente, pero cada
vez menos, se hacía tanto hincapié en la virginidad de la mujer.
En esta situación el macho también estaría seguro de que
los hijos engendrados son suyos. Algo que no ocurre en el caso de las hembras.
El que los hombres busquen hembras jóvenes, de caderas anchas y pechos
grandes podría deberse a que estas son características que indican
una mayor probabilidad de embarazo, de dejar descendencia. Las mujeres los
prefieren de caderas estrechas pero no tan musculosos como los
fisicoculturistas, rasgos supuestamente varoniles.
Con respecto a los homosexuales, en muchos países se les reconoce y
acepta como tales, incluso el matrimonio entre ellos está permitido. En
lugares como el Reino Unido hay clínicas especializadas para atenderlos,
y son un éxito ( Bailey et al. 2003). Los votos de este grupo cada
vez más numeroso ya empiezan a ser tomados en cuenta en
México.
Para terminar, diremos que, en esta ansiedad por ayuntarse, algunos (as)
quisieran terminar como los habitantes de Pompeya a los que hace referencia el
poema de José Emilio Pacheco: La tempestad de fuego nos
sorprendió en el acto de la copulación. ...Nuestros cuerpos
continuaron unidos en la roca (Fin de siglo).
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