Los piratas caribeños y
mediterráneos en la historia y el arte
Alvaro Marín
Marín[1], Maestría en Historia de
México, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
2002.
Presentación
Con la intención de ver publicado
este interesante trabajo de Historia Social y Política Mexicana, lo
entrego a la Dirección de Difusión de nuestra Casa de Estudios
para que lo dictamine y, en su caso autorice su impresión y
distribución, por tratarse de una investigación inédita y
original sobre un tema poco tratado en la actualidad. Este es un aporte novedoso
y significativo, pues suministra información no conocida y conclusiones
originales.
La piratería como actividad
ilícita fue apoyada de una u otra manera por los gobiernos de las
naciones involucradas en ella, tanto activa como pasivamente, por lo que,
mientras los piratas asaltaban, robaban, secuestraban y asesinaban en diferentes
partes del orbe, los intelectuales más destacados de sus países de
origen mantenían y justificaban ideológicamente el conflicto con
producciones artísticas, jurídicas y políticas de gran
calidad; por tanto rastreo el tema no sólo en la historia, sino
también en la literatura, principalmente.
La actividad del pirata no es novedosa ni
propia del ámbito hispano, si a escritura literaria sobre ella nos
referimos, tenemos que remontarnos a Homero, primer artista occidental que la
describe. También Boccaccio en la quinta jornada de su segunda novela
menciona a la piratería.
Sin embargo, la piratería en el
mundo hispánico del siglo XVI en adelante, fue seguida principalmente por
escritores ingleses, franceses y holandeses del lado pirata o corso; siendo
españoles los defensores del Imperio atacado, lo cual es
lógico.
No obstante, con el paso del tiempo, la
piratería dejó de ser un asunto de política internacional y
se convirtió en un tema romántico de novelas de aventuras como la
del inglés George Gordon (Lord Byron), en donde al hablar del corsario ya
lo menciona como "una leyenda" en la que narra los amores de Gunara con Conrado,
quien impide la expedición del Bajá turco Seyd quemándole
las naves.
Lo mismo sucede con los versos de
Espronceda, donde el corsario es español en lucha contra el ya muy
poderoso imperio inglés del siglo XIX, y la ópera escrita y puesta
en escena en 1848 por Verdi, quien siguió de cerca la obra de Byron en
Il Corsaro. Robert Louis Stevenson y Emilio Salgari continúan con
decoro esta tradición.
Para la primera mitad del siglo XX, la
piratería se había transformado en asunto de importantes
investigaciones históricas eruditas, como lo demuestran los libros de
Paul Archard, L. Albitreccia, Martín Luis Guzmán, Germán
Arciniegas y Salvatore Bono entre otros de los autores cuyas referencias
mencionamos completas en la bibliografía.
La última mutación puede
observarse cuando el tema entra en la cultura infantil de todo el mundo gracias
a "la magia" del cine y la televisión, que lo transforman con ayuda del
talentoso Walter Disney, en asunto de entretenimiento infantil.
No solo existieron piratas en el Caribe,
sino también debemos hablar de los piratas del Mediterráneo, del
norte de Africa, del Atlántico entre los siglos XVI y principios del XIX
que atacaban buques y súbditos del Imperio Español. Todavía
hubo filibusteros en el Caribe hasta muy avanzado el siglo XIX, porque los
ingleses siguieron atacando a México y fomentando la sublevación
maya con armas, municiones y dinero hasta 1890, cuando estas zonas ya no eran
posesión del mencionado imperio. Los últimos filibusteros que
invadieron México fueron los magonistas en 1911.
Conceptos fundamentales
Pirata: Tiene antecedentes en el
latín y el griego, se traduce como bandido, persona que se hace a la mar
para asaltar y robar por su propia cuenta los barcos que encuentra. (Gran
Diccionario Ilustrado de Selecciones, tomo 9, p. 2976)
Corsario: Dícese de la
embarcación que andaba al corso con patente del gobierno de su
nación. 3 Marino que la mandaba o la tripulaba. Las actividades de los
corsarios estaban reconocidas oficialmente en tiempo de guerra; en cuanto se
rompían hostilidades, los marinos más audaces recibían de
su gobierno la patente de corso que los autorizaba a perseguir las
embarcaciones enemigas y apoderarse de ellas así como de las
mercancías que transportaban. El derecho de corso degeneró muchas
veces en piratería; fue abolido en 1856 por una declaración a la
que se adhirieron casi todos los países, excepto E.U., España y
México. 4 Pirata. (Gran Diccionario Ilustrado de Selecciones, tomo 3, p.
899)
Bucanero: Palabra de origen
francés que empezó a utilizarse en la isla Tortuga, cerca de
Haití. Los bucaneros eran empresarios independientes sin vínculos
ni compromisos con los monarcas europeos, lo que los diferenciaba de los
corsarios, socios menores de los reyes y nobles de su país.
"Su rey es su capitán y
capitán el mejor cuchillo de la pandilla. Todo como entre hermanos.
Cuando están en la isla se van a los montes a cazar puercos." La carne
que comen la preparan secándola al sol y ahumándola "a la
bucana".
"Los bucaneros hablan como en
inglés, como en francés, como en holandés, como en
español: anticipo del papiamento. "Vamos -dicen- a bucanear". Y
bucaneando se pasan los días, las semanas, durmiendo en los montes,
tirándose en la playa, en un alegre salvajismo. Es de rigor que nunca
renueven el traje, si es que lo llevan, ni de las huellas de la sangre de los
puercos, ni de la de los cristianos." ( Arciniegas, 2000, p.
177)
Filibustero: "Quienes viven
más en el mar que en el monte se llaman filibusteros. En inglés a
los corsarios se les llama "freebootes". Esta palabra, mezclada con un poco de
ron de las Antillas, llega a trastocarse con el tiempo en
"filibusteros".
Los bucaneros y filibusteros son piratas
del viejo mundo que se encuentran mejor en las islas y resuelven tomarlas como
su nueva patria. O sirvientes de los que traen los colonos de Francia,
Inglaterra u Holanda." (Arciniegas, 2000, p. 178)
En la actualidad y por lejanía
histórica con los acontecimientos del tema que nos ocupa, al común
de las personas le parecen sinónimos perfectos las palabras pirata,
corsario, bucanero y filibustero, lo que no es exacto, como observamos, aunque
en este trabajo y para no recurrir con demasiada frecuencia al mismo
término (pirata), lo que podría cansar a los lectores, me propongo
usar indistintamente los cuatro conceptos porque en realidad las personas
denominadas con ellos igual mataban, robaban, violaban y secuestraban gente
inocente, sin considerar distinciones sutiles, importantes ahora sólo
para los académicos que estudiamos el tema.
Metodología
Pudiera pensarse que la literatura y la
historia no deben mezclarse en una investigación del tipo que nos ocupa
pero, desde que se debilitaron las fronteras entre los géneros y los
hermeneutas como Ricoeur nos impulsan a utilizar las fuentes literarias como una
vía para comprender mejor la historia, es indispensable recurrir a la
literatura. Gracias a ella, se pueden observar los valores de la época,
el desarrollo de tramas narrativas que representan el ambiente político y
social del momento así como el conocimiento detallado de las personas,
las modas en el vestir, los muebles, las armas, las estrategias de combate, los
tipos de navíos usados y mucho más.
Elaboraré mi narración usando
las fuentes literarias como si fueran históricas y las utilizaré
de sustento y cemento de los datos cronológicos para darle mayor realismo
y viveza, en cuanto sea posible y exista el material adecuado; en ocasiones,
sólo citaré a los escritores que traten el tema, aunque
sólo fuese de modo tangencial.
Para comprender de "otro modo lo mismo", me
propongo aplicar la teoría de los sistemas complejos cuyos doce
enunciados principales fueron tomados de la obra de dos médicos
(Cereijido y Cereijido 1997, p. 130-131), pero se utilizaron por primera vez en
la investigación histórica hace ya varios años por un
académico de la Universidad Pedagógica Nacional. Después de
cada enunciado en negritas, los párrafos siguientes funcionarán
como explicación y argumentación, lo que al mismo tiempo me
sirvió para definir el capitulado:
1.- Los sistemas complejos tienen un
número muy grande de componentes
2.- Son muy
heterogéneos
3.- Sus procesos no son lineales ni
equilibrados
4.- Tienen procesos de distinta naturaleza
al mismo tiempo
5.- Un parámetro puede estar
afectado por múltiples causas
6.- Una misma causa puede provocar multitud
de efectos
7.- A lo largo de una crisis cambian su
estructura y función
8.- Están estructurados en niveles
jerárquicos y cada uno tiene una organización
significativa
9.- La descripción de cada nivel
requiere disciplinas y leyes especiales
10.- Las estructuras son configuraciones
pasajeras que adoptan los procesos
11.- Los procesos siempre hacen
crisis
12.- Los procesos interaccionan fuertemente
con el medio.
Interpretación y
comprensión
"El vínculo entre
interpretación y comprensión, asumiendo que esta última
significa "entenderse unos con otros", admite - según Paul Ricoeur- un
matiz que ya no reduce la comprensión al reconocimiento de la
intención de un autor desde el punto de vista de los destinatarios del
discurso: "La interpretación no es un tercer término, ni es, como
intentaré demostrar, el nombre de la dialéctica entre la
explicación y la comprensión. Es la comprensión aplicada a
las expresiones escritas de la vida."( Rico Moreno, 2000, p. 41-42.) La
interpretación que hago ahora, se basa en los libros citados en la
bibliografía, leídos desde mi propia perspectiva, conforme a la
teoría de los sistemas complejos o del caos, la cual puede explicar
mejor, desde mi punto de vista, el fenómeno social, económico y
político de la piratería.
Representación
"La cercanía de la
historiografía con la literatura y su semejanza con la obra de arte
permiten reconocer dos elementos que justifican su definición como
"representación: la "lingüisticidad" y el carácter de la
representación en el sentido de repraesentare; es decir, no como
el acto de copiar o de reproducir, sino de hacer presente lo que ahora ya no es
(los hechos humanos del pasado)." (Rico Moreno, 2000, p. 46-47) En el caso del
tema que nos ocupa, los piratas caribeños y mediterráneos en la
historia y el arte.
La teoría de los sistemas complejos
me parece más "explicativa" que la lógica tradicional de causa /
efecto pues, como nos lo demuestran los fenómenos mismos, la no
linealidad es propia de procesos con más de tres elementos, lo que
evidentemente ocurrió en el Mediterráneo y el Caribe por cuatro
siglos, respecto a la piratería.
Historiografía
"Puede ahora precisarse que la
historiografía es un tipo de representación de acontecimientos
humanos del pasado (acontecimientos reales) por medio del lenguaje escrito, y
cuya naturaleza se define por la forma en que se integran en ella la
temporalidad y la narratividad, lo que resulta en una simbolización de la
temporalidad. Dicha representación consiste en la configuración de
totalidades significantes a partir de eventos dispersos. Es pertinente
señalar entonces que en el quehacer del historiador hay un nivel de
interpretación (de los testimonios) mediante la cual otorga una
significación a los eventos dispersos; éstos, al ser relacionados
y configurados en totalidades significantes, dan lugar a una
representación del pasado por medio del lenguaje escrito. En este
sentido, sería justificado hablar de cambios de interpretación
cuando el historiador se acerca a los textos que hablan de un acontecimiento con
una actitud interrogadora distinta a la de otros historiadores de otras
épocas." ( Rico Moreno, 2000, p. 54-55).
Mi interpretación del tema no
será por tanto caracterizar a los piratas como los héroes de la
saga anglosajona, ni como los asesinos de las historias españolas y
criollas, sino como participantes de un complicado juego entre varias potencias
europeas, principalmente, en donde los resultados nunca producían un
sistema de suma cero, sino situaciones novedosas e inesperadas. Iniciemos ahora
el trabajo sobre el tema que nos ocupa desde la perspectiva
mencionada.
1.- Los sistemas complejos tienen un
número muy grande de componentes
Desde 1492 Colón refiere la
aparición de corsarios franceses cerca de las islas Canarias durante su
primer viaje; (Santiago Cruz, 1962, p. 13) si entendemos que la
motivación más importante de estas personas era la
económica, es lógico pensar a los piratas y similares como un
síntoma de riqueza. Sencillamente no había bucaneros y
filibusteros donde no hubiera nada que robar, en cambio donde estos abundaban,
seguramente existían riquezas, una sofisticada vida urbana, sociedades
complejas, grandes aglomeraciones humanas y muchas tentaciones para quienes
deseaban salir de pobres en un tiempo razonable.
Podría decirse que casi cada pueblo
mediterráneo practicó el pillaje como una manera de allegarse
recursos e iniciar su comercio marítimo: “Las operaciones a furto
(de corso) crearon una rica burguesía sevillana durante el siglo XV.
Vicente Yánez Pinzón pirateaba en las aguas del estrecho de
Gibraltar e inclusive llevaba sus correrías a las costas catalanas. De la
misma manera, corsarios y piratas catalanes rescataban esclavos donde
podían.
Estas actividades lucrativas eran legales;
pero en 1496 Fernando el Católico las prohibió y el corso
ibérico quedó así paralizado hasta la muerte de Carlos II
el hechizado” (Ortega y Medina, 1981, p. 138) .
De este modo, Cristóbal Colón
llegó a América con la ayuda y apoyo de capitanes y
tripulaciones corsarias, en una época en que la prohibición de
esta actividad en España obligó a sus practicantes a buscar la
integración pacífica en actividades similares, pero que de cierto
modo, desprotegió un flanco de la defensa hispana respecto de otras
naciones que no tomaron la misma determinación.
La fórmula para enriquecerse a costa
de los españoles en el siglo XVI era sencilla y se practicó por
siglos: había que llevar contrabando a las colonias y traficar esclavos a
la ida; y si en el torna viaje se podía asaltar alguna población
costera o capturar algún barco de pasajeros o carga, para pedir rescate
por las personas y el navío, mejor.
Los
conquistadores, traficantes de esclavos, soldados, misioneros y comerciantes
proporcionaron a los primeros capitalistas de Europa lo que tan desesperadamente
necesitaban para su propio desarrollo: - extensos territorios, materias primas,
metales preciosos y abundante trabajo barato: los requisitos de la
"acumulación primitiva". La propia Europa era más bien pobre en
esos requisitos básicos del capital. Africa, Asia y América los
ofrecían en abundancia.
El tráfico de
esclavos fue la forma en que llegó a Africa el
capitalismo (Hosea Haffe,
1976, p. 131,132 y 133).
Otro motor fundamental de la
piratería y el corso fue la pobreza y el subdesarrollo industrial y
tecnológico de países como Inglaterra y Francia, así como
la determinación del rey francés Francisco I (1515 - 1547) y sus
similares en Inglaterra y Holanda, de no quedar fuera del reparto del mundo
entre portugueses y españoles, hecho por el Papa de origen español
Alejandro Vi, mediante la famosa "Bula Alejandrina", así como por el
documento que la perfeccionó pocos años después en el
Tratado de Tordesillas.
Francisco I rey de Francia durante la
primera mitad del siglo XVI, tenía incluso motivos personales para odiar
a los españoles, pues había sido hecho prisionero después
de la Batalla de Pavía (1525) y se le mantuvo como rehén en Madrid
hasta que sus emisarios pudieron entregar una cuantiosa suma a modo de rescate
por su real persona.
De regreso en París, este monarca
comenzó a buscar dinero en donde lo hubiera, pero el tesoro
francés estaba quebrado y lo último que hubiese podido existir se
había entregado para salvarlo. Francia era un país muy pobre y en
bancarrota con un rey joven sediento de venganza, ¡Dinero, pide el rey,
dinero! Por lo que exigió ver el testamento de Adán donde se le
dejaba fuera del reparto del mundo, para respetar la decisión del Papa
quien favorecía a los españoles y portugueses. (Arciniegas,
2000).
Adicionalmente debemos ver a la
piratería como otra forma de guerra; Braudel habla de la "gran
guerra" o guerra donde participan flotas enormes, se gastan millones en la
preparación, traslado y manutención de los ejércitos,
compuestos por miles de hombres; y de la pequeña guerra o guerra del
corso; más barata al Estado, irregular, no coordinada, pero constante,
dolorosa en vidas, cara para las víctimas. Podría hablarse
aquí de una forma primitiva de guerrilla marítima. En vista de que
Francisco I no tenía efectivo para financiar grandes guerras, se
conformaba con facilitar unos cuantos navíos a varios de sus menos
escrupulosos ciudadanos y mandarlos al pillaje. "¡Vale más
conformarse con las sobras del festín que no tener nada!" (J. y F. Gall,
1978, p. 51).
Varios monarcas de la época,
consideraba a Carlos I de España y V de Alemania (1519 - 1553), como un
hombre injustamente favorecido por la fortuna. Nieto de los reyes
católicos españoles y del Emperador alemán Maximiliano,
recibió a la muerte de sus abuelos el dominio de extensas posesiones
europeas que abarcaban el gobierno de vastos territorios y millones de hombres
que se expresaban en cuando menos doce lenguas diferentes.
Por otra parte, a los dos años de
haber recibido herencias tan cuantiosas, unos pequeños grupos de
aventureros ibéricos, pusieron en manos del monarca nacido en Holanda,
quien tuvo que empezar el aprendizaje del español cuando se hizo cargo de
sus dominios occidentales, los extensos territorios caribeños y
americanos, aumentados en el siglo XVII con los dominios de las islas del
Pacífico oriental. De tal modo se configuró el "Imperio donde
nunca se ponía el sol", y por esta causa los restantes países
europeos sintieron que debían competir, aun en desventaja inicial, por
apoderarse cuando menos en parte, de tan vastas riquezas.
El primer escenario de la lucha contra
España fue el Mar Mediterráneo y el Atlántico norte; los
españoles llamaban corsos a los musulmanes berberiscos del norte de
Africa y piratas a los franceses, ingleses y holandeses del
Atlántico.
Los piratas franceses estaban tan al
día en su negocio que ya en 1521 capturaron dos barcos españoles
procedentes de Cuba en el Caribe, y un año después atraparon
frente a las Azores, dos carabelas que Cortés enviaba a su Emperador. De
este modo, en la corte de París se pusieron al tanto de las riquezas de
México, pues tuvieron a la vista las joyas, las telas bordadas, las obras
de arte plumario con que el conquistador pretendía halagar a su soberano.
El botín estaba compuesto de:
"...muchas piedras finas y una esmeralda
como la palma de la mano; una vaxilla de oro y plata en tazas, jarros,
escudillas y otras piezas, vaciadas unas como aves, otras como peces, otras como
animales, otras como frutas y flores, y muy al vivo: muchas manillas, zarzillos,
sortijas, bezotes o anillos que los indios traían pendientes del labio
inferior, derivado de él el término bezo, y joyas de hombres y
mujeres, algunos ídolos y cervatanas de oro y plata, todo lo cual
valía más de ciento y cincuenta mil ducados, además de
esto, llevaban muchas máscaras, mosaycos de piedras finas pequeñas
con las orejas de oro, los colmillos de hueso, muchas ropas de sacerdotes
gentiles, frontales, palios y otros ornamentos de templo texido de plumas,
algodón y pelos de conejo, huesos de gigantes que se hallaron en
Culhuacán y se han visto y hallado otros muchos en la Diócesis de
Puebla, lo que parece prueba, que es cierto, que los tlaxcaltecas mataron
hombres gigantes..." (Hernán Cortés en: Santiago Cruz, 1962, p. 14
- 15).
Los historiadores consignan como
"extraña" la reacción de Cortés, cuando se le
informó que el pirata Jean Fleury o Juan Florín en
pronunciación hispanizada, se había apoderado de los regalos del
emperador Carlos V.
El conquistador dijo que se alegraba de
tales acontecimientos, porque así los enemigos de España se
darían cuenta del poder y la riqueza de su emperador, por la valía
de "esas pequeñeces", de las que él podría mandarle
ciento.
El emperador por su parte ordenó que
Juan Florín fuera capturado y ejecutado en donde se le encontrara, no por
ladrón, sino por falta de respeto a su alta investidura.
Juan Florín de la Rochela
siguió sus depredaciones antiespañolas en el Mediterráneo y
el Atlántico hasta 1527, cuando fue capturado por Martín
Pérez de Irízar, quien se negó a recibir un soborno de
300,000 ducados de oro en efectivo, a cambio de respetar su vida y dejarlo ir.
Pérez de Irízar
informó la captura de Fleury o Florín directamente a su emperador,
con el dato adicional de que se le atribuían más de 150 asaltos a
naves españolas, a vuelta de correo se le ordenaba ahorcarlo de su propio
mástil con los más destacados de sus colegas, por lo que Michel
Faré y otro de apellido Mezieres tuvieron el honor de acompañarlo
en su viaje al más allá (Santiago Cruz, 1962, p. 15 y
16).
No se supo bien a bien quien atacó
Ibiza en agosto de 1536, porque entonces los piratas aún no se mostraban
abiertamente en sus acciones y disimulaban su comportamiento agresivo e ilegal,
posiblemente por resquemores de moral religiosa, atribuyendo a los musulmanes
norteafricanos la autoría de los latrocinios y abusos de cristianos
franceses contra cristianos españoles, cosa que no sonaba muy
legítima en los oídos del pueblo bajo.
Los españoles sospecharon que
habían sido atacados por franceses disfrazados de moros porque, al hacer
el recuento de las pérdidas, notaron que faltaban unos chorizos, tocinos
y varias piernas de jamón, comida muy popular entre cristianos (Braudel,
1997, tomo II, p. 288).
2.-Los sistemas complejos son muy
heterogéneos
Emilio Zolá y José de la
Peña citan a un cronista español a principios del siglo XVI que
analiza el origen étnico de los habitantes de Argel, ciudad y reino que
vivía del corso contra los españoles en el
Mediterráneo:
"No hay nación de cristianos en el
mundo de la cual no
haya renegado y renegados en Argel. Y
comenzando
de las remotas provincias de Europa, hallan
en Argel
renegados moscovitas, roxos (¿rusos?),
rojaianos
[sic], válacos, búlgaros,
polacos, húngaros, bohemios,
alemanes, de Dinamarca y Noruega,
escoceses,
ingleses, irlandeses, flamencos,
borgoñeses,
franceses, navarros, vizcaínos,
castellanos, gallegos,
portugueses, andaluces, valencianos,
aragoneses,
catalanes, mallorquines, sardos, corsos,
sicilianos,
calabreses, napolitanos, romanos,
toscanos,
genoveses, saboyanos, piamonteses,
lombardos,
venecianos, esclavones, albaneses,
bosnos,
arnautes, griegos, candiotas, chipriotas,
surianos,
y de Egipto, y aún abisinios del
Preste Juan e indios
de las Indias del Portugal, del Brasil y de
la Nueva
( Zolá y de la Peña, 1996, p.
53) España".
Gracias a la imaginación de
Cristóbal Colón, se crearon los incentivos materiales para que
gente menesterosa de Europa, que se contaba por decenas de miles, se animara a
cruzar el Atlántico en busca de fortuna. Si era cierto que en
América tropezabas con piedras de oro que nadie quería y El Dorado
estaba al alcance de la mano, si bastaba estirarse un poco para tomar perlas,
piedras preciosas, maderas finas, pues adelante.
Francisco I de Francia hace saber a todos
sus marinos que serán bien vistos quienes se aventuren en el Caribe y
recibirán protección en cualquier territorio francés
siempre que paguen el diez por ciento al monarca. Es una idea simple pero
rentable: se ofrece protección a cambio de dinero.
Con entusiasmo inaudito se reúnen
grupos de quince a cincuenta hombre que abordan barcos mercantes de diferentes
tamaños, buques de pesca, pequeñas embarcaciones; muchos de ellos
no han navegado nunca pero sienten que el dinero y la gloria están muy
cerca y cualquiera puede enriquecerse.
Atravesar seis mil quinientos
kilómetros de mar, sin posibilidades de escalas para abastecimientos a
fin de llegar a una zona hostil donde es casi seguro que serán colgados
después de la tortura no los desmoraliza. El movimiento empieza; pronto
es incontenible, aunque muchos no regresen a Francia y la mayoría muera
en el viaje de ida o en su destino (J. y F. Gall, 1978, p. 52).
Pocos años después, los
bucaneros de diversas nacionalidades europeas se asentaron en la isla Tortuga,
ubicada a unos diez kilómetros de la costa norte de Haití, frente
al actual Port de Paix, la cual recibe este nombre por su peculiar forma que
recuerda el caparazón de un quelonio; mide cuarenta kilómetros de
largo por siete de ancho.
También fueron colonizadas por esta
gente la isla de Jamaica, la de Saint Tomé, Barbados, San Vicente,
Grenada, Martinica, Guadalupe, Antigua, Anguilla, Caicos y Nassau entre otras.
Los piratas consintieron que se establecieran allí de forma permanente,
grupos de colonos dedicados a la agricultura, las artesanías y el
comercio. Estos eran la base social indispensable para el apoyo material de los
filibusteros, quienes a su vez, enriquecieron rápidamente a estas
pequeñas sociedades con el producto de sus correrías. La forma
normal de convivencia entre pacíficos habitantes y piratas o corsarios
puede ser observada en una expedición cuya historia fue escrita por un
anónimo inglés donde se dice lo siguiente:
Era
una delicia cotidiana para los ojos, para el olfato y para el paladar el
sentarse a la mesa. Allí estaban las mejores uvas, los mejores duraznos,
los mejores higos, las mejores naranjas que la tierra produce.
Junto
con la equitación, los desafíos, las tabernas y el paseo de los
uniformes, a los ochenta expedicionarios del Dos Amigos les
llovían en Madera los entretenimientos. Subían y bajaban por las
calles del puerto en busca de caras bonitas, iban de visita al monasterio de los
frailes dominicos, que los acogían con benevolencia y aún los
invitaban a comer, y de noche escandalizaban y conspiraban.
(Martín
Luis Guzmán, 1995, p. 1128 y 1129)
Como ganancias adicionales al corso mismo,
podemos decir que los ingleses iniciaron su marina de guerra y entrenaron a su
personal militar y político en los asaltos caribeños a las flotas
españolas, así como en las travesías de
circunnavegación, valga el ejemplo de Drake, donde las escalas obligadas
siempre eran para asaltar poblaciones españolas de cualquier continente.
El currículum de un Lord del siglo
XVI se formaba de la siguiente ilustrativa manera: "biografía de
míster Rous: del barco pirata a la cárcel de Santa Marta, de
la cárcel de Santa Marta a la de Cartagena, de la cárcel de
Cartagena de Indias a la de San Lúcar en España; de la
cárcel de San Lúcar al Parlamento de Londres". (Arciniegas, 2000,
p. 175).
Por varios siglos, los franceses
compitieron fuertemente con los ingleses en capacidad de rapiña y
crueldad antihispana. Para 1537 el Mar de las Antillas ya estaba lleno de
piratas franceses, por lo que se formaron las primeras grandes flotas
españolas para la protección de los cargamentos, lo cual no
sirvió demasiado pues en 1540 los franceses se atrevieron a más y
asaltaron San Germán de Puerto Rico, tomando al año siguiente la
isla Burburata.
En 1544 se reportaron ataques franceses en
Cartagena de Indias y Santa María de los Remedios Colombia, y dos
años más tarde, los franceses asaltaron la Villa de
Baracoa.
Para 1552 ya se habían establecido
dos escuadras españolas permanentes para la protección de las
flotas interoceánicas, una surta en Sevilla y otra en Santo Domingo.
Entre 1553 - 1559 Francisco Leclerc alias Pata de Palo, Jacobo de Sores o Jean
de Soria y Robert Blondel asaltaron con seis navíos y cuatro pataches
Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba (Santiago Cruz, 1962, p. 18).
No obstante la ventaja y experiencia
inicial de los franceses, pioneros en la lucha pirática contra el imperio
español, los ingleses pronto se pusieron a la vanguardia gracias al apoyo
político, militar, económico y diplomático de su reina
Isabel I, quien los gobernó entre 1558 y 1603. La reina no sólo
propició los ataques de Hawkins y Drake a los españoles en
cualquier parte del mundo en que se encontraran, sino que les dio barcos y
dinero, desoyendo los consejos de nobles, hechos al antiguo estilo, quienes con
una moral más medieval, consideraban que no era de "caballeros" eso de
andar asaltando a los vecinos donde se les encontrara.
Sir John Hawkins viajó por
iniciativa propia a las Antillas españolas en 1562 donde vendió
negros a los colonos ibéricos en cien ducados cada uno, al tiempo que
compró azúcar y cueros para revenderlos en su país de
origen, con lo que hizo un gran negocio (Santiago Cruz, 1962, p. 20 y ss.). En
1564 la reina Isabel I se asoció con Hawkins y le dio el barco Jesus of
Lübeck de setecientas toneladas, el más grande de Inglaterra,
además de que le apoyó para que se asociara con importantes
capitalistas de la City londinense, quienes le proporcionaron los barcos Minion,
Angel, Swallow y la Judith, una pequeña galera de cincuenta toneladas que
Hawkins confió en su tercer viaje a su joven sobrino de veintidós
años Francis Drake, aparente polluelo del que saldría un
halcón de la guerra o un dragón como le puso Lope de Vega, en
vista de las depredaciones y daños que causó al imperio
español (De Jarmy Chapa, 1983, p. 85).
Drake era un hombre "de mediana estatura,
rubio, más bien grueso que enjuto, alegre, prudente. Manda y ordena
imperiosamente, siendo temido y obedecido por sus hombres. Castiga con
resolución. Agudo, inquieto, correcto en la palabra, inclinado a la
generosidad y a la ambición, vanidoso, jactancioso y no demasiado cruel"
(Santiago Cruz, 1962, p. 17).
3.- Los procesos de los sistemas
complejos no son lineales ni equilibrados
Según las historias tradicionales
publicadas en la península Ibérica, cuando a los reyes
católicos se les ocurrió unificar su naciente país bajo el
signo de la cruz y ordenaron la expulsión de miles o cientos de miles de
peninsulares de credo musulmán o judío, prácticamente no
pasó nada. Conforme a la historia "tradicional española", los
reyes ordenaron, dieron plazos de término fatal, los españoles de
religión minoritaria obedecieron de grado o por fuerza y fin del
asunto.
Sin embargo, investigaciones actuales,
mucho menos prejuiciadas por el hispanismo sólo católico,
como la ya citada de Sola y de la Peña, mencionan que miles de migrantes
españoles y portugueses se asentaron en la costa norte africana y se
mezclaron con los pobladores magrevíes de mayor antigüedad.
A los moros, moriscos y judíos
españoles hay que agregar la migración de valencianos, aragoneses
catalanes y mudéjares, así como la de los italianos de diferentes
ciudades, quienes por entonces eran también súbditos del Imperio
Español. Los españoles de religión musulmana, judía
o de apariencia oriental que fueron expulsados tenían una cultura
superior y niveles de vida muy elevados, por lo que al llegar a la costa norte
de Africa se encontraron poblaciones muy pobres y rudimentarias en su
tecnología que los recibieron bien aceptándolos en la escala
superior de su sociedad.
De tal modo, un poderoso motor del corso
antihispánico fue la injusticia de desposeer y desplazar por motivos
religiosos a miles de familias quienes desde nuestra perspectiva actual
tenían todo el derecho de ciudadanía española y con
razón se sintieron agraviados en su persona y cultura, por lo que
respondieron con ira, rencor y violencia proporcional a la que se les
hacía.
Por tanto, muchos de los berberiscos con
nombres árabes que atacaron con fiereza y denuedo al Imperio
Español en todos los frentes y de todas las maneras posibles fueron
originalmente católicos, de nombre europeo y tez blanca que "renegaron"
en vista de los acontecimientos y trataron de adaptarse con éxito, a la
sociedad que los recibía sin prejuicios ni
trámites.
Personalidades notables de este origen
citadas por Sola y de la Peña fueron: Mami Chaya, segundo en el gobierno
de Euchalí en Argel, con parientes en Valencia y en Marsella;
Hasán Bajá o Hasán Veneciano, otro gobernante de Argel con
parientes al norte de Italia, como lo indicaba su apodo, la consuegra de
Hasán Bajá era una mallorquina cautivada en 1529, lo mismo que la
suegra del alcaide Rabadán de Argel, o doña Mencia de Monroy,
esposa de uno de los Xarifes de Marruecos (Sola y de la Peña, 1996, p. 64
- 65).
Desde esta perspectiva, lo que durante
muchos años pareció un ataque de extraños enemigos al
Imperio defensor de la cristiandad, se convierte gracias a las nuevas
interpretaciones historiográficas en una lucha de "las dos
Españas", la España católica defensora del honor de los
nobles y los privilegios de la monarquía, contra la España
plebeya, quien responde con las armas en la mano en lucha por los derechos de
ciudadanía, por la tolerancia y las libertades populares.
La España mojigata que
prohibía el uso de joyas y vestidos ostentosos, al tiempo que proclamaba
la religiosidad y el honor como el fundamento de una vida "políticamente
correcta", tuvo que vérselas con la España que deseaba
"progresar", que detestaba los estamentos feudales y la pirámide social
estática de una vez y para siempre, la monotonía de los rezos en
una sola lengua y un solo sentido, que deseaba bailar, emborracharse y
divertirse sin inquisiciones que indagaran, supervisaran y prohibieran, que
castigaran y reprimieran. Así lo entendió Antonio de Sosa cuando
escribió que en la sociedad norteafricana "no se valora la honra: Entre
ellos no hay preeminencias de honra... tan bueno es Pedro como su amo y no vale
ninguno más de lo que tiene."[Principio burgués por excelencia]
(Sola y de la Peña, 1996, p. 60).
Los españoles del pueblo, que
podían ser cristianos, moros, moriscos, o judíos buscaban en el
norte de Africa la libertad del cuerpo, lo que significaba "poder comer mejor,
medrar económicamente, permisividad sexual, la posibilidad de tener
varias esposas y hasta algún bardaj (amante homosexual joven),
ascender en la escala social en un grupo humano cosmopolita en el que un llegado
de fuera podía detentar cotas importantes de poder, incluso si era de
origen humilde. Realmente era tentador" (Sola y de la Peña, 1996, p.
210).
Durante siglos estas dos Españas
habían mantenido un equilibrio inestable pero duradero, sin embargo, la
decisión de los reyes católicos tuvo consecuencias desastrosas
para el naciente Imperio, las cuales, finalmente lo llevaron a la
ruina.
Los corsarios berberiscos se aliaron al
gran Imperio Otomano y consiguieron su protección al aceptar rendirle
vasallaje al Emperador y pagar puntual y fielmente sus
impuestos.
También se comprometieron a
participar con todos sus recursos materiales y humanos en cualquier combate
contra España al cual fuesen requeridos con tiempo. A cambio, se les
reconocieron a sus líderes como pachás norteafricanos, jefes
políticos y militares de esa zona del Imperio, por tanto, bajo
protección de los jenízaros turcos, militares valerosos de bien
ganada fama.
"Que
Valencia se encuentre amenazada, que Nápoles se vea bloqueado (en julio
de 1561, 500 hombres no pueden pasar de Nápoles a Salerno debido a los
corsarios), que Sicilia y las Baleares se encuentren cercadas, son todas
circunstancias que pueden explicarse desde un ángulo geográfico,
dada la proximidad al Africa del Norte de todas estas regiones meridionales.
Pero sucede que los corsarios también llegan a las costas del Languedoc,
de Provenza y de la Liguria, regiones, todas ellas, bastante tranquilas hasta
entonces. Cerca de Villafranca, el duque de Saboya estuvo a pique de caer en sus
manos en junio de 1560." (Braudel, 1997, tomo II p. 306)
Los imperiales españoles por su
parte, tampoco estaban dormidos y luchaban contra los "renegados" y los turcos
con todos los recursos a su alcance, desde la "gran guerra" o guerra formal,
promovida y encabezada por don Juan de Austria en el Mediterráneo
oriental, hasta el terrorismo de estado muy adentro del territorio enemigo, como
sucedió cuando el espía español Juan Curenzi, empleado del
duque de Terranova, Virrey de Sicilia, hizo explotar el polvorín otomano
en la misma Constantinopla, durante el verano de 1574 (Sola y de la Peña,
1996, p. 90 -91).
Las autoridades españolas se
hicieron de otro poderoso enemigo cuando, en 1563 John Hawkins fue a vender
negros de Guinea a las Antillas y se le decomisaron sus propiedades, a causa de
las leyes monopolísticas hispanas, arruinándosele el negocio. Por
supuesto que no defendemos el tráfico de esclavos pero, en ese momento
existía y los españoles deseaban controlarlo ellos solos. Hawkins
hizo cuatro viajes a América y casi cada uno de ellos, fue de
consecuencias fatales para el gobierno español.
Durante el tercer viaje que empezó
el 2 de octubre de 1567 cuando John Hawkins salió de Plymouth;
contrabandeó en Tenerife el 23 de octubre, costeó Africa para
cazar negros y llegó a Dominicana donde compró agua, carne y
fruta. Forzó el comercio en Río Hacha amenazando a sus habitantes
con cañonear la población si no le compraban sus negros, de los
que vendió 200 a muy buen precio, pues nadie le regateó.
También comercializó tejidos de algodón. Lo mismo
sucedió en Santa Marta. En julio de 1568 quiso comerciar en Cartagena de
Indias pero fue rechazado a cañonazos por la autoridades, aunque
logró desembarcar lejos de la fortaleza y convocó a la
población, gracias a lo cual logró vender cincuenta esclavos,
algunos de ellos enfermos, y muchos textiles, a cambio compró agua, vino,
miel y aceite.
Hawkins pretendió navegar hacia
Cuba, pero una tempestad al oeste de la isla lo acercó demasiado a
Veracruz, por lo que decidió comerciar en México, como
había hecho antes en Sudamérica.
Las autoridades españolas lo dejaron
entrar a la bahía porque esperaban la llegada del Virrey Martín
Enríquez de Almanza para el quince de septiembre de 1568, Hawkins
entró primero y se estacionó en la isla de Sacrificios donde se
hizo fuerte y amenazó con atacar a la población si no se le daban
agua y alimentos.
El Virrey estaba en una situación
comprometida pues no podía empezar su gobierno dejándose vencer
por un pirata, así que espero a que los ingleses bajaran la guardia y, el
22 de septiembre por la noche, los españoles atacaron los barcos y la
isla con ciento treinta arcabuceros que los abordaron incendiando el Minon,
apoderándose del barco de la reina Isabel I, el Jesus of Lübeck,
además de hundir a la vista de toda la población que les
aplaudía y estimulaba con silbidos y ruidos de trompetas y timbales desde
la orilla, los buques Angel y Swallow (Santiago Cruz, 1962, p. 30 y
ss.).
Ante la evidencia de la derrota y la
humillación de los aplausos y silbidos jarochos, que nunca
olvidarían, Francis Drake, de mucho renombre y fama de valiente adquirida
después con gente menos combativa y experta que los marinos campechanos y
veracruzanos que los acosaban, huyó en la madrugada del 22 de octubre
en la goleta Judith, dejando abandonado a su tío (De Jarmy Chapa,
1983, p. 87).
Cuando Howkins observó que su
sobrino había escapado sin previo aviso, comprendió que estaba
perdido, por lo que huyó en el Minion aún en llamas con un patache
de acompañamiento pero los novohispanos lo alcanzaron y lograron
hundirlo.
La tripulación de Hawkins estaba
desmoralizada y desconcertada, pues nunca habían encontrado tal
resistencia en otras partes del imperio, ni la gente había luchado con
tal determinación y con la actitud carnavalesca de estarse matando y
hacer bromas, cánticos y bailes al mismo tiempo, bajo las llamas y
explosiones de sus naves de guerra, que tomaban como fuegos de artificio en
día de fiesta.
Se dice que hubo una fuerte
discusión en el único barco inglés sobreviviente;
posiblemente temerosos de ser alcanzados en el mar por estos aguerridos soldados
novohispanos, ciento catorce hombres de su tripulación,”los que
menos hacían falta” fueron desembarcados cerca de Tampico, mientras
los demás le rogaron que regresara lo más pronto posible a
Inglaterra (Lourdes de Ita, 2001, p. 153).
El 10 de octubre de 1568, Hawkins
aceptó abandonar a sus hombres en la costa mexicana y salió
apresuradamente a Plymouth, a donde llegó los primeros días de
febrero de 1569. El 15 de octubre, las tropas coloniales capturaron a setenta y
ocho fugitivos ingleses, quienes fueron entregados al Tribunal de la Santa
Inquisición de México, donde se les juzgó como herejes,
protestantes o luteranos, no como piratas, porque entonces era menos grave robar
que desconocer el Padre Nuestro (De Jarmy Chapa, 1983, p. 87).
Los pocos que renegaron de sus creencias
religiosas fueron solamente ahorcados, mientras que los obstinados supieron lo
que era ser quemados en leña verde. Los treinta y seis que no llegaron a
la Santa Inquisición fueron cazados como animales por los habitantes de
la costa, asesinados con cuchillos, palos, piedras o sogas, mientras que una
minoría murió tranquilamente de paludismo (De Jarmy Chapa, 1983,
p. 87).
Según la investigación
más actual sobre el tema, realizada por la doctora De Ita Rubio, no todos
los ingleses murieron de inmediato, sino que algunos se integraron a la
población local ya sea entre tribus indígenas o gente mestiza,
incluso menciona que al menos dos de ellos: Miles Philips y Job Hortop, lograron
llegar a Inglaterra después de muchas peripecias y años en el
extranjero, por lo que pudieron narrar sus desventuras en un libro colectivo que
contribuyó poderosamente a difundir la leyenda negra de los
españoles (Lourdes de Ita, 2001).
El pobre de Hawkins quedó tan
escamado de su aventura mexicana, que tardó veintiséis años
en animarse a salir de nuevo contra el Imperio español, dejando mientras
tanto la estafeta a su sobrino, quien había demostrado méritos
piratescos suficientes a ojos de sus iguales y de la reina misma que confiaba en
él.
Hawkins murió como buen pirata en la
zona del Caribe el siete de septiembre de 1595; su sobrino lo alcanzó en
el más allá el 28 de enero de 1596.
4.-Los sistemas complejos tienen
procesos de distinta naturaleza al mismo tiempo
Quienes piensen que los piratas solamente
asaltaban sin ninguna consecuencia posterior olvidan que, los capitanes
dedicados a tan peligroso oficio eran en ocasiones gente de muy alto nivel
social en sus países, con una cultura e inteligencia excepcionales y que
si bien salían a causar todo el daño posible al imperio
español, siempre estaban alerta de las oportunidades que pudieran surgir
en el trayecto, como ocurrió el 20 de marzo de 1579 en el Golfo de
Nicoya cuando Drake capturó una nave entre cuyos documentos
encontró las cartas de la ruta Manila Acapulco, o cuando el mismo Francis
Drake atacó el Puerto de Cádiz en 1587; y a su regresó a
Inglaterra capturó la nave portuguesa San Felipe entre cuyos
papeles halló la clave del comercio portugués con el oriente, esto
es, rutas, tiempos de recorrido, puertos principales, datos políticos
sobre las costas para una navegación segura, de esta información
salió el plan para fundar la Compañía Inglesa de las Indias
Orientales, es decir el Imperio Inglés. Posiblemente sin estos
datos, la conformación del Imperio habría llegado más tarde
o nunca, por lo que podemos afirmar que, gracias a una inesperada y afortunada
casualidad, los marinos ingleses lograron apoderarse de una información
valiosa que nada o casi nada les costó. Así, al tiempo que se
asaltaban las naves para robar literalmente todo su contenido, también se
asesinaba a la tripulación o a los pasajeros que pudieran causar
problemas, mientras se seleccionaba a las personalidades notables para
secuestrarlas y pedir rescate, se hacía uso de toda la información
técnica o científica, controlada entonces por los peninsulares, y
se copiaban los diseños de las naves, las armas, los instrumentos de
navegación y todo lo que fuera de utilidad, al tiempo que los embajadores
de la reina de Inglaterra y toda su burocracia estaban dispuestos a ayudar,
apoyar y encubrir mediante todos los recursos posibles las actividades
piráticas de sus súbditos. Cuando en 1588 la Armada Invencible fue
derrotada frente a las costas de Holanda, se desataron las fuerzas que andando
el tiempo terminarían con el Imperio español. A partir de ese
momento, España entró en un lento pero perceptible declinar que es
aprovechado de inmediato por sus enemigos quienes día a día
cobraban mayor fuerza y se atrevían a más. De este modo, en julio
de 1596 una flota inglesa se apoderó de Cádiz, ciudad y puerto que
fue saqueado durante 10 días.
En 1598 Félix Lope de Vega y Carpio,
el Fénix de los ingenios del siglo de oro español ya había
terminado La Dragontea, poema heroico narrativo en diez cantos, escritos
en octavas reales cuyo tema son las aventuras de Francis Drake el "dragón
inglés", que había asolado el imperio español hasta su
muerte
Lope de Vega hacía no sólo
arte, sino también política de Estado e historia cuando
escribió:
¿No basta de Mahoma el
señorío
que causa a Italia, a España tal
desve
[lo?
¿También quieres que crezca y
se derrame
la vil simiente de Lutero
infame?
Mira las almas que perdidas
lloran
Italia triste, España
miserable,
cautivas de los bárbaros que
adoran
la rapiña de cuerpos
lamentable.
Los cuatro que en Argel corsarios
mo
[ran
con daño mío y
perdición notable,
Chafer, Fucher, Mamifali y
Morato,
de Trípol, Túnez y Bizerta el
trato.
Elis, Caratalí, Mami, Arnaüto,
de aquestas dos destruyen las
riberas,
tomando como mísero
tributo
barcas, tartanas, zabras y galeras.
Hacen los que las guardan poco
fruto,
que tienen por reparo y
ladroneras
Astrangol Finicú, Poncia y
Linosa,
Las islas Sabiñana y
Lampadosa.
....Ansí viven los siervos de
Mahoma;
los de Lutero y su dragón
caminan
al puerto que del vuestro el nombre
[toma,
por donde a Panamá su armada
incli-
[nan.
(Lope de Vega, 1987, Tomo III, p.
343)
Poco tiempo después, Miguel de
Cervantes, escribió el soneto
A LOPE DE VEGA EN SU
"DRAGONTEA":
Soneto
Yace en la parte que es mejor de
España
una apacible y siempre verde
vega,
a quien Apolo su favor no
niega,
pues con las aguas de Helicón la
baña.
Júpiter, labrador por grande
hazaña,
Su ciencia todo en cultivarla
entrega;
Cileno alegre en ella se
sosiega;
Minerva eternamente la
acompaña.
Las musas su Parnaso en ella han
hecho;
Venus honesta en ella aumenta y
cría
la santa multitud de los
amores;
y así, con gusto y general
provecho,
nuevos frutos ofrece cada
día
de ángeles, de armas, santos y
pastores.
(Cervantes, 1991, tomo I, p. 49 -
50)
5.- Un parámetro puede estar
afectado por múltiples causas
Antecesor berberisco de Drake fue el pirata
Murad Reis, quien empezó su carrera de las armas en el sitio de Malta de
1565, donde a pesar de haber sido desalojados por la parte española, dio
la batalla con honores.
Reis comenzó a cobrar fama
individual gracias a su atrevimiento y audacia, pues con sólo dos canoas
tomó por sorpresa y capturó dos grandes galeras pertenecientes al
Papa Gregorio XIII, una de ellas era la capitana de la flota pontificia y,
cuando fue atrapada viajaba llena de grandes tesoros, con frailes y monjes
goliardos sin disciplina eclesiástica (Philip Gosse, 1947, p. 54 - 55),
muchos de los cuales seguramente se pasaron a las filas berberiscas, en vista de
que sus superiores los habían cargado de cadenas.
Gran hazaña de Murad Reis fue su
salida de Argel en 1585 con tres galeones de batalla rumbo a las islas Canarias,
que ningún berberisco conocía. Se dice que por entonces, los
piratas más atrevidos preferían no perder de vista la línea
de la costa y acostumbraban navegaciones de pocas jornadas dentro del
Mediterráneo, tanto para no alejarse mucho de sus territorios, como por
la falta de instrumentos de navegación y desconocimiento de su uso. Sin
embargo Murad Reis fue la excepción; con ayuda de un renegado europeo y
doscientos cincuenta fusileros, asaltó las Canarias, secuestró a
la familia del gobernador español y cobró una elevada suma por su
rescate.
Al regreso, los españoles
sabían que tenía que pasar por el estrecho de Gibraltar, por lo
que no se molestaron en perseguirlo, sino que comisionaron a Martín
Padilla para que lo atrapara con dieciocho galeras de vela y remo muy veloces.
Padilla patrulló con toda calma el estrecho pero, advertido Murad Reis,
decidió pegarse a la costa, esconderse de día y viajar de noche,
con lo que logró escabullirse y disfrutar los productos de su trabajo en
su ciudad, donde fue recibido como héroe (Philip Gosse, 1947, p.
58).
El fenómeno de la piratería
en el mundo hispánico tuvo desde sus inicios un gran número de
causas concurrentes que lo estimularon y le permitieron prosperar, a las que ya
mencionamos arriba, debe agregarse la transferencia de tecnología europea
que se dio casi naturalmente, con motivo de los constantes intercambios de
personal civil y militar, voluntario o a la fuerza, entre el Imperio
español y sus adversarios.
Es famoso el doblemente renegado
Simón Dauser apodado el viejo, para diferenciarlo de su hijo del
mismo nombre, ambos marinos de origen holandés, de la ciudad de Dodrecht.
El viejo se dedicó a la piratería y sentó sus reales
en la ciudad norteafricana de Argel, lugar a donde llegó el
también marino de origen inglés Warde.
Se dice que ambos, para congraciarse con
sus nuevos colegas, les enseñaron a construir y navegar alrededor de
1606, "barcos de vela redonda", como los usados por los españoles y
portugueses, quienes eran los dueños de la tecnología de punta en
navegación, geografía, cartografía y todas las demás
artes marítimas; tecnología que, por supuesto, cuidaban
celosamente y trataban de monopolizar.
No obstante, la participación de
marinos que habían pertenecido al Imperio español como ciudadanos
[tal era el caso de Dauser, pues Holanda fue colonia española] y luego
renegaban, permitió que los secretos tan celosamente guardados se
difundieran entre los adversarios, causando una verdadera revolución
tecnológica que tuvo inmediatos efectos económicos y
políticos.
La piratería berberisca en el
Mediterráneo y en el Atlántico norte cobró nuevos
ímpetus y permitió que la cacería de naves ibéricas
fuera más eficiente, con lo que los peligros de la navegación
aumentaron. (Gosse, 1947, p. 65 - 66).
Dauser cambio del bando español al
berberisco haciendo mucho daño a los europeos; sin embargo, ya en su
vejez se puso nostálgico de su vida anterior, busco la protección
del rey francés, pues sabía que de los españoles no
sacaría nada.
El rey Enrique IV de Francia necesitaba
personal militar y dinero, por lo que lo recibió de buena gana, con la
condición de que encabezara una flota francesa contra Túnez.
Dauser cometió el error de aceptar sin reflexión, pues sólo
veía el brillo del poder, el mando, la ganancia.
Dirigió la flota franca contra sus
antiguos camaradas tunecinos; gracias a sus conocimientos de esa sociedad, pudo
triunfar en su ataque regresando a Francia con un tesoro de cuatrocientas mil
coronas de oro y cincuenta y cinco cañones.
El Pasha de Túnez, consideró
inaceptable hasta para un pirata esta falta de lealtad para quienes lo
habían acogido sin prejuicios y le habían ayudado a salir adelante
durante muchos años, por lo que utilizó una estratagema
política: fue a comer al barco de Dauser con sus hombres de mayor
confianza, lo que significaba un honor y una cortesía exquisita.
Terminado el banquete, se invitó a Dauser a devolver la cortesía
visitando el castillo del Pasha, lo que este aceptó. En cuanto Dauser
traspuso las puertas del palacio fue capturado y decapitado de inmediato,
mientras que su tripulación recibió permiso para volver a Francia.
Pese a sus errores políticos, Dauser fue recordado por mucha gente en
ambas márgenes del Mediterráneo durante bastante tiempo, pues sus
transferencias de tecnología permitieron a los berberiscos asolar el sur
de España; Francia y toda Italia, con ganancias exorbitantes (Gosse,
1947, p. 65 - 66).
6.- Una misma causa puede provocar
multitud de efectos
En 1601 el sacerdote mexicano
Agustín Dávila Padilla, Obispo de Santo Domingo propuso al rey
Felipe III que declarara el comercio libre para acabar con los piratas y
corsarios en el Caribe, pues los gobiernos de estas naciones protestaban de
manera constante en busca del libre comercio como se dice ahora, porque de
cualquier manera, la industria española no existía y los artesanos
ibéricos sólo podían abastecer un número muy
limitado de objetos de lujo para la población de muy alto nivel de
ingresos, dejando desprotegidos y desabastecidos a la mayoría de los
potenciales consumidores dentro de su cerrado imperio. En contra de tan atinadas
sugerencias, persistió el monopolio, además de que, por
cédula real de Felipe III se ordenaba, el 6 de agosto de 1603, concentrar
toda la población de La Española en Santo Domingo, lo que dio
vía libre al establecimiento de bucaneros y filibusteros en la zona de la
actual Haití y de la isla Tortuga, quienes no encontraron el
obstáculo natural de un grupo humano de diferente cultura y costumbres
que se les opusiera con su simple presencia.
Otro de los motivos que propiciaron la
piratería y el corso tanto en Africa como en el Caribe fue la falta de
libertades ciudadanas, entre ellas la de conciencia dentro del Imperio
Español. En Turquía durante la época de Cervantes (siglos
XVI y XVII), el Sultán trataba a los cristianos de sus reinos como una
minoría religiosa, con todos sus derechos civiles, de propiedad y de
religión garantizados, lo que no ocurría en España
(Márquez Villanueva en Solá y de la Peña: 1996, p.
201).
El mismo Cervantes reconoce con
admiración que, durante su cautiverio de cinco años en Argel,
"estos perros sin fe, nos dejan, como se ve, guardar nuestra religión",
permitiéndoles oír misa, aunque fuera en secreto, que no
dejaría de comparar con el hecho de la represión inquisitorial en
España a los que islamizaban en secreto, sin duda" (Solá y de la
Peña: 1996, p. 202).
El fanatismo religioso de los reyes y del
gobierno español, así como su empeño de convertir al
catolicismo a todas las personas con las que tenían que convivir dentro y
fuera de sus fronteras les representó un alto costo político, que
pudo medirse en términos económicos, contabilizando el dinero
gastado solamente en guerras de conquista y patrullas de protección a sus
flotas y ciudadanos. Así en el sermón fúnebre con motivo de
la muerte de Felipe II, el orador dominico Agustín Salucio calculaba en
más de sesenta millones de ducados de oro, la cantidad que el monarca
recientemente fallecido había gastado "al servicio de la fe" (Sola y de
la Peña: 1996, p. 202).
Por el lado de los ingleses, su mayor
escritor nacional, William Shakespeare, incluyó muy a la moda, en
Otelo, el moro de Venecia, una descripción de los supuestos tipos
humanos que los piratas ingleses encontraban en las islas del Caribe:
Rough quarries, orcks and hull whose heads
touch heaven,
It was my hin´to sperk - such was the
process;
And of the Cannibals that each other
eat,
The Antropophagi, and the men whose
heads
Do grow beneath their
shoulders.
En Enrique IV, describió los
cocodrilos que Hawkins conoció en el Caribe, de los que posiblemente
introdujo en Londres algunos como mascotas reales, equivalentes a las
cacatúas que Colón gustaba llevar en sus primeros tornaviajes a
España: As the mournful crocodile / With sorrow snares relenting
pasengers.
En 1613 Cervantes habla con respeto y
admiración de la reina Isabel I, en La española inglesa,
sin dejarse llevar por el fácil nacionalismo, aunque exalta los valores
católicos e hispanos. La anécdota de Cervantes, convertida en
novela ejemplar, parte del ataque inglés a Cádiz en
1596.
Su descripción de Recaredo el
corsario inglés, uno de los personajes principales de su novela no
denigra ni en lo físico ni en lo moral a los ingleses y pone muy en alto
la capacidad literaria del autor. Si debemos creer a Cervantes, los corsarios
del siglo XVI eran casi unos héroes, muy diferentes de los sanguinarios
asesinos en que se habían convertido ya en los siglos XVIII y principios
del XIX.
Era Recaredo alto de cuerpo, gentil hombre
y bien proporcionado;
y como venía armado de peto,
espaldar, gola y brazaletes y
escarcelas, con unas armas milanesas de
once vistas, grabadas y
doradas, parecía en extremo bien a
cuantos le miraban; no le
cubría la cabeza morrión
alguno, sino un sombrero de gran falda,
de color leonado con mucha diversidad de
plumas terciadas a la
valona; la espada, ancha; los tiros, ricos;
las calzas, a la esguizara.
Con este adorno y con el paso brioso que
llevaba, algunos hubo
que le compararon a Marte, dios de las
batallas, y otros, llevados
de la hermosura de su rostro, dicen que le
compararon a Venus,
que para hacer alguna burla a Marte, de
aquél modo se había
disfrazado (Cervantes, 1991, La
española inglesa, tomo II, p. 112).
Según las normas de cortesía
y moralidad de la época, con hombres como este no era ningún
desdoro que se casara una hermosa española que estaba cautiva en su casa,
a la que se había tratado con respeto todo el tiempo, más como
hija que como prisionera o esclava, que entonces era legal
tener.
Como en el siglo XVI las justificaciones de
la conquista y colonización de América era principalmente
elaboradas por clérigos católicos del lado español y
protestantes de parte de sus enemigos, siempre hubo discusiones acerca de la
legalidad de las incursiones inglesas en el Caribe, por lo que incluso
sacerdotes católicos de origen irlandés se inclinaban por
Inglaterra en ocasiones, en vista de su identidad lingüística con
esa nación.
Tal es el caso del sacerdote Thomas Gage,
quien pudo hacer un largo recorrido por mar y tierra dentro de las posesiones
españolas en América durante varios años gracias a su
religión católica pero, a su vuelta a Europa, publicó un
libro con la memoria de su viaje, dedicando su prólogo a Sir Thomas
Fairfax, Capitán General del Ejército del Parlamento. En este
libro, Gage ofrece un informe de las riquezas y alto nivel de cultura que
observó en Guatemala y México.
Además de mostrar un conocimiento
detallado de la Nueva España, ofrece una justificación
jurídica para la piratería, el filibusterismo y el corso
inglés en el Caribe, al afirmar que los indios americanos habían
invitado a los ingleses para que los protegieran contra los españoles,
dada la rapacidad y conocida crueldad de éstos, por lo que los ingleses
tenían obligación de acudir al llamado local con toda su
tecnología y poder. Como dato interesante adicional, el sacerdote Thomas
Gage puso el ejemplo y él mismo se convirtió en un temible
pirata.
7.- A lo largo de una crisis los
procesos cambian su estructura y función
En julio de 1615 el almirante
holandés Joris Van Speilberg derrotó en el Callao a la flota
española del almirante Rodrigo de Mendoza, el 11 de octubre de ese mismo
año Speilberg entró a Acapulco a canjear prisioneros
españoles por agua y alimentos, con la condición de que no se le
atacara, algo que consideraba muy remoto en vista del notorio pacifismo de la
población.
El 18 de octubre, los holandeses
continuaron su viaje hacia el norte sobre la costa mexicana con la
intención de tomar el camino de Filipinas y atacar alguno de los
navíos que hacían la ruta asiática, sin embargo, a
principios de 1616 la guarnición jalisciense de Sebastián
Vizcaíno atacó a las tropas de Speilberg y les hizo numerosos
muertos y prisioneros. Así, de conquistador y agresor, Speilberg se
convirtió en víctima de los feroces jaliscienses, quienes no se
impresionaron por el largo historial delictivo del holandés, ni hicieron
caso de sus recientes hazañas sudamericanas.
Entre 1623 y 1626 la Compañía
Holandesa de las Indias Occidentales, formada en 1621, mandó al Caribe
800 naves con 60,000 marinos quienes lograron apresar más de 500 barcos
españoles. Confiados en esta suerte caribeña, el 28 de octubre de
1624, la flota holandesa al mando de Jacobo L´Heremite y Hugo Schapenham
que había atacado sin éxito El Callao, llegó a refugiarse a
Acapulco, posiblemente sin conocer la suerte de Speilberg sin embargo, al
desembarcar en Puerto Marqués en busca de agua sufrieron cuatro muertos a
causa del fuego del Castillo; salieron huyendo a Zihuatanejo, pero debieron
abandonar la Nueva España el 29 de octubre sin ningún
botín, atormentados por la sed y perseguidos por los bravos
costeños de Guerrero, a quienes no atemorizaron los sucios y hediondos
piratas holandeses, tan diferentes de los civilizados ciudadanos de esa
nación que ahora se nos presentan por esas mismas
costas.
Por varios años los holandeses y los
españoles se disputaron el control de la ciudad clave de Bahía, la
cual cayó en manos holandesas en 1624, cuando los corsarios Piet Heyn y
Willekens se apoderan de ella; al año siguiente, 1625 el Almirante
Fadrique de Toledo la recuperó en tanto que dos años más
tarde Piet Heyn volvió a saquear tan solicitada presa.
El atrevimiento de Piet Heyn parecía
no tener límite pues en 1628 capturó cerca de Cuba la Flota
Novohispana, logrando un botín de 11 millones de florines holandeses,
tasado de esta manera pues fue a su país a vender el producto de su
rapiña.
En 1629 Fadrique de Toledo expulsó a
ingleses y franceses de la isla de San Cristóbal, algunos se refugiaron
en Haití apoyando a bucaneros y filibusteros; con lo que continuaban una
especie de juego de nunca acabar: los españoles podían desplazar
provisionalmente a los competidores de algunas islas, pero a estos les bastaba
refugiarse en las islas adyacentes, muy abundantes en el Caribe para escapar de
la persecución ibérica, reponer sus fuerzas, rearmarse y volver a
empezar.
Así las cosas, entre 1630 y 1654 los
holandeses ocuparon Olinda capital de Pernambuco en Brasil, en una época
en que Portugal formó parte del Imperio español. En 1680
ocurrió el ataque inglés a Lisboa, debido a que Portugal
había sido anexado a España.
8.- Los procesos están
estructurados en niveles jerárquicos y cada uno tiene una
organización significativa
En el nivel más alto de la lucha
entre imperios se encontraban los nobles parientes de los monarcas y sus
allegados de más confianza, que dirigían ejércitos y
armadas enormes para su época, como es el caso del Comandante supremo de
las fuerzas españolas en la batalla de Lepanto ocurrida el 7 de octubre
de 1571, don Juan de Austria, hombre entonces de veinticuatro años, hijo
del Emperador Carlos V y la hermosa Bárbara de Bloomberg, por tanto medio
hermano del Rey don Felipe II. Giovanni Doria sobrino del entonces recién
fallecido Almirante Andrea Doria, era comandante de una flota de doscientos seis
galeras y cuarenta y ocho mil hombres.
Antes de empezar la batalla que
inmortalizaría Cervantes, se dice que los generales sugirieron a don Juan
de Austria una reunión de Consejo para perfeccionar el plan de ataque,
contestando éste "no se molesten vuestras mercedes sino en pelear", ya no
era hora de pláticas.
"Los turcos lucharon como endemoniados,
abordando repetidamente con sable y cimitarra, tan sólo para ser barridos
por el fuego mortal de los mosquetes; al fin, las superiores armas de Occidente
salieron triunfantes. Hacia el anochecer comenzó a ceder la resistencia
turca, y la disciplina de las tropas aliadas convirtió su derrota en
desastre. A la caída de la noche de aquél día de octubre,
el imperio marítimo otomano había sido aplastado para no revivir
jamás. Durante siglos los corsarios africanos continuaron hostigando y
saqueando a los cristianos en el Mediterráneo, pero sólo como
bandas aisladas, jamás como auxiliares de una potencia de primer orden."
(Philip Gosse, 1947, p. 52 - 53)
Debajo de estas eminencias se encontraban
los corsarios. Del lado berberisco podemos mencionar a los hermanos Barba Roja;
el primero de ellos de nombre Jacob Arudj, quien puso en jaque a la flota
española e intentó conquistar toda Argelia, para disgusto de los
aliados de España en Africa. Carlos V envió un contingente de diez
mil veteranos a atraparlo en Tremecén. Tomado por sorpresa, la leyenda
dice que huyó dejando atrás oro y joyas tirados en el camino, para
distraer a sus captores y salvarse. Desgraciadamente para él, los
soldados imperiales eran disciplinados y no cayeron en la trampa, lo alcanzaron
y exterminaron con mil quinientos de sus más leales seguidores cuando
atravesaba el río Salado (J. y F. Gall, 1978, p. 27).
Kheyr-ed-Din su hermano, lo sucedió
en el mando: "de estatura elevada y porte majestuoso, era bien proporcionado y
robusto. Muy velludo, tenía una barba frondosa, cejas y pestañas
muy largas y espesas. Aunque no tenía el cabello rojo, se le llamaba
también Barbarroja" (J. y F. Gall, 1978, p. 28).
Más político que su
antecesor, envió embajadores al Gran Señor de la Sublime Puerta en
Constantinopla y se presentó como vasallo leal del Imperio Otomano. En
respuesta, fue nombrado Gobernador General de Argel, reforzando su autoridad con
la presencia permanente de dos mil jenízaros.
Barbarroja fue dirigente hábil y
eficaz, pues reconquistó las ciudades en manos de los españoles,
reorganizó sus dominios, construyó una flota, puso bajo sus
órdenes a los piratas más hábiles y sanguinarios: Dragut,
Sinán, judío de Esmirna apodado "el mago"; Aidin, cristiano
renegado mejor conocido como "terror del Diablo" (J. y F. Gall, 1978, p. 28-
29).
Barbarroja era desmesurado como buen
pirata; oyó decir que la mujer más bella de Italia en el siglo
XVII era Julia Gonzaga, a la que doscientos poetas habían dedicado sus
versos, por lo que se le ocurrió raptarla, no para sí, sino para
ofrecer un magnífico presente a su emperador. Atacó Frondi,
pasó a cuchillo a la guardia, tomó la plaza, asaltó el
pueblo, sin embargo, la duquesa salió semidesnuda en un caballo a todo
galope rumbo al norte, se salvó por poco de caer en tan nefastas
manos.
Barbarroja no se desanima
fácilmente, regresa a Africa y asalta Túnez, destituye al
sultán Hassan, protegido de España, lo persigue la flota imperial:
alemanes, italianos, españoles, caballeros de Malta, no consiguen
atraparlo.
En vez de huir al oriente como pensaba el
almirante Andrea Doria, asalta Menorca, toma seis mil prisioneros
españoles que venderá al mejor postor y un rico barco
portugués. En premio a sus servicios el sultán lo nombra Gran
Almirante de la Flota Otomana (J. y F. Gall, 1978, p. 31). Así eran estos
aventureros que de la nada forjaban imperios; el de los Barbarroja
terminó hasta que en 1830, los franceses asaltaron Argel y lo colonizaron
por más de cien años.
Los piratas como Francis Drake y John
Hawkins eran empresarios modernos de primer nivel en toda la extensión de
la palabra, asociados con la reina de Inglaterra Isabel I y los nobles
más poderosos.
Socialmente varios escalones abajo, los
piratas de clase media se contrataban a sueldo de los grandes jefes para poder
participar en sus expediciones y recibir ganancias y protección
política del gobierno inglés. Henry Morgan, hijo de un labrador
acomodado empezó su carrera navegando canoas y fue electo almirante por
sus colegas en la toma de Santa Catalina. Con diez buques y quinientos piratas
atacó Cuba y se apoderó de un rescate de mil reses, que
vendió con ganancias. Después de esto atacó Portobelo,
acción descrita magistralmente por Vicente Riva Palacio
Guerrero:
"No tardó en comenzar el ataque
contra él; los piratas acometían con valor, pero eran rechazados;
la muerte diezmaba sus columnas, sin disminuir el valor y la rabia de los que
sobrevivían. Arrojábanse los más decididos sobre las
puertas para abatirlas con las hachas; pero morían en la empresa, porque
aquéllas puertas no cedían. Morgan comenzaba a desesperar..."
(Riva Palacio, 1946, p. 58).
Para lograr sus objetivos, Morgan no
dudó en usar como parapeto a monjas y sacerdotes católicos. La
treta le funcionó, los defensores de la ciudad se rindieron
inmediatamente. Por azares del destino Morgan murió en su cama como
vicegobernador de la isla de Jamaica, encargado de acabar ¡con los
piratas!
Puede considerarse a Pierre Legrand un
pirata burgués; poco o casi nada se sabe de sus orígenes,
¿cómo llegó a la Española?, ¿dónde
consiguió su nave?, ¿de qué modo convenció a su
tripulación?, es un misterio.
Se sabe de cierto que nació en
Dieppe, zona francesa generadora de corsarios desde fines del medievo,
apareció en el Caribe con un pequeño bote y veintiocho hombres
desarrapados, sedientos, a punto de morir de hambre. De pronto su suerte cambia,
se encuentran un enorme Galeón español pesado y perfectamente
artillado. Los bucaneros saben que si atacan a plena luz del día
serán barridos fácilmente. Esperan la noche, juran apoderarse de
la nave o morir en la empresa.
Ya a oscuras, escalan la borda, asesinan a
cuchillo a los vigías, entran a las habitaciones de los oficiales, donde
los encuentran despreocupados, jugando naipes. Sorpresa total. Uno de ellos
alcanza a exclamar: ¡Jesús!, ¿Son demonios o
qué?
Se apoderan del barco y toda su carga que
es riquísima. Pero, no son filibusteros comunes y corrientes. No regresan
a repartir el botín a la isla de la Vaca, no buscan prostitutas en
Jamaica, no se embriagan hasta perder el sentido. Nada de eso. Ponen proa a
Dieppe, donde Legrand se instala y se convierte en un rico propietario,
"respetado como cualquier comerciante que ha ganado su dinero honradamente" (J.
y F. Gall, 1978, p. 91 y 92).
Los bucaneros tenían un nivel menor
política y económicamente, por lo que pueden considerarse
pequeños empresarios independientes que medraban a la sombra de los
grandes.
Originalmente los bucaneros eran colonos
franceses, holandeses e ingleses que comenzaron a llegar a la costa norte de
Santo Domingo, abandonada por los españoles con grandes hatos de reses y
piaras de cerdos que pronto se hicieron salvajes y prosperaron en un ambiente
sin depredadores naturales.
Los primeros bucaneros sólo deseaban
aprovechar las riquezas naturales de la parte despoblada de Santo Domingo y la
Isla Tortuga, pues se dedicaban a la cacería de cerdos y reses a las que
mataban con arcabuces para secar su carne al sol y salarla, con la
intención de venderla a las tripulaciones de aventureros de las que el
Caribe estaba lleno. El alimento favorito de los bucaneros era el tuétano
crudo de las reses que mataban, comían sobre una piedra, dormían
sobre troncos de árboles "Y su techo era el cálido y rutilante
cielo de las Antillas" (Gosse: 1948, p. 14). Piratas, bucaneros y corsarios
eran...”hombres endurecidos en los negocios, desembarazados de cualquier
escrúpulo religioso, liberados de toda conciencia social y situados al
margen del anticuado sentido feudal de responsabilidad; eran, en suma, hombres
modernos” (Ortega y Medina, 1981, p. 111).
Los españoles pensaron que tanto
extranjero no católico ni hispanohablante podría representar un
peligro para las colonias y decidieron desplazarlos de la isla Juana, Santo
Domingo o Haití.
Batieron sin mucha dificultad a los
salvajes comerciantes de carne quienes se escondieron en la isla Tortuga, pero
al mismo tiempo se convirtió a los "matarifes de reses en carniceros de
hombres" (Gosse: 1948, p. 15), porque se les dio un motivo para odiar a los
"papistas españoles".
En 1640 llegó de Sain Kitts el
francés M. Levasseur quien se apoderó de Tortuga con cincuenta
hombres, construyó un sólido fuerte artillado en la colina
más alta de la isla y emplazó allí su propia casa a la que
llamó "El Palomar", porque sólo se podía llegar a ella
mediante escalones tallados en la piedra y una escala de hierro en el
último tramo.
M. Levasseur fue el creador y rey de un
pequeño imperio, pues organizó con sabiduría a los
pobladores de Tortuga, estimulando el cultivo de tabaco, caña de
azúcar, además de la producción de carne vacuna y porcina
con el método bucanero o "a la bucana" (carne seca al sol y salada en
tiras, que duraba meses o años y era el principal alimento de las
tripulaciones piratas).
También llevó a su isla
comerciantes franceses y holandeses que vendían coñac,
pólvora, armas de fuego, telas, vestidos y zapatos, además de
servicios de comida y hospedaje para los pasajeros en tránsito (Gosse:
1948, p. 18). En 1643 los españoles atacaron la isla Tortuga, cuando ya
había sido fortificada y organizada para su defensa por el ingeniero
francés Levasseur, todo fue inútil y debieron retirarse con
grandes pérdidas.
Aventureros de menor estofa que ascienden
en la escala social gracias a su arrojo y falta de escrúpulos abundaban
entonces, ejemplo de esto sería un tal Francisco Leclerc apodado "Pata de
Palo", a quien el rey francés Enrique II le facilitó diez barcos y
le asignó como lugarteniente a un luterano conocido como Jacques o Jacobo
de Sores, o de Soria.
La expedición se hizo a la mar en
1553, durante seis años atacaron a los españoles en el Caribe y
amenazaron Santo Domingo y Cartagena de Indias; Leclerc incendió las
ciudades de Puerto Rico; de Sores da la vuelta e invade Cuba de donde
sacó un botín de ochenta mil pesos en oro. En esa misma
ocasión atacó e incendió la Habana, salvándose
sólo la catedral y los fuertes.
Para demostrar que la piratería no
tenía únicamente fines económicos, sino también se
entrelazaba con motivaciones político - religiosas, en su asalto a Santa
Cruz de la Palmas en las islas Canarias, los corsarios franceses profanaron la
Iglesia y destruyeron los conventos, y en el ataque a Santa Marta en Colombia,
el año 1555, Pata de Palo en persona entró al templo y
apuñaló la imagen de la Virgen en uno de los altares, con lo que
terminó de poner en su contra a las poquísimas voluntades que
pudieran haber simpatizado con él (Santiago Cruz, 1962). Al regreso a
Francia, Leclerc recibió un título de nobleza y se retiró
con honores. Sobre De Sores no se supo más. (J. y F. Gall, 1978, p.
57).
A siglos de distancia, las diferencias
religiosas y políticas entre países no se han diluido ni mucho
menos; esto puede observarse en las interpretaciones de los escritores
contemporáneos. El católico mexicano Santiago Cruz afirma que fue
Leclerc apodado Pata de Palo, quien promovió y ejerció
personalmente los abusos contra el clero católico y sus imágenes
en Colombia y Cuba.
Los Gall por su parte, seguramente
católicos no practicantes de Francia, atribuyen los abusos a De Sores
porque, afirman, este era protestante de origen francés que
aprovechó la oportunidad para mostrar su posición
ideológica. Al mismo tiempo, "protegen" la imagen de Leclerc diciendo que
era sólo un buen militar en cumplimiento de las ordenes de su rey
natural, el que por lo demás, le otorgó a Leclerc un título
y una pensión (J. y F. Gall, 1978, p. 57). De ponerse en duda la
integridad de Leclerc, estaría en juego la reputación de la
monarquía francesa, extinguida hace muchos años, por otra parte;
lo que parece importa mucho a los Gall.
En la escala más baja de la
sociedad, sin otra motivación más que la ganancia rápida, o
el abuso, estaban bucaneros como el llamado Juan David Nau, también
conocido por el sobrenombre de Francisco Lolonois, quien llegó al Caribe
como un esclavo blanco o "bond - man", se convirtió en marino una vez
puesto en libertad por su amo y consiguió que el gobernador de la Tortuga
entre 1662 y 1665 Monsieur de la Place le confiara un barco, lo cual no le
sirvió de mucho pues, por su falta de pericia lo encalló en las
costas de Campeche y tuvo que fingirse muerto para no se aprehendido por las
autoridades locales.
Una vez a salvo, llegó como pudo a
la Tortuga donde consiguió un pequeño navío con el que se
dirigió a Cuba. En la Villa de los Cayos logró apresar un buen
galeón español, asesinando a toda la
tripulación.
A la entrada de Maracaibo asaltó un
navío cargado de plata y productos regresando de inmediato a la Tortuga,
a repartir el botín. En Tortuga conoció y reclutó a Miguel
Basco como capitán de tierra además de quinientos hombres
dispuestos a asaltar Maracaibo.
Cerca de Puerto Rico capturaron un barco
que iba a la Nueva España, tomaron diez y seis piezas de
artillería, ciento veinte libras de cacao, cuarenta mil reales de a ocho
en moneda y diez mil pesos en joyas. De camino a Savona capturaron otro barco en
ruta a Santo Domingo y se apoderaron de doce mil reales de a
ocho.
Lolonois era tan desalmado y atrevido que
con sólo puñales y espadas tomó la fortaleza de Maracaibo
avanzando a la ciudad, que estaba desierta, porque sus habitantes habían
buscado refugio en la selva.
Ciento cincuenta hombres batieron la selva,
regresaron con una recua de mulas cargadas de muebles, artículos de casa,
veinte mil reales en efectivo, ropa en abundancia y veinte presos.
Lolonois asesinó a uno de los
cautivos a la vista de todos y, con su alfanje, le sacó el
corazón, lo devoró crudo, aún sangrando, para que los
demás confesaran el paradero de sus vecinos. Sin embargo, los
españoles se habían dispersado por lo que, después de
quince días de espera, los piratas abandonaron la ciudad (De Jarmy Chapa,
1983).
Lolonois y su gente tomaron la Villa de
Gibraltar cerca de Mérida, Venezuela obteniendo diez mil reales de a
ocho, como les pareció insuficiente, regresaron a Maracaibo donde
pidieron treinta mil reales. Después de un interminable regateo
recibieron veinte mil reales y quinientas vacas, que inmediatamente fueron a
repartirse a la Isla del mismo nombre, situada en la parte suroccidental de la
Española.
En su último viaje, Lolonois
decidió saquear Nicaragua con una poderosa flota, pero el clima le fue
adverso y le deshizo sus naves, la selva debilitó y desmoralizó a
sus hombres, bastantes lo abandonaron y, después de muchas penurias, lo
atraparon los indios del Darién, lo despedazaron vivo y lo quemaron "para
que no quedase memoria de tan infame humano" (Exquemelin, 1988, p. 85 -
113).
Los bucaneros para salir a "trabajar" al
mar, se organizaban siempre con un amigo que era su socio y cómplice,
además de su heredero universal. Todos los demás colegas eran
tratados como hermanos. En las travesías se hacían dos comidas
diarias, donde cada quien comía a llenar, sin protocolos ni
jerarquías de ninguna especie. En tierra, se organizaban excursiones,
paseos y cacerías de cerdos salvajes que abundaban en las islas (
Alexander Exquemelin, 1988).
Al llegar de una razzia o
expedición, los bucaneros repartían el botín considerando
primero a los heridos y minusválidos producto del combate: un brazo
derecho perdido valía seiscientos pesos o seis esclavos, una pierna
derecha se estimaba en quinientos, la izquierda cuatrocientos; un ojo o un dedo
se valoraban en cien pesos a lo sumo. Cabe decir que esta tabla de valores de
"seguridad social pirática" se encuentra en Exquemelin y de allí
la tomaron muchos otros escritores más cercanos en el tiempo a nosotros,
incluyendo a Arciniegas.
Casi era un honor entre los piratas mostrar
en su propio cuerpo los resultados de sus latrocinios. Así como los
militares de carrera acumulan medallas, ellos acumulaban y exhibían con
orgullo sus heridas; sus patas de palo, sus parches en los ojos, sus garfios.
(Arciniegas, 2000, p. 178).
En 1654 los españoles lograron
apoderarse de Tortuga con grandes esfuerzos y a muy alto costo porque no
pudieron colonizarla con gente civil, debiendo dejar únicamente una
guarnición militar que no era económicamente autosuficiente, por
lo que en 1659 Jerome Deschamps desalojó a los españoles y
restableció el dominio francés en la Tortuga. Esta reconquista
permitió que prosperaran en el Caribe por muchos años más,
las operaciones de piratas como Barba Negra, quien nació en Gran
Bretaña con el nombre de Juan o Eduardo Teach; con el tiempo se
convirtió en distinguido habitante de la pequeña isla
caribeña de Saint Tomé, donde se estableció para ejercer su
profesión alrededor de 1717, es descrito como:
Con tres pares de pistolas puestas en
fundas que le colgaban
de los hombros, y con mechas encendidas que
le salían por
sobre ambas orejas bajo el ala del
sombrero, avanzaba como
furia desatada. - furia tan
terrífica para los suyos como para los
contrarios -, ante la cual se
hendían bordas de barcos enemigos
se abatían mástiles, se
acallaban bocas de fuego y se rendían,
de hinojos, tripulaciones que pocas veces
escaparon de ser
pasadas a degüello o de morir ahogadas
en el mar.
(Martín Luis Guzmán,1995 ,
tomo I, p. 1108).
9.- La descripción de cada nivel
en un sistema complejo requiere disciplinas y leyes
especiales
La piratería como sistema complejo
obedece a esta ley: las expediciones mediterráneas de Haruch y
Jeredín Barbarroja o Hasán Bajá, descendiente de
éstos se explican principalmente en el contexto de la política
mundial de entonces como producto del enfrentamiento entre el expansivo y
sumamente agresivo Imperio Español y el no menos beligerante Imperio
Turco, pues éstos corsarios o señores de la guerra en el mar
servían a los objetivos político - militares de la dinastía
otomana, lo mismo que las incursiones al Mediterráneo oriental de Alvaro
de Luna, Juan de Austria, Andrea Doria o Giovanni Doria, servían a los
intereses de Felipe II.
Por tanto, las acciones de estos
líderes político - militares del siglo XVI necesitan ser vistas a
través de la historia, la diplomática, la política
internacional y la economía mundial.
Las deserciones de uno u otro bando, los
matrimonios mixtos de moros con cristianas (generalmente secuestradas de sus
aldeas costeras), las familias que de estas uniones resultaban, sus conflictos
religiosos, pueden estudiarse por el derecho; mientras que el ambiente cultural,
las formas de vida en una u otra sociedad, los valores su indumentaria y
costumbres deben ser estudiadas por la sociología o la
antropología.
Los conocimientos adquiridos por los
piratas en sus expediciones enriquecieron la geografía, la
cartografía, las técnicas de navegación y
construcción de barcos; también debieron mejorar las
técnicas de conservación de alimentos, agua potable y
cirugía, la balística y la tecnología de
construcción de armas de fuego personales y de gran tamaño
serán objeto de la historia de la ciencia y la
tecnología.
Con el paso del tiempo, las descripciones
que de ambas sociedades hicieron los escritores de calidad y talento como Miguel
de Cervantes Saavedra, quien en numerosas ocasiones retrató con todo lujo
de detalles la vida de la costa norteafricana en obras como La Gran Sultana
doña Catalina de Oviedo, Los tratos de Argel, El gallardo español,
Los baños de Argel, El coloquio de los perros, el Cautivo, segunda
novela intercalada dentro del Quijote desde el capítulo XXXIX hasta el
XLI inclusive, son estudiadas por la literatura, la psicología e incluso,
la hermenéutica.
Dice Cervantes en el
cautivo:
"Lleváronme a Constantinopla, donde
el Gran Turco Selim hizo general de la mar a mi amo, porque había hecho
su deber en la batalla, habiendo llevado por muestra de su valor el estandarte
de la religión de Malta. Halléme el segundo año, que fue el
de setenta y dos, en Navarino, bogando en la capitana de los tres fanales. Vi y
noté la ocasión que allí se perdió de no coger en el
puerto toda el armada turquesca; porque todos los leventes y genízaros
que en ella venían tuvieron por cierto que les habían de embestir
dentro del mesmo puerto, y tenían a punto su ropa y pasamaques, que son
sus zapatos, para huirse luego por tierra, sin esperar ser combatidos; tanto era
el miedo que habían cobrado a nuestra armada." (Cervantes, 1994, tomo II,
p. 503).
Así por ejemplo, las acciones del
gobierno español para proteger sus dominios de los ataques y
depredaciones piráticas tales como la Real Cédula para la
protección de los cargamentos de fecha 16 de junio de 1661, pueden
enmarcarse en una perspectiva de geopolítica global; mientras que las
acciones defensivas para repeler los ataques organizadas por los gobernantes
locales, pueden considerarse como prácticas de autodefensa desde el punto
de vista social y militar, como sucedió cuando en mayo de 1571 piratas
franceses se apoderaron de Sisal Yucatán, o cuando el 18 de julio de es
mismo año fueron ahorcados en Mérida los franceses Esteban
Gilberto, Isaac de Ruet, Juan Luaizel y Claude Imbl, dedicados a la
piratería pero juzgados como luteranos.
El 21 de septiembre de 1597 filibusteros
de William Parker invadieron Campeche, con la complicidad de Juan Venturate,
un campechano que las propias autoridades ejecutaron arrancándole trozos
de su propia carne con una tenaza ardiente, para que sirviera de ejemplo a los
que desearan pasarse al campo enemigo.
En 1598 navíos ingleses se
apoderaron de San Juan Bautista (Villahermosa), aunque fueron desalojados; al
año siguiente, cuatro navíos ingleses escondidos en Cozumel
atacaron Río Lagarto, Campeche, siguieron hacia el Golfo de México
y a principios de 1600 estos mismos piratas atacaron de nuevo San Juan Bautista
(Villahermosa) Tabasco y pasaron frente a Sisal.
El holandés Juan Cruyes atacó
a Sisal, el 10 de diciembre de 1661, que fue repelido por la pronta
reacción de sus habitantes. Lo mismo sucedió cuando en 1663 el
pirata conocido como Bartolomé Portugués atacó una hacienda
cercana a Campeche y murió en el intento.
El 7 de agosto de 1633 corsarios ingleses
habían incendiado un carguero frente a Dzilam, Yucatán, mientras
cuatro días después 10 navíos del holandés Cornelio
Jol alias pata de Palo, guiados por Diego el Mulato, pirata local, se ubicaron
frente a Campeche, puerto y ciudad que atacaron el día 12.
Escribió la crónica de estos acontecimientos el sacerdote
franciscano Diego López de Cogolludo.
En abril de 1636 siete buques bajo el mando
de Diego el Mulato atacaron la nave del Marqués del Santo Floro en
Dzilam, ese mismo año Diego el Mulato apresó en alta mar entre
Hecelchakán y Campeche el barco de Isabel Caraveo reciente viuda del
gobernador de Yucatán Fernando Centeno, a la que respetó y
devolvió sus propiedades al saber su nueva situación (De Jarmy
Chapa, 1983).
En octubre de 1642 corsarios holandeses
secuestraron a fray Martín Tejero y Lucas de San Miguel en los pueblos de
Zoité y Cehaké, que saquearon, sabían que la
población siempre pagaba rescate por los sacerdotes y las monjas, lo que
no era tan seguro tratándose de gobernantes civiles o militares. Ese
mismo año, Diego el Mulato asaltó la villa de Salamanca de
Bacalar y el pueblo de Zoité. En 1644, el corsario inglés Jacobo
Jackson se dejó ver en Campeche y bajó en
Champotón por provisiones donde
secuestró a los frailes Antonio Vázquez y Andrés Navarro.
Todas estas aventuras pueden ser objeto de estudio de la historia
regional.
La sociología y la psicología
se deben conjuntar para entender fenómenos piráticos como la
llamada Cofradía de los hermanos de la Costa.
J. y F. Gall nos dicen que son inciertos
los orígenes de esta organización, pero que seguramente se
formó con prófugos de la ley y con los esclavos blancos llamados
"bons - men", evadidos de sus amos; eran éstos hombres tomados a la
fuerza en las costas europeas para que sirvieran en las islas, o gente pobre
que se ofrecía a servir de manera voluntaria por un cierto número
de años a cambio del pasaje. Con esta base se fundaron las estirpes de
bucaneros que colonizaron la Española.
Cuando los españoles desalojaron de
Haití a los bucaneros, éstos se pasaron a la isla Tortuga y
comenzaron a organizarse para sobrevivir. Los unían dos razones
poderosas: la búsqueda de la libertad y el botín que podían
obtener de los ataques a los españoles, sus odiados
enemigos.
Los bucaneros fundaron en Tortuga la
Cofradía de los Hermanos de la Costa que funcionó entre
1620 y 1655, e incluso elaboraron unas normas mínimas de convivencia en
una especie de democracia muy primitiva:
1ª. Ley: Ni prejuicios de
nacionalidad ni de religión
2ª. Ley: No existe la
propiedad individual
3ª. Ley: La "Cofradía" no
tiene la menor injerencia en la libertad de cada cual.
4ª. Ley: No hay Código
Penal, las querellas se ventilan de hombre a hombre
5ª. Ley: No se admiten
mujeres.
Aunque las cuatro primeras leyes eran algo
inusuales para la época y a decir de los Gall, representan una primera
manifestación de pensamiento libertario inspirada en el protestantismo
individualista francés (hugonote), la más peculiar por llamarla de
alguna manera es la quinta. Esta última podría funcionar en clubes
masculinos, bares y demás pero, ¿en una isla habitada
permanentemente por varios miles de hombres en un período de treinta y
cinco años?
Según la narración de los
Gall respecto a la Cofradía, los filibusteros reunidos en Asamblea,
elegían un Gobernador por votación mayoritaria, controlado y
supervisado por un Consejo de Ancianos, quienes eran los únicos
autorizados a admitir el ingreso de un nuevo miembro.
Las reglas de entrada no estaban escritas
ni eran rígidas, pero si configuraban un ritual de todos conocido
denominado genéricamente "matelotage", el cual prescribía en
términos generales que para poder pertenecer a la Cofradía, el
recién llegado debía entrar al servicio de un filibustero. Los
mismos Gall aclaran que en el francés de su época se llamaba
"matelote" a la confidente de una cortesana o a la esclava de una
dama.
El joven "matelot" no participaba en la
elección del gobernador ni recibía salario, pero era protegido,
alimentado y vestido por su amo. En las expediciones de piratería, los
matelotes deben preparar las municiones, recargar las armas, incendiar los
restos y ayudar a cargar el botín. En casa, el matelot debía
lavar, planchar y zurcir la ropa, hacer la comida, preparar y servir las bebidas
a su amo y amigos. Después de varios años, entre dos y cinco, se
ponía a votación si se admitía o no como "hermano" de pleno
derecho al matelot, entonces ya no tan joven, completamente adiestrado en las
artes y vida bucaneras.
Por lo que se puede observar hasta
aquí, la forma de vida e incluso el nombre y funciones de los aprendices
en Tortuga, sugiere con un alto grado de probabilidad, la posibilidad de que
esta isla fuera el refugio gay más grande del mundo occidental, pues los
aprendices por lo general eran muchachos de quince a veinte años que
servían para todo a hombres entre treinta y cincuenta
años.
No hubiese sido raro que en un ambiente tan
artificial y alejado de cualquier práctica social considerada
"políticamente correcta" en la época, que los piratas se hubieran
enamorado de sus jovencitos, usándolos como o en vez de mujeres, las
cuales estaban prohibidas por la quinta ley, lo que daba una cierta legitimidad
a estas uniones. Sin embargo, falta una investigación más
profunda.
10.- Las estructuras son configuraciones
pasajeras que adoptan los procesos
Las estructuras estatales de los imperios
entre los siglo XVI y XIX cambiaban con una velocidad casi semejante a la de la
vida contemporánea, pues la diplomacia y la política
internacionales iban siempre a la saga de las poblaciones de aventureros que
colonizaban y se apoderaban de diferentes territorios con cambiante fortuna.
En 1562 los franceses establecieron su
primera colonia en Florida, de la que fueron expulsados a sangre y fuego por
españoles provenientes de Cuba y Santo Domingo, isla esta última
que valía entonces más que toda Inglaterra, a decir de
Germán Arciniegas en su bello texto.
Los ingleses comenzaron a colonizar las
costas de América del Norte con la fuerte oposición
española, pues este país argumentaba el derecho de descubrimiento
y la concesión otorgada por el Papa Alejandro VI mediante su Bula
Alejandrina, quien dividió el mundo entre españoles y portugueses.
Los ingleses por su parte justificaban su presencia en América negando
los derechos españoles y portugueses que no les parecían
consistentes con el derecho natural, además de que, según ellos,
los indios americanos les habían pedido ayuda para defenderse de las
depredaciones ibéricas, en tanto carecían de tecnología
propia equivalente a la europea, según la versión del padre
Gage.
Como Inglaterra no podía chocar de
frente con España en un primer momento, mando a sus colonos a Jamestown
Virginia en 1607, colonizó Saint Kitts (San Cristóbal para los
españoles) en 1623, y debió compartir la isla con los franceses
veintinueve años más tarde en aras de la unidad contra un enemigo
común bastante poderoso. Los bucaneros empezaron a colonizar Jamaica en
1655 e inyectaron nueva vida a su capital Port Royal, "que se transformó
en una de las más ricas y probablemente de las más viciosas
poblaciones de toda la redondez de la tierra" (Gosse: 1948, p.
25).
Ese mismo año, el gobernador
francés de Tortuga Monsieur Bertand D´Ogeron mandó a traer
de París huérfanas, rameras sacadas de la cárcel,
pelanduzcas recogidas del arroyo, vagas sinvergüenzas, y organizó
una subasta entre los corsarios para sacar los costos del pasaje de estas damas,
pero advirtiéndoles a los posibles compradores que las podrían
adquirir como "compañeras", en un rango un poco inferior al de "esposas",
dado sus orígenes, pero muy superior al de "esclavas", con la
intención de formar familias blancas que ayudaran a mantener el control
de esos territorios en manos francesas (Santiago Cruz, 1962, p. 105 - 106).
"Ha llegado hasta nosotros una
relación sobre la llegada de esas mujeres a la isla de Tortuga,
según la cual, la acogida que les hicieron los filibusteros fue muy
distinta de la que pudiera imaginarse. Los hombres formaban un
semicírculo en la playa; muchos se habían rasurado. Las mujeres
fueron siendo desembarcadas de diez en diez. Cuando la canoa encallaba en la
arena, ellas saltaban al agua con las faldas recogidas hasta la mitad del muslo,
y allí esperaban al resto de sus compañeras.
Todo el mundo permaneció en silencio
hasta que la última mujer puso pie en tierra. Las mujeres no osaban mirar
a los hombres a la cara y estos parecían indiferentes. De repente, uno de
los "hermanos" se destacó de los otros y apoyado en su fusil
empezó un largo discurso, ceremonioso, severo y grandilocuente.
Habló de "buen comportamiento", de "honestidad", de "fidelidad" e incluso
de "redención". Y acabó diciendo a las mujeres que puesto que
habían escogido esa línea de conducta, deberían seguirla a
toda costa y corregir sus "malos instintos".
La "venta" se desenvolvió dentro de
la mayor calma. Las mujeres se adaptaron sin dificultad" (J. y F. Gall, 1978, p.
109 - 110). Al parecer, la mayoría de las uniones dieron frutos en la
persona de numerosos chiquillos rubios, que pronto siguieron los pasos
profesionales de sus progenitores.
En 1670 mediante el Tratado de Madrid, los
ingleses obtuvieron en propiedad la isla de Jamaica, con lo que lograron una
base formidable para sus posteriores depredaciones de toda la zona del Caribe y
Golfo de México, como lo demostró el hecho de que en ese mismo
año piratas ingleses dominaron la Laguna de Términos y las islas
de Santa Ana, Cozumel, Mujeres y Zacatlán, dentro de territorio
novohispano, actualmente mexicano.
La miopía de los negociadores
españoles de Madrid, en vez de alejar el peligro bucanero del continente
americano lo acercó más aún, hasta el seno mismo de los
territorios y permitió que en 1671 Morgan se apoderara de Panamá
(Gosse: 1948, p. 12).
Gosse afirma que Morgan entabló y
ganó una demanda contra un escritor francés que había
afirmado en un libro que Morgan había sido esclavo en las Antillas
menores y había desempeñado trabajos serviles. Lo que según
Gosse molestó a Morgan era que se había tratado de rebajar su
origen social, que él mismo consideraba de alcurnia.
En 1666 Sir Thomas Moodyford, gobernador
inglés de Jamaica comisionó al capitán Edward Mansfield
para capturar Curazao, según Gosse esta fue la primera oportunidad que
tuvo Morgan para obtener el mando de un buque (el más pequeño de
la flota, pero infinitamente mayor que las endebles canoas en las que Morgan
inició su práctica pirática); y al parecer la
aprovechó de inmediato.
En 1669 Morgan saqueó Maracaibo y
retuvo secuestrada a la ciudad y a sus habitantes por cinco semanas,
torturándolos con violaciones, asesinatos, robos, estupros y
demás violencias propias de delincuentes impunes.
De regreso a Jamaica, el gobernador
Moodyford le ordenó:
"que juntase una gran flota y saliese a
hacer todo el daño posible a los españoles en sus buques,
ciudades, almacenes y
depósitos",
"como no hay otra
paga con que animar a la flota, tendrán (los tripulantes) todos los
bienes y mercancías que capturen en esta expedición, dividido
entre ellos, de acuerdo con sus reglamentos"
( Gosse, 1948, p. 27 y
28).
La justificación jurídica del
Mare clausum o monopolio español en América fue elaborada
por Camilo Borrel en su libro De regis catolico protestantia, tesis que
apoyaron Fray Serafín de Freitas y Solórzano Pereyra; mientras que
del lado contrario, el holandés Hugo Grocio publicó en 1609 su
obra magna Mare liberun sive de jure quod Batavis competit ad Indicana
comercia disertatio, publicado en primera edición en Leyden Holanda,
aunque después se tradujo a los idiomas nacionales y se reimprimió
numerosas veces. A la idea española de monopolio, débilmente
sustentada, Grocio opone la idea del libre comercio y mares abiertos, algo muy
de moda al día de hoy.
En 1698 diez años después de
la muerte del gobernador / pirata Morgan y con la intención de
institucionalizar el control político / administrativo de la isla, John
Locke, escribió sus Instrucciones para el buen gobierno de la isla de
Jamaica, después de la experiencia de haber redactado en 1670 la
Fundamental Constitution of Carolina, territorio que años
más tarde sería parte de los Estados Unidos de
América.
Estas instrucciones le fueron solicitadas
gracias a su prestigio como escritor y filósofo, además de su
vasta experiencia como asesor de políticos ingleses de primer nivel, por
el Board of Trade de Londres, oficina de comercio exterior del gobierno
inglés encargada de supervisar el funcionamiento de las burocracias
coloniales.
Con el apoyo de intelectuales de tal fuste,
es evidente que las empresas piráticas tenían que prosperar con
rapidez, pues los españoles no tenían entonces talentos de calidad
equivalente asesorando a su gobierno. Todavía en el siglo XVII, el poeta
inglés John Milton, publicó su Scriptum domini protectoris
contra hispanos, donde argumentaba la necesidad de abrir los mares y el
comercio mundial a todas las naciones, en vista de que los propios
españoles no eran capaces de abastecer sus colonias con los productos de
primera necesidad en cantidad suficiente para sus habitantes.
En aparente respuesta a las demandas
inglesas, francesas y holandesas de libre comercio con las colonias
españolas, el 1º. de octubre de 1650 llegó a Campeche el
nuevo gobernador de Yucatán García Valdés y Osorio Conde de
Peñalva, quien de inmediato construyó fortificaciones en la ciudad
y armó una fragata de guerra con tripulación campechana, la cual
le sirvió para capturar 20 filibusteros, inmediatamente ejecutados pues
no tenían redención posible. Antes estas circunstancias el
inglés Thomas asaltó Yobaín en abril de 1652;un mes
después, el inglés Abraham asaltó Salamanca de Bacalar,
donde asesinó al capitán Bartolomé
Palomino.
En cuanto a filibusterismo no había
concepto de nacionalidad que valiera, pues hasta españoles como Salvador
de Herrera aprovechaban el caos para asaltar tierras novohispanas. Este pirata
bajó a tierra en Santa Clara con ciento cuarenta filibusteros apenas dos
meses después de Abraham.
Como no existe mejor defensa que el ataque,
unos pescadores campechanos de San Román que habían sido
secuestrados por ingleses en 1654, atacaron a sus captores, mataron a ocho,
entre ellos al capitán y llevaron la fragata a Campeche donde la pusieron
al servicio de la guardia costera. José Canul su jefe fue nombrado
capitán, para aprovechar su valentía y arrojo en la defensa de sus
paisanos.
Cuatro años después una
balandra campechana que regresaba de La Habana con sólo once tripulantes
logró capturar a un navío inglés cargado de
mercancías, con lo que se aplicó el dicho de "ladrón que
roba a ladrón..."
El 7 de enero de 1661, Henry Morgan
incendió dos fragatas frente a Campeche puerto y ciudad atacados dos
años después con mil docientos hombres por el filibustero
holandés Eduard Mansvelt. Posteriormente, filibusteros ingleses
desembarcaron en Chicxulub y avanzaron por tierra hasta Ixil.
Campeche también sufrió el
ataque en 1664 del pirata llamado Rock el Brasileño. Originario de
Gröningen en el norte de Holanda, había emigrado al Brasil siendo
muy joven en compañía de sus padres, quienes tenían la
intención de colonizar la zona de Bahía.
De inteligencia excepcional,
aprendió rápidamente portugués y las lenguas
indígenas más usadas en Brasil, de aventura en el Caribe pronto se
desenvolvió en inglés y en español como nativo de Castilla,
por lo que confundía a muchos con su habilidad.
"Era un hombre vigoroso, de mediana
estatura, cara ancha y ojos grandes, a la vez duros y sonrientes. Una de sus
características era la crueldad con que trataba a sus prisioneros,
llegando hasta a asarlos en un palo, como si se tratase de reses."(De Jarmy
Chapa, 1983, p. 197 - 198).
Una vez que navegaba cerca de Campeche, una
tormenta lo hizo zozobrar, tras caminar dos días en busca de ayuda se
enfrentó a un grupo de españoles que habían sido alertados
por los indígenas. Los derrotó y se apoderó de sus caballos
con los que siguió adelante, hasta encontrar a un grupo de madereros que
talaban palo de campeche y lo subían a una embarcación.
Robó el barco y se acercó a la ciudad, fue hecho prisionero y
enviado a España. En Europa consiguió liberarse, viajó a
Inglaterra y regresó a las Antillas, allí se asoció con
otro bucanero de nombre Tribulot, a quien propuso atacar Mérida en
Yucatán, aprovechando su reciente estancia en la zona.
Pusieron manos a la obra y atacaron, pero
nuestros paisanos ya estaban advertidos; se defendieron; atacaron bravamente a
los piratas, haciéndoles muchos muertos, heridos y prisioneros. Rock el
Brasileño se apoderó de un carguero y regresó a Jamaica.
No se volvió a saber de él (De Jarmy Chapa, 1983, p. 198 -
199).
Laurent de Graff de origen holandés
o Lorencillo, como le decían de cariño los campechanos,
atacó la ciudad y puerto de Campeche por primera vez el 31 de marzo de
1672, diez días después incendió el puerto de
Champotón.
Lewis Scott y sus filibusteros
sabían que Campeche estaba mal resguardada, por lo que al regreso de la
ciudad de Tuxpan reunieron en la laguna de Términos una fragata, dos
balandras y ocho piraguas con doscientos cincuenta hombres quienes se
introdujeron en el Castillo el diez de julio de 1678. Tomaron la ciudad y
cometieron sus ya acostumbrados excesos sobre la población civil
(Santiago Cruz, 1962, p. 164). En 1680 el gobernador de Alvarado, Veracruz,
Layseca expulsó a los ingleses de la Laguna de Términos, por lo
que el rey español Carlos II lo nombró Conde de la laguna de
Términos.
El17 de mayo de 1683, Lorencillo, Grammont
y Van Horne, atacaron Veracruz con once naves y mil dos cientos hombres que se
reunieron en el sitio conocido como Vergara, a una legua del puerto, que por
entonces no estaba fortificado y contaba sólo con el baluarte de Caleta y
el de la pólvora, bajo la custodia de unos cuantos soldados que fueron
muertos a puñaladas.
Reunida la población en la catedral,
por los facinerosos, se le hicieron las presiones y tormentos de rigor para que
los ricos de la ciudad pagaran un rescate de dos millones de a ocho en oro. Como
sólo se lograron reunir trescientas mil piezas, el tormento y las
violaciones continuaron por once días hasta juntar ciento noventa mil
piezas más.
El domingo 30 de mayo entro a puerto la
flota española con diecisiete naves de guerra, por lo que Lorencillo tuvo
que salir huyendo entre estos barcos sin que nadie lo persiguiera, pues no
estaban advertidos.
(De Jarmy Chapa, 1983)
Como siempre, dos meses después del
desastre llegó el virrey a Veracruz y ordenó perseguir a los
bucaneros, logrando atrapar una sola nave con noventa hombres. Lorencillo
juró volver a recoger el botín que había abandonado en su
huida. (De Jarmy Chapa, 1983, p. 241).
El 23 de abril de 1684 parte de la gente de
Lorencillo atacó y tomó Tampico, mientras que el 6 de julio de
1685 éste pirata y su colega Grammont atacaron de nuevo Campeche con diez
navíos, seis balandras, un "barco luengo" y veintidós piraguas.
Van Horne había sido asesinado en el Caribe por sus
socios.
En este ataque se cometieron abusos contra
la población y nuevas depredaciones, resintiéndose además
el incendio de los archivos históricos campechanos por los piratas. Por
fortuna, cuando se intentó atacar la ciudad de Mérida, Lorencillo
y sus compinches fueron obligados a huir (De Jarmy Chapa, 1983, p.
242).
El 3 de enero de 1686 el gobernador de
Campeche Bruno Téllez colocó los cimientos de la muralla y los
baluartes, para frenar otro ataque de piratas y proteger mejor a la
población. En la primavera de ese año, Lorencillo
desembarcó con 500 hombres en la Bahía de la Ascensión, y
saqueó Tihosuco y Tixcacalcupul.
Alvaro de Rivaguda gobernador de
Yucatán expulsó a los ingleses de la laguna de términos en
julio de 1704, aunque al año siguiente el filibustero Barbillas
regresó a la laguna con hombres recién contratados en
Jamaica.
El alcalde mayor de Tabasco Pedro Mier y
Terán desalojó a los ingleses de la isla de Tris en 1707, aunque
no pudo evitar que en 1708 Barbillas anclara frente a Campeche y saqueara la
población de Lerma. Todavía en 1710 Barbillas asaltó las
poblaciones de Santa Clara, Dzilam y Tecax.
El 1º de enero de ese mismo
año pero del lado del pacífico, el pirata inglés Woodes
Rogers se apoderó del buque Nuestra Señora de la
Encarnación que venía de Manila a Acapulco frente a las costas
de Mazatlán.
La encarnizada lucha entre civiles,
soldados y marinos novohispanos contra la penetración inglesa en tierras
continentales continuaba: el diecisiete de abril de 1713, filibusteros de esa
nacionalidad se apoderaban de Cozumel desde Belice, para reforzar su avance
hasta la isla y laguna de Términos frente a Campeche, de donde fueron
desalojados hasta 1716, iniciando un impulso que culminaría en 1724,
cuando una flota campechana incendió las posiciones inglesas en la rivera
del río Walix y se prolongó hasta 1733, fecha en que el gobernador
Antonio de Figueroa y Silva atacó y destruyó todas las posiciones
inglesas en Belice.
Por desgracia, para mediados del siglo
XVIII la situación geopolítica mundial había cambiado a
favor de Inglaterra, pues mientras España era una potencia en
agonía, su adversario londinense había aumentado su
población, consolidado sus flotas mercante y de guerra, estaba en un
proceso acelerado de industrialización conocido como Revolución
Industrial, y disponía de recursos económicos crecientes y grandes
bases en el norte de América, pues las colonias prosperaban sin cesar,
estando aún lejana la lucha por la independencia de los Estados
Unidos.
Las colonias españolas en
América, especialmente la Nueva España se sostenían con sus
recursos y se defendían con sus propios capitales y la bravura de sus
hombres y mujeres, lo que dificultaba los avances ingleses pero no los
impedía, como lo demostró el ataque del comodoro George Anson a
Zihuatanejo el 24 de febrero de 1742, así como su frustrado ataque a
Acapulco tres meses después.
En vista de la valentía de los
mexicanos Anson decidió merodear en el Pacífico lejos de nuestras
costas con lo que logró capturar a la vista de Filipinas, el primero de
julio de 1743, al galeón Nuestra Señora de Covadonga que se
le había escapado de Acapulco.
Un año después, Anson
volvió a su país y, con el tiempo, fue nombrado Primer Lord del
Almirantazgo, en acatamiento de la antigua tradición inglesa de elevar a
los puestos de mando más destacados a los mejores y más
cínicos piratas.
Los ataques ingleses a las poblaciones de
la península de Yucatán desde Belice continuaron con cierta
regularidad, pues la zona era muy rica y poblada; aunque al parecer ya no se
arriesgaban a bajar a Campeche, pues sus baluartes eran sólidos y su
gente era experta en la defensa de sus intereses.
De este modo, en 1779 se organizó
una flota campechana que atacó y destruyó todas las posiciones
inglesa en Belice, lo que en cierto modo fue inútil, pues cuatro
años después, España autorizó la colonización
inglesa de Belice por el Tratado de Versalles.
Una vez iniciado el siglo XIX y con
él los disturbios políticos y militares causados por las guerras
de independencia de Latinoamérica, los piratas como Luis Aury tuvieron
otro buen pretexto para continuar con sus desmanes en las zonas de conflicto,
que estaban fuera de control administrativo. Aury estableció su base en
Galveston, Texas y desde allí atacó el comercio español del
Caribe a partir de 1816.
Las tácticas de los piratas
caribeños del siglo XIX son descritas magistralmente por don
Martín Luis Guzmán en su estudio, del que cito un fragmento a
continuación.
El 20 de agosto (de 1812) a la altura de
las Bahamas, el
bergantín La Trinidad fue
apresado por un bergantín-goleta
de su majestad británica, The
Variable, que condujo su presa
al puerto de Nassau, en la isla de Nueva
Providencia.
La fe de Correa de que alguien había
de pagarle alguna vez
daños y perjuicios se acrecentaba en
presencia de lo que
sucedía entonces en Nueva
Providencia, ya famosa en los
tiempos en que Morgan asolaba con sus
piraterías las rutas
y puertos de la Spanish Main. Presas
españolas, aparte de La
Trinidad, tenían en Nassau
ocho o nueve, la fragata Resolución,
los bergantines Antílope y Correo
de la Habana, las goletas
Isabel, Luisa, María, Luisa
Antonia. Y al par que estas presas
españolas, las había
francesas, americanas, italianas,
holandesas y de otras muchas
nacionalidades. Varios
capitanes de buques estaban presos, y sus
barcos, todos o
casi todos, saqueados, confiscados,
vendidos al mejor postor.
Desposeídas de sus víveres y
muriéndose de hambre,
las tripulaciones vagaban por las
callejuelas del puerto
hasta que se enrolaban en los navíos
ingleses -que era
justamente lo que se quería, pues a
la marina británica le
faltaban hombres- o hasta que
conseguían fugarse de
aquél infierno ( Guzmán, 1995
tomo I, p. 1058 a 1060).
Entre 1807 y 1810 merodeaba al norte del
Golfo de México un pirata conocido como Juan Lafitte, cuya base de
operaciones estaba en la desembocadura del río Mississipi, desde donde
atacaba navíos de todas las banderas, inclusive norteamericana.
En 1817 el pirata Lafitte se
disfrazó de patriota latinoamericano en lucha por la independencia de las
colonias españolas en América para ocultar su verdadero negocio y
estableció una base de operaciones en la isla de Galveston, de la que
desplazó a Aury para controlar personalmente el negocio, hasta que en
1819 fue expulsado hacia el sur del Golfo de México por el comandante
norteamericano Kearny. Martín Luis Guzmán consigna que Lafitte
murió en Dilam, pueblo yucateco, en 1826 ( Guzmán,1995, tomo
I).
El almirante inglés Thomas Cochrane
ofreció sus servicios a Iturbide quien declinó. No obstante,
Cochrane aprovechó su estancia en México para saquear el 17 de
febrero de 1822 San José del Cabo y poco tiempo después
Loreto.
11.- Los procesos siempre hacen
crisis
La piratería puede explicarse
también como el resultado de un proceso que hizo crisis: el Imperio
español creció muy rápido, Castilla se convirtió en
el centro de un imperio mundial en menos de setenta años, por lo que, al
tratar de imponer sus concepciones feudales como el monopolio comercial
favorable a sus empresarios, la prohibición de colonizar a gente no
católica ni de lengua castellana y el rechazo de la libertad religiosa
sobre amplios territorios, lo único que consiguió fue generar
descontento y oposición entre todos aquellos que se sentían
capaces de competir contra los ibéricos.
Los españoles siempre describieron a
los piratas, corsarios, filibusteros y bucaneros como poco menos que bestias
sedientas de sangre católica; incluso durante muchos años hicieron
sinónimo corsario de luterano, con lo que se mostraron dispuestos a
llevar el conflicto al campo religioso para consolidar el odio popular a todo lo
extranjero o "no hispánico". Llegaron a apodar a los ingleses, al menos
por dos siglos "los perros del mar" y cuando atrapaban a algún
navío juzgaban a los tripulantes como luteranos o "no católicos",
no como delincuentes que asaltaban, robaban y mataban.
Daniel Defoe en Robinson Crusoe,
novela publicada a principios del siglo XVIII, ya menciona la suerte corrida por
sus compatriotas en la Nueva España: “Le dije que
resultaría muy duro que yo me convirtiera en el instrumento de su
salvación, y que luego ellos me hicieran prisionero en Nueva
España, donde un inglés tenía todas las posibilidades de
ser ejecutado, fueran cuales fuesen las razones que lo habían llevado
allí, ya fuera la necesidad o un accidente; y que prefería ser
entregado a los salvajes y ser devorado vivo, que caer en las despiadadas garras
de los sacerdotes y ser llevado ante la Inquisición” (Defoe, 1999,
p. 255).
En diciembre de 1604 el embajador veneciano
en Londres escribía que "los españoles en las Antillas capturaron
dos barcos ingleses, les cortaron las manos, pies, narices y orejas a las
tripulaciones, les untaron miel y los abandonaron, después de amarrarlos
a los árboles, para que las moscas y otros insectos los torturasen"
(Gosse: 1948, p. 12). Defoe se refiere a los españoles de manera
indirecta en su novela, haciendo decir a nativos del Caribe que los hispanos
mataban a mucha gente; “Comprendí que se refería a los
españoles, cuyas crueldades en América se habían extendido
por todos los países y eran recordadas por todas las naciones de padres a
hijos” (Defoe, 1999, p. 226).
Por supuesto que esta forma de combate
entre naciones "civilizadas" (España contra Inglaterra) no podía
menos que hacer crisis y conducir a una intensificación de la violencia y
odio con los que un bando trataba al otro a la menor provocación.
España comenzó a perder la
batalla contra otros imperios desde el momento en que no se modernizó, ni
se industrializó, al tiempo que evitaba actualizar su flota y revalorar
socialmente el oficio de marinero.
“En las flotas españolas ser
marinero venía a significar el pertenecer a un rango social casi
equivalente al de los galeotes; era un oficio que atraía bien poco a los
habitantes de las costas por lo mal pagado y porque el ejercitarlo significaba
para el enganchado largo servicio, mala comida, pésimo vestido y
menosprecio social” (Ortega y Medina, 1981, p. 152).
Tanto Ortega y Medina como los Gall,
están de acuerdo en que la marinería entre los españoles
estaba siempre muerta de hambre,
esclavizada a los nobles que
ejercían el mando, sin derechos laborales ni humanos y con salarios
simbólicos, mientras que del lado pirata se hacían siempre dos
comidas al día, a las diez de la mañana y a las seis de la tarde,
según la costumbre inglesa, pero no había límite a lo que
debiera ingerir de ración cada marinero, la bebida era abundante y a
cualquier hora, los piratas tenían una tabla para repartirse el
botín y la respetaban escrupulosamente, dando oportunidad a cualquiera de
enriquecerse, todos los barcos piratas llevaban músicos a bordo quienes
debían tocar durante los alimentos, combates, asaltos o cuando lo
ordenara el capitán, de día o de noche. Sólo exigían
obediencia servil al capitán o jefe de tropas de tierra durante los
combates y asaltos, pero los marinos tenían libertad personal
enganchándose por períodos variables según su propia
voluntad o criterio. De este modo se explica por qué las flotas
imperiales españolas siempre andaban escasas de personal, mientras los
piratas abundaban.
Otro elemento en contra de los
españoles fue su empecinamiento en técnicas navales obsoletas y su
negativa a evolucionar, como si hicieron los ingleses por ejemplo. Los
españoles estaban acostumbrados a derribar a cañonazos las velas
de los barcos enemigos, atraerlos con ganchos, abordarlos y combatir cuerpo a
cuerpo sobre la nave enemiga; la neurosis de Felipe II lo llevó a
reglamentar tan minuciosamente todos los actos de la vida de su pueblo que
implantó de manera definitiva esta forma de combate en los manuales
operativos de su marina de guerra, castigando cualquier innovación al
respecto.
Sabedores de ese penoso pero fundamental
detalle reglamentario, los ingleses desarrollaron artillería naval de
mayor alcance y mejor poder de fuego, con la intención de hundir los
barcos enemigos a distancia con menor riesgo para ellos.
Por otra parte, los españoles
dejaron el control de la fundición y diseño de la
artillería en manos de alemanes, holandeses y belgas quienes, una vez
independizados del Imperio se llevaron sus conocimientos consigo. A fines del
reinado de Felipe IV, “en el colegio jesuita de San Isidro sólo
quedaba el padre Affito, que impartía sus clases (de balística y
artillería) frente a ocho alumnos que jamás habían visto
cargar y apuntar un cañón ni oído ni oirían nunca
el estampido de una pieza” (Ortega y Medina, 1981, p.
213).
Como los piratas era una forma de lucha
provisional de los imperios menos maduros y/o más débiles contra
el poderoso Imperio español de los siglos XVI y XVII, en cuanto se
consolidó la monarquía francesa y el gobernante en turno Luis XIV,
se sintió capaz de combatir con la fuerza del Estado, de manera frontal a
su adversario, disolvió la Compañía de las Indias
Occidentales, mediante el edicto de Saint-Germain-en-Laye en 1674, con lo cual
puso fuera de la ley a los corsarios y similares que tan buenos servicios
habían prestado a sus antecesores.
12.- Los procesos complejos
interaccionan fuertemente con el medio
El hecho de que la piratería o el
corso no hayan sido fenómenos simples o aisladas manifestaciones de
delincuencia organizada, queda demostrado porque la existencia de actividades
piráticas en una región del mundo, tenía como consecuencia
la dinamización de la vida económica de la ciudad que les
servía de base y la creación de numerosos empleos que generaban
aumento de la población, complejización de su vida social y
aparición de especialidades profesionales incluso dentro de la misma
piratería, que exigía expertos en navegación para oficiales
y capitanes, maestres de velamen, pilotos, médicos cirujanos,
músicos, carpinteros, artilleros, herreros.
(J. y F. Gall, 1978, p. 160 -
162).
Ya bien sea en el norte de Africa, en el
Mediterráneo oriental, el Atlántico norte o el Caribe, aparecieron
ciudades muy prósperas donde sólo había aldeas de
pescadores o casi ningún habitante antes de las acciones de corso,
filibusterismo o piratería, de cualquier signo o nación que fueran
sus practicantes.
"La piratería exige necesariamente
un circuito de intercambio; es inseparable del comercio. Argel no habría
llegado a convertirse en un gran centro de corsarios sin llegar a ser, al mismo
tiempo, un gran centro comercial" (Braudel,1997, Tomo II, p.
291).
La interacción pirática se
daba no únicamente en su entorno inmediato, tuvo repercusiones mundiales
a largo plazo y de manera global, pues fortaleció a la burguesía
de la City londinense, le dio fuertes argumentos de dominación mundial en
forma de datos geográficos precisos, cartas de navegación
confiables, conocimientos de rutas y riqueza de los grandes territorios en poder
de los españoles.
Piratas ingleses hubo que bajaban del barco
en que habían cometido sus depredaciones en el Caribe y otros mares, para
dictar conferencias, escribir libros que les daban gloria y les acarreaban el
respeto de los intelectuales de Cambridge, Oxford y la Real Sociedad. Ejemplo
notable en este sentido fue Lancelot Blackburne, un graduado del Christ Church
en Oxford, quien vagabundeó con los bucaneros del Caribe entre 1681 y
1682.
"Corrió la historia de que un buen
día apareció en Inglaterra un bucanero preguntando qué
había sido de su camarada Blackburne, hasta ser informado que era ahora
Arzobispo de York. Horace Walpole, (Conde de Oxford, célebre poeta e
historiador inglés, hijo de Horacio Walpole, Barón de Walterton,
estadista inglés) creía o al menos pretendió creer, que
Blackburne fue bucanero, pues escribió: <El viejo y jovial Arzobispo
de York, quien tenía todas las maneras de un hombre de calidad,
había sido bucanero y clérigo, pero no tenía nada de su
primera profesión, salvo el serrallo>" (H. Walpole, Los
últimos diez años de Jorge II, 1822, I, p. 75, en Gosse, 1948,
p. 41).
Dicen los que saben que el Arzobispo
Balckburne tenía como ayuda de cámara al famoso ladrón de
caminos inglés Dick Turpín y que la gente de los alrededores del
Palacio Arzobispal ( Bishopthorpe) pronto comenzó a notar que todas las
noches en que el Arzobispo y Turpin salían "a pasear", las diligencias
del Norte eran atracadas. Mera coincidencia, posiblemente.
Aunque este Arzobispo de la Iglesia
Anglicana es uno de los casos más notables de jóvenes descarriados
que reflexionan y retornan al buen camino, al menos en apariencia, no es el
único. Se menciona también el caso de John Popham, salteador que
llegó a ser Jefe de la judicatura (Lord Chief Justice) o Justicia Mayor
en términos españoles, bajo el rey Jaime I de Inglaterra. En
contra de lo que pudiera pensarse, Popham desempeñó su cargo con
honestidad durante quince años, como experto que era en el oficio,
ningún asaltante se le escapaba; todos terminaron en la horca (Gosse,
1948, p. 41).
Lo mismo sucedió con el temible
pirata Morgan mencionado arriba, quien destruyó Panamá, lo que
generó una queja del gobierno español de Carlos II ante el monarca
inglés el cual debió arrestar y encarcelar a su protegido por
breve tiempo.
Como realmente Morgan actuaba bajo la
protección del rey y las personas más destacadas de Inglaterra, no
era posible castigarlo. Se le armó caballero en Londres,
otorgándosele el puesto de Teniente de Gobernador de la isla de Jamaica
en abril de 1672. Al contrario de la mayoría de sus colegas que
morían violentamente y en condiciones horribles, Sir Henry Morgan
murió en su cama en 1688; se le enterró en la Iglesia de Santa
Catalina de Port Royal (Gosse, 1948, p. 30).
Es de justicia mencionar que los
últimos dieciséis años de su vida, Morgan se dedicó
a perseguir, atrapar, juzgar y colgar a cuanto pirata se le ponía
enfrente, aunque prefería a los franceses, holandeses, cubanos y
mexicanos para decorar los árboles de Jamaica.
Ni que decir del sacerdote jesuita Juan
Bautista Labat, que escribió un libro sobre piratas intitulado Viajes
a las islas de la América (Antillas), donde por supuesto no menciona
que él mismo cantaba misas para los piratas en sus barcos, rogando a Dios
por el éxito empresarial de sus clientes (Gosse, 1948, p. 42 -
42).
A cambio de sus piadosos servicios, el
jesuita era recompensado con oro, joyas, muebles, telas y esclavos negros que
trabajaban para él mientras vivió en la isla convenientemente
llamada "de los santos", al sur de la Española, de la que sólo
salió para ir a morir a Francia donde alcanzó a imprimir la obra
que le dio fama de historiador.
El santo padre Dutertre, jesuita
francés del siglo XVII, también viajó con sus colegas
filibusteros, corsarios, piratas y bucaneros franceses en el mar Caribe, por lo
que escribió en su libro muchas de las experiencias que tuvo y varias
otras que inventó para robustecer el nacionalismo francés, algunas
tan exageradas como cuando habla de los indios caribes y los tacha de
caníbales:
"Aunque les gusta la carne de todos los
cristianos, la de los franceses les parece la más suculenta y tierna" (J.
y F.Gall, 1978, p. 72). Esto significaba posiblemente, que hasta en la cazuela
los franceses eran superiores a los españoles y a los
ingleses.
Alexander Olivier Oexmelin era un ciudadano
francés natural de Honfleur que arribó a las Antillas en 1658,
trabajó diez años en servidumbre para pagar su traslado con un
primer patrón malo y tiránico y un segundo amo de buen
corazón que era cirujano, quien le concedió la libertad en poco
tiempo.
Libre ya en 1668, con conocimientos
médicos y un cajón de medicinas se alistó como cirujano en
un navío bucanero y, mientras suturaba heridas, amputaba miembros
destrozados o acomodaba huesos dislocados, se dio tiempo para escribir sus
memorias un poco a escondidas, otro poco abiertamente, porque el único
que sabía leer en el barco era él.
En 1678 Exquemelin como lo conocieron los
españoles de su tiempo, publicó en Amsterdam en idioma
valón su libro bajo el título Die Americaensche Zeerovers,
el cual fue traducido al español tres años después por
Alonso de Buena Maisón, en vista de los datos de primera mano que
contenía y la notoria utilidad de la obra para el gobierno hispano, bajo
el título de Piratas de la América y luz a la defensa de las
Indias Occidentales, en la ciudad alemana de Colonia; sobre el texto
español se hicieron la traducción inglesa: The Bucaniers of
America, or a true account of the most remarkable assaults committed of late
years upon the coasts of the West Indies, 1684, London; y la francesa
Histoire des aventuriers filibustiers qui sont signales dans les
indies..., chez Benoit & Joseph Duplaix, Lyon, 1774, 4 vols., 12º
.
Este libro es denominado por Gosse el
manual del bucanerismo y ha sido saqueado por todos los que desde entonces
desean tratar este tema con cierta propiedad, incluyendo a Gosse, Arciniegas y
muchos otros, quienes ni siquiera lo citan o mencionan, siguiendo los usos
antiguos de plagio o piratería intelectual.
La edición más reciente que
conozco es la de 1988, española, de bolsillo, en pasta rústica, lo
que demuestra la perdurable popularidad de este clásico de la
piratería.
La obra de José de Espronceda, La
canción del pirata. Es producto únicamente de una
visión literaria romántica del mundo porque, para 1840 en que se
dio a conocer, los corsarios y piratas de verdad tenían más de un
siglo de haber desaparecido del Mediterráneo oriental y todos
habían sido antihispanos, por lo que el argumento del pirata
español contra Inglaterra era sólo una ilusión, posible
canto del cisne de un Imperio desmoronándose, al que sólo le
quedaban algunas islas como Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. Sin embargo suena
bien a los oídos de algunos niños sin conocimientos de
historia:
Con
diez cañones por banda,/viento en popa, a toda vela,/no corta el mar,
sino vuela/un velero bergantín./Bajel pirata que llaman,/por su bravura,
el Temido,/en todo mar conocido/del uno al otro confín./
La
luna en el mar rïela,/en la lona gime el viento,/y alza en blando
movimiento/olas de plata y azul;/y va el capitán pirata,/cantando alegre
en la popa,/Asia a un lado, al otro Europa,/y allá a su frente
Stambul:/
«Navega,
velero mío,/sin temor,/que ni enemigo navío/ni tormenta, ni
bonanza/tu rumbo a torcer alcanza,/ni a sujetar tu valor. /Veinte presas/hemos
hecho/ a despecho/del inglés,/y han rendido/sus pendones/cien naciones/a
mis pies.
Que
es mi barco mi tesoro,/que es mi dios la libertad,/mi ley, la fuerza y el
viento,/mi única patria, la mar.
Allá
muevan feroz guerra/ciegos reyes/por un palmo más de tierra;/que yo
aquí tengo por mío/cuanto abarca el mar bravío,/a quien
nadie impuso leyes.
Y
no hay playa,/sea cualquiera,/ni bandera/de esplendor,/que no sienta/mi
derecho/y dé pecho/a mi valor.
Que
es mi barco mi tesoro,/que es mi dios la libertad,/mi ley, la fuerza y el
viento,/mi única patria, la mar. /
A
la voz de «¡barco viene!»/es de ver/cómo vira y se
previene/a todo trapo escapar;/Que yo soy el rey del mar,/y mi furia es de
temer.
En
las presas/yo divido/lo cogido/por igual;/sólo quiero/por riqueza/la
belleza/sin rival.
Que
es mi barco mi tesoro,/que es mi dios la libertad,/mi ley, la fuerza y el
viento,/mi única patria, la mar.
¡Sentenciado
estoy a muerte!/Yo me río; /no me abandone la suerte,/y al mismo que me
condena,/colgaré de alguna antena,/quizá en su propio
navío./Y si caigo,/¿qué es la vida?/Por perdida/ya la
di,/cuando el yugo/del esclavo,/como un bravo,/sacudí.
Que
es mi barco mi tesoro,/que es mi dios la libertad,/mi ley, la fuerza y el
viento,/mi única patria, la mar. /Son mi música
mejor/aquilones,/el estrépito y temblor/de los cables sacudidos,/del
negro mar los bramidos/y el rugir de mis cañones.
Y
del trueno/al son violento,/y del viento/al rebramar,/yo me
duermo/sosegado,/arrullado/por el mar.
Que
es mi barco mi tesoro,/que es mi dios la libertad,/mi ley, la fuerza y el
viento,/mi única patria, la mar.»
Al igual que Espronceda, la escritora
Cecilia Böhr de Faber, nacida en Alemania y criada por sus padres en
Cádiz, toma elementos de la historia para hacer literatura de muy buena
calidad en español.
Böhl de Faber escribió con el
seudónimo de Fernán Caballero un librito de cuentos donde incluye
uno intitulado "Los caballeros del pez", en el cual los piratas africanos del
siglo XVI son reducidos a una bruja llamada "Berberisca" que atrapa en su
castillo, mediante artes mágicas, a personalidades de muy diversos
orígenes. Es precisamente un "caballero del pez" (la marina de guerra) el
encargado de salvarlos. Esta es la última mención que conozco de
los piratas en la literatura en nuestra lengua.
Otra obra de calidad literaria con el tema
piratesco fue hecha por el inglés James Barrie, en el libro The little
white bird, publicado en Londres en 1902. Dos años después, el
pajarito blanco ya se había convertido en Peter Pan, publicado en
la misma ciudad. La última versión que hizo Barrie de su libro se
llamó Peter and Wendy, que apareció en 1911 en
Londres.
La obra de Barrie comenzó a
popularizarse en medios más amplios cuando Eva Le Gallienne la
montó e interpretó a Peter Pan en una obra de teatro en Londres.
Es curioso que el personaje de Pan sea actuado por mujeres, cuando todos los
roles de piratas verdaderos fueron siempre masculinos, a excepción de las
dos mujeres piratas Anne Bonnet y Mary Read quienes se disfrazaron de hombres
para bucanear, estuvieron unidas a varones, pero en realidad eran lesbianas,
pues se enamoraron una de la otra y vivieron juntas como pareja. Es probable que
Bonnet y Read sean la excepción que confirme la regla, al menos en
Tortuga: se les admitió como camaradas porque en cierto modo
también eran gays.
En 1951 Jean Arthur escenificó a
Peter Pan, mientras que el excelente autor Boris Karloff representó al
Capitán Hook, con música de Leonard Bernstein en una puesta en
escena en la ciudad de Nueva York. Para esta fecha ya estaban dadas las
condiciones de una obra infantil y juvenil exitosa: el pirata bueno (Pan) se
enfrenta en una lucha inofensiva contra el pirata malo (Garfio) con una
escenografía de comparsas con parches en los ojos, patas de palo,
camisetas rayadas horizontalmente como sugerencia y ligera alusión a que
los piratas eran delincuentes -hay que recordar que los presos llevaban en
Estados Unidos y México ropa con rayas verticales desde 1925 cuando
menos, para imponerles los barrotes de la cárcel a donde quiera que
fueran-.
El muy talentoso Walter Disney
reelaboró esta obra que era de dominio público con algunas
adaptaciones: el Peter Pan niño (ya no mujer) como de diez años,
la minúscula hada campanita (esta si muy femenina, la ultima
versión en película representada por Julia Roberts) su
tripulación de niños abandonados (ahora les diríamos "de la
calle"), la "Tierra de Nunca Jamás" como archipiélago, un
Capitán Garfio de juguete, muy decorado con plumas, sable,
monóculo, ropa llamativa, botas de charol, que siempre sobre
actúa; un ayudante bonachón y borracho, lo mismo que todos sus
piratas siempre pegados al barril aparentemente de cerveza, lo que le da un
toque de veracidad al asunto pues, según todos los autores consultados,
el alcoholismo estaba muy arraigado en el gremio.
Curiosamente y este dato no ha sido
investigado, los piratas de Pan son niños desadaptados que se enfrentar
en escenas de violencia atenuada, porque nadie sale herido ni corre sangre, con
los piratas de Garfio, todos adultos mayores por un supuesto tesoro que nadie
define con precisión. La primera película de Disney, sobre Peter
Pan salió en caricaturas y se estrenó en 1953,
transformándose en un éxito inmediato.
En la última versión actuada
por Julia Roberts y Robin Williams, aparentemente el conflicto se genera por dos
situaciones: Peter Pan (Robin Williams) creció y aceptó vivir como
adulto "normal" olvidándose de su infancia. Garfio no lo perdona y
secuestra a su hijo, por lo que Williams debe volver a la "Tierra de Nunca
Jamás" a rescatar a su hijo con la ayuda y el consejo de Campanita (Julia
Roberts), apoyado por varios niños pobres a los que finalmente abandona a
su suerte. Esto es lo que se ve en la película pero, con los antecedentes
que poseemos de los bucaneros, podríamos estar viendo representada en
forma light, la lucha de dos machos maduros por un efebo, algo que seguramente
pasaba con cierta frecuencia en Tortuga, referente real de la "Tierra de Nunca
Jamás".
Conclusiones
Como hemos visto a lo largo de este
trabajo, el tema de los piratas es muy rico y todavía puede aportarnos
muchos elementos para comprender la historia del mundo
occidental.
En primer lugar, como tema complejo,
sólo puede ser entendido en una perspectiva global con una lógica
no lineal, sino caótica, pues según los principios del caos las
cosas nunca ocurren como esperamos que sucedan y pueden tener multitud de
consecuencias inesperadas.
La piratería fue una forma que
tuvieron los estados europeos pobres y subdesarrollados como Inglaterra, Francia
y Holanda de atacar al coloso español del siglo XVI, debilitarlo,
igualarlo, superarlo y vencerlo en un lapso de dos siglos. Como dice Marx y
aquí podemos observar, la violencia en la historia tiene un papel
destacado, y sus consecuencias económicas son notables, lo que podemos
corroborar pues, gracias a la actividad depredadora de los piratas, llamados por
los españoles "mendigos" o "perros del mar", países muy pobres y
atrasados como Inglaterra, quien en el siglo XVI tenía una
población de cuatro a cuatro y medio millones de personas con graves
deficiencias culturales y dietéticas, o Francia, en condiciones
similares, pudieron superar a España y convertirse ellos mismos en
grandes imperios mundiales.
La piratería sirvió para
acelerar la acumulación originaria del capital y potenciar el desarrollo
capitalista de los países europeo occidentales que se atrevieron a
practicarla con éxito, desplazando a los pioneros del colonialismo
España y Portugal.
La piratería permitió, en
plazos muy breves, acumular conocimientos técnicos y científicos
sobre astronomía, geografía, cartografía, navegación
a vela, aprovechamiento de las corrientes marítimas, construcción
de barcos, artillería, conservación de alimentos, anatomía
humana, cirugía, antropología e idiomas, a los países
participantes, capacitando en el terreno a sus comandantes y tripulaciones, con
lo que primero el Mediterráneo y luego el Atlántico y el Caribe
sirvieron como enormes escuelas prácticas de utilidad a las
burguesías europeas, en vista de que las universidades estaban rezagadas
y empantanadas en discusiones medievales, totalmente inútiles para las
nuevas necesidades. Gracias a la piratería florecieron las actividades
culturales y crecieron las ciudades y las poblaciones europeo occidentales a un
ritmo insospechado. Se dice que el siglo que inicia en la mitad del XVI y hasta
la primera mitad del XVII en España fue "de oro", nosotros podemos
agregar que esta edad dorada se extendió a los demás países
europeos gracias a los recursos materiales aportados por los piratas, con los
que se inició la modernización europea.
Como todo fenómeno complejo, la
piratería fue una empresa con motivaciones globales de hegemonía
mundial para los monarcas y sus allegados, pero también fue un negocio
lucrativo para los grandes empresarios y armadores; una forma de vida para los
piratas y bucaneros y un lugar de refugio para las minorías
étnicas, religiosas, raciales, culturales o sexuales.
La piratería dio lugar a numerosas
obras literarias del más alto nivel, generó discusiones
teológicas, jurídicas y de derecho internacional público y
privado, en su momento. Tiempo después, ha sido objeto de escritores de
novelas de aventuras, poetas románticos, historiadores metidos a
escritores, historiadores interesados en escribir historia, autores de obras de
teatro y escritores de cuentos para niños. Ahora existen numerosas
películas incluso de caricaturas. El estudio de la piratería desde
diferentes perspectivas aún no termina; puede dar lugar a materiales y
trabajos muy interesantes. Así sea.
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Indice
Presentación
p. 1
Conceptos fundamentales
p. 4
1.- Los sistemas complejos tienen un
número muy
grande de componentes
p. 12
2.- Los sistemas complejos son muy
heterogéneos p. 20
3.- Los procesos de los sistemas complejos
no son
lineales ni equilibrados
p. 27
4.- Los sistemas complejos tienen procesos
de distinta
naturaleza al mismo tiempo
p. 38
5.- Un parámetro puede estar
afectado por múltiples
causas
p. 43
6.- Una misma causa puede provocar multitud
de efectos
p. 48
7.- A lo largo de una crisis los procesos
cambian
su estructura y función
p. 54
8.- Los procesos están estructurados
en niveles
jerárquicos y cada uno tiene una
organización
significativa
p. 57
9.- La descripción de cada nivel en
un sistema complejo
requiere disciplinas y leyes especiales
p. 73
10.- Las estructuras son configuraciones
pasajeras
que adoptan los procesos
p. 82
11.- Los procesos siempre hacen crisis
p. 100
12.- Los procesos complejos interaccionan
fuertemente
con el medio
p. 106
Conclusiones
p. 120
Bibliografía
p. 123
Indice
p. 129
[1] Profesor Titular
“C” de Tiempo Completo en la Unidad Ajusco de la Universidad
Pedagógica Nacional, mail to:
alvaromarinmarin@yahoo.com.mx