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Profesionalización docente y globalización
Mayo de 2004

Alvaro Marín Marín, Profesor de Tiempo Completo en la Unidad Ajusco de la Universidad Pedagógica Nacional de México; correo electrónico: alvaromarinmarin@hotmail.com alvaromarin2@yahoo.com.mx

Definiciones y cuestionamientos
Mucho se habla y poco se entiende sobre la llamada "profesionalización" de los docentes en todos los niveles y grados de nuestro sistema educativo, por lo que se hace necesario definir los dos conceptos que encabezan este escrito para trabajar con seriedad.
La Teoría de los rasgos[1] determina las características que deben reunir las profesiones: autonomía y control del propio trabajo, auto organización en entidades profesionales, cuerpo de conocimientos consistentes con base científica, control en la preparación de los que se inician en la profesión, fuertes lazos entre colegas y una ética común.
Por otra parte, la globalización es un proceso que se inicia en el siglo XV con el descubrimiento de América el cual consiste básicamente, en ampliar los horizontes humanos al comunicar personas de diferentes culturas y grados de desarrollo social y económico.



Como lo demuestra la Historia Universal, el ser humano conoció primero los límites naturales de su propio grupo o tribu, organizó después aldeas, pequeñas ciudades, reinos de cinco o más aglomeraciones urbanas, etc. Los grandes imperios de todos los tiempos crecieron sobre la misma lógica: extendieron el control y la dominación de un grupo o ciudad sobre territorios cada vez más amplios. Del siglo XV en adelante, se hacen descubrimientos geográficos fundamentales y el constante desarrollo de la ciencia y la tecnología de los transportes permiten la creación de imperios mundiales como el español, el inglés y el francés.
El proceso globalizador no es nuevo, tiene cinco siglos cuando menos; el concepto es más reciente pero ronda las cinco décadas. ¿Por qué se ha puesto de moda en los últimos tiempos?
Es probable que la ansiedad globalifílica o globalifóbica esté siendo estimulada por los medios de información como la televisión abierta, por cable o vía satélite; así como por los medios de comunicación públicos y privados como las computadoras y el internet.
Además, la globalización ha generado un fenómeno específico: la regionalización.
Para tratar de sobrevivir a la competencia económica mundial, los países se han agrupado por zonas geográficas de las que existen hasta hoy tres muy bien definidas: la Comunidad Europea, que el año entrante ya tendrá su moneda común; la zona del Tratado del Libre Comercio de América del Norte y la comunidad Asia Pacífico[2].
Esto no es reconfortante para las personas nostálgicas de la vida en los tiempos en que existían un solo Dios verdadero, dos sexos y tres continentes. Tanto la globalización como la regionalización están desapareciendo las fronteras políticas y culturales, minando el poder de las autoridades centralizadoras, quitando sentido a las verdades absolutas y a cualquier tipo de certeza. Globalización y regionalización implican intercambios intensos de bienes y personas, confrontación de ideas, desaparición de las sociedades y valores tradicionales. Es lógico que se replantee el papel y la formación del docente en la nueva sociedad.

Problematización
Desde los tiempos de Ur de los caldeos y prácticamente hasta la fecha, la función docente ha sido desempeñada por sacerdotes. En Babilonia, las escuelas estaban adosadas a los templos, lo mismo en Egipto, China y entre los antiguos mexicanos.
Con la conquista española de México y América Latina las cosas no variaron . mucho: sacerdotes de diferentes congregaciones ofrecieron educación en los conventos y fundaron escuelas, seminarios y universidades bajo su control administrativo y docente.
El antepasado de la UNAM fue la Real y Pontificia Universidad de México, que sobrevivió a la independencia hasta que los liberales la clausuraron por inútil, perniciosa e irreformable. Benito Juárez y Porfirio Díaz se empeñaron en crear un sistema educativo laico, sin injerencia de la Iglesia católica pero a su imagen y semejanza. No por casualidad los primeros libros de educación cívica se llamaban catecismos políticos, por estar escritos en forma de preguntas y respuestas.
En el siglo veinte mexicano los maestros se profesionalizaron desde la aparición de la SEP en 1921 hasta antes de que Torres Bodet se hiciera cargo de la Secretaría de Educación por primera vez. La profesionalización docente en este breve período de veinte años fue posible porque los profesores eran autónomos, controlaban su propio trabajo, se organizaron en cuerpos profesionales y políticos voluntariamente, los conocimientos que impartían pretendían ser científicos, educaban ellos mismos a sus colegas más jóvenes, con quienes formaban fuertes lazos políticos y emocionales, reforzados por una ética común.
No obstante las cosas cambiaron con Torres Bodet; en nombre de la Unidad Nacional todos los trabajadores de la educación administrada por la SEP fueron afiliados al SNTE, una organización tan combativa que jamás ha hecho una huelga.
Después del movimiento magisterial de 1956 - 1958 se comenzó a insistir en la necesidad de "profesionalizar" a los docentes señalando que muchos no habían obtenido un título de normal o licenciatura, con lo que se sugería que profesionalizarse equivalía a credencializarse.
Como la obtención de credenciales responde a un esfuerzo individual y tiene resultados diferentes para todos los involucrados en la enseñanza, se rompe de hecho la solidaridad gremial y comienza una competencia individualizada entre antiguos colegas. La imposición de la llamada carrera magisterial en años recientes tiene la misma lógica y persigue objetivos semejantes.
Hay indicios de políticas similares en la educación superior. En 1950 México tenía treinta y cinco mil estudiantes universitarios, en 1960 eran setenta y ocho mil y en 1970 ya alcanzaban la cifra de doscientos cuarenta y siete mil seis cientos. A principios de la década de los años ochenta la cifra ascendió a cerca de novecientos mil, en 1990 fueron alrededor de un millón doscientos mil y para el año 2000 la cifra excedió a los dos millones cien mil[3].
Hasta principios de los setenta, la docencia universitaria era impartida por profesionistas de diversas disciplinas que vivían del ejercicio autónomo de su profesión, e impartían seis o nueve horas de clase a la semana por el sólo gusto de hacerlo y obtener además el prestigio de ser nombrados profesores universitarios. Sin embargo el crecimiento desmesurado de la población y la matrícula, obligó a las instituciones de tercer nivel a contratar en los sesenta a mil quinientos profesores por año, a cuatro mil trescientos en los setenta, tres mil novecientos en los ochenta y cerca de cuatro mil por año en los últimos veinte del siglo anterior.
Como todos sabemos, en la década de los setenta del siglo pasado aparecieron y/o se consolidaron los sindicatos y las oligarquías universitarias encabezados por gente con lenguajes radicales o populistas. Las administraciones se hicieron muy pesadas por lo nutrido del personal de ambos bandos por lo que la universidad pública promedio en México posee 1.6 administradores por docente e imparte 100 horas de clase por cada 108 horas administrativas, lo que hace que sus gestiones sean demasiado costosas a la par de ineficientes[4].
Con la crisis financiera de mediados de los años ochenta en México y ante tales abusos, las Universidades públicas perdieron legitimidad frente a la sociedad, quien proporciona los recursos para su operación, por lo que empezó a ponerse de moda la "profesionalización de los docentes", pues se suponía que si las instituciones educativas no cumplían con las demandas de la sociedad, seguramente se debía a la falta de capacitación de los profesores, por cierto formados al vapor y escogidos de entre los estudiantes de los últimos semestres de las licenciaturas.
Desde entonces los programas y ofertas para "profesionalizar" a los docentes comenzaron a proliferar, sin que se pusiera énfasis en la necesidad de cumplir las normas internacionales de un administrador por cada 800 alumnos o 40 profesores. Parece sorprendente lo que se ahorraría de los presupuestos universitarios con la sola poda del frondoso árbol sindical y administrativo.

Planteamientos y propuestas

Como puede colegirse de lo arriba mencionado, el concepto de profesionalización docente fue desvirtuado por una política más interesada en el control del magisterio que en la implantación de normas de calidad del trabajo académico.
Parece que lo que nos tiene aquí reunidos es exactamente lo contrario: observamos que la globalización y la regionalización tienen muy escaso interés en el control y enfatizan sobremanera la eficiencia y la eficacia.
Si durante siglos la docencia estuvo en manos sacerdotales no fue por casualidad; el sacerdote era un pilar básico de las sociedades centralizadas y autoritarias, tenía poder y prestigio él mismo y transmitía saberes incuestionables. Los educadores laicos del porfiriato y los profesores rurales de las primeras décadas del siglo XX gozaron de una situación equivalente pero, con la institucionalización de las funciones educativas estatales, la profesión docente se convirtió muy rápido en una semi-profesión o cuasi-profesión.
Los docentes incluso a nivel superior ya no controlamos nuestro trabajo, nos hemos convertido en repetidores de programas "oficiales". La libertad de cátedra de la que tan orgullosos estaban nuestros mayores como el Maestro Caso, se ha reducido a los comentarios inofensivos de principio de clase para ambientar a los alumnos, o a los chistes políticos a final del dictado.
La escasa solidaridad gremial que pudiéramos haber tenido desapareció en el sexenio de Salinas con los estímulos y becas individualizadas que se han generalizado en todo el sistema. Tampoco formamos a nuestros colegas más jóvenes y la única ética que compartimos es el ¡sálvese quien pueda!
No obstante sospechamos que algo anda mal y deseamos adelantarnos para sobrevivir. Aparentemente sigue existiendo el monopolio educativo estatal garantizado por la SEP y la ANUIES pero, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte autoriza a profesionistas independientes e instituciones educativas norteamericanas a brindar cursos de capacitación de cualquier nivel en todo el territorio aun nacional mexicano, sin necesidad de construir o poseer instalaciones permanentes locales.
También la gente puede y lo hace, aprovechar la oferta educativa de instituciones norteamericanas (canadienses y estadounidenses no sólo estadounidenses) para viajar a esos países a educarse en lo que desee, sin ninguna restricción. Profesionistas de los tres países pueden desplazarse libremente por todo el territorio norteamericano para ofrecer consultoría o trabajar en cualquier empresa sin permiso previo.
Ahora, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo no está compitiendo solamente con las instituciones equivalentes de los estados circunvecinos, sino con las más de tres mil ochocientas instituciones de Estados Unidos y las más de novecientas de Canadá, sin contar las instituciones de otras partes del mundo que ofrecen educación a los jóvenes hidalguenses vía internet. De ese tamaño es el problema.
Otro problema evidente en todo México es que los docentes que vivimos y trabajamos aquí, tenemos dos obstáculos mentales / emocionales enormes: la jaula de hierro de las disciplinas y el nacionalismo, idea anacrónica que es la base de la mayoría de nosotros.
Mientras la docencia de regiones avanzadas del planeta es multidisciplinaria o transdisciplinaria, nosotros seguimos aferrados a nuestras materias tradicionales y nuestros esquemas rígidos.
Lo mismo podemos decir del nacionalismo. Creemos que debemos ser buenos profesores mexicanos, cuando lo importante es ser buenos profesores a secas. En cualquier parte del mundo en donde nos desempeñemos. Seguimos encerrados en nuestro español y tenemos a orgullo no hablar inglés ni haber vivido nunca fuera de México. Incluso fuera de nuestro Estado.
Si un ingeniero puede construir un puente en cualquier parte del mundo, ¿por qué los profesores mexicanos sólo podemos enseñar en México, a niños y jóvenes mexicanos en español?
Para ser docentes globalizados, tendríamos que poder enseñar a cualquier niño o joven de cuando menos cualquier territorio de la región del TLC, en cualquiera de los tres idiomas oficiales, al menos mientras no desaparecen dos de ellos.
La globalización está avanzando a pasos agigantados y debemos insertarnos de manera ventajosa en ella. Por ejemplo en la Universidad Pedagógica Nacional creamos, con los materiales y recursos humanos disponibles, el Centro de Estudios Administrativos, de Gestión y de Políticas Educativas de la Universidad Pedagógica Nacional, que está empezando a cobrar vida en la Academia de Administración Educativa de la Unidad Ajusco.
La educación virtual en México es un campo relativamente nuevo, pero con gran tradición, pues además de la experiencia de la Maestría en Pedagogía vía medios que ofrece la UPN Ajusco, tenemos las experiencias de la UNAM, la Universidad Virtual del ITESM y el Sistema de Educación Continua de la Universidad Autónoma de Guadalajara.
Del exterior, hemos aprovechado las experiencias de la Conferencia: "El desarrollo de las universidades virtuales", donde participaron Deena Philage, Directora del Programa de Educación a Distancia de la Red Global del Banco Mundial; Wesley Koczka, Director de la División de Estudios de Educación Continua de la Universidad de Victoria, Canadá; Gerry Kelly, Presidente y Vicecanciller de la Universidad Royal Roads de Canadá; Syd Minuk, Director del Programa de Maestría de Educación Continua de la Universidad de Calgary, además de otros académicos de Inglaterra.
La importancia de los campi virtuales, especialmente el nuestro, es que va dirigido a la mayoría de las personas que necesitan capacitación para mejorar en un trabajo que ya tienen, pero que no pueden asistir con regularidad a las clases escolarizadas por atender sus responsabilidades, por las distancias a veces enormes entre su lugar de residencia o trabajo y la institución educativa, o por los tiempos de traslado que consumen mucha energía y representan un gran costo.
Nuestro Campus Virtual puede empezar a funcionar casi de inmediato pues tenemos la tecnología, las instalaciones, la infraestructura, el talento humano y la colaboración de profesores de gran calidad; además de que sus alcances a través de la Red de Internet serán no sólo nacionales o latinoamericanos, sino mundiales, pues cualquier persona desde cualquier parte del mundo y con el sólo requisito de acceder a una computadora podrá participar en nuestros foros, conferencias y cursos, sin importan que se encuentre en la Ciudad de México o en el pueblo más pequeño de la Patagonia.
Nuestro Campus Virtual se propone mantener siempre en línea de cien a ciento cincuenta cursos actuales con un formato homogéneo, bibliografía de diez libros con menos de cinco años de haber sido publicados y una guía de estudio para que los alumnos trabajen en casa y, cuando se sientan capacitados, se comuniquen con el asesor, le envíen un ensayo de diez a quince páginas sobre el contenido del curso y presenten un examen de conocimientos.
Por supuesto que la información, al estar en la red va a ser pública pero, para convertirse en alumno de nuestra Universidad Virtual en su Centro de Estudios Administrativos, de Gestión y de Políticas Educativas, la persona interesada deberá pagar dos mil pesos de inscripción y mil pesos por cada curso que acredite en un máximo de dos intentos.
Con diez cursos pagados y acreditados, el alumno recibirá una constancia de Diplomado; a los veinte se le entregará una Especialización; cubriendo treinta será un Técnico Profesional y con cuarenta recibirá su Licenciatura sin requisitos de tesis ni servicio social, pues ya entregó cuarenta ensayos de diez cuartillas cuando menos, lo que representaría un volumen de cuatrocientas cuartillas; además de que, por estar trabajando, cumple con el servicio a la comunidad.
En esta misma línea, si alguien desea seguir, al acreditar cincuenta cursos tendrá un posgrado, con sesenta una Maestría y a los setenta un Doctorado.
La ventaja del proyecto será que los requisitos principales son experiencia y autodisciplina, no trámites ni obstáculos burocráticos, demás de que a los costos actuales, nuestro curso completo es sumamente barato pues, para los mexicanos y latinoamericanos las setenta materias costarán $72,000.00 pesos; mientras que para los norteamericanos, europeos y asiáticos serán 72,000.00 dólares en consideración de su mayor poder adquisitivo.
De cada mil pesos o dólares pagados por alumno/materia, doscientos corresponderán al autor del curso por sus asesorías y examen, doscientos irán a la coordinación del programa para gastos administrativos y seis cientos se entregarán directo a la caja de la UPN por su inversión en equipos, materiales y personas.
Así, podemos concebir que algunas materias no tendrán éxito y serán borradas del programa después de cierto tiempo, mientras que otras tendrán una clientela moderada y algunas, serán muy solicitadas, lo que redundará en beneficios económicos extraordinarios a sus autores, quienes tendrán que actualizarlas y mejorarlas constantemente.
Aprovechamos para invitar a todos nuestros colegas, profesoras y profesores en todo el país para que se integren a la planta docente del Centro de Estudios Administrativos, de Gestión y de Políticas Educativas enviando uno o más cursos a la consideración del autor de estas líneas.


[1]Graciela Bar, Ministerio de Cultura y Educación de la Nación: Pizurno 935 . Oficina 403 – (CP 1020) Ciudad de Buenos Aires.

[2] Alvaro Marín Marín, La Universidad mexicana en el umbral del siglo XXI., México, ANUIES 1998.
[]
3 SEP, Matrícula de educación superior. Serie histórica, Coordinación Nacional para la Planeación de la Educación superior, México SEP/ ANUIES 1998.
[]
4 OCDE, Diagnóstico de la Educación Superior en México, París, 1997.

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