Profesionalización docente y
globalización
Mayo de 2004
Definiciones y cuestionamientos
Mucho se habla y poco se entiende sobre la llamada
"profesionalización" de los docentes en todos los niveles y grados de
nuestro sistema educativo, por lo que se hace necesario definir los dos
conceptos que encabezan este escrito para trabajar con
seriedad.
La Teoría de los
rasgos[1] determina las
características que deben reunir las profesiones: autonomía y
control del propio trabajo, auto organización en entidades profesionales,
cuerpo de conocimientos consistentes con base científica, control en la
preparación de los que se inician en la profesión, fuertes lazos
entre colegas y una ética común.
Por otra parte, la globalización es un proceso
que se inicia en el siglo XV con el descubrimiento de América el cual
consiste básicamente, en ampliar los horizontes humanos al comunicar
personas de diferentes culturas y grados de desarrollo social y
económico.
Como lo demuestra la Historia Universal, el ser humano
conoció primero los límites naturales de su propio grupo o tribu,
organizó después aldeas, pequeñas ciudades, reinos de cinco
o más aglomeraciones urbanas, etc. Los grandes imperios de todos los
tiempos crecieron sobre la misma lógica: extendieron el control y la
dominación de un grupo o ciudad sobre territorios cada vez más
amplios. Del siglo XV en adelante, se hacen descubrimientos geográficos
fundamentales y el constante desarrollo de la ciencia y la tecnología de
los transportes permiten la creación de imperios mundiales como el
español, el inglés y el francés.
El proceso globalizador no es nuevo, tiene cinco siglos
cuando menos; el concepto es más reciente pero ronda las cinco
décadas. ¿Por qué se ha puesto de moda en los últimos
tiempos?
Es probable que la ansiedad globalifílica o
globalifóbica esté siendo estimulada por los medios de
información como la televisión abierta, por cable o vía
satélite; así como por los medios de comunicación
públicos y privados como las computadoras y el internet.
Además, la globalización ha generado un
fenómeno específico: la regionalización.
Para tratar de sobrevivir a la competencia
económica mundial, los países se han agrupado por zonas
geográficas de las que existen hasta hoy tres muy bien definidas: la
Comunidad Europea, que el año entrante ya tendrá su moneda
común; la zona del Tratado del Libre Comercio de América del Norte
y la comunidad Asia
Pacífico[2].
Esto no es reconfortante para las personas
nostálgicas de la vida en los tiempos en que existían un solo
Dios verdadero, dos sexos y tres continentes. Tanto la globalización como
la regionalización están desapareciendo las fronteras
políticas y culturales, minando el poder de las autoridades
centralizadoras, quitando sentido a las verdades absolutas y a cualquier tipo de
certeza. Globalización y regionalización implican intercambios
intensos de bienes y personas, confrontación de ideas,
desaparición de las sociedades y valores tradicionales. Es lógico
que se replantee el papel y la formación del docente en la nueva
sociedad.
Problematización
Desde los tiempos de Ur de los caldeos y
prácticamente hasta la fecha, la función docente ha sido
desempeñada por sacerdotes. En Babilonia, las escuelas estaban adosadas a
los templos, lo mismo en Egipto, China y entre los antiguos
mexicanos.
Con la conquista española de México y
América Latina las cosas no variaron . mucho: sacerdotes de diferentes
congregaciones ofrecieron educación en los conventos y fundaron escuelas,
seminarios y universidades bajo su control administrativo y docente.
El antepasado de la UNAM fue la Real y Pontificia
Universidad de México, que sobrevivió a la independencia hasta que
los liberales la clausuraron por inútil, perniciosa e
irreformable. Benito Juárez y Porfirio Díaz se
empeñaron en crear un sistema educativo laico, sin injerencia de la
Iglesia católica pero a su imagen y semejanza. No por casualidad los
primeros libros de educación cívica se llamaban catecismos
políticos, por estar escritos en forma de preguntas y
respuestas.
En el siglo veinte mexicano los maestros se
profesionalizaron desde la aparición de la SEP en 1921 hasta antes de que
Torres Bodet se hiciera cargo de la Secretaría de Educación por
primera vez. La profesionalización docente en este breve período
de veinte años fue posible porque los profesores eran autónomos,
controlaban su propio trabajo, se organizaron en cuerpos profesionales y
políticos voluntariamente, los conocimientos que impartían
pretendían ser científicos, educaban ellos mismos a sus colegas
más jóvenes, con quienes formaban fuertes lazos políticos y
emocionales, reforzados por una ética común.
No obstante las cosas cambiaron con Torres Bodet; en
nombre de la Unidad Nacional todos los trabajadores de la educación
administrada por la SEP fueron afiliados al SNTE, una organización tan
combativa que jamás ha hecho una huelga.
Después del movimiento magisterial de 1956 - 1958
se comenzó a insistir en la necesidad de "profesionalizar" a los docentes
señalando que muchos no habían obtenido un título de normal
o licenciatura, con lo que se sugería que profesionalizarse
equivalía a credencializarse.
Como la obtención de credenciales responde a un
esfuerzo individual y tiene resultados diferentes para todos los involucrados en
la enseñanza, se rompe de hecho la solidaridad gremial y comienza una
competencia individualizada entre antiguos colegas. La imposición de la
llamada carrera magisterial en años recientes tiene la misma
lógica y persigue objetivos semejantes.
Hay indicios de políticas similares en la
educación superior. En 1950 México tenía treinta y cinco
mil estudiantes universitarios, en 1960 eran setenta y ocho mil y en 1970 ya
alcanzaban la cifra de doscientos cuarenta y siete mil seis cientos. A
principios de la década de los años ochenta la cifra
ascendió a cerca de novecientos mil, en 1990 fueron alrededor de un
millón doscientos mil y para el año 2000 la cifra excedió a
los dos millones cien mil[3].
Hasta principios de los setenta, la docencia
universitaria era impartida por profesionistas de diversas disciplinas que
vivían del ejercicio autónomo de su profesión, e
impartían seis o nueve horas de clase a la semana por el sólo
gusto de hacerlo y obtener además el prestigio de ser nombrados
profesores universitarios. Sin embargo el crecimiento desmesurado de la
población y la matrícula, obligó a las instituciones de
tercer nivel a contratar en los sesenta a mil quinientos profesores por
año, a cuatro mil trescientos en los setenta, tres mil novecientos en los
ochenta y cerca de cuatro mil por año en los últimos veinte del
siglo anterior.
Como todos sabemos, en la década de los setenta
del siglo pasado aparecieron y/o se consolidaron los sindicatos y las
oligarquías universitarias encabezados por gente con lenguajes radicales
o populistas. Las administraciones se hicieron muy pesadas por lo nutrido del
personal de ambos bandos por lo que la universidad pública promedio en
México posee 1.6 administradores por docente e imparte 100 horas de clase
por cada 108 horas administrativas, lo que hace que sus gestiones sean demasiado
costosas a la par de
ineficientes[4].
Con la crisis financiera de mediados de los años
ochenta en México y ante tales abusos, las Universidades públicas
perdieron legitimidad frente a la sociedad, quien proporciona los recursos para
su operación, por lo que empezó a ponerse de moda la
"profesionalización de los docentes", pues se suponía que si las
instituciones educativas no cumplían con las demandas de la sociedad,
seguramente se debía a la falta de capacitación de los profesores,
por cierto formados al vapor y escogidos de entre los estudiantes de los
últimos semestres de las licenciaturas.
Desde entonces los programas y ofertas para
"profesionalizar" a los docentes comenzaron a proliferar, sin que se pusiera
énfasis en la necesidad de cumplir las normas internacionales de un
administrador por cada 800 alumnos o 40 profesores. Parece sorprendente lo que
se ahorraría de los presupuestos universitarios con la sola poda del
frondoso árbol sindical y administrativo.
Planteamientos y propuestas
Como puede colegirse de lo arriba mencionado, el
concepto de profesionalización docente fue desvirtuado por una
política más interesada en el control del magisterio que en la
implantación de normas de calidad del trabajo
académico.
Parece que lo que nos tiene aquí reunidos es
exactamente lo contrario: observamos que la globalización y la
regionalización tienen muy escaso interés en el control y
enfatizan sobremanera la eficiencia y la eficacia.
Si durante siglos la docencia estuvo en manos
sacerdotales no fue por casualidad; el sacerdote era un pilar básico de
las sociedades centralizadas y autoritarias, tenía poder y prestigio
él mismo y transmitía saberes incuestionables. Los educadores
laicos del porfiriato y los profesores rurales de las primeras décadas
del siglo XX gozaron de una situación equivalente pero, con la
institucionalización de las funciones educativas estatales, la
profesión docente se convirtió muy rápido en una
semi-profesión o cuasi-profesión.
Los docentes incluso a nivel superior ya no controlamos
nuestro trabajo, nos hemos convertido en repetidores de programas "oficiales".
La libertad de cátedra de la que tan orgullosos estaban nuestros mayores
como el Maestro Caso, se ha reducido a los comentarios inofensivos de principio
de clase para ambientar a los alumnos, o a los chistes políticos a final
del dictado.
La escasa solidaridad gremial que pudiéramos
haber tenido desapareció en el sexenio de Salinas con los
estímulos y becas individualizadas que se han generalizado en todo el
sistema. Tampoco formamos a nuestros colegas más jóvenes y la
única ética que compartimos es el ¡sálvese quien
pueda!
No obstante sospechamos que algo anda mal y deseamos
adelantarnos para sobrevivir. Aparentemente sigue existiendo el monopolio
educativo estatal garantizado por la SEP y la ANUIES pero, el Tratado de Libre
Comercio de América del Norte autoriza a profesionistas independientes e
instituciones educativas norteamericanas a brindar cursos de capacitación
de cualquier nivel en todo el territorio aun nacional mexicano, sin necesidad de
construir o poseer instalaciones permanentes locales.
También la gente puede y lo hace, aprovechar la
oferta educativa de instituciones norteamericanas (canadienses y estadounidenses
no sólo estadounidenses) para viajar a esos países a educarse en
lo que desee, sin ninguna restricción. Profesionistas de los tres
países pueden desplazarse libremente por todo el territorio
norteamericano para ofrecer consultoría o trabajar en cualquier empresa
sin permiso previo.
Ahora, la Universidad Autónoma del Estado de
Hidalgo no está compitiendo solamente con las instituciones equivalentes
de los estados circunvecinos, sino con las más de tres mil ochocientas
instituciones de Estados Unidos y las más de novecientas de
Canadá, sin contar las instituciones de otras partes del mundo que
ofrecen educación a los jóvenes hidalguenses vía internet.
De ese tamaño es el problema.
Otro problema evidente en todo México es que los
docentes que vivimos y trabajamos aquí, tenemos dos obstáculos
mentales / emocionales enormes: la jaula de hierro de las disciplinas y el
nacionalismo, idea anacrónica que es la base de la mayoría de
nosotros.
Mientras la docencia de regiones avanzadas del planeta
es multidisciplinaria o transdisciplinaria, nosotros seguimos aferrados a
nuestras materias tradicionales y nuestros esquemas rígidos.
Lo mismo podemos decir del nacionalismo. Creemos que
debemos ser buenos profesores mexicanos, cuando lo importante es ser buenos
profesores a secas. En cualquier parte del mundo en donde nos
desempeñemos. Seguimos encerrados en nuestro español y tenemos a
orgullo no hablar inglés ni haber vivido nunca fuera de México.
Incluso fuera de nuestro Estado.
Si un ingeniero puede construir un puente en cualquier
parte del mundo, ¿por qué los profesores mexicanos sólo
podemos enseñar en México, a niños y jóvenes
mexicanos en español?
Para ser docentes globalizados, tendríamos que
poder enseñar a cualquier niño o joven de cuando menos cualquier
territorio de la región del TLC, en cualquiera de los tres idiomas
oficiales, al menos mientras no desaparecen dos de ellos.
La globalización está avanzando a pasos
agigantados y debemos insertarnos de manera ventajosa en ella. Por ejemplo en la
Universidad Pedagógica Nacional creamos, con los materiales y recursos
humanos disponibles, el Centro de Estudios Administrativos, de Gestión y
de Políticas Educativas de la Universidad Pedagógica Nacional, que
está empezando a cobrar vida en la Academia de Administración
Educativa de la Unidad Ajusco.
La educación virtual en México es un campo
relativamente nuevo, pero con gran tradición, pues además de la
experiencia de la Maestría en Pedagogía vía medios que
ofrece la UPN Ajusco, tenemos las experiencias de la UNAM, la Universidad
Virtual del ITESM y el Sistema de Educación Continua de la Universidad
Autónoma de Guadalajara.
Del exterior, hemos aprovechado las experiencias de la
Conferencia: "El desarrollo de las universidades virtuales", donde participaron
Deena Philage, Directora del Programa de Educación a Distancia de la Red
Global del Banco Mundial; Wesley Koczka, Director de la División de
Estudios de Educación Continua de la Universidad de Victoria,
Canadá; Gerry Kelly, Presidente y Vicecanciller de la Universidad Royal
Roads de Canadá; Syd Minuk, Director del Programa de Maestría de
Educación Continua de la Universidad de Calgary, además de otros
académicos de Inglaterra.
La importancia de los campi virtuales, especialmente el
nuestro, es que va dirigido a la mayoría de las personas que necesitan
capacitación para mejorar en un trabajo que ya tienen, pero que no pueden
asistir con regularidad a las clases escolarizadas por atender sus
responsabilidades, por las distancias a veces enormes entre su lugar de
residencia o trabajo y la institución educativa, o por los tiempos de
traslado que consumen mucha energía y representan un gran
costo.
Nuestro Campus Virtual puede empezar a funcionar casi de
inmediato pues tenemos la tecnología, las instalaciones, la
infraestructura, el talento humano y la colaboración de profesores de
gran calidad; además de que sus alcances a través de la Red de
Internet serán no sólo nacionales o latinoamericanos, sino
mundiales, pues cualquier persona desde cualquier parte del mundo y con el
sólo requisito de acceder a una computadora podrá participar en
nuestros foros, conferencias y cursos, sin importan que se encuentre en la
Ciudad de México o en el pueblo más pequeño de la
Patagonia.
Nuestro Campus Virtual se propone mantener siempre en
línea de cien a ciento cincuenta cursos actuales con un formato
homogéneo, bibliografía de diez libros con menos de cinco
años de haber sido publicados y una guía de estudio para que los
alumnos trabajen en casa y, cuando se sientan capacitados, se comuniquen con el
asesor, le envíen un ensayo de diez a quince páginas sobre el
contenido del curso y presenten un examen de conocimientos.
Por supuesto que la información, al estar en la
red va a ser pública pero, para convertirse en alumno de nuestra
Universidad Virtual en su Centro de Estudios Administrativos, de Gestión
y de Políticas Educativas, la persona interesada deberá pagar dos
mil pesos de inscripción y mil pesos por cada curso que acredite en un
máximo de dos intentos.
Con diez cursos pagados y acreditados, el alumno
recibirá una constancia de Diplomado; a los veinte se le entregará
una Especialización; cubriendo treinta será un Técnico
Profesional y con cuarenta recibirá su Licenciatura sin requisitos de
tesis ni servicio social, pues ya entregó cuarenta ensayos de diez
cuartillas cuando menos, lo que representaría un volumen de cuatrocientas
cuartillas; además de que, por estar trabajando, cumple con el servicio a
la comunidad.
En esta misma línea, si alguien desea seguir, al
acreditar cincuenta cursos tendrá un posgrado, con sesenta una
Maestría y a los setenta un Doctorado.
La ventaja del proyecto será que los requisitos
principales son experiencia y autodisciplina, no trámites ni
obstáculos burocráticos, demás de que a los costos
actuales, nuestro curso completo es sumamente barato pues, para los mexicanos y
latinoamericanos las setenta materias costarán $72,000.00 pesos; mientras
que para los norteamericanos, europeos y asiáticos serán
72,000.00 dólares en consideración de su mayor poder
adquisitivo.
De cada mil pesos o dólares pagados por
alumno/materia, doscientos corresponderán al autor del curso por sus
asesorías y examen, doscientos irán a la coordinación del
programa para gastos administrativos y seis cientos se entregarán directo
a la caja de la UPN por su inversión en equipos, materiales y
personas.
Así, podemos concebir que algunas materias no
tendrán éxito y serán borradas del programa después
de cierto tiempo, mientras que otras tendrán una clientela moderada y
algunas, serán muy solicitadas, lo que redundará en beneficios
económicos extraordinarios a sus autores, quienes tendrán que
actualizarlas y mejorarlas constantemente.
Aprovechamos para invitar a todos nuestros colegas,
profesoras y profesores en todo el país para que se integren a la planta
docente del Centro de Estudios Administrativos, de Gestión y de
Políticas Educativas enviando uno o más cursos a la
consideración del autor de estas líneas.
[1]Graciela Bar, Ministerio de Cultura y
Educación de la Nación: Pizurno 935 . Oficina 403 – (CP
1020) Ciudad de Buenos Aires.
[2] Alvaro Marín
Marín, La Universidad mexicana en el umbral del siglo XXI.,
México, ANUIES 1998.
3 SEP, Matrícula de educación superior.
Serie histórica, Coordinación Nacional para la
Planeación de la Educación superior, México SEP/ ANUIES
1998.
4 OCDE, Diagnóstico de la Educación
Superior en México, París, 1997.