El debate teórico en torno a la
educación: el origen y uso de los conceptos de pedagogía, ciencias
de la educación, ciencias pedagógicas, pedagogía
científica y semejantes.
Omnium expetendorum prima es sapientia
“De todas las cosas que se han de buscar la primera es la
sabiduría”
Hugo de San Víctor, Didascalicón, 1128.
La educación es un fenómeno social cuya historia se remonta a
los grupos humanos más primitivos. Émile
Durkheim
[2] dice que educación es la
acción ejercida sobre los niños por sus padres y los adultos en
todos los períodos y momentos de la vida, mientras que la
pedagogía no consiste en acciones, sino en teorías. Estas
teorías son formas de concebir la educación, no modos de
practicarla. Así pues, la educación es la materia de la
Pedagogía y ésta, una manera de reflexionar sobre
aquella.
Sin embargo, no todos están de acuerdo con esta definición y
en la práctica observamos que las reflexiones sobre los problemas
educativos tratan de enmarcarse en diferentes conceptos: pedagogía,
ciencias de la educación, ciencias pedagógicas y pedagogía
científica, entre otras.
Al cuestionarnos sobre la diversidad de términos y revisar la
literatura especializada, observamos que en ella intervienen factores muy
diversos de tipo histórico, político, social, cultural y hasta de
preferencias personales, lo que no ayuda a aclarar el asunto. El Doctor Moreno
de los Arcos rastrea el uso del vocablo
Pedagogía desde la
antigüedad clásica, hace constar que decrece su aplicación en
la Edad Media y es retomado en el siglo XVI en Europa
Occidental
[3]. Como es de mi interés
justificar el uso del concepto pedagogía en lugar de otros, haré
un repaso sucinto de los diversos puntos de vista y finalmente tomaré mi
propia posición.
El primer enfrentamiento que puede observarse históricamente es
nacional: los alemanes sientan las bases filosóficas y establecen la
relación entre esta disciplina y la ciencia de la educación
llamada
Pedagogía, Emmanuel Kant publicó a fines del siglo
XVIII su libro pionero
Über Pädagogik con lo que de
hecho estaba fundando una ciencia, lo que fue prontamente comprendido por otros
escritores y sabios de lengua alemana quienes siguieron sus principios en el
desarrollo de sus propias investigaciones; tal fue el caso de Giovanni Enrico
Pestalozzi, suizo de lengua alemana; Frederich Fröebel, alemán de
Turingia formado en la Universidad de Jena y su contemporáneo Johan
Friederich Herbart nacido en Oldemburgo, alumno de Fichte y Schiller
también en Jena. Todos ellos escribieron y hablaron de
Pedagogía, consolidando una tradición intelectual que
tardó muchos años en extenderse a otros
continentes
[4].
Por el otro lado estaban los franceses, rivales tradicionales de los
alemanes desde que el Sacro Imperio Romano Germánico fue dividido entre
Carlos el Calvo y Luis el Germánico en el tratado de Verdún de 843
d.C. Por tanto, durante gran parte del siglo XIX, la ciencia francesa
debió aceptar la terminología y las propuestas
metodológicas alemanas, en vista de que ellos no tenían nada
equivalente pero, en 1879 Alexander Bain publicó en París un libro
pionero titulado La science de L´education, fundamentado
filosóficamente en los principios positivistas de Augusto Comte, en lo
que parecería un embate nacionalista galo a la ciencia alemana.
El siguiente libro con esta terminología y principios
filosóficos fue publicado hasta 1925 bajo un título
idéntico por el escritor J. Demoor-T Jankeere. Es evidente que la
tradición iniciada por los alemanes era tan fuerte y tenía a su
favor a personalidades europeas de tal nivel que no resultaba fácil
retarla. La escuela alemana de Pedagogía era aún predominante pero
ya no monolítica, y existían comunidades nacionales dispuestas a
dar la batalla por la hegemonía científica en consonancia con la
fuerza de sus naciones y la consolidación de sus sistemas universitarios.
No está por demás recordar aquí la obra de Thomas
Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, donde dice
que el desarrollo acumulativo del conocimiento científico genera rupturas
y transformaciones constantes en las comunidades científicas.
Esta teoría es complementada con la obra de Robert K.
Merton
[5] , quien dice que las comunidades
científicas son colectividades que elaboran sus propias normas y cursos
de acción, también desarrollan un “ethos” constituido
por afectos, valores y normas comunes. Pierre Bordieu elaboró el concepto
de “campo de producción
simbólica”
[6] del que dice
está constituido por un conjunto de agentes e instancias con mecanismos
que regulan la aceptación, competencia o eliminación de los
productores y puede determinar lo que son las verdades
científicas
[7].
Cada campo
científico
es un espacio de juego que incluye a sujetos e
instituciones especializadas en
la
producción,
la difusión
y
consagración
de conocimientos . En el campo se
desenvuelve una lucha entre agentes
e instituciones por el monopolio
de la autoridad
científica,
y no la
búsqueda de
la verdad, en forma desinteresada, como lo afirma el
paradigma positivista de la
ciencia. La autoridad
científica
es una
categoría
que contiene
básicamente
dos dimensiones. Por un lado se la
entiende como capacidad
técnica,
como dominio de saberes y como
saber hacer; por el otro, un
poder social. La autoridad es, entonces,
una capacidad de hablar y de
actuar
legítimamente,
es decir, de manera
autorizada y con autoridad, en
materia de ciencia, que se le reconoce
socialmente a un agente
determinado. Esto explica por
qué las
luchas
que se entablan entre
científicos
son siempre
epistemológicas
y
políticas
Después de la primera guerra mundial, los Estados Unidos entraron al
debate con su prestigiado educador John Dewey, quien favoreció el
concepto de Ciencias de la Educación, porque
Pedagogía no
era muy aceptada en inglés y los diccionarios en ese idioma hacían
sinónimos
educación y
pedagogía. Según
el Doctor Moreno y de los Arcos en “la primera edición de la
Enciclopedia Británica, publicada en 1771, (se) incluye únicamente
la palabra pedagogo, definida como
a tutor or master, to whom is commited the
discipline and direction of a scholar. Aunque modificada, ésta
siguió siendo la única mención relacionada con lo que nos
ocupa hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Es muy reciente, pero
muy significativo, que las últimas ediciones de la
Enciclopedia
describan con amplitud la voz
Pedagogy”
[9].
Como las tradiciones y metodologías científicas tienen exacta
coincidencia con las fronteras nacionales y las ideologías en
boga
[10], después de la segunda guerra
mundial y hasta la caída del muro de Berlín en 1989, los
países socialistas de Europa Oriental, incluyendo a la República
Democrática Alemana, no quisieron quedarse atrás y comenzaron a
hablar de
Ciencias Pedagógicas, con la intención de marcar
la diferencia al escribir en su propia notación sobre problemas
similares, al tiempo que subrayaban con la palabra
ciencia antes de
pedagogía su apego a la tradición positivista del marxismo.
Los cubanos, fuertemente influenciados por la Academia Rusa, hasta la fecha
parece que siguen esta nomenclatura conscientes de su origen y motivaciones.
Las cosas se complicaron cuando los franceses Mialaret y Debessé
defeccionaron del bando pedagógico en el que habían militado con
bastante éxito, pues Gastón Mialaret había publicado entre
otros libros una
Nouvelle Pédagogie Scientifique y la
Introduction a la Pédagogie, siendo editor con su colega Maurice
Debessé del
Traité des Sciences Pédagogiques, todos
traducidos prontamente al español
[11];
aparentemente fueron influidos por el libro de Guy Ferry publicado en 1967,
Mort de la Pédagogie, o cuando menos consideraron que era tiempo
de explorar otros campos.
En sus tiempos de afinidad con la Pedagogía, Mialaret y
Debessé adjetivaban a la Pedagogía como científica
para señalar sus simpatías con los estudiosos anglosajones desde
Dewey, pasando por Russell hasta Huxley, quienes fueron netamente
experimentalistas, en oposición a los pedagogos teóricos como
Rousseau.
En 1973 Maurice Debessé publicó su Defi aux Sciences de
l´education (Desafío a las Ciencias de la educación) y
tres años después su colega Mialaret lo siguió con su
pequeño libro Les Sciences de l´education, traducido ese
mismo año por Alicia Ramón García para OiKos – Tau.
Para enfrentar a las Ciencias Pedagógicas de la Europa Oriental, los
franceses, especialmente Mialaret, pronto resolvieron el problema diciendo que
eran un subconjunto de las Ciencias de la Educación, con lo que de hecho
trataban de revivir el viejo imperialismo francés en esa parte del mundo,
pues subordinaban el esquema ruso al
francés
[12], como había ocurrido
en sus relaciones culturales desde los tiempos de Pedro I El Grande, quien
impuso el francés como lengua oficial de la corte
zarista
[13].
En línea con la tendencia de poner el vino viejo en odres nuevos,
Guy Avanzini quien había publicado a principios de los años
setenta del siglo pasado una recopilación muy correcta de lo que
sucedía en Francia, bajo el título Le Pédagogie au 20
Siècle, traducida en España por Narcea en 1977 como La
pedagogía en el siglo XX, publicó en 1976 su Introduction
aux Sciences de l´education.
Mientras tanto, los anglosajones habían seguido el camino de la
psicología educativa o la psicología aplicada a la
educación, y aprovecharon la obra de Lev Semionóvich Vigotski, un
talentoso psicólogo soviético reprimido por Stalin en vista de su
oposición a la psicología sin conciencia proclamada oficialmente,
que tenía a Pavlovich como dios; por el contrario, Vigotski, cuya obra se
archivó por órdenes de la policía secreta rusa,
defendía la unidad e importancia del lenguaje, la conducta social y la
conciencia en relación con el origen social del individuo. Vigotski
murió el 11 de junio de 1934 en Moscú, supuestamente de
tuberculosis, a la temprana edad de 37
años
[14].
Los norteamericanos aprovecharon que oficialmente no existía
Vigotski para apropiárselo y continuaron trabajando sus líneas de
investigación hasta los años cincuentas, época en que David
Ausubel publicó su famoso libro de
Psicología Educativa.
Desde esas fechas y hasta 1984 en que aparecieron las obras completas de
Vigotski en ruso, muchos creyeron que este era un autor polaco residente en los
Estados Unidos. El Doctor D.B. Elkonin discípulo suyo, tuvo que hacer una
apasionada defensa del maestro; incluir fragmentos de su obra dentro de sus
propios textos
[15] para darlo a conocer,
además de escribir una de las primeras biografías confiables de
este científico. Como podemos observar, la política
obstruía la verdad científica.
Sin embargo, gracias a los procesos de liberación nacional,
descolonización y consolidación de las nuevas nacionalidades que
se dio a partir de la independencia de los Estados Unidos, además de la
fundación de universidades en regiones no europeas, así como a la
creciente globalización, las ideas de los más grandes sabios
viajaron a todas partes del mundo.
Cuando México empezó su vida como país independiente
sólo sabían leer treinta mil personas de un total de cuatro
millones ochocientos mil adultos
[16]; por tanto
la demanda de una educación popular figura en todos los proyectos
políticos progresistas de los siglos XIX y XX mexicano.
La
educación
como responsabilidad de la sociedad en su conjunto y como base
para lograr una
sociedad soberana en la que cada ciudadano participe, son parte
fundamental del ideario
de
José
María
Morelos y
Pavón
y otros luchadores por la
Independencia.
La importancia de la
educación
y la
instrucción
para la sociedad se fue haciendo
cada vez
más
evidente, y las fuerzas revolucionarias fueron
asumiéndola
como
uno de sus objetivos.
Bajo la influencia de la
Revolución
Francesa y de la
Ilustración,
dichas fuerzas vieron claramente que la ignorancia del pueblo
favorecía
la
explotación
colonial de
España.
La libertad
política
y el avance
económico
de la sociedad solamente se
podían
volver realidad a
través
de un
sistema educativo para
todos [17].
A fines de la Colonia el Barón Alejandro de Humboldt visitó
la entonces colonia de España y enseñó a sus hijos las
grandes riquezas que contenía en su clásico libro
Ensayo
político...: “El vasto reino de la Nueva España, bien
cultivado, produciría por sí sólo todo lo que el comercio
va a buscar en el resto del globo: el azúcar, la cochinilla, el cacao, el
algodón, el café, el trigo, el cáñamo, el lino, la
seda, los aceites y el vino. Proveería de todos los metales, sin excluir
aún el mercurio; sus excelentes maderas de construcción y la
abundancia de hierro y cobre favorecerían los progresos de la
navegación mexicana; bien que el estado de ellas y la falta de puertos...
oponen obstáculos que serían difíciles de
vencer”
[18].
El sabio Humboldt creía que sólo el conocimiento y la ciencia
fomentarían el desarrollo; mostró su amistosa simpatía
hacia México asesorando a empresas europeas deseosas de invertir en el
país y ayudando a los mexicanos de paso por Alemania hasta la fecha de su
muerte en 1859. “Humboldt en esencia...dio a México su carta de
naturalización en la historia
occidental”
[19].
El profesor de origen alemán Enrique Laubscher, fundó en 1885
en la Escuela Modelo de Orizaba, una Academia para actualizar a
profesores en servicio, mediante un Programa de Ciencias
Pedagógicas en donde se hacía una introducción general
a la Pedagogía, se conceptualizaban sus componentes principales y se
exponían los fundamentos de la enseñanza objetiva. En estas
academias se enseñaban los principios de Kant, Pestalozzi, Fröebel y
Herbart a los profesores mexicanos, quienes luego los aplicarían a la
educación de los niños a su cargo.
El pedagogo suizo de lengua alemana Enrique C. Rébsamen,
empezó sus disertaciones públicas ese mismo año en
Veracruz, a partir de la idea de que nuestro país necesitaba consolidarse
políticamente sobre la base de la unidad intelectual y moral.
Escribió un libro de texto de civismo para uso de sus alumnos, en donde
vertió las ideas nacionalistas generadas por J.G.
Fichte
[20] que se refieren al papel redentor de
la educación popular, a la unidad nacional en torno al lenguaje, el
concepto de pueblo originario, la formación del ciudadano a través
de la educación democrática, la unidad de intereses entre el
pueblo y el Estado, la obtención de la ciudadanía por la
educación y el desarrollo de habilidades cognitivas y conativas entre los
ciudadanos.
Dividió a la Pedagogía en: general, histórica y
práctica, y distinguió entre educación e
instrucción, entendiendo a ésta como simple adquisición de
conocimientos, mientras que aquella significa desarrollo gradual y progresivo de
las facultades humanas.
Dentro del exitoso y omnipresente paradigma pedagógico positivista,
brillaron con luz propia expertos de muy diversas disciplinas que contribuyeron
a desarrollar la pedagogía mexicana; así, el médico Manuel
Flores fue el primer mexicano en usar el nuevo concepto en nuestro país
al publicar su
Tratado elemental de Pedagogía en
1887
[21]. Aunque afirma el Doctor Moreno y de
los Arcos que Flores organizó un curso de Pedagogía en la Escuela
Nacional Secundaria de Niñas en 1878, publicó sus
Elementos de
Pedagogía en 1884 y lo transformó en
Tratado... en la
fecha enunciada arriba, como una segunda
edición
[22].
En esta obra, el doctor Flores muestra la influencia de Spencer y Stuart
Mill, con cuyo auxilio expone las bases de la enseñanza objetiva basada
en el "realismo pedagógico", el cual debe poner en juego las facultades
del niño, desarrolladas mediante una educación física,
moral e intelectual que substituya los antiguos y bárbaros castigos
corporales, fortaleciendo la voluntad con medios adecuados y buenos
fines.
Siguiendo esta misma tónica, el Doctor Luis E. Ruiz había
iniciado cursos de Pedagogía en la Escuela Nacional Secundaria de
Niñas en 1880, siguió con la misma materia en la Escuela Nacional
Preparatoria y fue contratado después por la Escuela
Normal
[23]. Si para Flores la pedagogía
era un arte, para Ruiz era necesario que tuviera fundamento
científico.
La pedagogía volvió a aparecer en la Escuela Normal Superior
en 1924, mientras que la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Nacional conservó el influjo anglosajón del Rector Ezequiel A.
Chávez y mantuvo los estudios de Maestría en Ciencias de la
Educación entre 1935 y 1954. Fue hasta 1956 que el Doctor Francisco
Larroyo convirtió el Departamento de Ciencias de la Educación en
Colegio de Pedagogía, de donde surgió primero el doctorado, luego
la maestría y finalmente la licenciatura.
El Doctor Moreno y de los Arcos atribuye este cambio a la formación
del Doctor Larroyo como filósofo neokantiano de la Escuela de Marburgo,
“profundo conocedor de la pedagogía alemana, seguidor – en
particular – de la
Pedagogía social de Natorp,
contribuyó en gran medida a dar personalidad propia a la pedagogía
en nuestro medio y a perfilar con nitidez la vida y profesión del
pedagogo”
[24], lo que hizo con gran
claridad en un libro publicado en
1959
[25].
Aunque la pedagogía se había anotado un tanto a su favor con
la decisión de Larroyo, no tenía ganada la batalla ni en la UNAM
ni en México. El gran prestigio de Mialaret, Debessé y colegas,
así como su producción intelectual intensa y sostenida, apoyadas
por los argumentos de pluridisciplinariedad y positividad científica
entonces en boga, obligaron a pensar con mayor detenimiento en las Ciencias de
la Educación, de tal modo que fuera de la UNAM se comenzaron a crear
Escuelas y Facultades de Ciencias de la Educación a fines de los setentas
y principios de los ochentas del siglo XX, como sucedió en la Universidad
Autónoma Benito Juárez de Tabasco donde, en un plan cauteloso y
conciliador se creó una Facultad de Pedagogía
y Ciencias de
la Educación. Como hasta la fecha sucede, nadie ha salido bien librado de
un enfrentamiento con la UNAM, por lo que prevalecieron la prudencia y el
pragmatismo, no sólo en el sureste sino en el resto del país. A la
fecha existen unos mil programas de licenciatura avalados por la
Secretaría de Educación Pública, Universidades Privadas,
FIMPES, ANUIES y Universidades Autónomas de los estados, donde se hacen
sinónimos Pedagogía y Ciencias de la Educación, sin
profundizar en los problemas epistemológicos que estas últimas
generan. Así por ejemplo Georges Vigarello critica a las Ciencias de la
Educación por la no especificidad de esta disciplina, que por cierto no
está del todo clara, hasta el punto de no aparecer; parecería que
estas “Ciencias..” se constituyen por su objeto de estudio, sin la
creación de nuevos ámbitos científicos; ¿se trata de
crear un oficio y no una profesión?; ¿se pretende mediante ellas
imponer una línea tecnocrática de consultores profesionales que
desconocen la filosofía y desdeñan el humanismo tradicional en la
Pedagogía? Lo menos que se puede decir es que las Ciencias de la
Educación no tienen un campo ni son epistemológicamente
originales
[26].
Sin embargo, ya iniciado el debate por Mialaret y compañía,
las discusiones por la terminología se desbordaron; se decía que
la pedagogía
strictu sensu se refiere
únicamente a
la educación de los niños, que para los hombres adultos
debía hablarse de “Andragogía”, para los ancianos
“Gerontogogía”; además, se sugiere aplicar
términos específicos para cada actividad como educología,
educonomía, edumática, curricología o
curricultología,
etcétera
[27].
En el mismo período que analizamos arriba en México (1924
– 2000), muy enriquecido por la práctica educativa de
indígenas, las alfabetización acelerada de grandes grupos, la
educación popular y técnica, la capacitación para el
trabajo y demás, los educadores latinoamericanos enfrentaban problemas
similares y trataban de resolverlos con recursos propios, generando reflexiones
pedagógicas originales muy valiosas, como Enrique Corona Morfín y
la educación rural
[28], Rafael
Ramírez y la escuela rural mexicana
[29],
Francisco Gutiérrez con su Pedagogía de la Comunicación,
María Torres con la alfabetización popular, María Teresa
Nidelcoff: la formación del profesor – pueblo; Fernando de Azevedo
con su proyecto liberal y Paulo Freire con su Pedagogía del
Oprimido
[30], por mencionar sólo a los
más destacados, quienes sin embargo no entraban en las definiciones
generadas en Europa o Norteamérica por su origen local tanto de problemas
como de soluciones, por lo que a todos ellos se les englobó en la
Teoría de la Educación, metiéndolos en el mismo saco del
constructivismo, personalismo y
culturalismo
[31].
El comunismo cayó con el muro de Berlín y tiene su acta de
defunción oficial en 1989 pero, los intereses nacionales siguen en pie,
tanto como las preferencias de los grupos o camarillas científicas que
usan su terminología para diferenciarse de los demás y tratar de
sentar sus propias tradiciones; debido a esto, las distintas nomenclaturas
continuarán
Ad aeternum. “Esa quimera (de unidad intelectual
internacional) imaginada por el historiador católico alemán Lord
Acton, quien tanto hizo por introducir los métodos de la
historiografía científica alemana en Inglaterra, (es
irrealizable). Acton esperaba dirigir una
Historia Moderna para la
Cambridge University Press, una obra en la cual resultara imposible inferir la
nacionalidad de los colaboradores a partir del método y contenido de sus
artículos... Una historia que será escrita cuando el mar se vuelva
limonada”
[32].
Por lo anterior concluyo que la ciencia de la Educación es la
Pedagogía; debemos utilizar este concepto con plena conciencia de su
antigüedad y valor teórico, aunque no está de más
entender históricamente el uso de los conceptos similares en otras
regiones.
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– 36, y
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7 Pierre Bordieu, “Le champ scientifique”, en
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8 Emilio Tenti Fanfani, “El campo de las ciencias de la
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9 Enrique Moreno y de los Arcos, “Los orígenes de la
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más aprendizaje. Revista de la Escuela de Graduados de la Escuela
Normal Superior del Estado de Nuevo León, No. 5, septiembre de 1982, p.
59 – 76.
[]
10 “Diversos estudios han demostrado que las citas en obras
científicas no se limitan a identificar a los autores de las ideas y las
fuentes de datos. Reflejan los estilos intelectuales de las respectivas
comunidades científicas nacionales, los métodos pedagógicos
de los estudios de posgrado y las preferencias literales de los directores de
revistas profesionales influyentes. A veces remiten no sólo a las fuentes
precisas de los datos presentados por los autores, sino también a las
teorías y a las escuelas teóricas con las que quieren o esperan
que se las identifique:” Anthony Grafton, Los orígenes
trágicos de la erudición. Breve tratado sobre la nota al pie de
página, México, FCE, 1998, p. 18.
Grafton apoya su afirmación en la obra de B. Cronin,
The Citation
Process, London, 1984.
[]
11 Gastón Mialaret,
Nueva Pedagogía Científica,
Prólogo de Maurice Debessé, traducción de A. García
Burgos, Barcelona, Luis Miracle, 1961, 118 págs. Ilus. (Biblioteca
Práctica de Psicología y Psicopatología Infantiles);
Gastón Mialaret,
Introducción a la Pedagogía,
Barcelona, Vinces – Vives, 1971, 186 págs.; Maurice Debessé
y Gastón Mialaret (Editores),
Tratado de Ciencias
Pedagógicas, 6 vols., traducción de Prudenci Comes, Barcelona,
Oikos – Tau, 1972.
[]
12 Orlando Valera Alfonso,
El debate teórico en torno a la
Pedagogía, Bogotá, Editorial Magisterio, p.
74.
[]
13 Los rusos y alemanes orientales por supuesto que permanecieron
inmutables ante el atrevimiento del viejo profesor francés y continuaron
hasta el fin con su nomenclatura.
[]
14 D.B. Elkonin, “Esbozo de la obra científica de Lev
Semionóvich Vigotski”;Ramón Ferreiro Gravie, “Lev
Semionóvich Vigotski, Mozart de la Psicología”; Fernando
González Rey, “L.S. Vigotski: presencia y continuidad de su
pensamiento”, en
Revista Psicología, publicación
bimestral, marzo – abril 2003, Director General Gabriel Barrera T.;
Editora Profesora Leticia América Becerril Juárez, Lago Ontario
55, Colonia Tacuba, C.P. 11410, México 17, D.F. Telefax: 5399
6334.
[]
15 D.B. Elkonin, Soovranie Zachinieniye, Moskva, Izdatelvo Nauka,
1984.
[]
16 Patricia Ehrlich Quintero,
Estado Nacional y educación en
México, en
Revista Reencuentro, análisis de problemas
universitarios, Serie Cuadernos, http//cueyatl.uam.mx/-cuaree/ septiembre
2001.ISSN 0188-168X
[]
17 Patricia Ehrlich Quintero, Op.
Cit.
[]
18 Alejandro de Humboldt en Enrique Krauze,
Mexicanos eminentes,
México, Tusquets, septiembre del 2000, p.
382.
[]
19 Enrique Krauze,
Mexicanos eminentes, México, Tusquets,
septiembre del 2000, p. 385.
[]
20 J.G. Fichte,
Discursos a la nación alemana, Biblioteca de
los grandes pensadores, Barcelona, Tecnos,
2002.
[]
21 Reimpreso por la UNAM en México,
1984.
[]
22 Enrique Moreno y de los Arcos, “Los orígenes de la
Pedagogía en México”, en
E + A. Enseñanza
más aprendizaje. Revista de la Escuela de Graduados de la Escuela
Normal Superior del Estado de Nuevo León, No. 5, septiembre de 1982, p.
59 – 76.
[]
23 Enrique Moreno y de los Arcos, “Los orígenes de la
Pedagogía en México”, en
E + A. Enseñanza
más aprendizaje. Revista de la Escuela de Graduados de la Escuela
Normal Superior del Estado de Nuevo León, No. 5, septiembre de 1982, p.
59 – 76.
[]
24 Enrique Moreno y de los Arcos, Op. Cit., p.
76.
[]
25 Francisco Larroyo,
Pedagogía de la enseñanza
superior, México, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras,
1959.
[]
26 Georges Vigarello, “¿Una especificidad teórica para
las Ciencias de la Educación?”, en Alicia de Alba
recopilación y presentación,
¿Teoría
Pedagógica? Lecturas introductorias, México, UNAM
/Coordinación de Humanidades/CESU, 1987, p. 392 – 395. Enrique
Moreno y de Los Arcos,
Pedagogía y Ciencias de la
Educación, México, Colegio de Pedagogos de México,
1990.
[]
27 Orlando Valera Alfonso,
El debate teórico en torno a la
Pedagogía, Bogotá, Editorial Magisterio, p.
76.
[]
28 Benjamín Fuentes,
Enrique Corona Morfín y la
educación rural (Antología), México, SEP / Ediciones El
Caballito, 1986.
[]
29 Concepción Jiménez Alarcón, Rafael
Ramírez y la Escuela rural mexicana (Antología),
México, SEP /
Ediciones El Caballito, 1986.
[]
30 Moacir Gadotti,
Historia de las ideas pedagógicas,
México, Siglo XXI Editores, 2000, segunda edición en
español.
[]
31 Orlando Valera Alfonso, Op.
Cit.
[]
32 Anthony Grafton, Los orígenes trágicos de la
erudición. Breve tratado sobre la nota al pie de página,
México, FCE, 1998, p. 17.