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El suicidio en la posmodernidad*

Por César Muñoz Valdez
El pensamiento ante la muerte es inherente en la especie humana como la vida misma, sin embargo, en todos los tiempos, reflexiones suicidas azotan en las mentes de las personas día a día alrededor del mundo.
El acontecimiento del suicidio está presente porque el ser humano piensa la muerte a diferencia de cualquier ser vivo, hasta se expresa a través de ella, ya sea en ornamento, en monumento, en las diversas artes, en la cultura en sí. En cuanto a los sentimientos, son diversos los que se sienten ante el más allá, pueden ser de miedo, que sería el más común, pero sin lugar a dudas el más extraño de todos los sentimientos y acontecimientos humanos es el de desear la muerte propia...
Lo cierto, es que esta situación es latente desde la antigüedad hasta nuestros tiempos, que existe y existirá, jamás se olvidarán muertes como la de Sócrates, la de Vincent Van Gogh, la de Heminway y hasta el suicidio comercializado de Kurt Cobain, cantante de rock del grupo Nirvana a quien se le consideró casi un símbolo de la Generación X; Kurt es una sólo una muestra de uno de tantos que representaron la decepción ante la vida y el entorno como forma de expresión que enmarcó a la juventud de fin de siglo XX.
El incidente del suicidio no deja de ser desconcertante, este problema trae consigo muchas preguntas; la principal inquietud es encontrar la razón que originó ese deseo de muerte. ¿Por qué alguien puede desear la muerte?
El suicidio tiene un trasfondo social e individual (colectivo y personal) que va más allá del simple deseo de morir. Hoy en día las tecnologías, los medios masivos de comunicación, incluso los de telecomunicación han cambiado la vida humana, las relaciones comunicativas del ser humano en su trato con los otros son distintas, por lo tanto, el contexto y las condiciones suicidas ya no son como en otros tiempos; cuestión que se debe de tomar en cuenta para los nuevos estudios sobre el tema.
El ejemplo contextual es que en este tiempo la vida humana es y se da por la incesante descarga e influencia de los medios masivos, especialmente de la televisión y la Internet. Es la forma inexorable de las relaciones entre personas, que supuestamente se acercan pero, en realidad, poco a poco se pierde la proximidad del cara a cara. Por lo tanto toda esta continua comunicación es aparente, donde el otro está ausente, representado sólo en una frágil visión en el monitor del ordenador o del televisor; como diría Jean Baudrillard: “El sistema de la comunicación está regido por una especie de paradoja; hay una ley paradójica de comunicación: contrariamente a lo que pudiera creerse, cuanto más nos comunicamos, y más verdaderos y múltiples son los intercambios reales, tanto más se logra, justamente, el efecto inverso”.
Así mismo, en los medios se presentan inmensidad de deseos para todo tipo de personas: poder, dinero, sexo, objetos. A grandes rasgos a esta búsqueda de placer por el simple placer se le llama hedonismo. Estudios sociológicos señalan que este hedonismo en un estado desenfrenado puede acarrear la llamada anomia (anónimo). Según el libro El Suicidio de Émile Durkheim (1858-1917), una de las características que tienen este tipo de personas es el deseo “desmedido”, con pretensiones casi imposibles y fuera de la realidad. En otras palabras, un individuo así no tiene límites y, cuando no logra lo que aspira se deprime, se frustra, y ello lo puede llevar al suicidio, dado a que siempre se tendrán más y más deseos. Aparentemente el sujeto está socializado, convive con su entorno, a simple vista no sufre de “soledad”, nadie conoce sus intenciones suicidas, inclusive, nadie sabe que tiene ganas de quedar bien con los demás (estatus), pero al verse frustrado en todo lo que desea anhela la muerte; a este es un tipo de suicidio se le conoce como anónimo. Durkheim dice: “Perseguir un fin inaccesible por hipótesis es condenarse a un perpetuo estado de descontento”.
El anterior, es sólo uno de tres tipos de suicidio que propuso Durkheim para su análisis (al sociólogo francés Émile Durkheim se le reconoce por ser uno de los pioneros en el estudio del suicidio). El segundo tipo se llama altruista, éste es común verlo en sectas religiosas, que culminan el acto sólo por pertenecer y dar a su sociedad lo que les pide, incluso pueden acabar con sus vidas masivamente, por lo tanto también son tipos perfectamente socializados. En los medios noticiosos se puede ver a manera de ejemplo que son personas apegadas religiosamente a sociedades extremistas, como son los “hombres bomba”, los que se prenden fuego hasta quedar en cenizas como protesta social, así, también, son aquellos que en sus cultos sagrados les piden morir por altruismo y en bien de su colectividad.
Entonces, para que una persona desee la muerte no necesita estar solo, por lo tanto la socialización también interviene como factor para desear la muerte. Por último existe el suicidio de tipo egoísta, y es para aquella persona que permanece solo y no quiere saber nada de la sociedad; está en la soledad, más no le agrada, pero sigue solo (o sola), en otras palabras, le afecta y le duele estar solo, mas no cambia su situación, por tal razón desea morir. En la actualidad, como ejemplo están las resientes sociedades de Internet, del chateo, que alejan del acercamiento del cara a cara, sin que individualmente se prevengan los estragos de la soledad.
Pero bien, lo cierto es que no tiene nada de malo desear cosas (anomia), lo malo son los deseos desmedidos, el darle importancia a los objetos y caer un absurdo consumismo, anhelar sólo el placer hasta para pretender dar apariencias a la sociedad, cuando en realidad individualmente se está mal; tampoco hay nada de malo pertenecer a una grupo social o religioso (altruista) y creer en el Dios que se quiera creer, sino estar muy apegado a éste de manera enajenada donde no sólo peligra una vida, sino la de toda una colectividad; así mismo no tiene nada de maligno estar solo (egoísta), sino alejarse totalmente del entorno al extremo de no tener contacto frente a frente con alguien; en cualquiera de los casos lo perjudicial es la exageración.
Sin embargo no hay respuestas certeras a este fenómeno social, psíquico e individual, se pueden conocer los tipos de suicidio para prevenir, aunque por lo regular se termina por interpretar, siempre, después de que se cometió el acto suicida... La razón del suicida difícilmente se sabrá, pues es complicado comprender el dolor emocional, coexistencial y, hasta físico, que puede sentir un ser humano para querer morir. Incluso las estadísticas del INEGI dicen que en México los motivos nunca se saben, las cifras señalan que la primera causa de suicidio, con un 58%, son precisamente por razones que no se saben, en otras palabras se ignora la razón; la segunda causa de suicidio es el disgusto familiar con un 11%; y la tercera causa de suicidio es por razones amorosas, con un 7%.
Según Durkheim el problema es tener una actitud extremista en los deseos (anónimo), también de una dependencia exagerada por la sociedad (altruista), por otro lado, estar totalmente desintegrado de la sociedad (egoísta). Es cierto que los medios masivos a través de la mercadotecnia pueden incrementan los deseos (materiales, sexuales, de éxito, etc.); los de telecomunicación el alejamiento (Chat, correo-electrónico, la Internet, etc.); pero no por ello son los culpables; a pesar de que esta contemporaneidad se caracteriza por un absurdo existencial ante el mundo posmoderno mediatizado.
Entonces el deseo por la muerte es individual, por ello es difícil interpretarlo y estudiarlo, porque los suicidas por lo regular se llevan el secreto a la tumba.
En realidad el fenómeno de la muerte por suicidio, según estudios sociales y antropológicos, no es tan alto como parece, sin embargo las cifras mundiales dicen: mientras que al rededor del mundo mueren 1 millón de personas por suicidio aproximadamente en un año, más de 3 millones fenecen por tabaquismo y superior a los 3 millones por VIH al año; aunque las cifras crecen y decrecen, anualmente los decesos son siempre menores en suicidio. Entonces, esta forma de muerte no es tan alta como otros problemas, la principal causa de defunciones mundialmente es por ataque al corazón, la segunda por cerebrovasculares; es decir, el suicidio sería aproximadamente la décima causa (según la Organización Mundial de la Salud).
En cuestiones de género, en México el hombre es el que más se suicida con un 85%, a diferencia de lo que se pueda pensar, las mujeres cuentan con un 15%; es por ello que los porcentajes indican que el 62% de las hembras sólo lo dejan en el intento y su tentativa suicida no la logran; al contrario de los machos, que son pocos los que al intentarlo no lo logran, con un 38%; entonces, cuando existe una tentativa es más probable que lo logre un masculino.
La cifras totales dicen que en la República Mexicana el primer método o forma para suicidarse es la estrangulación con un 62%, la segunda con arma de fuego con un 22%.
No obstante, relativamente uno de los paradigmas del medio contextual que caracteriza a este entorno globalizado, es el que está casi determinado por la presencia de un persistente nihilismo mundial como cultura universal de las generaciones del siglo XX y del presente siglo XXI. Por esta circunstancia, también otras problemáticas sociopolíticas como la inestabilidad económica, la falta de empleos, la inequidad de oportunidades, entre otras más, pueden reforzar la intención suicida; pero igualmente, es innegable que la decisión final y certera de morir siempre es individual; por tal situación, el suicida siempre tendrá muchas razones (pretextos) para culminar con su vida y sin jamás buscar una alternativa.
Es cierto, las estadísticas no reflejan del todo la verdad, pero sí un segmento de la realidad, entonces es comprensible que las cifras cambian y, del mismo modo, no son exactas, pero desde luego, son de ayuda para prevenir, interpretar e identificar sectores de la población donde los índices son altos, ya sea por edades, sexo, condición económica, grado de estudios, regiones, por país, etc. Por esta razón las cifras hablan por sí solas, a pesar de su subjetividad son importantes para sacar interpretaciones propias y verificar sus enlaces con los tipos de suicidio mencionados; a su vez, ello permitirá desentrañar soluciones de las cuales se deben de ocupar los especialistas en el tema, que a pesar de no ser un fenómeno tan frecuente como parece, y que es mínimo ante otros problemas, no deja de ser trascendente e interesante para una sociedad, una familia y al individuo en sí.
Sin lugar a dudas la vida es única y se tiene que vivir, experimentar, a pesar de los embates existenciales; por ello no deja de ser cuestionable esa búsqueda forzada de la muerte, porque la muerte de cualquier manera, a todos llegará...

* Muñoz, César, La “in-comunicación” de un suicida, México, Universidad Nacional Autónoma de México, ENEP Aragón, 2002, Tesis de Licenciatura en Comunicación y Periodismo.

Comentarios y aclaraciones: aeternus_6@yahoo.com.mx, aeternus@correo.unam.mx


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