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MORFEO (dios de los sueños).

Mañana ya no va a estar, esto nunca va a terminar.
La están devorando en ese bosque, todo se repite una y otra vez, la luna, sigue ahí, intacta, y no hace nada ella piensa que es mejor llorar, pero ella que sabe, siempre esta callada igual que la niña azul no quiere salir de ese pantano, ya esta cansada de intentar ver más allá de las ramas secas, de estar casi en el otro lado, y volver a regresar.
Ellos no la dejan, la quieren sola, para ellos y nunca dice la verdad ¿para que?, en ese bosque todo es raro, esos enormes arboles siempre tienen polvo, nunca es mañana y si algún día lo fuera, todo sería igual los mismos arboles, las mismas rocas, las mismas ramas..... el mismo todo.

Un día, se apareció un extraño hombrecito, le dijo a ella que sabía como salir de ahí, que el tenía la solución para regresar con Morfeo, pero primero ella tenía que seguir las instrucciones de aquel desconocido hombrecito.
El hombrecito le propuso que si ella iba a su pequeña cueva a trabajar, él le daría el secreto de la libertad y la pequeña e ingenua niña azul acepto; de pronto, comenzó a temblar el aire, parecía que los arboles gritaban desesperados, el cielo chocaba con la tierra, y él, se la llevo.
Cuando ella despertó, se encontraba en la pequeña cueva dentro de una jaula, con una cadena sujeta a su tobillo izquierdo, y solo escuchaba gritos a lo lejos, pero esos gritos eran de dolor, de miedo, de angustia.

Así pasaron 3 días, y cuando por fin regresó aquel extraño ser (el hombrecito), ella angustiada le preguntó que, que sucedía, que porque estaba dentro de una jaula, que de donde venían aquellos gritos; los cuales se oían cada vez con menos fuerza. El furioso hombrecito agarró un puño de rocas y comenzó a apedrearla, después tomó la rama más grande y por las angostas rejas la introdujo hasta llegar a ella y empezó a golpearla salvajemente hasta dejarla casi inconsciente, ella lloraba, pero en silencio, el hombrecito volvió a desaparecer y una vez más aquellos gritos desesperados se escapaban quien sabe de donde y volaban por toda la cueva.

La niña azul estaba agotada, casi muerta, el hombrecito la golpeó tanto hasta embriagarse de tanto dolor ajeno, el demonio la dejo casi deforme de la cara, pobre niña azul, había sangre y lágrimas por todos lados.

Tiempo después, ella se dio cuenta que aquellos gemidos no eran de los arboles. Un día el hombrecito la fue a ver, pero, tal vez el no se dio cuenta, pero llegó con los dientes podridos, las manos llenas de sangre, le escurrían gotas de sudor de la frente, y su mirada, era de esas miradas que dan miedo, como la de un lobo hambriento, el se jaloneaba la cara con tanta desesperación que parecía querer arrancarse la piel, se metía dos de sus tres dedos a la boca, los lamía con rapidez casi tragándoselos, ella solo veía, y, los gritos, ya no había más gritos se habían desvanecido, el hombrecito olía a muerte a sangre descompuesta, a miseria... , el temblaba, se acerco a la jaula casi de un salto, sacaba la lengua como si deseará algo, parecía que eso que tanto deseaba le producía placer, pero un placer enfermo, la niña azul lo observaba fijamente pero con miedo, solo pudo hacerse para atrás, se fue a una de las esquinas de aquella jaula, el hombrecito introducía su deforme mano intentando tocarla, la llamaba con un tono de voz desquiciado, ella se sentó y abrazaba sus piernas, de pronto el hombrecito se acercó más, tratando de meter su asquerosa cabeza, la miró con lujuria y le pidió que lo besará, ella lo miraba con desprecio y odio no había otro tipo de sentimientos en su desconcentrada cabeza, pero el insistía, al sentirse rechazado comenzó a gritar y a llorar, se jalaba la cabeza intentando arrancarla de su diminuto cuerpo, empezó a morderse los brazos con sus filosos dientes, se arrancó uno y lo devoró en menos de dos minutos.

Morfeo nunca llego, ella jamás salió, en la cueva solo hay esqueletos y un cuerpo en descomposición en la jaula, al cual le salen gusanos por los ojos, la boca, la nariz, por todas partes, las moscas entran y salen de la jaula, todo apesta, solo le queda un ojo, esta llena de pequeños animalitos hambrientos, todos ellos emocionados, algunos todavía son pequeñas larvas, otros pelean por la poca carne putrefacta que queda, ese olor se ha hecho dueño de toda la cueva, ya no hay nada, todo se ha ido consumiendo. Ese olor, huele a muerte, a dolor, a tristeza.... hay algo de maldad y bastante locura.

Si un día te asomas, no entres, jamás serás el mismo, te va atrapando, penetra en tu cuerpo, se hace dueño de tu mente, tu realidad se va consumiendo, tu vida no es vida, dejas de existir, pero, TE VAS DE ESTE MUNDO.............

Claudia Jiménez Ruiz.

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