Semiótica
Introducción.
Lo
que es la Semiótica.
El
actual término “semiótica” remite a una muy larga
historia de búsquedas y exploraciones en torno al complejo
fenómeno de la significación o de las situaciones significantes,
que han desembocado en as actuales prácticas de desmontaje, de la
más diversa índole, aplicadas a distintas configuraciones
culturales, interesadas en los sistemas y mecanismos de la
significación.
En
efecto, hoy en día circulan varias definiciones de semiótica que,
de hecho, corresponden a otros tantos proyectos, diversos entre sí. Para
Pierre (Collected Papers) semiótica es “la doctrina de la
naturaleza esencial de las variedades fundamentales de toda posible
semiosis”; para De Saussure (Curso), se trata de “una ciencia que
estudie la vida de los signos en el seno de la vida social” a la que
propone que se dé el nombre de “semiología”. Para Erik
Buyssens (La comunicación et l´articulación linguistique), en
cambio, se trata del “estudio de los procesos de comunicación, es
decir, de los medios utilizados para influir a los otros y reconocidos como
tales por aquel a quien se quiere influir”, la llama semiología.
Mientras Ch. Morris (Signos, lenguaje y conducta) define la semiótica
como una “doctrina comprehensiva de los signos”; para Umberto Eco
“es una técina de investigación que explica de manera
bastante exacta como funcionan la comunicación y la
significación”.
Este
patente desacuerdo sobre lo que debe entenderse por semiótica,
independientemente de los acuerdos que conlleve, plantea de entrada un serio
problema de terminología. Por lo pronto, el nombre: unos llaman
semiótica lo que otros llaman semiología. En segundo lugar,
más allá del nombre, nos interesa la semiótica como una
práctica analítica. Una cuestión importante, de acuerdo con
esto, es qué significa en concreto, para cada uno de estos proyectos, la
expresión “hacer semiótica”: qué significa
saber, realizar un “análisis semiótico” de un
determinado texto, sea verbal o no, según la idea que cada uno de ellos
se hace sobre la disciplina. Por lo general, parece existir un acuerdo en que el
análisis semiótico no es un acto de lectura, sino, más
bien, un acto de exploración de las raíces, condiciones y
mecanismos de la significación. Cómo está hecho el texto
para que pueda decir lo que dice. “Hacer semiótica” significa
no sólo identificar los distintos componentes de la semiosis, sino
clasificar los distintos tipos de signos y analizar su funcionamiento en sus
diferentes niveles.
La
disciplina que tiene por objeto estudiar los sistemas de signos se ha
desarrollado, como antes se vio, bajo dos nombres: semiología y
semiótica. Por principio de cuentas, el uso del término
semiótica o semiología remite a un diferente ámbito de
origen: la disciplina emanada de Peirce y desarrollada especialmente en Estados
Unidos prefirió el nombre de semiótica; mientras la engendrada en
por Ferdinand de Saussure, más ligada al universo europeo,
prefería el de semiología.
Pero,
en general, se puede decir que durante una parte del siglo XX se mantuvieron los
dos ya usándose indistintamente, ya dividiéndose civilizadamente
en el campo. Así, se dio en llamar “semiología”, sobre
todo en Francia, tanto a la disciplina que tenía por objeto el estudio de
los signos en sistemas verbales, como a la corriente europea (sausurreana) de la
semiótica. En cambio, se llamó semiótica ya a la disciplina
que se ocupaba de los sistemas de signos no verbales, ya a la corriente
anglosajona de base lógico-filosófica (Peirce, Frege, Russell
Odgen y Richards, Morris, Carnap, Wittgenstein, Tarski, etc).
En
resumidas cuentas, la semiótica se ocupa de signos, sistemas
sígnicos, acontecimientos sígnicos, procesos comunicativos,
funcionamientos lingüísticos y cosas así. Es decir, la
semiótica se ocupa del lenguaje entendido tanto como la facultad de
comunicar que como el ejercicio de esa facultad. La semiótica, por tanto,
se ha ocupado de las más variadas cosas: arquitectura, cine, teatro, las
modas, las señales de tránsito, la publicidad, la literatura, el
arte, los juegos, las normas de cortesía, la televisión, los
gestos, y demás de esa índole.
La
parte de la semiótica que estudia las relaciones entre significantes y
significados es la semántica. Se llama así a la rama de la
lingüística que se ocupa de estudiar el significado tanto de las
palabras, como de los enunciados y de las oraciones. Dentro de un ámbito
todavía más específico, hay la onomasiología y la
semasiología: la primera se ocupa en general de la tarea de dar nombres a
los objetos y en concreto de las denominaciones que se dan a un mismo referente.
La semasiología, en cambio, es la actividad inversa.
A
la parte de la semiótica que se encarga de estudiar las relaciones entre
significantes y usuarios se le llama pragmática y, en efecto,
estudia el empleo de los signos por los seres humanos en sus diferentes maneras
de relacionarse. Sin embargo, dentro de este ámbito, se pueden distinguir
al menos tres direcciones en la actual pragmática. Se la puede entender y
se la entiende, en efecto, tanto como una doctrina del empleo de los signos, que
como una lingüística del diálogo y, finalmente, como una
teoría del acto del habla.
Finalmente, se llama sintaxis a la parte de la semiótica que
estudia las relaciones de los significantes entre sí. Se puede decir, por
tanto, que de acuerdo con el modelo saussureano, la semiótica
“está por encima” de los objetos particulares de cada una de
estas disciplinas que se ocupan de alguno de los componentes del proceso
semiótico.
Hay
toda una corriente de una semiótica que bien podría llamarse
filosófica, heredera de Pierce, de corte anglosajón, que cobija
los trabajos de la corriente lógico-analítica de Frege,
Wittgenstein, Carnap, Quine, Odgen y Richards, Moore, Russell y, sobre todo,
Charles Jakobson, el verdadero comienzo de la semiótica se dio en los
territorios de la lógica.
Primera
Parte.
De
los sistemas y la articulación de los signos.
Sistema
semiótico.
Se
denomina así a todo conjunto de signos entre los cuales se pueden
establecer relaciones. En este sentido forman sistemas semióticos tanto
las señales de tráfico, los lenguajes, las imágenes, las
reproducciones, las obras de arte, los diccionarios, los textos, así como
lógicas o gramáticas, etc. Partiendo de Peirce, cuya
metafísica parte no del concepto del “ser” sino del concepto
de “estar representado”, es decir del concepto de signo, los
sistemas metafísicos son sistemas semióticos, y los sistemas
semióticos, como que el signo excede el “horizonte de la realidad,
son también sistemas metafísicos:
1.
Sistemas de representación (por ejemplo lenguajes)
2.
Sistemas de constitución (por ejemplo el “árbol
genealógico de los conceptos” en el sentido de
Carnap)
3.
Sistemas de generación (por ejemplo axiomas, sistemas deductivos, series
de números, gramáticas generativas, muestras, estructuras,
programas)
4.
Sistemas de gradación (sistemas de valores, números cardinales,
números ordinales, todos los esquemas de
progresión)
5.
Sistemas de comunicación (señales de tráfico,
lenguajes)
El conjunto de todos los sistemas de signos
humanos (códigos) se pueden dividir en tres grupos diferenciados
atendiendo a sus funciones (Guiraud, 1973):
1. Sistemas
de signos estéticos que posibilitan la expresión subjetiva, las
reacciones emotivas sobre el mundo, la naturaleza y los
hombres.
2. Sistemas
de signos que se utilizan como fórmulas de comportamiento en el marco de
las relaciones sociales entre los hombres (por ejemplo formas de
cortesía y de saludos). Se podrían denominar “códigos
socio- lógicos”. Con frecuencia toman la forma de modelos de
comportamiento en los cuales es imprescindible la presencia física del
“emisor” del mensaje.
3. Sistemas
de signos lógicos que deben proporcionar una descripción,
explicación y pronóstico (racionales) del entorno son los
procedentes del campo científico, pero también los
pre-científicos (por ejemplo la astrología, la fisonomía,
etc.). los sistemas de signos “prácticos” cuyo fin es la
regularización de los modelos de comportamiento son las
“señales” (en el sentido del lenguaje corriente), las
instrucciones para el manejo y los programas (por ejemplo programas de
ordenadores, planos como programas de construcción y montaje, etc.)
así como los sistemas de signos que deben procurar un aumento del
rendimiento de la lengua que está, por sí misma, no sería
capaz de alcanzar. A estos sistemas pertenecen, por ejemplo, los códigos
para la trasmisión de lo hablado con independencia del tiempo y del
espacio (escritura, morse, alfabeto de las banderas), traducciones de la lengua
a otras modalidades sensoriales (en caso en que se carece de las capacidades
sensoriales normales ene le hombre: Braille, el lenguaje de los sordomudos con
los dedos), o los métodos auxiliares de la lengua como la
gesticulación y la mímica.
Los sistemas de signos estéticos
conciernen a la disciplina de la semiológia del arte. Este campo
aún está poco desarrollado. El motivo de ello es que resulta
particularmente difícil determinar, o , en general, aprehender los
sistemas de signos estéticos. Estos sistemas de signos; es decir, estos
códigos, se basan en la definición de acuerdos convencionales
(convenio). Un acuerdo de este tipo, muy explícito y formalizado, como
las señales de tráfico según el convenio internacional,
puede ser dominio público. Pero por otro lado existen también
“simbolizaciones” que son casi individuales, afectando a los
sentimientos de un círculo íntimo o reducido y que suponen un
grado menor de acuerdo. Semejantes expresiones subjetivas y emotivas, cuya
convencionalización se encuentra en su estado incipiente o está
poco desarrollada, sólo son comprensibles a través de
“métodos intuitivos” basados en aproximaciones de
carácter interpretativo (hermenéutica). De hecho aportan muy poco
al entendimiento internacional.
Los
sistemas de signos sociales son generalmente muy limitados en su radio de
acción. Están ligados a grupos, clases o naciones, entorpeciendo
por tanto el entendimiento internacional. Se manifiestan con frecuencia como
modelos de comportamiento de tal manera que entendimiento queda reducido a
aquellas situaciones en las cuales concurre la persona física del
“emisor” y del “receptor”. Para una descripción
de estos modelos de comportamiento, generalmente dinámicos, sería
más adecuado utilizar como medio el cine, la televisión o acaso la
fotografía.
Semiótica
de los sistemas.
Se
trata de una teoría sobre la descripción y clasificación de
los sistemas de cualquier tipo con medios semióticos, desarrollada al
mismo tiempo a partir de la teoría general de los sistemas y de la
semiótica general. Se podría hablar también de
teoría de los sistemas semiótica, o de semiótica
teórico-sistemática, dependiendo de si se subraya la
característica semiótica de los sistemas o la
característica teórico-semántica de los signos o clases de
signos. Bajo “sistema” se dene entender la suima de un conjunto de
ciertos elementos (materiales o inmateriales, energéticos o
informacionales, concretos o abstractos, simples o compuestos) y sus relaciones
entre sí. Conjunto y relación son las dos partes de
determinación más importantes del sistema, y en ese concepto de
sistema generalizado se pueden diferenciar como sistemas especiales o como
sistemas parciales los llamados sistemas filosóficos, las teorías
o los sistemas de teorías, los sistemas matemáticos (Zermelo), el
cálculo de sistemas (Tarski), todos los sistemas de axiomas, pero
también los sistemas cibernéticos, sistemas de fuerzas, sistemas
mecánicos, sistemas sociales, políticos o ideológicos,
sistemas orgánicos, sistemas estéticos, etc.
En
la teoría de los sistemas está resumida la exposición de
todas las declaraciones generales y abstractas sobre sistemas en forma de
toería. Sin embargo todavía no se posee una Gestalt definitiva de
la teoría de los sistemas como tal, ya que no se puede abarcar la
totalidad de los conceptos y representaciones o campos de uso de los
conocimientos teórico-sistemáticos. Sin embargo, la teoría
de los sistemas debe describir y clasificar con la mayor exactitud posible las
construcciones estructurales o configurativas, con lo cual los medios
semióticos, lógicos y matemáticos son los
decisivos.
La
semiótica de los sistemas, la parte más joven de la teórica
general de los sistemas (y, posiblemente, de particular importancia para su uso
en la estética semiótica y en la teoría del arte y de la
arquitectura), parte en sus concepciones de las determinaciones de los signos
próximas y evidentes (en el sentido de signo como relación
triádica) como las de un sistema (de tres elementos M, O , e I así
como de sus relaciones internas y externas). En un sistema de este tipo, el
signo actúa en cierto modo como un superobjeto o como
superrelación, o también como un sistema de comunicación
fundamental o elemental, en la cual el objeto designado O es comunicado con la
ayuda del medio seleccionado M a un cierto interpretante I, bajo lo cual se
puede entender también un nuevo signo.
En
tanto que el término “sistema” se refiere a objetos complejos
en el sentido de estructura relacional, desde el punto de vista semiótico
tiene, al menos primariamente, el sentido de una relación signo-objeto,
es decir, designa objetos. Paralelamente a las tres relaciones signo-objeto
diferenciables, denominadas, icono, index y símbolo, debemos diferenciar
entre sistema icónico, indexicálico y simbólico. Si se
retienen las piezas de clasificación o los rasgos de
diferenciación entre icono, index y símbolo, es decir, los rasgos
de concordancia para el icono, el nexo inmediato entre signo y objeto para el
index y la libre selectividad para el símbolo, entonces, en
generalizaciones adecuadas de las relaciones signo-objeto, se puede entender el
sistema icónico como cuadro o sistema de cuadros; el sistema
indexicálico como dirección (teniendo en cuenta sobre todo el
aspecto arbitrario de este tipo de signos), como simple repertorio o como
sistema de repertorios arbitrario. Cuadros, direcciones y repertorios son, pues,
modelos realizados o realizables para sistemas icónicos,
indexicálicos y simbólicos.
Los
sistemas de comunicación concebibles, como una biblioteca, o la
elaboración de mapas geográficos, son sistemas icónicos;
los sistemas causales, como el sistema de señales de tráfico en la
ciudad, son de naturaleza indexicálica; por el contrario, el simple
repertorio de palabras de un autor o el repertorio de colores (la
“paleta”) de un pintor, forman primeramente un sistema
simbólico. Al menos en principio se pueden reducir todos los sistemas
conocido o construibles (en el sentido de su relación signo-objeto) a los
tres tipos de sistemas citados, o a una forma mixta. Por otro lado, la
caracterización clasificadora d un sistema objetivo por los conceptos de
signos relacionados con el objeto corresponde también a un proceso de
signos generadores de un sistema, o sea una semiosis de sistema. La
introducción de iconos en ciertos conjuntos de elementos, por ejemplo, la
introducción de figuras geométricas llanas en repertorios de
signos, permite sin más la creación de un sistema icónico
de medios ambientes coloreados. La introducción de signos
indexicálicos, por ejemplo, indicadores de caminos en zonas rurales, que
en tanto que sistemas de medios o sistemas de cuadro son, naturalmente, de
naturaleza icónica, convierte a éstos de manera automática
en sistemas de comunicación indexicálicos. La libre
ordenación de símbolos acústicos o de letras para formar
cosas crea un cierto repertorio de sustantivos como sistema simbólico del
lenguaje. En el campo de la formación de Gestalts las estructuras (u
ornamentos) deben verse primariamente como sistemas icónicos de objetos;
la formación de Gestalts configurativas (por ejemplo, la
ordenación armónica de los tonos o la ordenación en
perspectiva de objetos en una imagen) deben verse siempre como sistemas
indexicálicos. Cuando los sistemas urbanizadores se pueden entender como
sistemas parciales de los sistemas arquitectónicos o urbanos, entonces,
desde el punto de vista semiótico, los puentes, en tanto que signos
indexicálicos relacionados con el objeto, originan siempre un sistema de
comunicación indexicálico, es decir, pertenecen al sistema camino,
indicador de caminos, lugar, y abren nuevas zonas, que por sí solas son
incompatibles, disjuntas. Junto a sistemas de apertura arquitectónicos u
ordenadores de ciudades, indexicálicos entre los cuales se deben contar
también puertas y ventanas, existen también sistemas de apertura
icónicos, para cuyas funciones comunicativas se caracterizan los iconos,
como por ejemplo los estacionamientos (con las tarifas como signos
simbólicos para la conicidad de la equivalencia entre estacionamiento y
coche). También los límites de las ciudades pertenecen al sistema
de apertura icónico, de manera similar como las fachadas de las calles y
casas, en los cuales, los sistemas de apertura de las puertas, ventanas y
escaleras están comprendidos como sistemas parciales.
Se
debe tener en cuenta que el repertorio de las señales de tráfico o
de las reglas de tráfico de un sistema ciudadano representa como tal un
sistema simbólico, que sólo en su realización real
(estructural o configurativa) se convierte en un sistema indexicálico.
Tampoco debería olvidarse que los sistemas de mezcla
icónico-indexicálicos, o sea redes comunicativas que delimitan
“espacios construidos” arquitectónicos (y, por lo tanto,
realizando sistemas de dirección).
Finalmente,
en este contexto se puede subrayar que, en términos generales, los
sistemas de repertorio simbólicos representan sistemas parciales de los
sistemas de dirección indexicálicos, y éstos a su vez
sistemas parciales de los sistemas de cuadro icónicos (lo cual guarda
relación con el hecho de que la superización de los signos conduce
a iconos.
Articulación
y doble articulación.
Es
muy posible -y se ha practicado- trasladar el sistema de conceptos y
términos del lenguaje humano a la descripción de los
símbolos icónicos. En principio, esto debería deducirse de
ejemplos tales como un mobiliario rococó que está compuesto de
varios elementos (sillas, mesas, sofá, buró, etc.). Está
articulado. El número de los elementos y las funciones mutuas lo
determina el uso que se dará a los muebles, si se le quita un elemento,
puede aventurarse la funcionalidad del mueble (por ejemplo, si faltan las
sillas). A su vez, cada elemento está compuesto de partes menores,
independientes (las sillas tienen patas, asiento y respaldo, la mesa tabla y
patas, el buró, tableros y cajones, etc.) y en consecuencia
también está articulado. Existe una doble articulación que
recuerda la del lenguaje. Las partes más pequeñas no tienen una
función independiente, sólo sirven para formar las unidades
funcionales. Y así como sobre el enunciado lingüístico puede
encontrarse una coloración distintiva de la totalidad (el estilo), el
mobiliario en este ejemplo está unido por rasgos específicos de
los muebles rococó, que separan al mueble de otro estilo imperio o
isabelino. Este estilo designa la época del mueble, también puede
ser interpretado como un signo del gusto y las preferencias del dueño y
como una expresión del prestigio social, económico, o del respeto
a los antecesores de quienes ha heredado. Por supuesto que puede designar todo
esto y aún más, o nada de esto (si no hay un
intérprete).
Con
toda razón podemos llamar morfemas a las partes del mobiliario, definidas
mediante su función y distinguidas mediante sus partes distintivas,
correspondientes a los fonemas del lenguaje. Pueden se llamadas cenemas
(unidades vacías, que carecen de contenido al estar
aisladas).
En
su libro sobre semiótica de la fotografía, René Lindekens
reproduce dos figuras gráficas, símbolos del “Crédit
lyonnais” y del Gaz de France”.
En
el símbolo de “Crédit lyonnais”, el morfema
icónico se basa en cuadrados como cenemas, el del “Gaz de
France” en círculos.
El
grado de segmentación, es decir, de articulación, de los
símbolos estéticos y expresivos varía de la doble
articulación realizada al complejo (semiótico) indivisible que se
tienen en los tipos de arte en el que un aparente juego de colores y
líneas imposibilitala distinción de toda construcción
sistemática. En tales casos, los signos son globales, es decir, no
articulados. Esto significa que sólo funcionan en el nivel donde la
función estética o poética se responzabiliza de la
transmisión de una sustancia ya formada (como en el lenguaje o la
arquitectura). Así, ya no hay ningún sustrato estructurado.
Aquí se trata de la misma transición que se encuentra en la
prosodia del discurso, en donde por ejemplo una melodía continua puede ir
por encima de las estructuras lingüísticas (incluso una
melodía musical, una entonación). El enunciado adquiere una
coloración que no afecta el contenido gramatical, léxico o
estilístico, pero que le da un toque personal o tradicional a la
elocución, que se convierte en un símbolo de un contenido en otro
nivel, superior. La coloración que distingue a las palabras rituales en
muchas comunidades religiosas es específica y determinada por la
tradición.
Segunda
parte.
De
los signos.
Signos:
lo verbal.
La evidente aptitud del lenguaje para comunicar
las ideas, los sentimientos, las órdenes, y constituir, precisamente en
virtud de esa comunicación, la base para la formación de los
grupos, el punto a partir del cual se constituye la sociedad y la cultura y todo
cuanto reconocemos como propio de nuestra especie, ha provocado que muchos
rechacen todo punto de vista que no incluya en el estudio del lenguaje la
dimensión comunicativa, pues juzgan que todas las características
del lenguaje dependen de esta condición interindividual.
Y aunque la distinción entre naturaleza y
uso del lenguaje se halla perfectamente asegurada en la reflexión
lingüística, de manera que se reconoce que el empleo de las
expresiones no debe confundirse con su estructura y que el lenguaje muestra
fundamentalmente una naturaleza representativa antes que comunicativa, a menudo
se adopta frente a algunos asuntos suscitados por el estudio
lingüístico una posición incoherente con esa
distinción.
Lo que no sólo introduce la letra como una
unidad lingüística sino que convierte a los signos en unidades
motivadas, no arbitrarias.
Representar no implica necesariamente comunicar.
En otras palabras, el lenguaje -o al menos el
léxico- es un instrumento para representar los conceptos y operar con
ellos, de modo que podamos representar todo lo que es posible de representar en
el mundo, las piedras y las serpientes, pero también la gravedad y los
unicornios. El lenguaje permite inclusive la representación de nosotros
mismos, representación a la que llamamos conciencia.
Sin embargo, bien sabemos que el léxico no
agota la realidad del lenguaje. Los avances de la perspectiva formal del estudio
lingüístico han asegurado la convicción contemporánea
de que la sintaxis es el rasgo que con más especificidad caracteriza a la
facultad lingüística. No es el momento de desplegar aquí toda
la finura que ha conseguido, por ejemplo, la gramática generativa para
describir este componente del lenguaje. Pero nos es indispensable mostrar la
relación entre la representación léxica y la
representación sintáctica.
Sabemos que, si bien es posible combinar las
palabras de muchas formas, sólo algunas combinaciones producirán
una frase bien elaborada y con sentido. No podemos ofrecer como oración
cualquier agrupamiento de palabras sino que habremos de construir las oraciones
siguiendo un patrón exhaustivo que evita en forma automática e
inconsciente las combinaciones erradas.
Podemos afirmar que, en todas las lenguas humanas
conocidas, la sintaxis surge como una representación de ciertas
condiciones léxicas, de ciertas propiedades interpretativas de las
palabras. La consecuencia que se desprende inmediatamente es que el
léxico debe ser anterior a la sintaxis -y no sólo en un sentido
lógico. Por otra parte, descubrimos que la ontogenia
lingüística, el modo como el niño adquiere su lengua, muestra
esta consecuencia de modo claro. Efectivamente, el niño hasta
aproximadamente los dos años emplea expresiones que, en un porcentaje muy
elevado, constan de una sola palabra y casi no tiene elementos
gramaticales.
Indudablemente, es posible expresar el mismo
contenido bien mediante la expresión /está saliendo el sol/ bien
mediante otro artificio visual compuesto de una línea horizontal, un
semicírculo y una serie de líneas diagonales que irradian desde el
centro del semicírculo. Pero sería mucho más difícil
afirmar mediante artificios visuales el equivalente de /el sol está
saliendo todavía/, de igual modo que sería imposible representar
visualmente el hecho de que Walter Scott sea el autor de Waverly. Es
posible expresar el hambre tanto con palabras como con gestos, pero los gestos
resultarían inútiles para establecer que la Crítica de
la razón pura prueba que la categoría de la casualidad es una
forma a priori.
El problema podría resolverse diciendo que
teoría de la significación y teoría de la
comunicación tienen un objeto primario que es la lengua verbal, mientras
que todos los llamados lenguajes restantes no son otra cosa que aproximaciones
imperfectas, artificios semióticos periféricos, parasitarios e
impuros, mezclados con fenómenos perceptivos, procesos de
estímulo-respuesta, etc.
Por tanto, podría definirse el lenguaje
verbal como el Sistema Modelador Primario del que los demás son
variaciones, o también podría definirse como el modo más
propio en que el hombre traduce de forma espectacular sus pensamientos, de modo
que hablar y pensar serían zonas preferentes de la investigación
semiótica y la lingüística no sería sólo una
rama (la más importante) de la semiótica, sino el modelo de
cualquier otra actividad semiótica; entonces, la semiótica
resultaría ser una derivación, una adaptación y una
prolongación de la lingüística (cf. Barthes, 1964). Otra
hipótesis, más moderada metafísicamente, pero de las mismas
consecuencias prácticas, sería la de que sólo el lenguaje
verbal es el único que puede cumplir los fines de una
‘efabilidad’ total. Por tanto, no sólo cualquier clase de
experiencia humana, sino también cualquier clase de contenido expresable
mediante otros artificios semióticos, debería poder traducirse en
términos verbales, sin que sea posible lo contrario. Ahora bien, la
efabilidad reconocida del lenguaje verbal se debe a su gran flexibilidad
articulatoria y combinatoria, obtenida gracias a la utilización de
unidades discretas muy homogeneizadas, fáciles de aprender y susceptibles
de una reducida cantidad de variaciones libres.
Pero aquí se tiene una objeción a
esta oposición: es cierto que cualquier contenido expresado por una
unidad verbal puede ser traducido por otras unidades verbales; es cierto que
gran parte de los contenidos expresados por unidades no verbales pueden ser
traducidos igualmente por unidades verbales; pero igualmente es cierto que
existen muchos contenidos expresados por unidades complejas no verbales que no
pueden ser traducidos por una o más unidades verbales, a no ser mediante
aproximaciones imprecisas.
Garroni (1973) sugiere que, dado un conjunto de
contenidos transmisibles por un conjunto de artificios lingüísticos
L y un conjunto de contenidos habitualmente transmisibles por artificios no
lingüísticos NL, ambos conjuntos producen por intersección un
subconjunto de contenidos traducibles por L en NL o viceversa, mientras que se
mantienen irreductibles dos vastas porciones de contenidos, una de
láscales se refiere a contenidos que no se pueden comunicar verbalmente,
pero no por ello dejan de poder expresarse.
Pero para poder avanzar en esa dirección
será necesario ante todo demostrar que:
I. Existen diferentes tipos de signos o
diferentes modos de producción de signos.
II. Muchos de dichos signos presentan un tipo de
relación con su
contenido que resulta diferente del que
mantienen los signos
verbales.
III. Una teoría de la producción de
signos está en condiciones de definir
todos esos tipos diferentes de signos
recurriendo a un aparato
categorial unificado.
Una conclusión posible será que,
sin lugar a dudas el lenguaje verbal es el artificio semiótico más
potente que el hombre conoce; pero que, a pesar de ello, existen otros
artificios capaces de abarcar porciones del espacio semántico general que
la lengua hablada no siempre consigue tocar.
Así pues, aunque el lenguaje verbal es el
artificio semiótico más potente, en ocasiones no cumple totalmente
el principio de la efabilidad general: y para llegar a ser más potente de
lo que es, como de hecho ocurre, debe valerse de la ayuda de otros sistemas
semióticos. Es difícil concebir un universo en que seres humanos
comuniquen sin lenguaje verbal, limitándose a hacer gestos, mostrar
objetos, emitir sonidos informes, bailar; pero igualmente difícil es
concebir un universo en que los seres humanos sólo emitan
palabras.
Es evidente que en un mundo servido sólo
por las palabras sería casi imposible mencionar las cosas. Por
esmuñí análisis semiótico que toque otros tipos de
signos tan legitimables como las palabras aclarará la propia
teoría de la referencia, que con tanta frecuencia se ha considerado como
un capítulo del lenguaje verbal exclusivamente, en la medida en que se
consideraba este último como el vehículo preferente del
pensamiento.
Signos: lo icónico.
Las imágenes, según Peirce, se
distribuyen entre las tres variedades que se pueden aplicar las denominaciones
que genera:
Cualisignos icónicos: se muestran
sólo cualidades visuales que transmite puras sensaciones subjetivas.
Denominado también signo plástico.
Sinsignos icónicos: son imágenes
que proponen el reconocimiento de objetos a través de una
representación, dando origen a la iconicidad.
Legisignos icónicos: imagen material que
muestra la forma de determinadas relaciones ya normadas en determinados momentos
de determinada sociedad. El productor propone una percepción visual y el
intérprete una propuesta visual cuya relación de
representación consiste en la actualización de los rasgos
socialmente asignados para la comunicación de determinada estructura y
proceso conceptual y valores ideológicos.
"Los signos icónicos no poseen las
propiedades del objeto representado, sino que reproducen algunas condiciones de
la percepción común, basándose en códigos
perceptivos normales y seleccionando los estímulos que -con
exclusión de otros-, permiten construir una estructura perceptiva que
-fundada en códigos de experiencia adquirida- tenga el mismo significado
que el de la experiencia real denotada por el signo
icónico".
Los signos icónicos reproducen algunas
condiciones de la percepción del objeto una vez seleccionadas por medio
de códigos de reconocimiento y anotadas por medio de convenciones
gráficas, un signo denota de una manera arbitraria una determinada
condición perceptiva o bien denota globalmente una cosa percibida
reduciéndola arbitrariamente a una configuración
simplificada.
Peirce establece sus famosas "Relaciones
Triádicas", abre el camino para lo que actualmente conocemos como Niveles
Pragmático, Sintáctico y Semántico del mensaje. En el caso
de la comunicación gráfica, estos tres niveles son esenciales, ya
que de no cubrirse en forma adecuada, el proceso de comunicación se ve
deteriorado.
Nivel Pragmático: Partiendo del axioma de
Voloshinov, quien dice que "todo lo ideológico es signo". Sin signos la
ideología difícilmente se comprende, simple y sencillamente porque
la ideología, cualquiera que sea, solamente puede manifestarse al
materializarse en signos. La comunicación gráfica siempre es
portadora de ideología, y por tanto, al materializarse y expresarse en
signos, posee el valor semiótico que posee todo lo
ideológico.
El signo necesita materializarse en un
vehículo significante (signo propiamente dicho). Sin este significante el
signo no tiene vida. El significante es, entonces, la materialización del
signo. La conciencia, la compresión y el conocimiento sólo pueden
surgir en la concreción de dichos signos. El significado sería
así, una respuesta a un signo con otros signos.
Las leyes de la semiótica estarán,
así, siempre determinadas por una serie de leyes
económico-sociales, por lo cual no podemos jamás abstraer la
semiótica de su contexto socio-económico. Los significados de los
signos dependerán siempre de la cultura del grupo social que los usa o
los produce. La práctica de esos signos nace siempre de las
prácticas sociales de dichos grupos.
Resumiendo todo lo anterior, podemos
decir:
I. Todo lo ideológico es
semiótico.
II. Todo signo es portador de ideología
(entendiendo el signo
dentro de su correspondiente contexto
discursivo).
III. Todo signo nace de la práctica
social, (a la cual refleja en
en cierta medida).
Señalización.
Los textos visuales son, un juego de diversos
componentes formales y temáticos que obedecen a reglas y estrategias
precisas durante su elaboración. Toda teoría de la imagen
presupone una teoría del significado y debe estudiar los sistemas
culturales actualizados en las operaciones de
representación.
SEÑAL: Se entiende como una función
un tanto divergente del signo
y el símbolo. Toda
señal nos transmite un estímulo, condición
necesaria para toda
transmisión de mensajes.
La semiótica distingue tres clases de
señales:
1. La primera comprende las señales
índices; las llaman "signos
naturales" nos transmite la
información que obtenemos de los
fenómenos de la
naturaleza.
2. Señales copias o señales
imágenes, consiste en que el significado
("contenido") y la forma exterior, tienen
una semejanza entre sí.
3. Las señales de comunicación o
los signos convencionales que son los
signos propiamente
dichos.
La señalización trata de mensajes
fijos para receptores en movimiento, por lo mismo, exige respetar la alta
velocidad de lectura a que se sujeta ese receptor móvil, por lo cual, los
signos manejados deben ser, forzosamente, eficaces (el receptor debe recurrir a
ellos).
Si el señalamiento es una de las labores
más difíciles que puede tener un diseñador, dicha labor se
ligaría directamente a lo que podría ser una teoría del
diseño; y que los cimientos de una teoría del diseño
deberían estar ligados, a dos vertientes: por un lado, al estudio de las
ideologías, y por el otro a los problemas de los lenguajes visuales;
para lo cual, debemos partir de aclarar nuestro concepto de ideología
como un sistema de opiniones fundado en un sistema de valores.
Pero ese señalamiento no es solamente una
serie de fragmentos físicos de la materialización de una realidad
ideológica. Al reflejar dicha realidad estamos reflejando también
otra realidad exterior al pictograma. Ese signo, esa señal, ese
pictograma, se convierte en "algo que está en lugar de otra cosa", lo
cual sería el viejo concepto de signo. Ese señalamiento, esa
maleta que está dibujada ahí para que vayamos a recoger el
equipaje en un lugar determinado del aeropuerto. Es una abstracción. Es
un signo. El hecho de que se haya tratado de legalizar a ciertos tipos de
señalamientos, "estandarizándolos", (como los de las terminales de
transporte internacional), de acuerdo a cánones que no nacen de nuestra
cultura visual, sino que son considerados "universales".
El uso de los códigos de
señalamiento se ha vuelto indispensable para poder orientarse,
movilizarse y sobrevivir en este gran monstruo urbano. La señal,
sinónimo de índice, es una vertiente del signo que coloca Peirce,
junto con el símbolo y el icono, precisamente en aquel ángulo del
signo relacionado con la Práctica, al que los griegos llamaron
Prágmata o sea, donde encontremos lo relacionado con el Nivel
Pragmático.
El campo de la señalización, que
pudiera parecer un campo únicamente indicativo, aparecen también
los íconos y los símbolos, pero dependientes y supeditados a las
categorías indicativas del signo señalizador. Les
llamaríamos a esos signos, en este caso, íconos indicativos, o
símbolos indicativos. Al hablar de señalización, debemos
aclarar que nos referiremos a índices, a indicadores, a señales, o
mejor aún, a sistemas de señales, que transmiten
información gráfica, simplificada y condensada en códigos
que puedan orientar a un receptor (o a muchos) en espacios determinados; y cuyo
lenguaje se desarrolla, principalmente, desde principios de este siglo. El
señalamiento propiamente dicho, como lo conocemos hoy, o sea, como un
sistema de señales, nace con los grandes conjuntos urbanos de nuestro
siglo, que son los grandes conjuntos urbanos de nuestro siglo, que son los que
originan todas estas necesidades de señalización, por una urgencia
de elementos indicativos de dirección, de identificación, de
localización y de orientación esenciales para la
convivencia.
Cada una de las señales (pictogramas),
debe dar una sensación de unidad con el resto del sistema. En cada uno de
estos pictogramas el diseñador debe presentar elementos fácilmente
reconocibles y decodificables para sus receptores; los cuales, en muchas
ocasiones, pertenecen a diferentes grupos culturales (como puede ser en el caso
de los señalamientos empleados en las Olimpíadas). El
diseñador tiene que enfrentar la realización de una mezcla de
abstracciones que tienen que unificarse en solo código.
El diseñador debe saturarse a fondo del
conocimiento y del funcionamiento del espacio que pretende señalizar
antes de iniciar la labor de diseño propiamente dicha. En
señalamiento un signo que funciona mal es peor que la ausencia de signo.
Y puede haber, mil causas para que funcione mal posibilidad de confusión
en sus significados, mala integración a su espacio, dificultad de
lectura, etc.
I.- El Nivel Pragmático, al estar ligado a
la práctica del signo,
corresponde, lógicamente, al
objeto del mismo (el ángulo del objeto
era aquel en el que los estoicos
colocaban, precisamente, al
prágmata). Está
profundamente inmerso, por una parte, en la
práctica social; y por otra, en
lo práctico, en lo fácilmente
practicable que sea el signo para sus
receptores.
II.- El Nivel Sintáctico es aquel que
corresponde a la conexión o al
eslabonamiento de unos signos con otros,
o de esos signos con su
entorno. Es el Nivel de la Sintaxis, que
va de la mano con la
elaboración del
Discurso.
III.- El último de los tres, o sea el
Nivel Semántico, es el Nivel de
interpretación, el que marca el
significado.
Peirce señalara para el objeto: indice,
icono y símbolo. Jakobson marca una serie de realciones en cada uno de
estos tres elementos:
A) Contigüidad efectiva (relación
indicativa).
B) Similaridad efectiva (relación
icónica).
C) Contigüidad asignada (relación
simbólica).
Surge de este planteamiento una cuarta
posibilidad, que, a pesar de ser una maravillosa veta para el estudio de la
estética desde el campo de la semiótica, Jakobson se detuvo poco a
explorarla. Nos referimos a:
D) Similaridad asignada.
Nivel Pragmático.
No se limita únicamente a estos aspectos
ligados a las prácticas culturales del receptor. Implica también
todas aquellas vertientes que tienen que ver con lo práctico del signo;
lo cual implica que debe ser perfectamente visible y legible por aquellos a
quienes se dirige. El señalamiento siempre es indicativo, y los
índices son codiciosos por naturaleza (recordemos que Peirce se refiere a
ellos como "aquellos que llaman la atención").
En el Nivel Pragmático, los signos deben
forzosamente, quedar comprendidos dentro de las prácticas
socio-culturales del receptor. Mientras más cercanos sean a estas
prácticas, las posibilidades de aceptación por el usuario
serán más intensas, y será más fácil que se
cubran los otros niveles.
Toda la voluntad de comunicar y todo el contexto
cultural en el cual manejamos los signos no nos servirían de nada si no
se ven, si no están construidos en un material que tenga duración
y resistencia suficientes, si no se perciben o se ven mal, o si se pierden
dentro de las estridencias visuales de un entorno en el que no destacan. El
Nivel Pragmático tiene, entre otros oficios, el de cumplir los objetivos
necesarios de impacto visual dentro de las condiciones dadas de
iluminación, de distancia, de contraste de color interno, de contraste
con su entorno (sin perder el respeto del espacio señalizado), de
contraste de fondo-figura, de angulación y otros factores propios del
espacio que se va a señalizar.
Nivel sintáctico.
La gramática no es otra cosa que la
lógica aplicada al lenguaje; y una de las partes más importantes
de la gramática es la sintaxis, a la que Stati, define como "el estudio
de la conexión de los signos". Grandes estudiosos de la sintaxis, como
Chomsky, Gremias, Martinet, Lepschy, Benveniste, Eco y otros no menos
importantes ni menos recientes, parecen coincidir en la estrecha relación
existente entre la sintaxis y significado. La nueva sintaxis sería el
estudio de los significados de los signos resultantes de las relaciones o
conexiones entre los diferentes significados de cada signo, nace la
sintaxis.
Un pictograma debe estar en íntima
relación con el marco que le contiene, ocupando un espacio que le
proporcione el suficiente "aire" para ser leído con facilidad.
Relación exacta de fondo y la figura en cada pictograma de un sistema de
señales, conduce a un primer plano en el Nivel Sintáctico: la
apariencia, indispensable para poder darle el nombre de "sistema", de que todos
y cada uno de los pictogramas pertenecen a una sola y única familia. La
idea de "parentesco" entre los signos, nace del manejo de retículas
similares para el trazo de cada uno.
Nivel semántico.
En el siglo II de Nuestra Era, Sexto
Empírico, considerado el último de los Estoicos por algunos, o el
primero de los Escépticos por otros, sostiene que "una de las tres partes
del signo es aquella que nosotros comprendemos con el entendimiento". En aquel
incipiente concepto del signo, había tres realidades del signo que no se
podían separar:
A). El "complejo sonoro", signo propiamente
dicho, o sea, lo que se practicaba, el prágmata, que en nuestro
caso es la imagen, a la que podríamos llamar "complejo
visual".
B). La "cosa" que está ausente, el
"referente", aquello a lo que hacemos
referencia.
C). Lo "designado", que equivaldría al
significado o la interpretación.
Peirce en 1902 nos da la siguiente
definición de signo: "Un signo, o Represetamen, es un Primero que
está en tal relación triádica genuina con un Segundo,
llamado Objeto, como para ser capaz de determinar a un Tercero, llamado su
Interpretente, a asumir con su Objeto la misma relación triádica
en la que él está con el mismo Objeto. La relación
triádica es genuina, vale decir, sus tres miembros están ligados
entre sí de modo tal que no se trata de un complejo de relaciones
diádicas".
El significado es una posibilidad tanto de
relacionar como de interpretar. De ello se deduce que el Nivel Semántico
(significado) está intensamente ligado, en una relación
triádica genuina, por otra parte, con el Nivel Sintáctico
(relación); y por otra parte, con las prácticas culturales (Nivel
Prágmatico) del correspondiente grupo social.
La
relación que establece Peirce entre el signo y el concepto es una de las
bases que darán origen a la actual "ciencia de los significados" que es
la semántica, que, a fin de cuentas, no es más que una rama,
quizá la más importante, de la semiótica.
El
utilitarismo más precario y urgente –al que hay que incluir la
magia ritual como una pragmática, y no solo el funcionalismo mas
inmediato y elemental- provoco la necesidad de <<poner
señales>> a las cosas con el fin de procurar una lectura del
entorno, una puntuación referencial del mundo, los hombres, las cosas,
los objetos y los espacios, por medios de marcas convencionales que soy hoy
objeto de estudio de la simbólica o ciencia de los
símbolos.
Señalizar
deviene así de un impulso intuitivo y mas tarde se convierte en una
practica emperica, guiada por la experiencia que se desarrolla progresivamente y
es perfecciona en la medida que crece el número de personas itinerantes,
la necesidad después la facilidad y finalmente el yacer de desplazarse,
junto con la aparición de la bicicleta, la irrupción del
automóvil y el aumento creciente de la velocidad.
De
estas urgencias emerge la presencia de un <<lenguaje>>
simbólico, que debería ser captado automáticamente y
comprendido por todos los individuos. Así cristalizan las primeras
tentativas de normalización , es decir, la búsqueda de un sistema
lógico de información espacial, que fuera generalizable
–omnipresente-, sistemático y por tanto, universal. Los
orígenes remotos de la disciplina señalética son tan
antiguos seguramente como la misma humanidad y obedecen al acto instintivo de
orientarse así mismo y a otros, por medio de objetos y marcas que uno
deja a su paso o sobre la cosas materiales de uso. Señalizar es el acto
de incorporar señales a las cosa del entorno –referenciarlas-, ya
se trate de objetos naturales o artificiales, el propio cuerpo, el espacio vital
que uno ocupa, un camino o ruta intrincada. La señalética tiene
sus inicios remotos en el marcaje. Se funcionaliza y se estandariza con la
complejidad del entorno y la movilidad social. Hasta que se adapta a problemas
de información espacial.
|
PREHISTORIA
|
MESOPOTAMIA
|
FENICIOS
|
GRIEGOS
|
EDAD MEDIA S. V
|
|
-piedras que simbolizan.
-pinturas rupes-
tres.
|
-sellos (sobre arcilla) identifican el
propietario del ganado.
-cartografía (mapas).
|
-señales.
-marcas en los productos.
|
-columnas de piedra.
-señales pétreas
-pilastras.
-placas rectangulares de cerámica con
agujeros para ser colgados.
-tablones con información en plazas
publicas.
|
-cruz de piedra
-cruz de madera
-comunicación visual, pero existe texto
(latín)
-estandarizan la iconografía
-1139 guía para peregrinos (indica el
trazado de rutas, cuenta de etapas, nombres de pueblos y burgos, ríos,
emplazamientos de santuarios)
-1150 sellos de las ciudades
-1167 grabación de sellos
bracteados
-1464 Nicolás de Corsa primer mapa de
Europa central
-escudos con símbolos para
establecimientos
|
|
RENACIMIENTO
SIGLO XV
|
SIGLO XVIII
(CIENCIAS)
|
FRANCIA
|
SIGLO XX
|
|
-imprenta (1450)
-índices en libros
-mapas
-color rojo para marcar títulos o
párrafos
|
-flechas de dirección
-brújulas
-cartografía
|
-Napoleón 1813 tipifica medidas para
distancias
-a la derecha de los caminos hay señales
-inscripciones a la derecha en
negro
-letreros de entrada y salida
-pilastras
-placas en hierro para indicar calles y
numeración
|
-industria
automovilística
-caminos
-1908 primer congreso internacional de la Route
-verde (vado, viraje, paso a nivel y cruce a la
derecha)
-1926 semáforo en
París
-20´s isotipo, pictograma (elemento para
comunicar información)
-tipo de letra futura
-familia, imagen tipográfica
-señalización como parte de la
comunicación
|
|
SEÑALIZACIÓN
|
SEÑALÉTICA
|
|
-la señalización tiene por objeto
la regulación de los flujos humanos y motorizados en el espacio exterior
-es un sistema determinante de conductas
-el sistema es universal y esta ya creado como
tal íntegramente
-las señales preexisten a los problemas
itinerarios
-el código de lectura es conocido a priori
-las señales son materialmente
normalizadas y homologadas, y se encuentran disponibles en la industria
-es indiferente de las características del
entorno
-aporta al entorno actores de uniformidad
-no influye en la imagen del
entorno
-la señalización concluye en
sí misma
|
-la señalética tiene por objeto
identificar, regular y facilitar el acceso a los servicios requeridos por los
individuos en un espacio dado (interior y exterior)
-es un sistema más optativo de acciones.
Las necesidades son las que determinan el sistema
-el sistema debe ser creado o adaptado en cada
caso particular
-las señales y las informaciones escritas,
son consecuencia de los problemas precisos
-el código de lectura es parcialmente
conocido
-las señales deben ser normalizadas,
homologadas por el diseñadora del programa y producidas
especialmente
-se supedita a las características del
entorno
-aporta factores de identidad y
diferenciación
-refuerza la imagen pública o la imagen
de marca de las organizaciones
-se prolonga en los programas de identidad
corporativa, o deriva de ellos
|
Parte
Tres
De
las Estructuras Visuales Complejas
Discurso.
Cuando se habla de discurso, se entiende que
habitualmente este término se aplica al discurso dominante. El discurso
en una práctica que consiste en enunciar mensajes, generalmente hablados
o escritos, pero pueden también ser visuales. En estas prácticas
enunciativas influyen, en forma determinante, las estructuras sociales y las
coyunturas políticas bajo las que surge dicho discurso. El término
discurso trae aparejadas varias implicaciones cuando las usamos: debe cubrir una
serie de funciones generalmente ligadas a las intenciones del poder, puesto que
es este poder el que controla la mayor parte de los espacios desde donde el
discurso puede emitirse; debe responder a una adecuada conformación
estructural de sus signos; debe persuadir a sus receptores, eliminando la
posibilidad de contradicciones; debe lograr (o al menos pretender lograr) que el
receptor se identifique con el enunciador; debe garantizar cierto tipo de
adecuación entre los dominantes y los dominados; debe ser representativo
y portador de los propósitos del enunciador; debe actuar como regulador y
catalizador de los conflictos sociales para lograr la permanencia y
reproducción del poder, entre otros elementos.
La idea esencial de un orador es lograr una
comunicación oral efectiva por medio del discurso, por lo que debe
contar con los siguientes factores: integridad, conocimiento, confianza y
destreza.
Integridad.
Una persona íntegra se caracteriza por ser recta y
honrada.
En la comunicación oral, en su modalidad
de discurso, la integridad del orador es de primer orden, pues así se
logra la confianza de las palabras de quien trata de convencer a un
público sobre un asunto determinado.
Conocimiento.
Los oradores no se hacen de la noche a la mañana, y para llegar a ser un
buen orador es necesario un estudio constante, con un objeto de adquirir una
cultura general lo suficientemente amplia para lograr convencer o persuadir a un
auditorio.
Confianza.
Un orador debe presentarse ante el público con plena confianza en
sí mismo, es decir, con el ánimo y el vigor necesarios para
proyectar lo que realmente desea; y ganarse, desde el principio, la voluntad y
confianza de los que lo escuchan.
Destreza. La persuasión y el
convencimiento del público es el objetivo que persigue un orador. Para
ello debe manejar con mucha habilidad su voz, movimientos corporales y palabras.
La oratoria es una habilidad, porque podemos hablar y hablar pero no nos
entienden. Tenemos que tener la habilidad de comunicarse
eficazmente.
Aristóteles observó que “el
público es el fin y el objeto de un discurso , por lo tanto el discurso
solamente tiene significado en la medida que la gente lo escuche y
comprenda.
El discurso involucra un orador, un mensaje (el
discurso), un canal, un público, un contexto, el ruido y la
retroalimentación.
EL ORADOR: es la fuente o creador del mensaje de
comunicación.
EL DISCURSO: contiene mensajes , ideas y
sentimientos que serán presentados al público, a través de
las palabras y sonidos y las acciones simbólicas.
Codifica:
el proceso de trasformar los mensajes en ideas y sentimientos en palabras y
sonidos.
Decodificar:
es el proceso de transformación de mensajes en ideas y
sentimientos.
EL CANAL: es la ruta recorrida por el mensaje y
el medio de transportación. Las palabras son trasportadas por ondas de
sonido las expresiones faciales, los gestos y los movimientos.
El PÚBLICO: se pretende obtener una
respuesta.
EL CONTEXTO: condiciones interrelacionadas de la
comunicación.
ESCENARIO FÍSICO: la locación, la
hora del día, la luz, la temperatura, la distancia entre los
comunicadores y la ubicación de los asientos.
RUIDOS: cualquier estímulo que obstaculiza
el significado compartido.
RUIDOS EXTERNOS: señales, sonidos y otros
estímulos que apartan la atención de la gente del mensaje (aire
acondicionado).
RUIDOS INTERNOS: son los pensamientos y los
sentimientos (afectan al público ya la orador).
RUIDOS SEMÁNTICOS: significados alternos
provocados por los símbolos de orador (lenguaje).
RETROALIMENTACIÓN: respuestas verbales o
no verbales y los mensajes.
DIVERSIDAD: diferencias entre dos o más
personas.
LA CULTURA: sistemas de conocimiento compartidos
por un grupo relativamente grande de gente, incluye creencias, valores,
símbolos y comportamientos compartidos.
La oratoria desarrolla el pensamiento
crítico; un proceso analítico de evaluación mediante el uso
de la lógica y el razonamiento para representar información de
manera que proporcione comprensión, cambios, creencias o descubrir
problemas en el mensaje informativo o persuasivo de la otra
persona.
La oratoria involucra responsabilidades
éticas, asuntos éticos se centra en los grados de
corrección o incorrección en el comportamiento humano. Se centra
en el comportamiento humano.
El análisis del discurso se inserta
perfectamente en el campo de estudio de la semiótica por las siguientes
razones:
I. Los signos son un capital, resultante de un
trabajo, que se insertan a su vez en el gran acervo cultural de una
sociedad.
II. El discurso se apodera de dicho capital, o
sea, se apodera del uso de esos signos acumulados durante la historia de una
sociedad, para usarlos en beneficio de un emisor que, como ya se ha dicho,
suele tener el control de los espacios (de los medios) en los que el discurso
se hace presente.
III. A partir de ese capital, de esos signos
manejados como capital apropiado, se genera una plusvalía, a la que
llamaremos sentido. Esto significa que dichos signos, ducho capital, se destina
a la producción de sentido.
IV. Esta producción de sentido, se
traducirá finalmente, a través de los significados resultantes de
un hábil manejo del discurso, en una posibilidad comunicacional, o, lo
que es lo mismo, en el reconocimiento del receptor en los signos que conforman
el discurso.
V. Es únicamente a través de los
resultados de la lucha de clases, que ese capital volverá a ser
patrimonio social.
VI. En los casos del discurso no dominante, como
puede ser el caso del discurso artístico, también se genera la
producción de sentido, pero no se da la apropiación del capital
ni de dicho sentido para un beneficio particular, sino que se incrementa el
acervo cultural de la sociedad.
VII. Entenderemos por “apropiación
del capital” (de los signos), el proceso a través del cual el
poder se apropia de los signos que son parte esencial de la cultura de una
sociedad, para manejarlos en su propio beneficio, y no en beneficio de la
cultura que generó.
De todo lo anterior, podemos deducir que el
análisis del discurso es el análisis de los signos que lo
conforman, de sus significados, de sus intencionalidades, de sus efectos, pero
sobre todo, del uso que se hace de ellos, o sea, de su práctica; y todo
ello, inserto en su momento histórico. O sea, el análisis del
discurso es el campo más completo de la
semiótica.
El Tiempo
La película es una historia narrada a un
público por una serie de imágenes en movimiento.
Desde el punto de vista de su expresividad, la
película se traduce en un idioma cuyo propósito es revelar
información.
Al examinar las características de un
lugar por medio de la escena, nos guiamos por apariencias concretas y hechos
materiales. El tiempo es invisible, lo que ha hecho que muchos escritores de
cine piensen que puede ser ignorado. Pero el tiempo, aunque invisible y
abstracto, tiene muchos medios concretos de ayudar o estropear la
narración cinematográfica.
El tiempo progresa siempre, y no será
igual ni aún por un segundo, representa el movimiento progresivo y la
mutación. Por otra parte se pueden tener muchos sitios diferentes que se
hallan separados por distancias, no importa cuan grandes sean esas distancias,
el tiempo para diferentes lugares a una misma hora será idéntico,
representa un medio excelente de ligar y juntar lugares
dispersos.
Esto significa que una acción ocurre en el
mismo momento en otro lugar, puede encontrarse relacionada a un evento que
ocurre en el mismo momento en otro lugar. El medio de conexión es la
identidad de tiempo.
El tiempo se mueve siempre y este movimiento es
progresivo. El novelista puede describir libremente eventos que tuvieron lugar
en el pasado y aquellos que están por suceder en el futuro. Pero las
escenas de una película representan invariablemente un movimiento
progresivo. No puede suponerse que una escena que sigue a otra pueda haber
sucedido en un momento anterior a la primera. Cuando se intenta esto, como en
algunas veces ocurre en una historia retrospectiva, el tiempo de la escena
requiere de una meticulosa exposición.
En una película que cubre en dos horas un
periodo de doscientos años, solamente veremos dos de las miles de horas
contenidas en este largo espacio de tiempo. El resto se halla contenido en el
lapso de tiempo entre las escenas. En tanto que el tiempo de duración de
una escena es idéntico al tiempo actual, podemos acumular un periodo de
cinco o diez años en e escaso segundo necesario para cambiar de una
escena a otra.
La extensión del lapso de tiempo tiene un
efecto sobre la historia. Uno de los efectos esenciales del transcurso del
tiempo sobre nuestras mentes, es el hecho de que nos hace olvidar. Cura
nuestras heridas y nos hace sonreír ante pasados rencores. Una hora
después de haber sido insultados estamos todavía furiosos. Un
año más tarde, puede que hayamos olvidado el incidente por
completo. Si dos escenas son separadas por el lapso de un día, todos los
sucesos de la escena inicial estarán representados clara y
vívidamente en las mentes de los espectadores, así como en las de
los actores. Si ha transcurrido un año durante el cambio de una escena a
otra, los eventos estarán aún vívidamente presentes en la
mente del espectador, porque el ha vivido solamente a través de un
instante, pero no así en las mentes de los personajes representados en la
historia. Para éstos, el largo lapso de tiempo ha aplacado el
momentáneo efecto de furia, rencor, alegría o tristeza. Tan
sólo las más fundamentales emociones y situaciones pueden
sobrevivir un largo periodo de tiempo. Una película con largos lapsos de
tiempo entre escenas, se convierte en épica en vez de dramática.
Puede resultar dramática esporádicamente, esto es, en aquellos
grupos de escenas que no se hallen separados por largos intervalos de
tiempo.
Hablamos del propósito del lugar, pero con
respecto al tiempo debemos hablar de su uso acostumbrado. Las veinticuatro horas
del día están divididas en ciertas ocasiones y usadas,
habitualmente, de cierta manera. El día es usado principalmente para el
trabajo y otras actividades normales, la prima noche para descanso y
diversión, la noche para dormir. Esta rutina es universal para toda la
humanidad. Por lo tanto ella forma una excelente base para efectos
dramáticos, particularmente si la misma es
contradictoria.
El tiempo progresa siempre. Todo aquello que se
desenvuelve o progresa, está sujeto al tiempo.
Cada acción requiere tiempo y cada suceso
necesita cierto transcurso del tiempo. Esto significa que podemos predecir
cuánto tiempo hemos de necesitar, si sabemos cuál acción ha
sido iniciada. Significará también que podemos calcular
cuánto tiempo ha transcurrido si vemos la realización de una
acción.
Siendo este el caso, una cierta acción
supone un cierto lapso de tiempo sin ninguna otra explicación adicional.
Pero si hacemos la exposición de cierto lapso de tiempo y al
intención de realizar cierta acción, cada uno independientemente,
estamos frente a un conflicto interesante.
El mismo conflicto puede generarse también
de dos acciones en contraste. Cada una de ellas necesita cierta medida de
tiempo. La medida de tiempo que sea más corta es la que será
ejecutada primero. Casi todas la películas de acción contienen
este problema. De este modo, el tiempo ejerce poderosos efectos sobre la
historia.
Exposición de Lugar
Cada escena ocurre en un lugar determinado y una
hora determinada. De esto podemos derivar la regla de que el público debe
saber el lugar y el tiempo de la escena.
En primer lugar la omisión de esta
exposición impediría seriamente nuestra comprensión de la
escena, porque careceríamos del conocimiento de dos factores vitales.
También nos privaríamos de todas la ventajas que el reconocimiento
del lugar y el tiempo pueden contribuir a una escena.
Así la exposición del lugar y
tiempo resulta un problema esencial en el cine. El novelista, con unas pocas
palabras, puede identificar el lugar en que en evento ocurre. Diversos
métodos pueden ser usados para exponer el lugar al comienzo de una
escena. En la mayoría de los casos el escenario puede ser
fácilmente identificado. El lugar también puede ser expuesto a
través del diálogo o ruido o a través de las acciones de
una persona. Todas estas fuentes de información deben cooperar en la
exposición de un lugar. No es necesario que todos los factores sobre
lugar sean expuestos de una vez, o en el principio justamente. El factor
más esencial es el tipo de lugar porque el mismo nos revela al mismo
tiempo su propósito. El resto de la información puede ser dada
cuando resulte ventajoso hacerlo. Pero el ignorar totalmente la necesidad de
exponer el lugar tiene efectos detrimentes. No importa cuán interesante
la acción de una escena pueda ser, nuestra comprensión será
defectuosa hasta que sepamos donde estamos. El lugar en que cada escena se
desarrolle debe ser conocido por el público.
Exposición de Tiempo
Es suficiente el identificar cierto lugar una
sola vez porque el lugar permanece siendo el mismo. Si varias escenas durante el
transcurso de la historia ocurren en el mismo lugar, es necesaria la
identificación del lugar solamente la primera vez. Subsecuentemente, el
local será reconocido fácilmente. El beneficio que deriva de ello
resulta en que nuestra atención se concentra en la acción porque
no se nos distrae por exposición o falta de exposición de lugar.
Pero no así con respecto al tiempo. Este, cambiando constantemente, debe
ser constante expuesto. La necesidad de una precisa exposición del tiempo
es menos severa que la de lugar. A excepción de una retrospección
específicamente indicada. Nuestra pregunta es: ¿cuán
posterior?
La respuesta puede ser ofrecida de dos maneras
distintas: o bien se expone el tiempo de la primera escena y el tiempo de la
segunda separadamente, definiendo, el lapso de tiempo entre ellas, o exponemos
el tiempo de la primera escena y la duración del lapso de tiempo anterior
a la segunda escena. Es obvio que así queda expuesto el tiempo en el cual
al segunda escena tiene lugar. De esta manera obtenemos una relación
ininterrumpida del tiempo. En vista de este hecho necesitamos un punto de
partida: debemos saber el tiempo de la primera escena, todas las escenas
posteriores se encontrarán en relación al tiempo del punto de
partida. La suma del lapso de tiempo entre escenas, más el tiempo
actualmente cubierto en las escenas forman el total de tiempo cubierto por la
historia.
El tiempo siendo invisible y abstracto, puede ser
expuesto solamente por sus manifestaciones prácticas. Puesto que toda
acción o suceso contiene siempre cierta medida de tiempo, el lapso de
tiempo puede ser representado por el resultado o el progreso de la acción
o suceso pueden ser fácilmente mostrados en la película.
Haciéndolo así, exponemos el tiempo.
La evaluación del tiempo es un proceso en
su mayor parte subconsciente. En orden de comprender el lapso de tiempo expuesto
por una acción, debemos tener el conocimiento de la medida de tiempo
necesaria para su realización. Es importante el reconocer la
conexión entre tiempo y acción como un medio deseable de
exposición así como una indeseable consecuencia.
El ritmo del lapso de tiempo
En
ciertos casos una acción o un suceso, nos dará una idea aproximada
de lapso de tiempo. Pero en muchos otros, ningún suceso o acción
ha sido mencionado como ocurrido en el cambio de una escena a otra. Nos sentimos
tentados de buscar medios y métodos para establecer una relación
entre aquellos lapsos de tiempo que no están definidos y aquellos que han
sido expuestos de alguna manera. Podemos representar el completo lapso de tiempo
como una línea recta, en esta línea podemos indicar las escenas
como x. El espacio entre esas equis, representa el intervalo de tiempo entre las
escenas. Si fueran muy irregulares, nuestra comprensión sería
confusa si las escenas de una película se siguieran unas a otras en
intervalos absolutamente irregulares. Por el contrario, la idea de cierto
patrón nos es sugerida. Hay distintos patrones a seguir y estos patrones
son el resultado natural de la historia y del tiempo cubierto por ella. Si el
tiempo total es un período de unos pocos días, un patrón de
intervalos iguales puede resultar muy práctico. Otro patrón puede
tener intervalos gradualmente mayores entre escenas. O puede comenzar con
intervalos largos que van reduciéndose lentamente, etc. Alguna forma de
ritmo es absolutamente necesaria para mantener en vilo la imaginación del
público.
La
narración
En
los filmes narrativos, (de intriga) de la época llamada clásica
encontramos diversos tipos de montaje que no son infinitos. El sistema que
forman entre sí (y que ha recibido el nombre de “montaje
clásico”, o también “planificación
clásica”) no concierne a los objetos o a las acciones filmadas,
sino a las relaciones espacio-temporales entre estos objetos y acciones. Desde
este punto de vista, cada tipo de montaje corresponde a una determinada manera
de presentar el acontecimiento perceptivo, a un cierto principio lógico
en la organización de un espacio-tiempo propiamente
cinematográfico, es decir distinto del de la percepción real como
del de la lengua (los tiempos de los verbos, por ejemplo), a una cierta
“fórmula sintagmática” en la concatenación de
las imágenes sucesivas en el seno de una misma secuencia. En el cine de
esta época, la secuencia estaba dotada de un fuerte grado de existencia
social y de impregnamiento afectivo. Este código de las secuencias es una
especie de máquina formal. Pero ha desempeñado al mismo tiempo un
gran papel histórico e ideológico: corresponde a los esfuerzos
hechos por el cine clásico para recuperar el prestigio diabético
de la novela de la gran época (siglo XIX): creación de un universo
ficticio con su disposición imaginaria (pero coherente) de tiempo, de
lugares, de acciones, etc.
Las
figuras de montaje adquieren su sentido, en una amplia medida, unas por
relación a otras. Nos enfrentamos, pues, por así decirlo, con
paradigmas de sintagmas. Solamente mediante una especie de conmutación se
los puede identificar y enumerar. Así, se habla a menudo del
“montaje paralelo”, más cómo saber que existe -que
existe como unidad discreta, como un artículo de código- si no se
encontraran, en las películas de las misma época y del mismo
género, otros tipos de montaje que no son paralelos.
Justamente
es entre estas últimas donde figura el montaje durativo, que se
tomará como ejemplo. Imaginemos un filme que muestra a dos hombres
caminando penosamente por un amplio espacio. Vemos alternativamente primeros
planos de sus zapatos que se caen a pedazos, primerísimos planos de sus
rostros invadidos poco a poco por hirsuta barba, planos medios en los que se
adivina a medias la inmensidad que tienen que recorrer y donde aparecen de
cuerpo entero, con irregular paso de sonámbulos. Las imágenes
sucesivas van unidas entre sí por fundidos-encadenados en cascada, y
también por un motivo musical unitario. Fundidos y música se
pararán cuando los dos hombres, por ejemplo, lleguen a un lugar con agua
y descansen a la sombra de un árbol, intercambiando unas palabras: es
entonces cuando otra secuencia, ensamblada según otro principio de
montaje, comienza.
En
el plano del significante esta configuración proporciona tes rasgos
pertinentes:
I.
Mezcla estrecha y cínica de varios motivos recurrentes deducidos de un
mismo espacio. (En realidad, es su propio ensamble el que crea este espacio y
da la impresión de deducción).
II.
Recurso sistemático a un efecto ´´optico y a uno solo
(aquí, el fundido-encadenado).
III.
Coincidencia cronológica entre un motivo musical (uno solo) y la serie
icónica considerada.
Estos
rasgos merecen la consideración de pertinentes porque, por una parte, no
aparecen (o no aparece su exacta combinación) en lso otros tipos de
montaje al uso en la misma época. Por otra, porque aparecen por el
contrario en todos los montajes durativos de esta época (y de este
género de filmes), por encima de la diversidad de objetos y de las
acciones filmadas (que son irrelevantes en este código). Esta figura no
corresponde, pues, a una coincidencia, sino a una clase de coincidencias: es una
unidad de código.
En
el plano del significado, nos porporciona igualmente tres rasgos pertinentes
(pero que no guardan relaciones biunívocas con los del significante; la
igualdad de la cifra 3 es aquí una casualidad):
I.
El rasgo semántico de “simultaneidad”: mientras la barba
crece, mientras los zapatos se gastan, el espacio desértico se va dejando
poco a poco cruzar.
II.
El rasgo semántico propiamente “durativo”. en otras
secuencias del cine clásico la temporalidad es fuertemente vectorial: las
acciones se suceden y se suman (adición temporal) aquí, el tiempo
se organiza, durante toda la secuencia, como en una vasta sincronía
inmóvil (éxtasis del avance diagético). La acción
única (la de “caminar penosamente”) es interminable y no
progresa: son los protagonistas quienes avanzan, no la
intriga.
III.
Un rasgo semántico que atañe a la modalidad del enunciado.
Corrientemente, el filme clásico es plenamente asertivo: afirma
positivamente que los acontecimientos se han desarrollado, hasta en el detalle,
exactamente como los vemos en la pantalla. Aquí, la modalidad se torna,
por así decirlo sub-asertiva: la secuencia no pretende presentarnos la
marcha de los héroes en desarrollo, sino la progresión secuencial
de las consecuencias de su marcha.
Temario
del curso de Semiótica II
Unidad
Uno. Sistemas Gráficos de Significación.
1.1.
Noción de Sistema.
1.2.
Doble Articulación.
Unidad
Dos. Sistemas y signos aplicados.
2.1.
Noción de Sistema.
2.2.
Doble Articulación.
Unidad
Tres. Estructuras visuales complejas.
3.1.
Noción del Discurso.
3.2.
El Tiempo.
3.3.
La Narración.
3.4.
El Movimiento.
3.5.
El Audiovisual y los lenguajes gráficos.
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