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OBJETIVOS DE APRENDIZAJE
Lic. Néstor Fernández Sánchez
nfs@servidor.unam.mx


En todos los campos de la actividad humana que se realiza en forma racional y organizada, es necesario que antes de invertir recursos, de destinar tiempo a la actividad, de involucrar personas en su desarrollo, se defina con claridad cuáles deben ser los resultados que se esperan lograr como consecuencia de realizar esa actividad.

Esta es una característica de la práctica humana: la capacidad de proyectar y programar tanto los objetivos como los medios que se utilizarán en la consecución de esos objetivos. Así realizamos una de las formas más elevadas de acción racional.

Conocer con anticipación los resultados es el inicio de la planeación y nos proporciona las siguientes ventajas:

Señala los logros que deberán ser alcanzados.
Proporciona guías a los ejecutores del trabajo.
Sugiere formas específicas de llevar a cabo la actividad.
Orienta acerca de las necesidades que deberán satisfacerse para realizar la actividad, tanto materiales como humanas.
Evita la duplicación de esfuerzos y por lo tanto el gasto inútil de recursos.
Define la responsabilidad de cada uno de los actores.
Delinea la forma como se llevará a cabo la evaluación de la actividad.

Esta etapa de la planeación de los actos académicos se resuelve con la especificación de los objetivos de aprendizaje que deberá alcanzar el estudiante como resultado de las actividades de enseñanza y de las que él mismo realice para alcanzar el objetivo. Un objetivo se puede entender con dos significados: como una meta a alcanzar, un logro, algo a lo que tendemos que se encuentra lejos en la distancia o en el tiempo y deseamos acercarnos, o como aquello que es contrario a lo subjetivo. En educación, cualquiera de sus dos acepciones pueden ser consideradas aceptables ya que los objetivos representan los resultados de las acciones de enseñanza y también deben ser claros para todos los participantes sin prestarse a la subjetividad.

Para no confundirlos con los objetivos institucionales o con los objetivos personales que cada quien pueda tener, los objetivos de un acto académico son los objetivos de aprendizaje que se refieren a lo que cada alumno participante en él, deberá alcanzar como consecuencia de haber realizado las actividades establecidas en el programa de enseñanza.

Aquí es necesario diferenciar los objetivos de enseñanza, de los objetivos de aprendizaje. Como se señaló anteriormente el objetivo de aprendizaje debe alcanzarlo el alumno, aprendiz o estudiante, es decir, se plantea como una meta para el sujeto del aprendizaje. En cambio los objetivos de enseñanza son los que se plantea el profesor como un medio o como una acción para alcanzar el aprendizaje. Desde luego que las tendencias de la educación actual, que proponen una enseñanza centrada en el alumno, destacan más la especificación de objetivos de aprendizaje que cualquier otro tipo.

Otro conflicto puede surgir de la confusión entre los propósitos de una institución educativa, y los objetivos de una acto académico. Mientras la Universidad Nacional tiene el propósito de “...formar profesionistas, investigadores, profesores universitarios y técnicos útiles a la sociedad...”, una facultad como la de medicina tendría el propósito de “formar médicos con alta calidad técnico-científica y conciencia social...”; así, alguna otra dependencia podría fijarse como propósito “formar recursos humanos capaces...”. En todos estos casos el enunciado es bastante general para que se acomode a las especificidades de cada carrera o de cada materia. Una característica de los propósitos es que no son tan detallados como un objetivo y además siempre forman parte de lo que la institución plantea o de lo que los profesores desean. Esto significa que no se evalúan con el aprendizaje ni con otras actividades del alumno.

A lo largo de la historia de la planeación educativa, se han desarrollado varios modelos para la elaboración de objetivos de aprendizaje. Desde el propuesto por Popham y Baker en la década de los 70, en el que se exigía una especificidad exhaustiva, hasta modelos más recientes donde lo único importante es que la acción que realice el estudiante como demostración de que aprendió, sea clara para todos. El modelo de Popham y Baker requería que el planificador de actos académicos señalara Quién iba a realizar la acción; Cuál era la acción, es decir, cuál era el aprendizaje de debería ser mostrado; Cómo debería realizarse la acción, dicho en otras palabras, qué podría utilizar el alumno para hacerlo o que se le permitía o prohibía para la acción (por ejemplo: utilizando una computadora; sin ayuda de tablas; frente a un mapa; por medio de un esquema; etc.); y Cuánto debería de realizar, o sea, cual era el nivel de rendimiento mínimo para aceptar como buena la acción.

Sin embargo, y a pesar de que estos criterios facilitan mucho el proceso de evaluación, pues ya el objetivo establece qué y cómo será evaluado el alumno, los modelos actuales de elaboración de objetivos ya sólo hacen énfasis en que la conducta que realice el alumno al final del acto académico sea una demostración clara e inequívoca de que el alumno aprendió lo que se esperaba de él.

Considere por ejemplo el siguiente objetivo tomado de un folleto de divulgación de cursos:

Curso: Diseño en madera
Objetivo: Difundir el avance tecnológico sobre el diseño y construcción en madera.

Claramente estamos ante un objetivo de enseñanza donde el profesor se plantea “difundir el avance...”, sin embargo, este objetivo no señala qué es lo que aprenderá el alumno una vez que el profesor le “difunda” los avances. Por otro lado, la acción de <difundir>, aunque fuera realmente el objetivo del curso, no requeriría de acciones mayores que hacer un folleto donde se muestren los “avances tecnológicos sobre diseño y construcción en madera”, imprimir miles de copias, repartirlas en la calle y ya se cumplió el objetivo, pues ya fueron difundidos los avances. Dicho objetivo no requería de otro tipo de actividades, ni de cursos, ni actos académicos.

Considere este otro ejemplo, también tomado de un folleto similar:
Curso: Análisis de coyuntura
Objetivo: Proporcionar elementos teórico-metodológicos, analíticos y operativos necesarios para elaborar investigación sobre el presente y el futuro político inmediato, a fin de apoyar las labores de análisis de situaciones que se realizan en diferentes medios.

En este ejemplo ya tenemos algo más sólido acerca de lo que pudieran ser los aprendizajes de quienes tomen este curso. En principio, también expresa lo que hará el maestro: “Proporcionar elementos teórico-metodológicos...”, por lo tanto basta con que se los proporcione para que su objetivo sea logrado. Sin embargo, si seguimos con la lectura del <objetivo>, encontramos datos adicionales que nos permiten deducir cuál es el verdadero aprendizaje que se espera de los estudiantes. Dice que van a “elaborar investigación...” para “apoyar las labores de análisis...”; entonces realmente lo que se espera de los alumnos, es esto: el análisis mediante investigación. Un buen objetivo de esta actividad sería el siguiente:

Analizarán el presente y futuro político inmediato, mediante una investigación que incorpore los elementos teórico-metodológicos, analíticos y operativos presentados en el curso.

Podemos observar ahora que el alumno que tome este curso aprenderá a hacer análisis político utilizando para ello los elementos teóricos que aplicará en una investigación y que sólo se habrá logrado el objetivo cuando haga eso, utilizando lo que se le enseñó.

Analicemos ahora este objetivo:
Curso: Inseminación artificial en bovinos.
Objetivo: Dar a conocer y difundir la técnica de inseminación artificial en bovinos.

Si el objetivo real fuera “dar a conocer y difundir...”, estaríamos ante otro caso donde no es necesario desarrollar un curso para ello. Pero además en este caso no se explica si el participante realizará alguna acción práctica que lo capacite como inseminador o para manejar esperma congelado o para aplicar alguna técnica. Evidentemente la distancia cognoscitiva que hay entre <conocer> y <aplicar> es muy grande. Yo pudiera <conocer> qué es, cómo se desarrolla y para qué sirve la técnica de inseminación, pero eso de ninguna manera me capacita para aplicar dicha técnica, donde el manejo de instrumentos y la habilidad manual son imprescindibles.

Veamos otro ejemplo más:
Curso: Materiales y residuos industriales peligrosos.
Objetivo: Formar recursos humanos en el área de materiales y residuos peligrosos capaces de planear, implantar y coordinar programas ambientalmente seguros con base en el desarrollo sustentable y las alternativas tecnológicas disponibles.

¿Les van a enseñar a sus alumnos a “formar recursos humanos...” o ellos serán formados como recursos humanos? Si partimos del hecho de que un objetivo debe señalar que es lo que aprenderá el estudiante al término del acto, esta redacción se presta a confusión pues no queda claro quién va a formar los recursos humanos: la institución que plantea el curso o quienes se inscriban en él. Si fuera la institución, entonces es un objetivo institucional pero no de aprendizaje. Si fuera un objetivo de aprendizaje entonces habría que olvidarse de los programas ambientalmente seguros y pensar más en lo que debe aprender un formador de recursos: técnicas didácticas, elaboración de medios audiovisuales, teoría de la comunicación, etc.

Pero tal vez el objetivo podría ser este:

Elaborará y coordinará programas de manejo de residuos peligrosos, que sean ambientalmente seguros y que estén basados en el desarrollo sustentable y las tecnologías disponibles.

Lo que se pretende no es complicar de ninguna manera el proceso de planeación, sino que la comunicación de las intenciones de los programas sea lo más clara y objetiva posible. Que el posible usuario de nuestros servicios sepa exactamente qué se le ofrece y qué es lo que va a obtener si decide inscribirse en el acto educativo seleccionado. De todos los ejemplos analizados aquí, podemos encontrar cuál es el verdadero aprendizaje que se ofrece, con sólo mejorar la redacción y teniendo en mente que el propósito final de Educación Continua es la actualización del conocimiento o las habilidades de los profesionales en ejercicio, de tal forma que ellos se inscriban con la certeza de cuál será su aprendizaje, qué es lo que van a mejorar o qué es lo que van a saber que antes no sabían.

Un aspecto adicional que hay que considerar, es que los objetivos son de distinto tipo dependiendo del área y del nivel de complejidad de conocimientos que pretendan desarrollar. El área se refiere a que los aprendizajes pueden ser de tipo cognoscitivo, afectivo o psicomotriz. Los objetivos puramente cognoscitivos, son aquellos en que el conocimiento se desarrolla en esferas relacionadas con el aspecto intelectual o mental del aprendiz. Por ejemplo, aprender conceptos, leyes, teoremas, hechos o datos que haya necesidad de recordar o de analizar, o de realizar una operación intelectual con ellos. Se habla de objetivos afectivos cuando el aprendizaje esta relacionado con las emociones, los sentimientos o las actitudes. Y nos referimos a objetivos psicomotrices, cuando el aprendizaje es de habilidades manuales, de coordinación neuromuscular o donde se ponga en acción la destreza muscular. Evidentemente pertenecen a esta área aquellos aprendizajes donde el alumno deba ejercitarse en el manejo de equipos o de instrumentos para que logre el objetivo.

El nivel de complejidad se refiere a que hay aprendizajes muy sencillos como memorizar una fecha o un nombre, o una ley. Pero también hay otros más complicados, como aplicar la ley aprendida en un caso concreto, o proponer y criticar otros aspectos que la ley no hubiera considerado. Algunos autores como Bloom, han desarrollado Taxonomías muy exhaustivas que clasifican los objetivos según la clase de actividades intelectuales que tendría que llevar a cabo el alumno para lograr lo que establezca el objetivo. Es claro que acciones como memorizar o recordar, no requieren de un gran esfuerzo mental mientras que analizar o juzgar no solamente son más complicadas sino que requieren más profundidad en los conocimientos.

También, de manera general, los objetivos que se logran el primer día de clases o durante la primera sesión del acto académico, son objetivos de bajo nivel taxonómico; mientras que los objetivos del acto o los objetivos de cada módulo, son objetivos de alto nivel, tanto en lo taxonómico como en la cantidad de conocimientos que involucran. En este aspecto el profesor puede ayudarse de las distintas taxonomías existentes. No importa con qué autor se sienta más identificado, lo importante es poder organizar la enseñanza de acuerdo con los principios lógico – pedagógicos de complejidad creciente.


CONCLUSIONES.

  1. Los objetivos orientan el proceso enseñanza-aprendizaje.
  2. Los objetivos facilitan el proceso de evaluación.
  3. Los objetivos permiten prever qué será necesario para la enseñanza y cuál será el beneficio para el aprendiz.
  4. La redacción de objetivos claros y no subjetivos permiten una mejor comunicación entre todos los involucrados en el proceso.
  5. La mejor manera de redactar un objetivo, es especificando claramente qué es lo que aprenderá el alumno; qué es lo que sabrá hacer que antes de participar en nuestro curso, taller o diplomado, no sabía.

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