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III. Panorama de la educación superior en México y en particular de las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades


Durante los años noventa, el sistema de educación superior mexicano registró importantes transformaciones en su organización, dimensión, distribución y desempeño. En 1990, la matrícula total de educación superior era de aproximadamente un millón 250 mil estudiantes, incluyendo todas las modalidades de enseñanza. En el 2000 se superó la cifra de 2 millones. Aunado al crecimiento el sistema registró transformaciones como las siguientes: a) crecimiento de la cobertura de la demanda potencial; b) recomposición de la matrícula del SES público (las modalidades tecnológicas y privadas incrementaron notablemente su proporción en el conjunto); c) reforzamiento de la descentralización de la oferta y compensación del rezago histórico en las entidades federativas más atrasadas; d) mayor concentración de la demanda escolar en las áreas y carreras profesionales asociadas a los servicios; e) crecimiento del nivel de postgrado; f) equilibrio de la proporción de hombres y mujeres en las licenciaturas universitarias.

Junto con estos cambios, que de hecho corresponden a dinámicas sociales y políticas que se dieron en el país, en la década de los noventa se incorporaron nuevos planteamientos y se introdujo la aplicación de un nuevo repertorio de instrumentos de evaluación de la actividad académica, tales como: el financiamiento diversificado, la evaluación y acreditación, la rendición de cuentas, el fortalecimiento de infraestructuras, el aseguramiento de la calidad y la importancia de la vinculación con la sociedad.

Puede afirmarse que las tendencias de cambio que desarrolló el sistema en la década son, en parte, resultado de estrategias e instrumentos operados desde la administración pública, pero también son producto de la gestación de nuevos arreglos y transacciones entre las instancias gubernamentales y los distintos subsistemas de enseñanza superior. No menos importancia poseen las transformaciones impulsadas desde las propias instituciones en ámbitos tales como el régimen jurídico sustantivo, la organización académica y las estructuras y contenidos educativos. Cabe añadir a ello las transformaciones derivadas de la actuación de los agentes involucrados en la educación superior privada y, por último, los cambios originados en las orientaciones, preferencias y comportamientos de la demanda.

Vista así, la dinámica de cambios se origina en la intersección de múltiples lógicas políticas y sociales, cuya convergencia es contingente y no exenta de tensiones. Sin embargo, desde una perspectiva general puede afirmarse que, además de la dinámica de expansión y diversificación ya señalada, las universidades públicas del país experimentaron cambios fundamentales en tres áreas de su organización: normatividad, formación de profesores y evaluación.

No obstante que el crecimiento de la matrícula en el último sexenio fue extraordinario -gracias a la inversión pública en el segmento de educación superior tecnológica y a la inversión privada en el segmento universitario- ya que se crearon más de 900 mil nuevas plazas para estudios de técnico profesional, licenciatura y posgrado, el nivel de atención a la demanda representado por la proporción de la matrícula en el grupo de 20 a 24 años de edad es todavía insatisfactorio: el 19% de cobertura del caso mexicano es inferior a la media latinoamericana y está muy por debajo del correspondiente a los países industrializados o de reciente industrialización.

Dentro del segmento del sistema de educación superior que concentra las disciplinas sociales y administrativas, así como a las humanidades, la dinámica de crecimiento reciente ha sido también extraordinaria. Según el registro de 1999-2000, la población de estudiantes en licenciaturas de las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades concentra el 55.2% de la inscripción total, proporción que supera en un 4% a la observada en 1990. Del total de inscritos en esas áreas más de tres cuartas partes corresponde a carreras asociadas con la gestión pública (administración pública, relaciones internacionales, economía) o privada (administración, contaduría, derecho). Otro tanto sucede en el dominio de las humanidades, en que más de la mitad de los estudiantes opta por carreras del área educativa, particularmente pedagogía. En otras palabras, el volumen de la matrícula del área correspondiente a disciplinas propiamente académicas (i.e. ciencia política, sociología, antropología, filosofía, letras, historia) es minoritario en la distribución: aproximadamente un 8% del estudiantado de licenciatura corresponde a disciplinas sociales con vocación académica y un 2% a humanidades. Esta cifra (10%) de la matrícula total, equivale a poco más de 180 mil estudiantes, de los cuales aproximadamente el 20% está inscrito en alguna universidad pública que desarrolla funciones de investigación y ofrece posgrados (México, 2000; ANUIES, 2000).

En cuanto al posgrado, de un total de 118,237 inscritos, el 42.3% se concentra en el área de ciencias sociales y administrativas y un 21.7% más en humanidades y educación. Es decir, el 64% de la matrícula total de postgrado corresponde a estas disciplinas (dato de 1999-2000). Esta distribución varía notablemente según el grado que se considere: en maestría la proporción alcanza el 75% del total y en doctorado apenas rebasa el 40%, lo que refuerza la observación ya hecha a propósito de la licenciatura, en el sentido de que es minoritaria la proporción de estudiantes de Ciencias Sociales y Humanidades que se encamina a la investigación o la docencia.

Para precisar esta última observación, se hace notar que no más de 10 mil estudiantes de maestría y no más de mil en doctorado corresponden a vocaciones académicas en Ciencias Sociales y Humanidades, lo que nos lleva a proporciones similares a las observadas en licenciatura. Cabría sin embargo un matiz: en esta aproximación hemos dejado al margen a casi 20 mil estudiantes de maestría y a mil cien de doctorado que cursan posgrados en educación de los cuales puede estimarse que, al menos los inscritos en doctorado, se incorporarán a labores de investigación y docencia.

Otro dato que resalta en la información disponible, es que dentro del padrón de posgrados de excelencia que maneja el CONACyT, sólo se incluye al 12.4% del total de posgrados en ciencias sociales y administrativas, lo que implica que menos de 5 de cada 100 alumnos están inscritos en un programa reconocido por el padrón de excelencia.

En relación a la situación que prevalece en el ámbito de la investigación en estas áreas, cabe destacar algunos rasgos generales:

a) El total de académicos reconocidos por el Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT alcanza 7,079 investigadores; de ellos 1,931 corresponden al área de Ciencias Sociales y Humanidades, es decir el 27.3%
b) A diferencia de la dinámica territorial que han seguido las disciplinas de ciencias naturales y exactas, en Ciencias Sociales y Humanidades la concentración en el Distrito Federal continúa siendo predominante. Los principales centros de producción de conocimientos en este campo permanecen en la ciudad capital, y son excepción los que han llevado a cabo procesos de descentralización.
c) Aunque se carece de datos precisos al respecto, se aprecia que en las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades el proceso de renovación generacional transcurre a paso lento. En el caso de los institutos y centros del área en la UNAM el promedio de edad de los investigadores ronda en torno a los 48 años y una cuarta parte son mayores de 55. Sin pretender generalizar, es probable que una situación similar esté ocurriendo en otros centros de investigación.
d) En cuanto a la producción que se realiza en el área se dispone de datos generales sobre la UNAM y los centros SEP-CONACyT. En ambos casos la productividad es de aproximadamente 4 artículos por investigador al año y 0.5 libros por investigador al año, lo cual es un promedio aceptable. No obstante, la difusión internacional (a través de publicaciones internacionales y mediante citas) es notablemente inferior a la de otros campos de conocimiento. Según el registro del Institute for Scientific Information (1998), entre 1993 y 1997, se publicaron 14,444 artículos de autores mexicanos dentro de las revistas que considera dicho instituto; de ellos 528 (3.7%) corresponden a ciencias sociales.

Además de estos indicadores, diversos diagnósticos sobre la problemática del área aportan otros datos para discernir la situación vigente y para encauzar propuestas. A continuación consideramos algunos de estos diagnósticos y sus resultados más notables.



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