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Sobre el amor y la búsqueda de la pareja de acuerdo a lo relatado por Aristófanes a Sócrates y a otros invitados a un banquete, según consta en uno de los diálogos del filósofo Platón (1)


Para Marina


El ser humano siempre ha tenido la necesidad de explicar lo que ocurre en su mundo. En las primeras explicaciones los dioses tenían un papel muy importante, como en Las Metamorfosis de Ovidio; después con trabajos como los de Isaac Newton, James Clerk Maxwell y Albert Einstein, entre muchos otros, las explicaciones han buscado ser más objetivas y de acuerdo a lo que se puede observar a través de la experimentación.
Así, el hombre trata de explicar lo que le rodea, y como caso particular ha tratado de explicar lo que es el amor. Dicha tarea no es fácil pero se ve plasmada en infinidad de obras entre las que tenemos De la naturaleza de las cosas de Lucrecio, El arte de amar de Ovidio, El amor, las mujeres y la muerte de Arthur Schopenhaur, El amor, las mujeres y la vida de Mario Benedetti, y muchas otras que no podrían mencionarse en poco espacio.
Platón también escribió sobre el amor, en el dialogo El simposio (banquete) o del amor trata el tema. En el diálogo se narra lo ocurrido en un banquete ofrecido a Sócrates, Aristófanes y otros invitados, por Agatón cuando fue premiada su primera tragedia. En cierto momento inicia una conversación y cada uno de los concurrentes expone su opinión sobre lo que es el amor. Aristófanes para dar pruebas de que el amor es universal relata una mitología extraña, y que me parece de gran belleza, donde trata de explicar el motivo del amor humano y de calificar todas las especies del mismo. Las conclusiones que se deducen de este mito están marcadas por el carácter de las costumbres griegas de la época de Platón, que contradicen a los sentimientos que han hecho prevalecer el cristianismo y las convenciones modernas.
A continuación les presento el relato referido de Platón (2, 3), y quiero recalcar que presento una trascripción del texto del mito, en lugar de hacer un resumen y comentarios, debido a dos consideraciones: la gran belleza del texto y la siguiente opinión de Voltaire (4, 5): “Todos los gruñones que se erigen en críticos de los escritores célebres compilan volúmenes; preferiría dos páginas que nos hiciesen conocer algunas bellezas, pues mantendré siempre, con la gente de buen gusto, que hay más que aprovechar en doce versos de Homero y de Virgilio que en todas las críticas [resúmenes y comentarios] que se han hecho de esos dos grandes hombres”. Así tenemos que:

“La naturaleza humana era antes muy diferente de como es hoy día. Al principio hubo tres clases de hombres: los dos sexos que subsisten hoy día y un tercero compuesto de estos dos y que ha sido destruido y del cual sólo queda el nombre. Este animal formaba una especie particular que se llamaba andrógina porque reunía el sexo masculino y el femenino, pero que ya no existe y su nombre es un oprobio. En segundo lugar, tenían todos los hombres la forma redonda, de manera que el pecho y la espalda eran como una esfera y las costillas circulares, cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras fijas a un cuello orbicular y perfectamente parecidas; una sola cabeza reunía estas dos caras opuestas la una a la otra; cuatro orejas, dos órganos genitales y el resto de la misma proporción. Marchaban erguidos como nosotros y si tener necesidad de volverse para tomar todos los caminos que querían. Cuando querían ir más de prisa se apoyaban sucesivamente sobre sus ocho miembros y avanzaban rápidamente por un movimiento circular, como los que con los pies en el aire hacen la rueda. La diferencia que se encuentra entre estas tres especies de hombres procede de la diferencia de sus principios: el sexo masculino está producido por el Sol, el femenino por la Tierra y el compuesto de los otros dos por la Luna, que participa de la Tierra y del Sol. Tenían de estos principios su forma, que es esférica, y su manera de moverse. Sus cuerpos eran robustos y vigorosos y sus ánimos esforzados, lo que les inspiró la osadía de subir hasta el cielo y combatir contra los dioses, como Homero la ha escrito de Efialtes y de Otus (Odisea, lib. XI. v. 807). Júpiter examinó con los dioses el partido que se debería adoptar. La cuestión presentaba dificultades porque los dioses no querían aniquilarlos como con los gigantes fulminando rayos contra ellos, pero por otra parte, no podían dejar sin castigo su atrevida insolencia. Por fin, después de largas reflexiones, y de tener en cuenta que si los hombres desaparecieran desaparecerían también el culto y los sacrificios que aquéllos les tributaban, se expresó Júpiter en estos términos: Creo haber encontrado un medio de conservar a los hombres y de tenerlos más reprimidos, y es disminuir sus fuerzas. Los separaré en dos y así los debilitaré y al mismo tiempo tendremos la ventaja de aumentar el número de los que nos sirvan: andarán derechos sostenidos por dos piernas, y si después de este castigo conservan su impía audacia y no quieren estar tranquilos los separaré de nuevo y se verán obligados andar sobre un pie solo, como los que en las fiestas en honor de Baco bailan sobre un pellejo de vino.
Después de esta declaración hizo el dios la separación que acababa de resolver, cortó a los hombres en dos mitades, lo mismo que hacen los hombre con la fruta cuando la quiere conservar en almíbar o cuando quieren salar los huevos cortándolos con una crin, partiéndolos en dos partes iguales. A continuación ordenó a Apolo que curara las heridas y que colocara la cara y la mitad del cuello en el lado por donde se había hecho la separación, a fin de que la vista del castigo los volviera más modestos. Apolo les puso la cara del modo indicado y recogiendo la piel cortada sobre lo que hoy se llama el vientre, la reunió a la manera de una bolsa que se cierra dejando una abertura en medio, que es lo que llamamos ombligo. Pulió los demás pliegues, que eran numerosos, y arregló el pecho dándole forma con un instrumento parecido al que emplean los zapateros para pulir el cuero sobre la horma y dejó solamente algunos pliegues sobre el vientre y el ombligo, como recuerdo del castigo anterior. Una vez hecha esta división, cada mitad trató de encontrar aquella de la que había sido separada y cuando se encontraban se abrazaban y se unían con tal ardor en su deseo de volver a la primitiva unidad, que perecían de hambre y de inanición en aquel abrazo, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Cuando una de estas mitades perecía, la que la sobrevivía buscaba otra a la que de nuevo se unía, fuera ésta la mitad de una mujer entera, lo que hoy llamamos una mujer, o un hombre, y así iba extinguiédose la raza. Movido Júpiter a compasión, imagina un nuevo expediente: pone delante los órganos de la generación, que antes estaban detrás; se concebía y vertía la semilla, no el uno en el otro, sino sobre la tierra como las cigarras. Júpiter puso delante aquellos órganos y de esta manera se verificó la concepción por la conjunción del varón con la hembra. Entonces si la unión se verificaba entre el hombre y la mujer, eran los hijos el fruto de ella, pero si el varón se unía al varón, la saciedad los separaba muy pronto y volvían a sus trabajos y otros cuidados de la vida. De ahí procede el amor que naturalmente sentimos los unos por los otros, que nos vuelve a nuestra primitiva naturaleza y hace todo para reunir a las dos mitades y restablecernos en nuestra antigua perfección. Cada uno de nosotros no es por tanto más que una mitad de hombre que ha sido separado de un todo de la misma manera que se parte en dos a un lenguado. Estas dos mitades se buscan siempre”.

Referencias y notas:

  1. Con este título mi intención es repetir el formato de los títulos que se usaba en el pasado, como un ejemplo entre muchos posibles Johannes Kepler publicó en 1609 una importante obra llamada Nueva astronomía basada en la causalidad o física del cielo derivada de las investigaciones de los movimientos de la estrella Marte fundada en las observaciones del noble Tycho Brahe, más conocida como Astronomia Nova, y donde se revelaron las dos primeras de las tres leyes de Kepler para el movimiento de los planetas.
  2. Platón, Diálogos, Espasa-Calpe Mexicana, México 1990, pp. 110-113.
  3. Platón, Diálogos, Porrúa, México 1984, pp. 362-364.
  4. Voltaire, Cartas filosóficas (decimoctava carta), Altaya, España 1993, pp. 123.
  5. Espero no cometer un error muy grande al justificar con una idea escrita por Voltaire la trascripción que hago del mito escrito por Platón, ya que Voltaire escribió una historia corta llamada El sueño de Platón donde resume con ironía y admiración la gravedad de la materia filosófica y la frivolidad que atribuye a Platón, a quien considera un soñador, pero un soñador que entre muchos desvaríos escribe grandes verdades.

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