JUST IN TIME
El camino hacia la excelencia
Introducción
La década de los 80 será testigo de cambios sin precedentes
en materia industrial por parte de los países occidentales. En una
importante cantidad de industrias los empresarios y directivos tomaron nota de
su incapacidad para equiparar en calidad, costos y servicios a los nuevos
competidores de “categoría mundial”.
El director ejecutivo de Motorola, William Weisz, definió a estos
nuevos competidores “como aquellos que luchan activamente por la calidad
perfecta, la tecnología de vanguardia, la fabricación justo a
tiempo y el servicio competitivo en costo”.
El enfoque utilizado por éstos nuevos competidores globales estriba
en encarar a un mismo tiempo la producción “justo a tiempo”
(just in time), la gestión total de calidad y el involucramiento total
del personal (política participativa), lo cual se da en llamar “la
triple ofensiva”.
Los fabricantes de productos finales que han encarado ésta triple
ofensiva se ven necesitados, a los efectos de capturar los beneficios, de tener
proveedores que sean de categoría mundial Pues los fabricantes de
productos finales no pueden estar por encima de los niveles de calidad, costo y
respuesta eficaz de sus proveedores de partes, componentes, insumos y
servicios.
De tal forma la necesidad de convertirse en una empresa que tenga por
estrategia la búsqueda de la excelencia se ha extendido y se sigue
extendiendo ante la alta competitividad de los mercados.
Un poco de historia
Con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial las empresas estadounidenses
estaban ganando abrumadoramente el juego en los mercados. Por un lado una
demanda reprimida por el conflicto bélico, y por otro, ser el
único país que habiendo participado en la contienda no
sufrió daños en su estructura productiva, le confería el
privilegio de satisfacer gran parte de esa demanda interna y externa.
Los sistemas productivos de Europa y Japón se estaban reconstruyendo
de lo acontecido un tiempo atrás. A ello debía sumarse en el caso
de Japón, que sus productos contaban con una muy mala reputación
en materia de calidad, a lo cual se debe agregar el hecho de que sus empresarios
desconocían completamente las características del mercado
norteamericano.
Empresas como General Motors, Ford, United States Steel, General Electric y
otros tenían acceso a mano de obra, materiales y recursos financieros en
abundancia y calidad. En ese momento no había quién detuviera el
desarrollo de las empresas estadounidenses.
Pero a mediados de los 60 el entorno global empezaría a vislumbrar
los primeros cambios al extenderse el juego más allá de las
fronteras nacionales. A fines de la década de los 50 la firma automotriz
alemana Volkswagen se hizo presente en los Estados Unidos con un ataque sobre el
segmento de los autos económicos. Toyota trató de imitar la
estrategia pero fracasó como producto de la baja calidad y diseño
de sus unidades.
Pero transcurridos unos años y luego de las enseñanzas
acumuladas, Toyota hizo un segundo intento a mediado de los 60 en
compañía de Nissan, pero esta vez con óptimos resultados.
Las empresas automotrices de Detroit respondieron con vehículos que
eran comparativamente más grandes y costosos que los alemanes y
japoneses.
Las firmas niponas comenzaron a insertarse silenciosamente en varios
mercados de los Estados Unidos durante esos años. Lo hicieron en el
mercado de copiadoras, y más específicamente en el segmento de
clientes que requerían de copiadoras de bajo volumen. Así empresas
como Canon, Minolta, Ricoh y Sharp penetraron en el segmento de máquinas
de alta calidad y bajo costos. Si bien Xerox tomó nota de tal
situación, no consideró que las empresas japonesas fueran una
amenaza. Considerando que el mercado de bajo volumen tenía escaso
potencial, Xerox concentró su lucha con empresas como IBM y Kodak, por el
mercado de alto volumen.
En el mercado de las motocicletas Honda entró en 1960 en los Estados
Unidos con vehículos pequeños y livianos. Harley-Davidson
disfrutando de un dominio casi hegemónico no vio en las unidades un
peligro a su posicionamiento en el mercado.
A Honda se sumaron luego Suzuki, Yamaha y Kawasaki, haciendo retroceder
fuertemente a Harley-Davidson en su posición de mercado, aún en
las motos de alta cilindrada.
A medida que los japoneses recortaban una parte del mercado de los Estados
Unidos, las corporaciones estadounidenses se preocupaban por los clientes
mayores y más lucrativos y por sus principales competidores de los
Estados Unidos.
Desde mediado de los años 70 y con epicentro en los mediados de los
80, las corporaciones norteamericanas, como así también las
europeas empezaron a sentir el impacto de la competencia nipona. Competencia
que no sólo se daba en materia de precios, sino también de calidad
y servicios. Marcas como Sony y Panasonic se convirtieron, en materia de
electrodomésticos, en sinónimos de calidad y confiabilidad,
generando las bases para imponer precios superiores
(“premium”).
Sumándose a los japoneses, se hicieron presente también
productores muy esmerados de Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong;
con lo cual los productores de electrónicos tales como Suylvania, Warwik,
Admiral, Motorola y Philco, o bien fueron desplazados, o bien se quedaron a la
vera del camino. En los años 80 las firmas japonesas pasaron a dominar el
mercado de la TV en colores dejando a un lado a un peso fuerte como RCA, y
arrinconando a General Electric y Zenith.
La industria automovilística norteamericana, pero también la
europea, han sido las principales víctimas del inclaudicable avance de
las empresas japonesas y su nueva forma de gestionar la
producción.
Distintos países occidentales sufrieron su desdén por el
cambio y la innovación, tanto de los productos como de los procesos
industriales. Sólo basta mencionar como ejemplo a la industria relojera
suiza, la industria de máquinas fotográficas de Alemania, y las
máquinas herramientas estadounidenses.
Tiene que tenerse muy en cuenta que los principales expertos mundiales en
calidad, Joseph Juran y W. Deming, empezaron a trabajar con los industriales
japoneses al no encontrar interés por parte de los ejecutivos
norteamericanos en mejorar los niveles de calidad.
Debe resaltarse que los costos más bajos de los productos japoneses,
más allá del tipo de cambio, no dependen de los salarios bajos, se
originan y tienen lugar como resultado de una utilización más
eficaz de los recursos productivos, tales como la mano de obra, las materias
primas y el dinero. La escasez de estos recursos ha generado en los japoneses
una clara conciencia del despilfarro, concentrándose por la razón
en su eliminación sistemática. De tal forma incrementan
constantemente sus niveles de productividad al centrar los procesos y la
tecnología en la máxima producción con el mínimo de
insumos.
Siguiendo los patrones establecidos por los japoneses, hoy día
empresas de Malasia, Tailandia, Indonesia, China Continental y la India se
esfuerzan en generar el próximo gran salto. China Continental no
sólo está creciendo, sino que lo hace preocupándose para
generar y desarrollar procesos de alta calidad a los efectos de incrementar el
valor agregado de sus productos. Para ello están contratando a los
mejores consultores en materia de calidad del Japón y de los Estados
Unidos.
La reacción de Occidente
En 1981 Xerox conjuntamente con su subsidiaria japonesa Fuji Xerox pusieron
en marcha la hoy famosa metodología del benchmarking, programa de puntos
de referencia competitivos, al cual define como el proceso continuo de
medición de sus productos, servicios y prácticas, en
relación con sus competidores más difíciles, como
así también con las empresas líderes en determinados
procesos. Xerox observa lo que están haciendo y obteniendo sus
principales competidores, proyectando de tal forma sus objetivos a cubrir. De
tal forma entre 1980 y 1986, Xerox hizo gigantescos avances en materia de
calidad, costos y plazos de entrega de sus productos. La tasa de rechazo en la
línea de partes entregadas por el proveedor se redujo de 10.000 a 450
partes defectuosas por millón, y fijó un nuevo punto de referencia
de 125. Los defectos de calidad por cada 100 máquinas bajaron de 91 a 12,
y se fijó un nuevo punto de referencia de cuatro. El costo de materias
primas se redujo en un 50% y la compañía fijó la meta de
reducir otro 50% como nuevo punto de referencia. Redujo también las tasas
de costos de operaciones del 380% al 189%; el tiempo de entrega de
fabricación bajó de nueve a cinco meses; y el inventario se redujo
de 99 a33 días, fijándose como meta los nueve
días.
Harley-Davidson respondió de forma muy parecida a la de Xerox, lo
cual implicó como en el caso de ésta compañía,
adoptar los sistemas de gestión japoneses del “Just in
Time”.
Ford Motor, General Motor, Hewlett-Packard, 3M, Black and Decker, John
Deere, Johnson Control, Omark y Motorola son algunas de las más
destacadas empresas norteamericanas que ante la competencia global optaron por
hacerle frente con la triple ofensiva de Just in Time + TQM + ITP
(involucramiento total del personal). Es esta triple ofensiva lo que ha dado en
llamarse la Producción Magra, la cual está centrada en la
eliminación sistemática de los desperdicios y despilfarros. Lograr
ello implicó a los efectos de tratar de acortar las distancias con sus
competidores extranjeros, sobretodo japoneses, aplicar la reingeniería en
los procesos de negocios. De tal forma lograron eliminar las improductividades
en los procesos productivos, comerciales y administrativos.
En el caso de Motorola, en 1981 su Comité de Políticas se
propuso como objetivo mejorar 10 veces sus niveles de calidad en todas las
secciones de la compañía, en un lapso de cinco años, e
incluyó hasta departamentos cuyos niveles de calidad existentes eran ya
los mejores de la industria. En 1986, la empresa había logrado y
aún supera sus metas. Para 1992 se puso como objetivo lograr un nivel de
calidad del 99.9997% de partes sin defectos, o sea 3,4 defectos por
millón de oportunidades. Esto ha dado en llamarse Sistema Seis
Sigma.
A fines de los 70 y comienzo de los 80 empieza a construirse lo que luego
daría en llamarse la Teoría de las Limitaciones, punto de partida
para los sistemas de producción sincronizada. La Teoría de las
Limitaciones fue presentada por primera vez en 1984 en La meta, escrito
por Eliyahu Goldratt y Jeff Cox. Este libro poco usual expuso una teoría
de gestión bajo el estilo de una novela sobre un director de
fábrica. La fábrica en cuestión se encuentra en graves
problemas y a raíz de ello corre el riesgo de ser cerrada por la alta
dirección de la empresa, pero finalmente la misma puede ser salvada
echando por tierra las respetadas y consagradas prácticas de
gestión que estaban creando tremendos problemas.
En La meta, la contabilidad de costes tradicional y los sistemas de
información de desviaciones aparecen como responsables de muchos de los
problemas que está sufriendo la fábrica. En lugar de concentrarse
en las actividades que pueden incrementar los beneficios, el sistema de
contabilidad de gestión tradicional centra su atención
principalmente en esfuerzos contraproducentes por reducir los costes por unidad
de producto. Si se hubieran realizado mejoras reales en las operaciones, el
sistema de contabilidad de gestión casi invariablemente habría
enviado señales inapropiadas en forma de desviaciones de coste
desfavorables. A partir de allí se desarrolla una nueva
metodología de mejora continua, fundamentada en la eliminación
sistemática de “cuellos de botella” a los efectos de la mejor
sincronización de los procesos productivos, reduciendo los tiempos de
espera y los niveles de inventario, incrementando los niveles de
rotación, mejorando el cumplimiento de los plazos de entrega, e
incrementando los niveles de rentabilidad.
La potencia del “Just in Time”
El just in time implica una forma de pensar y razonar los negocios como los
procesos productivos. Pensar en términos de just in time significa
concentrarse en la detección y eliminación sistemática de
desperdicios. De allí la potencia del just in time como sistema que lleva
a las empresas a lograr resultados sorprendentes. Basta con decir que las
empresas que aplican el sistema en cuestión han logrado niveles anuales
en la rotación de inventario de dos dígitos llegando en algunos
casos a superar las treinta rotaciones, cuando las empresas tradicionales de
occidente oscilaban entre las 2,5 y las 5 rotaciones anuales. Ello se
logró reduciendo a su mínima expresión el nivel de
inventarios, gracias a reducir los tiempos de preparación y cambio de
herramientas, reducir a niveles de partes por millón las fallas en los
productos, eliminar las averías, y mejorar el layout en la planta
productiva.
Esos notables incrementos en los niveles de rotación redujeron sus
necesidades financieras, incrementando al mismo tiempo su
rentabilidad.
El sistema que comenzó gestándose en la empresa automotriz
Toyota gracias a la visión de Toyoda y Taiichi Ohno, se propago luego a
las demás empresas japonesas. A las ideas de Ohno se sumaron los aportes
de otros imponentes gestores y consultores de la calidad y la productividad del
Japón, como lo son Imai, Ishikawa, Karatsu, Mizuno, y los revolucionarios
Taguchi y Shigeo Shingo.
El sistema fue puesto a prueba en cuanto a su capacidad de reacción
durante la crisis de 1973/74, época en la cual la mayoría de las
empresas y sobretodo las automovilísticas tenían ingentes
problemas, provocados ellos por el gran incremento en el precio del
petróleo posterior a la Guerra de Iom Kipur. Fue en esa época
cuando las demás empresas japonesas tomaron conciencia de la capacidad de
lo que dio en llamarse Sistema de Producción Toyota (TPS).
La filosofía de las operaciones just in time
El Just in Time es una filosofía empresarial que se concentra en
eliminar el despilfarro en todas las actividades internas de la
organización y en todas las actividades de intercambio externas. Esta
definición establece la idea clave del just in time
–eliminación del despilfarro-, lo cual exige eliminar todos los
insumos de recursos que no añaden valor al producto o servicio.
El objetivo es proporcionar satisfacción al cliente al tiempo que se
minimiza el coste total. Ésta es la esencia del proceso just in time, que
integra el compromiso total de calidad.
La filosofía just in time se ha de filtrar desde la cúspide
hacia abajo porque suele exigir un cambio completo en la cultura de la empresa.
Para poner en práctica con éxito un sistema just in time, la
compañía necesita un medio en que los empleados estén
íntima y continuamente comprometidos a poner en ejecución la
estrategia del juego y los detalles del plan de juego. Para señalar el
camino, la alta administración debe comprender los fundamentos del
proceso just in time, del control total de calidad y del involucramiento total
de las personas.
El aspecto más decisivo del involucramiento total de las personas es
permitir que todos los empleados trabajen a su pleno potencial. Dando incentivos
para soluciones innovadoras, la administración puede ayudarles a los
empleados a encontrar maneras creativas de hacer su trabajo. Las personas
realmente importantes en este proceso son los empleados de primera línea.
La educación JIT / CTC (just in time / control total de calidad)
desarrolla las habilidades de estas personas y fomenta su creatividad.
Además de capacitar y educar a los empleados, la alta gerencia debe
reformar la cultura de la empresa. La meta es derribar los obstáculos que
estorban la comunicación y les impiden a los trabajadores cooperar y
confiar entre sí y confiar en sus clientes y proveedores.
Diseño del producto o servicio
La actividad que ofrece más oportunidades para eliminar desperdicios
y despilfarros (mudas) es el diseño del producto o servicio. Los
productos o servicios tienen mucho despilfarro cuando son diseñados por
el departamento de Investigación y Desarrollo para que cumplan lo que el
departamento de Ingeniería cree que son requisitos del cliente, y luego
se entregan al departamento de manufactura para que los fabrique.
En el proceso de diseño a lo cual las empresas tradicionales suelen
le conceden un 5% del presupuesto, se determinan un 70% de los costos del
producto. Por lo tanto aumentar al doble los recursos a la labor de
diseño puede generar importantísimos ahorros en los costos, tanto
en lo que respecta a materiales, como a procesamiento.
Simplificar el producto o servicio permite a su vez hacer más
simples los procesos para su elaboración. Mayor simplicidad implica
también reducir el número de partes, con lo cual se reduce el
coste de inventarios, de adquisición y de gestión.
Preparar el Centro de Trabajo
En el centro de trabajo sólo deben tener cabida aquellos elementos
necesarios para efectuar la tareas y actividades con eficiencia y eficacia, lo
cual implica deshacerse de aquellos elementos innecesarios. En primer lugar
debe hacerse la pregunta ¿Por qué está esto aquí?,
para luego cuestionar ¿Esto le agrega valor al producto? Si el elemento en
cuestión no agrega valor, no debe estar en el centro de trabajo, y si no
puede agregar valor en otro lugar, hay de deshacerse del mismo.
Luego de identificar los aquellos elementos considerados esenciales, los
mismos deben se asignados a lugares específicos. Ello implica un
análisis a los efectos de determinar dónde pueden proporcionar el
máximo valor al mínimo coste. De tal forma, una vez que se le
asignan un determinado lugar o espacio, deben permanecer en la misma hasta tanto
se identifique un lugar más conveniente.
Al planificar el centro de trabajo, éste debe ser sencillo,
eliminando todos aquellos elementos innecesarios, al mismo tiempo que situando
convenientemente los que se requieran para el mejor desarrollo de las
actividades. Además de desperdiciar espacio, las zonas de trabajo mal
dispuestas obstaculizan el flujo eficiente de los materiales, lo cual genera un
despilfarro de tiempo porque los trabajadores tienen que buscar los materiales,
las herramientas y los equipos cuando lo necesitan.
La calidad del lugar de trabajo es una base fundamental para un proceso
productivo de calidad. Un medio de trabajo de calidad les da a todos los
materiales y procesos una alta visibilidad y proporciona distancias más
cortas para los desplazamientos de materiales, trabajadores, además de un
flujo más homogéneo de los materiales e insumos durante el
proceso. No menos importante resulta todo lo comentado a la hora de reducir
riesgos de accidentes o problemas de seguridad.
El equipo de trabajo tiene responsabilidad directa en la conveniente
preparación y buen estado del centro de trabajo, reflejándose en
ello la actitud en cuanto a la calidad de los miembros del equipo. esa actitud y
el buen mantenimiento del espacio son decisivos para la calidad del just in
time.
Mantenimiento de los equipos e instalaciones
En el caso del mantenimiento de los equipos se persigue a un mismo tiempo
las metas de prolongar su vida útil y garantizar la calidad de los
productos que procesan. En tanto que el mantenimiento de las instalaciones
permite no sólo prolongar su vida útil, sino también
mejorar la seguridad, algo extensible también al mantenimiento de los
equipos.
El sistema just in time no acepta bajo ningún punto de vista la
generación de productos defectuosos, lo cual significa que el
mantenimiento preventivo de los equipos de procesamiento, los accesorios y los
instrumentos utilizados para las mediciones y comprobaciones resultan
críticos.
El mantenimiento preventivo debe realizarla, salvo las reparaciones
mayores, los operadores de línea que utilizan los equipos. Esto
contribuye a la eliminación de desperdicios. Los operadores de
línea responsables del mantenimiento de su equipo y de la calidad de los
bienes que éste produce, tratan las máquinas con un cuidado
especial, contribuyendo ello a disminuir las necesidades de mantenimiento.
También están disponibles cuando se requieren, lo cual elimina el
retardo ocasionado por esperar a un especialista de mantenimiento (tiempos de
espera). Esta labor de mantenimiento por parte de los propios operadores
contribuye a aumentar su estima y motivación.
Organización de la planta
La fábrica tradicional está distribuida por departamentos
especializados en diferentes tipos de actividades como lo son: estampado,
troquelado, corte de metales, fresado, etc. En la búsqueda de menores y
en función de los paradigmas taylorianos, se producen en lotes de
tamaño óptimos que justifiquen los trabajos de puesta a punto de
las máquinas, además de los costes de almacenaje. A pesar de ello
dicho enfoque genera enormes desperdicios, pues los materiales y los trabajos en
proceso deben ser transportados y manipulados con frecuencia. Las materias
primas y en proceso recorren grandes distancias para ir de un departamento a
otro. Las cantidades movidas son considerables requiriendo para ello de equipos
especiales. Se requieren espacios importantes para el almacenaje, transporte y
movimiento del material, todo lo cual no es generador de valor agregado y
sólo consume recursos.
Cada departamento también mantiene un inventario de reserva,
precisamente para el caso de que una interrupción del proceso que precede
o una llegada de materiales defectuosos interrumpa la cadena de suministros.
Como este inventario de trabajo en proceso ocupa demasiado lugar, las unidades
de procesamiento quedan demasiado separadas entre sí, lo cual dificulta
la detección de fallas o falencias durante el proceso
productivo.
Por otra parte debe consignarse la falta de flexibilidad del sistema, por
cuanto los equipos se preparan para procesar grandes lotes, encontrándose
los operarios capacitados para realizar actividades u operaciones muy
específicas.
Como alternativa al sistema antes descrito, y en función de las
ideas y filosofía del just in time, se han adoptado enfoques celulares
denominados “tecnólogas de grupo”.
La disposición celular o por células agrupa los equipos de
producción por familias. Todos los equipos que se necesitan para fabricar
determinada parte o pieza para montaje se reúnen, por lo general, en
forma de “U”. Los materiales pasan de una estación a otra
alrededor de la U, y se efectúa en cada estación una
operación específica. Este enfoque es especialmente útil
cuando las partes o los montajes son pequeños y se pueden pasar a mano de
una estación a otra. Las máquinas están colocadas lo
suficientemente cerca unas de otras para el traslado a mano. Cada célula
de fabricación viene a ser una minifábrica, concentrándose
la misma en la producción de familias de productos (partes, piezas o
productos finales) que comparten configuraciones, materiales, tecnologías
o requisitos de habilidades.
Este enfoque celular generar la disminución de inventarios de
trabajos en proceso, reduce tanto el transporte como el manejo de materiales y
así mismo el tiempo de almacenamiento. A ello se debe agregar el
incremento de la flexibilidad en el procesamiento y la mejora en la
calidad.
Gracias al enfoque celular, las estaciones de trabajo están cerca
unas de otras, con lo cual se elimina espacio de inventarios de reserva y se
minimiza la distancia que han de recorrer los materiales, el trabajo en proceso
y el personal. El enfoque aconsejado es el de un proceso continuo, en el cual
cada estación procesa una sola unidad y la pasa a la estación
siguiente, con lo cual se elimina la necesidad de constituir un inventario en
proceso. Si las unidades terminadas son componentes o piezas para montaje, los
trabajadores las transportan en lotes muy pequeños a la célula
siguiente para el procesamiento final o la preparación para
despacho.
El enfoque reduce el transporte y la manipulación al localizar los
materiales de producción y las herramientas cerca de la célula.
Entregando los proveedores los materiales directamente en el punto de su
utilización, se elimina la trayectoria en circuito desde el
depósito de materiales hasta el departamento de proceso. El flujo directo
de materiales a la célula y a través de ella, minimiza la
distancia de recorrido y la repetida manipulación durante el proceso de
fabricación.
Un objetivo de importancia es eliminar todo tiempo durante el cual no se le
agregue valor al producto. La recepción de material en el momento exacto
que se necesita es un gran paso hacia esta meta. Agregarle valor al producto sin
interrupción también es una meta del enfoque celular, debido a que
con este método, los materiales no se detienen entre operaciones, y las
unidades terminadas van rápidamente hacia los clientes externos o
internos.
Gracias al enfoque celular tanto los equipos como el personal logran
flexibilidad. Para mantener dicha condición, cada célula debe ser
autónoma. Sus equipos deben ser sencillos, estándares,
fáciles de poner en marcha, tener un ciclo de tiempo breve, y no deben
estar limitados por un sistema complejo de alimentación. En lo relativo
al personal, todos sus miembros deben saber ejecutar todas las tareas de la
célula. Para permitir dicho aprendizaje el número de integrantes
de la célula debe mantenerse en una cantidad razonablemente
pequeño. La empresa puede ajustar la producción de la
célula sumando o restando integrantes a la misma.
Como consecuencia natural de la disposición de la célula, se
logra una mejora continua en la calidad de las partes o productos generados en
la misma. Al ser limitada la existencia de reservas, y debido a que las unidades
son procesadas íntegramente, los problemas de calidad se ponen de
manifiesto inmediatamente. Al inspeccionar todos los miembros del equipo su
propia producción, el enfoque celular reduce el número de unidades
defectuosas.
De detectarse un problema o inconveniente, se procede a detener el
procesamiento por parte de la célula, procediendo sus integrantes a
buscar y detectar la causa raíz del inconveniente a los efectos de su
solución. De tal forma el tamaño de las partidas defectuosas se
reduce a una unidad y no a cien o mil, que es lo que los sistemas convencionales
suelen producir. De tal forma se evita muchos trabajos de reprocesamiento como
así también desechos. Alcanzar este ideal implica la
recepción de insumos y partes en óptimas condiciones de calidad y
cantidad.
Los problemas de calidad se detectan rápidamente al no poder
ocultarse estos en grandes lotes de materiales recibidos, ni en excesos de
trabajos en proceso.
Variación de modelos
Tener líneas de producción por productos específicos
resulta demasiado costoso, en tanto y en cuanto no exista una producción
continua de cada bien. Debido a elle las fábricas tradicionales producen
en lotes “económicos” a los efectos de superar los elevados
costos generados por los prolongados períodos de detención de las
máquinas debidos a los tiempos de preparación.
Hoy el mercado exige variedad de productos, tanto en diseño como en
tamaño. Ya no es factible aplicar la famosa y célebre frase de
Henry Ford “pueden pedirme autos de cualquier color siempre que sean
negros”.
Superar estos inconvenientes llevó a la empresa automotriz Toyota a
aplicar el sistema hoy conocido mundialmente como Smed. El precursor de esta
metodología destinada a la reducción de los tiempos de
preparación de las herramientas es el célebre Shigeo Shingo.
Así es como entre 1972 y 1973, se redujo de dos horas a menos de diez
minutos un tiempo de preparación de trabajo con herramientas; y en 1975
lo redujo todavía a menos de un minuto, lo cual constituye una
reducción de más de 100:1, permitiéndole a Toyota manejar
diferentes productos con el equipo existente.
Los esfuerzos creativos de Shingo en reducción del tiempo de
preparación destruyeron muchos paradigmas industriales largamente
sostenidos. Hacer factible tales reducciones implica el cumplimiento de una
serie de pautas:
- Los trabajadores deben estar convencidos de que son posibles las reducciones
espectaculares.
- Comprometer en el proceso a los operarios de las máquinas,
valiéndose de sus ideas. Capacitarlos y hacer que el personal sea parte
del proceso de preparación.
- Hacer que las partes encajen al contacto, sin que haya que adaptarlas.
- Los cambios de preparación deben generar productos libres de fallas
desde la primera unidad.
Para llevar a cabo la reducción de tiempos deben seguirse
según Shingo cinco pasos:
- Separar las actividades internas de preparación, las cuales exigen
inactividad de las máquinas, de las tareas externas de
preparación.
- Pasar tantas actividades internas como sea posible a actividades de
carácter externo.
- Minimizar el tiempo necesario para hacer la preparación interna.
- Minimizar el tiempo necesario para hacer la preparación externa.
- Repetir los primeros cuatro pasos para asegurar el mejoramiento
continuo.
La utilización de estas técnicas permite a empresas tanto
estadounidenses como europeas lograr resultados parecidos a los obtenidos por
Toyota y las demás empresas niponas.
Un buen ejemplo es el de la firma norteamericana Omark Corporation, la cual
redujo el tiempo de preparación de los troqueles de prensas de seis horas
y media a tan sólo cuarenta segundos.
Otro caso es el de FMC Corporation quien logro entre un 60 y un 90% los
tiempos de preparación en su taller de bodegas de carga.
Cronogramas estables
Es fundamental un programa de producción estable a los efectos de
hacer factible el sistema Just in Time.
Como el sistema just in time se amolda a la demanda final, es esencial una
previsión sólida de ella. Las empresas deben darles a sus
proveedores programas fijos y avisarles con una anticipación igual al
tiempo del proceso de fabricación de los proveedores. De haber una
diferencia considerable entre el tiempo del programa fijado y el tiempo de
proceso de producción del proveedor, será menester concentrar el
esfuerzo en su reducción.
Es de fundamental importancia por lo tanto:
- Mejorar el sistema de programación.
- Reducir incertidumbres en el transporte.
- Desarrollar pronósticos más confiables.
- Reducir la incertidumbre en la fabricación.
- Reducir las demoras en la comunicación entre las plantas y los
proveedores.
- Mejorar la coordinación de las modificaciones de
ingeniería.
- Reducir la complejidad del producto.
CTC – Control Total de Calidad
No se puede separar en realidad la calidad del proceso just in time, pues
ambos son interdependientes. Ello se debe a que los procesos just in time
requieren insumos de calidad y persiguen la generación de productos y
servicios libres de fallos.
Cada proceso just in time, como lo son el diseño del producto, la
preparación del centro de trabajo, el mantenimiento de los equipos e
instalaciones, la organización de la planta, los cambios y
preparación rápidos de herramientas y, la programación de
la demanda.
La implantación del Control Estadístico de Procesos, los
Círculos de Control de Calidad, el Poka Yoke, el control y
análisis de los Costes de Calidad y Mala Calidad, el despliegue de la
función de calidad (DFC), la utilización de las siete herramientas
clásicas para la gestión de calidad y de las nuevas herramientas
de gestión, hacen factible en las empresas japonesas y occidentales la
producción esbelta, pues sólo con un óptimo nivel de
calidad es posible eliminar la necesidad de inventarios. Cuando los inventarios
se van reduciendo quedan a la vista los inconvenientes generados por la falta de
inventarios de apoyo y seguridad. Ello suele ejemplificarse como un lago que al
reducir el nivel de agua (inventarios) entorpece y dificulta la normal
navegación (procesos fabriles) de las embarcaciones. La única
forma de eliminar estas dificultades es eliminando dichas rocas (fallas de
calidad, como así también elevados tiempos de preparación,
averías de máquinas, mala distribución de máquinas y
sectores, problemas con proveedores, entre otras).
Hoy hablar de calidad implica hablar de un nivel de calidad de seis sigma,
o sea llegar a un nivel de 3,4 defectos por millón de
oportunidades. Este es el nuevo nivel que se han impuesto las empresas de
categoría mundial, tales como General Electric, Xerox, Motorola, lo cual
no se trata de otra cosa que la de igualar los niveles ya alcanzados por
empresas como Toyota, Nissan, Honda, y Casio entre muchísimas otras
empresas japonesas.
Conclusiones
La tecnología en cuanto a desarrollo forma parte de un proceso
mundial, donde las diversas empresas, industrias, centros de
investigación y países interaccionan entre sí para dar
forma y contenido a nuevos y continuos avances. De tal forma lo que
comenzó siendo un desarrollo occidental como en una carrera de postas fue
tomado por las empresas japonesas, para ser nuevamente retomadas por las
empresas de más avanzada de los Estados Unidos y Europa. El just in time
se esta desplegando en otras latitudes donde toma un impulso especial a partir
de las actuales necesidades competitivas. Así empresas tanto
latinoamericanas como del sudeste asiático se están
empeñando en mejorar día a día su performance en la
búsqueda de mejores niveles en relación a los costos, la calidad,
la productividad y los tiempos de los ciclos productivos.
En un marco signado por la competencia a nivel mundial ninguna empresa
queda al margen de su obligación de competir, la cuestión es si la
misma está en reales condiciones para hacerlo, sobretodo en un marco
competitivo donde las exigencias mínimos son cada vez mayores. Menores
costos y tiempos de respuestas, menores niveles de defectos por millón de
oportunidades, mayores niveles de productividad, son algunas de las medidas que
las empresas deben cubrir para poder hacerse acreedoras a una cuota de
mercado.
Competir con posibilidades implica eliminar los desperdicios, dejar todo
aquello innecesario y buscar la generación de un auténtico valor
agregado para los clientes y consumidores. La búsqueda de organizaciones
esbeltas implica eliminar los procesos y actividades innecesarias, fortaleciendo
al mismo tiempo todas aquellas que constituyen su razón de
ser.
Bibliografía
El Sistema de Producción
Toyota – Yasuhiro Monden –
Ediciones Macchi –
1993
Producción sin stock: El sistema Shingo
para la mejora continua – Shigeo Shingo -
Edit. Tecnologías de Gerencia y
Producción – 1991
Pensar al revés
– Benjamín Coriat –
Editorial
Siglo XXI – 1991
Kaizen – Detección,
prevención y eliminación de desperdicios
– Mauricio Lefcovich –
www.gestiopolis.com
- 2004
CTC: La sabiduría japonesa. Control
Total de la Calidad – Hajime Karatsu –
Editorial Gestión 2000 –
1991
Cómo gerenciar la transformación
hacia la calidad total – Thomas H. Berry
– Editorial McGraw Hill –
1992
El poder de Seis Sigma –
Subir Chowdhury
– Editorial Prentice Hall – 2001
Calidad Global –
John Macdonald y John
Piggott – Editorial Panorama
– 1993
Simplificando la complejidad –
Mauricio
Lefcovich – Páginas 70 a 78
– Énfasis Logística – Agosto/2005