PUTAS, PROSTITUTAS Y PORNOGRAFÍA
“Y los dos pechitos de ella se mueven de arriba
abajo,
sin parar, como si de repente comenzaran a
hincharse
para empezar a trabajar por su
perdición.”
Juan Rulfo
¡Como si lo viera con mis propios
ojos, y no sólo con los sueños: Acá está tu libreto,
puta! Y aún así, cada quien cree haber elegido su papel. El sabio,
el alcohólico, el ratero, el revolucionario, el empresario, el esclavo,
el católico. Todos dicen ser dueños de su propio presente y
futuro. Todos dicen esas y más estupideces, vieras que los he
escuchado... El estado policiaco funciona haciendo creer a las personas que su
vida depende de ellos mismos, así si alguien quiere culpar a alguien por
su vida, siempre tiene que ser a su propia persona. Yo no me la creo así
nomás. Han consumado la más grande enajenación de la
conciencia humana. Yo no elegí ser puta. ¡Y no es que me queje!
(bonita me vería yo por acá, lloriqueando, entre los miles de
miembros que me faltan por soportar para que la vida me termine de cobrar lo que
le debo).
Introducción
El reconocimiento de la mujer como ser erótico ha representado, a lo
largo de la historia, una intranquilidad en términos de lo que se ha
establecido como una normalidad necesaria. La mujer, por condición, ha
sido obligada a reprimir sus funciones sexuales, creando un discurso en torno a
lo que su sexo debe representar. La norma dice que el acto sexual debe llevarse
a cabo en exclusividad de una búsqueda reproductiva, con lo cual la
función que el placer representa en el ámbito sexual debe ser
relegada. Por lo tanto, toda mujer que escape al dominio de esta lógica
deberá ser, en busca de la continuidad de la norma, una mujer
estigmatizada ya a que ha renunciado, en busca del placer, a lo que debiera ser
lo más preciado en una mujer: la maternidad. El propósito de este
trabajo consiste en un recorrido sobre lo que es el discurso que gira en torno a
las mujeres que se asumen como seres eróticos (en algunos casos
aún en contra de su voluntad, como es el caso de las prostitutas),
pretendiendo mostrar la descalificación existente a su condición y
haciendo ver que es, precisamente esta descalificación, la que permite
una relativa contención de la mujer erótica en nuestra
sociedad.
El discurso del sexo
El sexo no está determinado únicamente en función de
cargas genéticas, El sexo es también un constructo social, es
decir un discurso. Un discurso es todo aquello que ha sido construido en torno a
un tema y que se ha aceptado como verdadero por el simple hecho de circular en
las conciencias individuales. Se trata de un normalizador de lo que cada
sociedad concibe como lo normal y lo patológico, llevando control de lo
que se debe y no hacer bajo cierta estructura de conductas encaminadas por
determinado sistema, “la verdad es de este mundo; está producida
aquí gracias a múltiples imposiciones. Tiene aquí efectos
reglamentados de poder. Cada sociedad tiene su régimen de verdad, su
política general de la verdad: es decir, los tipos de discurso que ella
acoge y hace funcionar como verdaderos; los mecanismos y las instancias que
permiten distinguir los enunciados verdaderos o falsos, la manera de sancionar
unos y otros; las técnicas y los procedimientos que son valorizados para
la obtención de la verdad; el estatuto de aquellos encargados de decir
qué es lo que funciona como verdadero” (Foucault: 1992:198).
Depende, por lo tanto, de la función del discurso que gira en torno a la
sexualidad lo que es permitido y lo que debe ser restringido, para lograr una
cierto “orden” que se adecue a necesidades de lo que Michel Foucault
denomina Biopoder
[1]
El discurso que ha circulado sobre el tema de la sexualidad, ha sido
primordialmente el de la censura pública, con lo cual se restringe a la
esfera de lo privado. Tras de lo que la sexualidad significa se encuentra dentro
del imaginario colectivo la idea del pecado y de la desviación. Dentro de
una sociedad patriarcal y machista, como es el caso mexicano, esta clase de
imágenes se agudizan y el sexo se declara como patrimonio exclusivo del
género másculino, es él quien puede, en determinadas
circunstancias, expresar abiertamente sus apetitos carnales. Para las mujeres la
cuestión debe ser reservada e incluso callada, debido al arquetipo
(explicado posteriormente) que pesa sobre ellas. Así, según ese
discurso legitimado y adoptado como correcto, determina que aquella mujer que
escape a su condición y se asuma como ser erótico será
estigmatizada y denigrada en su condición de ser humano.
Difícil no es de encontrar el
camino. El bazuko[2] te ayuda a
encontrarlo, fsssst uno, fssst dos, fssssssssssst tres, tres toques y resulta
que ya tienes quién te regentee. Ya tienes una tremenda fila de vergas
que van por ti, ya tienes niños que no quieren ser vírgenes, ya
tienes adultos que te lloran mientras te cuentan sus problemas (pero eso
sí, nunca te la dejan de meter), ya tienes lesbianas que les encanta
hacerte vacío con botellas de coca cola, ya tienes ancianos que te
desgarran las paredes vaginales con sus uñas mugrientas... Al fin y al
cabo uno no es más que unos recuerdos que se comerán los
gusanos.
Las eternas putas
“puto es aquel que
De putas fía”
Quevedo
Por putas vamos a comprender no a aquella mujer que obtiene ganancias
monetarias por mantener una relación sexual, sino a las mujeres
consideradas como incapaces de mantener a un solo hombre a su lado o que el
hombre retenido no es de su “propiedad”. Puta es la mujer asumida
como erótica que desea satisfacer o simplemente expresar pulsiones
sexuales. “El concepto puta es una categoría de las cultura
política patriarcal que sataniza el erotismo de las mujeres, y al
hacerlo, consagra en la opresión a las mujeres eróticas”
(Lagarde, 2003: 560). Existe dentro del arquetipo de la mujer mexicana la idea
de su valía en función del género masculino, se escucha en
diferentes escenarios que una mujer vale por su capacidad de mantener a un
hombre a su lado. Lo cual implica la concepción de fidelidad como
atributo de una mujer valiosa, y se devalúa a aquella que se asume como
ser erótico, debido a su incapacidad de fidelidad vinculada a su nulo
interés por establecer una relación de compromisos. A ellas se les
ha adjetivado como putas.
En México existen dos figuras arquetípicas de la mujer: la
que es virginal y la que es puta. La mujer virginal es la dadora de vida, la
madre que es relacionada con Guadalupe. La madre es el único amor
aceptado del macho hacia una mujer, y se trata de un amor exacerbado, de una
colocación del pedestal para colocar sobre él la figura materna.
La mujer virginal es la que asume que, como mujer lo más grande que puede
ocurrir es ser progenitora, la mujer que no pierde la virginidad después
de parir y es precisamente el alumbramiento lo que las coloca en esa
canonización social, sólo entonces se expían sus pecados y
es socialmente valiosa. La contraparte, es decir la puta, viene a llenar la
imagen que tenemos de Malintzin (La Malinche), la mujer que traiciona, la mujer
violada, la chingada, la primera que se negó y negó a los suyos,
debido a que la puta se niega a sí misma y falta a lo que su
género es, reniega de sus mismas. Es en ella en quien recaen las maldades
adjudicadas hacia las mujeres y es el parámetro para medir a las
demás. Se dice que los mexicanos somos hijos de la chingada, es decir de
la mujer violada, los mestizos cargan en sus espaldas el trauma de que su madre
ha sido violada.
Y me dicen que es falta de voluntad, y me
dicen que lo intente, y me dicen que deje el bazuko, y me dicen que busque un
futuro, y me dicen no entenderé hasta que el SIDA diga lo contrario, y me
dicen que esos malditos narcos algún día me violarán (Ja,
violar a una puta), y me dicen que me encontrarán en el desierto con los
pelos púbicos metidos en el hocico, y yo me la creí un tiempo, y
tuve fuerza de voluntad (pues claro, estaba nueva porque nunca la había
usado. Pero ya se me acabó), y acá sigo, y son cuatro pitos por
noche.
No es de sorprender que es la misma mujer quien, en mayor medida, se
convierte en la acusadora de conductas moralmente incorrectas, no es
difícil encontrar ejemplos en fiestas, la mujer que baile con muchos, que
sonría con todos, que haga plática con más de un hombre,
será descalificada por su mismo género debido a que está
faltando a la concepción que se debe de dar sobre lo que una mujer es.
Para Roger Bartra no se trata de una relación dialéctica, no
existe un antagonismo bien definido entre lo que es la Malinche y Guadalupe, se
trata de una concepción de la misma persona, la mujer mexicana ha sido
condenada a transitar entre las dos concepciones de virginal y puta.
Prostitución
La prostituta ha sido conocida como mujer pública, debido a que
cualquier hombre puede acceder a ella. Es “la exageración y una de
las especializaciones estereotipadas de las putas” (Lagarde, 2003: 260),
se trata de la mujer que ha ido más allá del ser erótico,
la mujer que se sabe consciente de ello y se ofrece para ser transgredido ese
erotismo reconocido, ese aparente erotismo al natural se convierte en la gran
atracción. La paradoja aquí es que el erotismo es simulado y se le
ha dado muerte para que pueda seguir viviendo. La prostituta no puede ser
concebida como la esposa capaz de mantener un hombre a su lado y mucho menos
poder brindar una educación adecuada a sus descendientes, por lo cual
pierde incluso su condición de mujer y se convierte en un simple
receptáculo de frustraciones masculinas.
La prostituta es enajenada, debido a que ya no tiene control sobre su
cuerpo, ya no puede acceder a ese erotismo femenino mientras copula por dinero.
La prostituta se convierte en una mercancía, el pago es algo
simbólico, es saber que tiene un precio, que la mujer erótica se
puede encontrar por unos cuantos pesos. El machismo es manifestado mediante la
vejación del cuerpo comprado, se está violentando la intimidad de
la mujer y mancillando su derecho al placer que no puede acceder al ser una
mujer pública. El hombre se sabe poderoso, se sabe subyugador, se sabe
vengador de su condición de ser hijo de una puta. Y a la vez el macho se
sabe más adolorido que nunca al despojar a una mujer de su
condición de virgen, conocen el sacrificio de la mujer virginal cuando
encarna a la prostituta. La necesidad del hombre es una Madre-Virgen, no una
Amante-Puta que lo traicione, por eso se encierra en las cantinas a llorar por
la mujer que lo ha abandonado, porque en su búsqueda de la virgen se
encontró con la puta que le ha traicionado. El desquite viene con la
prostituta con quien siente cierto confort momentáneo, para convertirse
en dolor perpetuo.
Al que coincide conmigo le abro de
inmediato un campito en mi corazón y le otorgo la categoría de
poseedor indiscutible de la verdad. Y eso lo digo no nomás por decirlo a
lo tarugo, es sólo pa´ probarles que las putas tenemos
corazón y que sentimos.
La culpa juega un papel fundamental en la historia de la
prostitución, el discurso social se encarga de señalar a las
prostitutas para que éstas “tomen consciencia” y se sientan
culpables de su autovejación. Entra un proceso de ortopedia social, de
querer restablecer lo torcido, lo que está fuera de lugar en un espacio
que se pretende sano. Una prostituta no tendrá cara qué mostrar
ante una persona “decente” debido a que le falta esa capacidad de
sentirse culpable. Se le considera cínicas a las mujeres que venden su
cuerpo y se piensa que para ellas es muy cómodo por la falta de
interés de buscar un “buen empleo”. Es entonces la prostituta
la culpable, la que no tiene autoconmiseración y que por lo tanto no
puede ser una buena mujer.
Ángelito de la guarda.
Ángel de las mil putas. Ángel que abandonas. Ángel que te
embriagas en Lomas de Poleo[3]. Ángel
convertido en esbirro de nuestros futuros asesinos. Líbranos, angelito
mío, de tu sexo alado y puesto en el pedestal de lo inmundo.
Pornografía y evidencias genitales.
A la pornografía le corresponde la más grande
exhibición de estas mujeres que escapan al dominio discursivo de la
sexualidad femenina. Es aquí donde una mujer se convierte en una
prostituta exhibida a la totalidad de los hombres, la mujer convertida en
vagina, la mujer carente de intimidad y cuyas funciones se reducen a lo genital.
No se trata ya de una mujer que ofrezca su cuerpo para ser transgredido a un
hombre a la vez, sino a la totalidad de ellos. El cuerpo genital muestra lo
abierto, la mujer que abre las piernas y pierde su integridad, está
expuesta a la constante reducción de su vida a una interminable
manifestación del coito. La mujer ya no es concebida como ser humano, ya
no se le imagina con una vida, está reducida al coito perpetuo.
La idea que se muestra es la de una mujer dispuesta al coito sin
ningún preámbulo, mujer dispuesta sin importar nada en absoluto,
mujer carente de misterios, mujer que convierte lo que es socialmente sagrado y
lo convierte en algo abyecto. No hay trama, sólo acto. Lo hacen varias
veces y en posiciones variadas, luego ella gime y él se viene, nada
más. El cuerpo es cínico, no tiene ningún pudor, se deja
grabar o fotografiar con el único criterio de que nada es secreto. Para
Jean Baudrillard es uno de los mejores ejemplos de lo que es el hiperrealismo,
es decir, la manifestación excesiva de algo que hace que lo real deje de
serlo. Baudrillard dice que “La sexualidad se encuentra en todas partes
menos en el sexo” (Baudrillard, 1990) y esta inspección
panóptica viene a dar cuenta de esto.
Cágome sobre la gente que huele a
humo o a loción o cualquier cosa, cágome sobre las mujeres bellas
y sobre las feas de cara angulosa y piernas zambas, sobre los hombres gordos,
sudorosos y sobre los fornidos, sobre los medium weight. Rizo la mierda
entre las ondulaciones del pelo, bajo los brazos y en el filo de las uñas
pintadas y bocas jadeantes. Cágome sobre los hombres de prolongado
cabello, sobre los senos cóncavos de las putas. Cágome,
también, sobre las drogas de los niños, cágome sobre el
alcohol y sobre la sobriedad, sobre los libertinos y los reservados, sobre los
neutros, sobre los que son y no son y yo digo: ¿”Sois de mierda
natural?” Cágome en los muslos de los que se imaginan una familia,
unos hijos (cágome sobre la familia y sobre los hijos) y también
sobre los que se imaginan su vida de aventura y viajes y bohemia y nihilismo. Y
una puta me dice: “Lee esto” y leo. Y dice:
“¡piérdele el miedo a la mierda!”. Y me bajo el
pantalón, frente a todos, ondulando mis nalgas sobre las narices de los
curas lujuriosos que cogen niños detrás del confesionario, y cago
y cago sobre este mundo. Cago como si de mí dependiera esparcir el acre
cereal de la angustia y la agonía...
Conclusiones
El estigma que carga la mujer asumida como ser erótico y que escapa
al dominio discursivo de lo que debe ser su condición sexual, se ha
convertido en un factor decisivo en la prácticamente inexistente libertad
sexual de la mujer. Una libertad sexual no personal sino que sea aceptada
socialmente. La interiorización de valores emanados socialmente es
determinante en la concepción del bien y el mal. Con lo cual los cambios
buscados en una sociedad llamada posmoderna (o desmoderna como la denomina Roger
Bartra) tengan que pasar por el filtro de la moral y las buenas costumbres
sociales, de ahí que luchas como la feminista, gay, anarquista, etc.
sufran descalificaciones por parte de la mayoría de la
población.
Los arquetipos de lo que es la Puta y la Prostituta contienen una carga
simbólica negativa para la mujer, y se convierten en adjetivaciones de
las cuales el género femenino busca completo alejamiento. La falta de
reconocimiento del erotismo femenino es un factor en la búsqueda de
nuevas manifestaciones que pretenden su búsqueda, ya sea como movimiento
social o a nivel individual.
A tus inferiores humíllalos, a tus
superiores cepíllalos, y cuando tus superiores caigan, dáles con
el cepillo en la cabeza que la lealtad es vicio de traidores.
Bibliografía:
- Bartra, Roger (1996) La jaula de la melancolía, Ed
Grijalbo, México
- Baudrillard, Jean (1990) La transparencia del mal, Anagrama,
España
- De Luna, Andrés (2003) “El cuerpo cínico, los usos de
la pornografía” en Revista La Tempestad, No 29,
México, pp. 18-21
- Lagarde y de los Ríos, Marcela (2003) Los cautiverios de las
mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, Ed. Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM), México, pp.
559-638
- Foucault, Michel (1992), Microfísica del poder, Ed. La
Piqueta, Madrid
[1] A grandes rasgos el biopoder son las
medidas de encauzamiento que establece el poder estatal para el control de la
población, dentro de esta categoría la función de la
sexualidad junto con la de salud cobran gran
relevancia.
[]
3 Asentamiento paupérrimo de Ciudad
Juárez donde usualmente son encontrados los cuerpos de mujeres,
víctimas del genocidio existente en aquella ciudad
fronteriza.