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Los piratas caribeños y mediterráneos en la historia y el arte

Alvaro Marín Marín[1], Maestría en Historia de México, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM 2002.
Presentación
Con la intención de ver publicado este interesante trabajo de Historia Social y Política Mexicana, lo entrego a la Dirección de Difusión de nuestra Casa de Estudios para que lo dictamine y, en su caso autorice su impresión y distribución, por tratarse de una investigación inédita y original sobre un tema poco tratado en la actualidad. Este es un aporte novedoso y significativo, pues suministra información no conocida y conclusiones originales.
La piratería como actividad ilícita fue apoyada de una u otra manera por los gobiernos de las naciones involucradas en ella, tanto activa como pasivamente, por lo que, mientras los piratas asaltaban, robaban, secuestraban y asesinaban en diferentes partes del orbe, los intelectuales más destacados de sus países de origen mantenían y justificaban ideológicamente el conflicto con producciones artísticas, jurídicas y políticas de gran calidad; por tanto rastreo el tema no sólo en la historia, sino también en la literatura, principalmente.
La actividad del pirata no es novedosa ni propia del ámbito hispano, si a escritura literaria sobre ella nos referimos, tenemos que remontarnos a Homero, primer artista occidental que la describe. También Boccaccio en la quinta jornada de su segunda novela menciona a la piratería.
Sin embargo, la piratería en el mundo hispánico del siglo XVI en adelante, fue seguida principalmente por escritores ingleses, franceses y holandeses del lado pirata o corso; siendo españoles los defensores del Imperio atacado, lo cual es lógico.
No obstante, con el paso del tiempo, la piratería dejó de ser un asunto de política internacional y se convirtió en un tema romántico de novelas de aventuras como la del inglés George Gordon (Lord Byron), en donde al hablar del corsario ya lo menciona como "una leyenda" en la que narra los amores de Gunara con Conrado, quien impide la expedición del Bajá turco Seyd quemándole las naves.
Lo mismo sucede con los versos de Espronceda, donde el corsario es español en lucha contra el ya muy poderoso imperio inglés del siglo XIX, y la ópera escrita y puesta en escena en 1848 por Verdi, quien siguió de cerca la obra de Byron en Il Corsaro. Robert Louis Stevenson y Emilio Salgari continúan con decoro esta tradición.
Para la primera mitad del siglo XX, la piratería se había transformado en asunto de importantes investigaciones históricas eruditas, como lo demuestran los libros de Paul Archard, L. Albitreccia, Martín Luis Guzmán, Germán Arciniegas y Salvatore Bono entre otros de los autores cuyas referencias mencionamos completas en la bibliografía.
La última mutación puede observarse cuando el tema entra en la cultura infantil de todo el mundo gracias a "la magia" del cine y la televisión, que lo transforman con ayuda del talentoso Walter Disney, en asunto de entretenimiento infantil.
No solo existieron piratas en el Caribe, sino también debemos hablar de los piratas del Mediterráneo, del norte de Africa, del Atlántico entre los siglos XVI y principios del XIX que atacaban buques y súbditos del Imperio Español. Todavía hubo filibusteros en el Caribe hasta muy avanzado el siglo XIX, porque los ingleses siguieron atacando a México y fomentando la sublevación maya con armas, municiones y dinero hasta 1890, cuando estas zonas ya no eran posesión del mencionado imperio. Los últimos filibusteros que invadieron México fueron los magonistas en 1911.


Conceptos fundamentales

Pirata: Tiene antecedentes en el latín y el griego, se traduce como bandido, persona que se hace a la mar para asaltar y robar por su propia cuenta los barcos que encuentra. (Gran Diccionario Ilustrado de Selecciones, tomo 9, p. 2976)
Corsario: Dícese de la embarcación que andaba al corso con patente del gobierno de su nación. 3 Marino que la mandaba o la tripulaba. Las actividades de los corsarios estaban reconocidas oficialmente en tiempo de guerra; en cuanto se rompían hostilidades, los marinos más audaces recibían de su gobierno la patente de corso que los autorizaba a perseguir las embarcaciones enemigas y apoderarse de ellas así como de las mercancías que transportaban. El derecho de corso degeneró muchas veces en piratería; fue abolido en 1856 por una declaración a la que se adhirieron casi todos los países, excepto E.U., España y México. 4 Pirata. (Gran Diccionario Ilustrado de Selecciones, tomo 3, p. 899)


Bucanero: Palabra de origen francés que empezó a utilizarse en la isla Tortuga, cerca de Haití. Los bucaneros eran empresarios independientes sin vínculos ni compromisos con los monarcas europeos, lo que los diferenciaba de los corsarios, socios menores de los reyes y nobles de su país.
"Su rey es su capitán y capitán el mejor cuchillo de la pandilla. Todo como entre hermanos. Cuando están en la isla se van a los montes a cazar puercos." La carne que comen la preparan secándola al sol y ahumándola "a la bucana".
"Los bucaneros hablan como en inglés, como en francés, como en holandés, como en español: anticipo del papiamento. "Vamos -dicen- a bucanear". Y bucaneando se pasan los días, las semanas, durmiendo en los montes, tirándose en la playa, en un alegre salvajismo. Es de rigor que nunca renueven el traje, si es que lo llevan, ni de las huellas de la sangre de los puercos, ni de la de los cristianos." ( Arciniegas, 2000, p. 177)
Filibustero: "Quienes viven más en el mar que en el monte se llaman filibusteros. En inglés a los corsarios se les llama "freebootes". Esta palabra, mezclada con un poco de ron de las Antillas, llega a trastocarse con el tiempo en "filibusteros".
Los bucaneros y filibusteros son piratas del viejo mundo que se encuentran mejor en las islas y resuelven tomarlas como su nueva patria. O sirvientes de los que traen los colonos de Francia, Inglaterra u Holanda." (Arciniegas, 2000, p. 178)
En la actualidad y por lejanía histórica con los acontecimientos del tema que nos ocupa, al común de las personas le parecen sinónimos perfectos las palabras pirata, corsario, bucanero y filibustero, lo que no es exacto, como observamos, aunque en este trabajo y para no recurrir con demasiada frecuencia al mismo término (pirata), lo que podría cansar a los lectores, me propongo usar indistintamente los cuatro conceptos porque en realidad las personas denominadas con ellos igual mataban, robaban, violaban y secuestraban gente inocente, sin considerar distinciones sutiles, importantes ahora sólo para los académicos que estudiamos el tema.
Metodología
Pudiera pensarse que la literatura y la historia no deben mezclarse en una investigación del tipo que nos ocupa pero, desde que se debilitaron las fronteras entre los géneros y los hermeneutas como Ricoeur nos impulsan a utilizar las fuentes literarias como una vía para comprender mejor la historia, es indispensable recurrir a la literatura. Gracias a ella, se pueden observar los valores de la época, el desarrollo de tramas narrativas que representan el ambiente político y social del momento así como el conocimiento detallado de las personas, las modas en el vestir, los muebles, las armas, las estrategias de combate, los tipos de navíos usados y mucho más.
Elaboraré mi narración usando las fuentes literarias como si fueran históricas y las utilizaré de sustento y cemento de los datos cronológicos para darle mayor realismo y viveza, en cuanto sea posible y exista el material adecuado; en ocasiones, sólo citaré a los escritores que traten el tema, aunque sólo fuese de modo tangencial.

Para comprender de "otro modo lo mismo", me propongo aplicar la teoría de los sistemas complejos cuyos doce enunciados principales fueron tomados de la obra de dos médicos (Cereijido y Cereijido 1997, p. 130-131), pero se utilizaron por primera vez en la investigación histórica hace ya varios años por un académico de la Universidad Pedagógica Nacional. Después de cada enunciado en negritas, los párrafos siguientes funcionarán como explicación y argumentación, lo que al mismo tiempo me sirvió para definir el capitulado:
1.- Los sistemas complejos tienen un número muy grande de componentes
2.- Son muy heterogéneos
3.- Sus procesos no son lineales ni equilibrados
4.- Tienen procesos de distinta naturaleza al mismo tiempo
5.- Un parámetro puede estar afectado por múltiples causas
6.- Una misma causa puede provocar multitud de efectos
7.- A lo largo de una crisis cambian su estructura y función
8.- Están estructurados en niveles jerárquicos y cada uno tiene una organización significativa
9.- La descripción de cada nivel requiere disciplinas y leyes especiales
10.- Las estructuras son configuraciones pasajeras que adoptan los procesos
11.- Los procesos siempre hacen crisis
12.- Los procesos interaccionan fuertemente con el medio.


Interpretación y comprensión
"El vínculo entre interpretación y comprensión, asumiendo que esta última significa "entenderse unos con otros", admite - según Paul Ricoeur- un matiz que ya no reduce la comprensión al reconocimiento de la intención de un autor desde el punto de vista de los destinatarios del discurso: "La interpretación no es un tercer término, ni es, como intentaré demostrar, el nombre de la dialéctica entre la explicación y la comprensión. Es la comprensión aplicada a las expresiones escritas de la vida."( Rico Moreno, 2000, p. 41-42.) La interpretación que hago ahora, se basa en los libros citados en la bibliografía, leídos desde mi propia perspectiva, conforme a la teoría de los sistemas complejos o del caos, la cual puede explicar mejor, desde mi punto de vista, el fenómeno social, económico y político de la piratería.
Representación
"La cercanía de la historiografía con la literatura y su semejanza con la obra de arte permiten reconocer dos elementos que justifican su definición como "representación: la "lingüisticidad" y el carácter de la representación en el sentido de repraesentare; es decir, no como el acto de copiar o de reproducir, sino de hacer presente lo que ahora ya no es (los hechos humanos del pasado)." (Rico Moreno, 2000, p. 46-47) En el caso del tema que nos ocupa, los piratas caribeños y mediterráneos en la historia y el arte.
La teoría de los sistemas complejos me parece más "explicativa" que la lógica tradicional de causa / efecto pues, como nos lo demuestran los fenómenos mismos, la no linealidad es propia de procesos con más de tres elementos, lo que evidentemente ocurrió en el Mediterráneo y el Caribe por cuatro siglos, respecto a la piratería.
Historiografía
"Puede ahora precisarse que la historiografía es un tipo de representación de acontecimientos humanos del pasado (acontecimientos reales) por medio del lenguaje escrito, y cuya naturaleza se define por la forma en que se integran en ella la temporalidad y la narratividad, lo que resulta en una simbolización de la temporalidad. Dicha representación consiste en la configuración de totalidades significantes a partir de eventos dispersos. Es pertinente señalar entonces que en el quehacer del historiador hay un nivel de interpretación (de los testimonios) mediante la cual otorga una significación a los eventos dispersos; éstos, al ser relacionados y configurados en totalidades significantes, dan lugar a una representación del pasado por medio del lenguaje escrito. En este sentido, sería justificado hablar de cambios de interpretación cuando el historiador se acerca a los textos que hablan de un acontecimiento con una actitud interrogadora distinta a la de otros historiadores de otras épocas." ( Rico Moreno, 2000, p. 54-55).
Mi interpretación del tema no será por tanto caracterizar a los piratas como los héroes de la saga anglosajona, ni como los asesinos de las historias españolas y criollas, sino como participantes de un complicado juego entre varias potencias europeas, principalmente, en donde los resultados nunca producían un sistema de suma cero, sino situaciones novedosas e inesperadas. Iniciemos ahora el trabajo sobre el tema que nos ocupa desde la perspectiva mencionada.


1.- Los sistemas complejos tienen un número muy grande de componentes

Desde 1492 Colón refiere la aparición de corsarios franceses cerca de las islas Canarias durante su primer viaje; (Santiago Cruz, 1962, p. 13) si entendemos que la motivación más importante de estas personas era la económica, es lógico pensar a los piratas y similares como un síntoma de riqueza. Sencillamente no había bucaneros y filibusteros donde no hubiera nada que robar, en cambio donde estos abundaban, seguramente existían riquezas, una sofisticada vida urbana, sociedades complejas, grandes aglomeraciones humanas y muchas tentaciones para quienes deseaban salir de pobres en un tiempo razonable.
Podría decirse que casi cada pueblo mediterráneo practicó el pillaje como una manera de allegarse recursos e iniciar su comercio marítimo: “Las operaciones a furto (de corso) crearon una rica burguesía sevillana durante el siglo XV. Vicente Yánez Pinzón pirateaba en las aguas del estrecho de Gibraltar e inclusive llevaba sus correrías a las costas catalanas. De la misma manera, corsarios y piratas catalanes rescataban esclavos donde podían.
Estas actividades lucrativas eran legales; pero en 1496 Fernando el Católico las prohibió y el corso ibérico quedó así paralizado hasta la muerte de Carlos II el hechizado” (Ortega y Medina, 1981, p. 138) .
De este modo, Cristóbal Colón llegó a América con la ayuda y apoyo de capitanes y tripulaciones corsarias, en una época en que la prohibición de esta actividad en España obligó a sus practicantes a buscar la integración pacífica en actividades similares, pero que de cierto modo, desprotegió un flanco de la defensa hispana respecto de otras naciones que no tomaron la misma determinación.
La fórmula para enriquecerse a costa de los españoles en el siglo XVI era sencilla y se practicó por siglos: había que llevar contrabando a las colonias y traficar esclavos a la ida; y si en el torna viaje se podía asaltar alguna población costera o capturar algún barco de pasajeros o carga, para pedir rescate por las personas y el navío, mejor.
Los conquistadores, traficantes de esclavos, soldados, misioneros y comerciantes proporcionaron a los primeros capitalistas de Europa lo que tan desesperadamente necesitaban para su propio desarrollo: - extensos territorios, materias primas, metales preciosos y abundante trabajo barato: los requisitos de la "acumulación primitiva". La propia Europa era más bien pobre en esos requisitos básicos del capital. Africa, Asia y América los ofrecían en abundancia.
El tráfico de esclavos fue la forma en que llegó a Africa el
capitalismo (Hosea Haffe, 1976, p. 131,132 y 133).

Otro motor fundamental de la piratería y el corso fue la pobreza y el subdesarrollo industrial y tecnológico de países como Inglaterra y Francia, así como la determinación del rey francés Francisco I (1515 - 1547) y sus similares en Inglaterra y Holanda, de no quedar fuera del reparto del mundo entre portugueses y españoles, hecho por el Papa de origen español Alejandro Vi, mediante la famosa "Bula Alejandrina", así como por el documento que la perfeccionó pocos años después en el Tratado de Tordesillas.
Francisco I rey de Francia durante la primera mitad del siglo XVI, tenía incluso motivos personales para odiar a los españoles, pues había sido hecho prisionero después de la Batalla de Pavía (1525) y se le mantuvo como rehén en Madrid hasta que sus emisarios pudieron entregar una cuantiosa suma a modo de rescate por su real persona.
De regreso en París, este monarca comenzó a buscar dinero en donde lo hubiera, pero el tesoro francés estaba quebrado y lo último que hubiese podido existir se había entregado para salvarlo. Francia era un país muy pobre y en bancarrota con un rey joven sediento de venganza, ¡Dinero, pide el rey, dinero! Por lo que exigió ver el testamento de Adán donde se le dejaba fuera del reparto del mundo, para respetar la decisión del Papa quien favorecía a los españoles y portugueses. (Arciniegas, 2000).
Adicionalmente debemos ver a la piratería como otra forma de guerra; Braudel habla de la "gran guerra" o guerra donde participan flotas enormes, se gastan millones en la preparación, traslado y manutención de los ejércitos, compuestos por miles de hombres; y de la pequeña guerra o guerra del corso; más barata al Estado, irregular, no coordinada, pero constante, dolorosa en vidas, cara para las víctimas. Podría hablarse aquí de una forma primitiva de guerrilla marítima. En vista de que Francisco I no tenía efectivo para financiar grandes guerras, se conformaba con facilitar unos cuantos navíos a varios de sus menos escrupulosos ciudadanos y mandarlos al pillaje. "¡Vale más conformarse con las sobras del festín que no tener nada!" (J. y F. Gall, 1978, p. 51).
Varios monarcas de la época, consideraba a Carlos I de España y V de Alemania (1519 - 1553), como un hombre injustamente favorecido por la fortuna. Nieto de los reyes católicos españoles y del Emperador alemán Maximiliano, recibió a la muerte de sus abuelos el dominio de extensas posesiones europeas que abarcaban el gobierno de vastos territorios y millones de hombres que se expresaban en cuando menos doce lenguas diferentes.
Por otra parte, a los dos años de haber recibido herencias tan cuantiosas, unos pequeños grupos de aventureros ibéricos, pusieron en manos del monarca nacido en Holanda, quien tuvo que empezar el aprendizaje del español cuando se hizo cargo de sus dominios occidentales, los extensos territorios caribeños y americanos, aumentados en el siglo XVII con los dominios de las islas del Pacífico oriental. De tal modo se configuró el "Imperio donde nunca se ponía el sol", y por esta causa los restantes países europeos sintieron que debían competir, aun en desventaja inicial, por apoderarse cuando menos en parte, de tan vastas riquezas.

El primer escenario de la lucha contra España fue el Mar Mediterráneo y el Atlántico norte; los españoles llamaban corsos a los musulmanes berberiscos del norte de Africa y piratas a los franceses, ingleses y holandeses del Atlántico.
Los piratas franceses estaban tan al día en su negocio que ya en 1521 capturaron dos barcos españoles procedentes de Cuba en el Caribe, y un año después atraparon frente a las Azores, dos carabelas que Cortés enviaba a su Emperador. De este modo, en la corte de París se pusieron al tanto de las riquezas de México, pues tuvieron a la vista las joyas, las telas bordadas, las obras de arte plumario con que el conquistador pretendía halagar a su soberano. El botín estaba compuesto de:
"...muchas piedras finas y una esmeralda como la palma de la mano; una vaxilla de oro y plata en tazas, jarros, escudillas y otras piezas, vaciadas unas como aves, otras como peces, otras como animales, otras como frutas y flores, y muy al vivo: muchas manillas, zarzillos, sortijas, bezotes o anillos que los indios traían pendientes del labio inferior, derivado de él el término bezo, y joyas de hombres y mujeres, algunos ídolos y cervatanas de oro y plata, todo lo cual valía más de ciento y cincuenta mil ducados, además de esto, llevaban muchas máscaras, mosaycos de piedras finas pequeñas con las orejas de oro, los colmillos de hueso, muchas ropas de sacerdotes gentiles, frontales, palios y otros ornamentos de templo texido de plumas, algodón y pelos de conejo, huesos de gigantes que se hallaron en Culhuacán y se han visto y hallado otros muchos en la Diócesis de Puebla, lo que parece prueba, que es cierto, que los tlaxcaltecas mataron hombres gigantes..." (Hernán Cortés en: Santiago Cruz, 1962, p. 14 - 15).
Los historiadores consignan como "extraña" la reacción de Cortés, cuando se le informó que el pirata Jean Fleury o Juan Florín en pronunciación hispanizada, se había apoderado de los regalos del emperador Carlos V.
El conquistador dijo que se alegraba de tales acontecimientos, porque así los enemigos de España se darían cuenta del poder y la riqueza de su emperador, por la valía de "esas pequeñeces", de las que él podría mandarle ciento.
El emperador por su parte ordenó que Juan Florín fuera capturado y ejecutado en donde se le encontrara, no por ladrón, sino por falta de respeto a su alta investidura.
Juan Florín de la Rochela siguió sus depredaciones antiespañolas en el Mediterráneo y el Atlántico hasta 1527, cuando fue capturado por Martín Pérez de Irízar, quien se negó a recibir un soborno de 300,000 ducados de oro en efectivo, a cambio de respetar su vida y dejarlo ir.
Pérez de Irízar informó la captura de Fleury o Florín directamente a su emperador, con el dato adicional de que se le atribuían más de 150 asaltos a naves españolas, a vuelta de correo se le ordenaba ahorcarlo de su propio mástil con los más destacados de sus colegas, por lo que Michel Faré y otro de apellido Mezieres tuvieron el honor de acompañarlo en su viaje al más allá (Santiago Cruz, 1962, p. 15 y 16).
No se supo bien a bien quien atacó Ibiza en agosto de 1536, porque entonces los piratas aún no se mostraban abiertamente en sus acciones y disimulaban su comportamiento agresivo e ilegal, posiblemente por resquemores de moral religiosa, atribuyendo a los musulmanes norteafricanos la autoría de los latrocinios y abusos de cristianos franceses contra cristianos españoles, cosa que no sonaba muy legítima en los oídos del pueblo bajo.
Los españoles sospecharon que habían sido atacados por franceses disfrazados de moros porque, al hacer el recuento de las pérdidas, notaron que faltaban unos chorizos, tocinos y varias piernas de jamón, comida muy popular entre cristianos (Braudel, 1997, tomo II, p. 288).



2.-Los sistemas complejos son muy heterogéneos

Emilio Zolá y José de la Peña citan a un cronista español a principios del siglo XVI que analiza el origen étnico de los habitantes de Argel, ciudad y reino que vivía del corso contra los españoles en el Mediterráneo:

"No hay nación de cristianos en el mundo de la cual no
haya renegado y renegados en Argel. Y comenzando
de las remotas provincias de Europa, hallan en Argel
renegados moscovitas, roxos (¿rusos?), rojaianos
[sic], válacos, búlgaros, polacos, húngaros, bohemios,
alemanes, de Dinamarca y Noruega, escoceses,
ingleses, irlandeses, flamencos, borgoñeses,
franceses, navarros, vizcaínos, castellanos, gallegos,
portugueses, andaluces, valencianos, aragoneses,
catalanes, mallorquines, sardos, corsos, sicilianos,
calabreses, napolitanos, romanos, toscanos,
genoveses, saboyanos, piamonteses, lombardos,
venecianos, esclavones, albaneses, bosnos,
arnautes, griegos, candiotas, chipriotas, surianos,
y de Egipto, y aún abisinios del Preste Juan e indios
de las Indias del Portugal, del Brasil y de la Nueva
( Zolá y de la Peña, 1996, p. 53) España".

Gracias a la imaginación de Cristóbal Colón, se crearon los incentivos materiales para que gente menesterosa de Europa, que se contaba por decenas de miles, se animara a cruzar el Atlántico en busca de fortuna. Si era cierto que en América tropezabas con piedras de oro que nadie quería y El Dorado estaba al alcance de la mano, si bastaba estirarse un poco para tomar perlas, piedras preciosas, maderas finas, pues adelante.
Francisco I de Francia hace saber a todos sus marinos que serán bien vistos quienes se aventuren en el Caribe y recibirán protección en cualquier territorio francés siempre que paguen el diez por ciento al monarca. Es una idea simple pero rentable: se ofrece protección a cambio de dinero.
Con entusiasmo inaudito se reúnen grupos de quince a cincuenta hombre que abordan barcos mercantes de diferentes tamaños, buques de pesca, pequeñas embarcaciones; muchos de ellos no han navegado nunca pero sienten que el dinero y la gloria están muy cerca y cualquiera puede enriquecerse.
Atravesar seis mil quinientos kilómetros de mar, sin posibilidades de escalas para abastecimientos a fin de llegar a una zona hostil donde es casi seguro que serán colgados después de la tortura no los desmoraliza. El movimiento empieza; pronto es incontenible, aunque muchos no regresen a Francia y la mayoría muera en el viaje de ida o en su destino (J. y F. Gall, 1978, p. 52).
Pocos años después, los bucaneros de diversas nacionalidades europeas se asentaron en la isla Tortuga, ubicada a unos diez kilómetros de la costa norte de Haití, frente al actual Port de Paix, la cual recibe este nombre por su peculiar forma que recuerda el caparazón de un quelonio; mide cuarenta kilómetros de largo por siete de ancho.
También fueron colonizadas por esta gente la isla de Jamaica, la de Saint Tomé, Barbados, San Vicente, Grenada, Martinica, Guadalupe, Antigua, Anguilla, Caicos y Nassau entre otras. Los piratas consintieron que se establecieran allí de forma permanente, grupos de colonos dedicados a la agricultura, las artesanías y el comercio. Estos eran la base social indispensable para el apoyo material de los filibusteros, quienes a su vez, enriquecieron rápidamente a estas pequeñas sociedades con el producto de sus correrías. La forma normal de convivencia entre pacíficos habitantes y piratas o corsarios puede ser observada en una expedición cuya historia fue escrita por un anónimo inglés donde se dice lo siguiente:

Era una delicia cotidiana para los ojos, para el olfato y para el paladar el sentarse a la mesa. Allí estaban las mejores uvas, los mejores duraznos, los mejores higos, las mejores naranjas que la tierra produce.
Junto con la equitación, los desafíos, las tabernas y el paseo de los uniformes, a los ochenta expedicionarios del Dos Amigos les llovían en Madera los entretenimientos. Subían y bajaban por las calles del puerto en busca de caras bonitas, iban de visita al monasterio de los frailes dominicos, que los acogían con benevolencia y aún los invitaban a comer, y de noche escandalizaban y conspiraban.
(Martín Luis Guzmán, 1995, p. 1128 y 1129)

Como ganancias adicionales al corso mismo, podemos decir que los ingleses iniciaron su marina de guerra y entrenaron a su personal militar y político en los asaltos caribeños a las flotas españolas, así como en las travesías de circunnavegación, valga el ejemplo de Drake, donde las escalas obligadas siempre eran para asaltar poblaciones españolas de cualquier continente.
El currículum de un Lord del siglo XVI se formaba de la siguiente ilustrativa manera: "biografía de míster Rous: del barco pirata a la cárcel de Santa Marta, de la cárcel de Santa Marta a la de Cartagena, de la cárcel de Cartagena de Indias a la de San Lúcar en España; de la cárcel de San Lúcar al Parlamento de Londres". (Arciniegas, 2000, p. 175).
Por varios siglos, los franceses compitieron fuertemente con los ingleses en capacidad de rapiña y crueldad antihispana. Para 1537 el Mar de las Antillas ya estaba lleno de piratas franceses, por lo que se formaron las primeras grandes flotas españolas para la protección de los cargamentos, lo cual no sirvió demasiado pues en 1540 los franceses se atrevieron a más y asaltaron San Germán de Puerto Rico, tomando al año siguiente la isla Burburata.
En 1544 se reportaron ataques franceses en Cartagena de Indias y Santa María de los Remedios Colombia, y dos años más tarde, los franceses asaltaron la Villa de Baracoa.
Para 1552 ya se habían establecido dos escuadras españolas permanentes para la protección de las flotas interoceánicas, una surta en Sevilla y otra en Santo Domingo. Entre 1553 - 1559 Francisco Leclerc alias Pata de Palo, Jacobo de Sores o Jean de Soria y Robert Blondel asaltaron con seis navíos y cuatro pataches Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba (Santiago Cruz, 1962, p. 18).

No obstante la ventaja y experiencia inicial de los franceses, pioneros en la lucha pirática contra el imperio español, los ingleses pronto se pusieron a la vanguardia gracias al apoyo político, militar, económico y diplomático de su reina Isabel I, quien los gobernó entre 1558 y 1603. La reina no sólo propició los ataques de Hawkins y Drake a los españoles en cualquier parte del mundo en que se encontraran, sino que les dio barcos y dinero, desoyendo los consejos de nobles, hechos al antiguo estilo, quienes con una moral más medieval, consideraban que no era de "caballeros" eso de andar asaltando a los vecinos donde se les encontrara.
Sir John Hawkins viajó por iniciativa propia a las Antillas españolas en 1562 donde vendió negros a los colonos ibéricos en cien ducados cada uno, al tiempo que compró azúcar y cueros para revenderlos en su país de origen, con lo que hizo un gran negocio (Santiago Cruz, 1962, p. 20 y ss.). En 1564 la reina Isabel I se asoció con Hawkins y le dio el barco Jesus of Lübeck de setecientas toneladas, el más grande de Inglaterra, además de que le apoyó para que se asociara con importantes capitalistas de la City londinense, quienes le proporcionaron los barcos Minion, Angel, Swallow y la Judith, una pequeña galera de cincuenta toneladas que Hawkins confió en su tercer viaje a su joven sobrino de veintidós años Francis Drake, aparente polluelo del que saldría un halcón de la guerra o un dragón como le puso Lope de Vega, en vista de las depredaciones y daños que causó al imperio español (De Jarmy Chapa, 1983, p. 85).
Drake era un hombre "de mediana estatura, rubio, más bien grueso que enjuto, alegre, prudente. Manda y ordena imperiosamente, siendo temido y obedecido por sus hombres. Castiga con resolución. Agudo, inquieto, correcto en la palabra, inclinado a la generosidad y a la ambición, vanidoso, jactancioso y no demasiado cruel" (Santiago Cruz, 1962, p. 17).
3.- Los procesos de los sistemas complejos no son lineales ni equilibrados

Según las historias tradicionales publicadas en la península Ibérica, cuando a los reyes católicos se les ocurrió unificar su naciente país bajo el signo de la cruz y ordenaron la expulsión de miles o cientos de miles de peninsulares de credo musulmán o judío, prácticamente no pasó nada. Conforme a la historia "tradicional española", los reyes ordenaron, dieron plazos de término fatal, los españoles de religión minoritaria obedecieron de grado o por fuerza y fin del asunto.
Sin embargo, investigaciones actuales, mucho menos prejuiciadas por el hispanismo sólo católico, como la ya citada de Sola y de la Peña, mencionan que miles de migrantes españoles y portugueses se asentaron en la costa norte africana y se mezclaron con los pobladores magrevíes de mayor antigüedad.
A los moros, moriscos y judíos españoles hay que agregar la migración de valencianos, aragoneses catalanes y mudéjares, así como la de los italianos de diferentes ciudades, quienes por entonces eran también súbditos del Imperio Español. Los españoles de religión musulmana, judía o de apariencia oriental que fueron expulsados tenían una cultura superior y niveles de vida muy elevados, por lo que al llegar a la costa norte de Africa se encontraron poblaciones muy pobres y rudimentarias en su tecnología que los recibieron bien aceptándolos en la escala superior de su sociedad.
De tal modo, un poderoso motor del corso antihispánico fue la injusticia de desposeer y desplazar por motivos religiosos a miles de familias quienes desde nuestra perspectiva actual tenían todo el derecho de ciudadanía española y con razón se sintieron agraviados en su persona y cultura, por lo que respondieron con ira, rencor y violencia proporcional a la que se les hacía.
Por tanto, muchos de los berberiscos con nombres árabes que atacaron con fiereza y denuedo al Imperio Español en todos los frentes y de todas las maneras posibles fueron originalmente católicos, de nombre europeo y tez blanca que "renegaron" en vista de los acontecimientos y trataron de adaptarse con éxito, a la sociedad que los recibía sin prejuicios ni trámites.
Personalidades notables de este origen citadas por Sola y de la Peña fueron: Mami Chaya, segundo en el gobierno de Euchalí en Argel, con parientes en Valencia y en Marsella; Hasán Bajá o Hasán Veneciano, otro gobernante de Argel con parientes al norte de Italia, como lo indicaba su apodo, la consuegra de Hasán Bajá era una mallorquina cautivada en 1529, lo mismo que la suegra del alcaide Rabadán de Argel, o doña Mencia de Monroy, esposa de uno de los Xarifes de Marruecos (Sola y de la Peña, 1996, p. 64 - 65).
Desde esta perspectiva, lo que durante muchos años pareció un ataque de extraños enemigos al Imperio defensor de la cristiandad, se convierte gracias a las nuevas interpretaciones historiográficas en una lucha de "las dos Españas", la España católica defensora del honor de los nobles y los privilegios de la monarquía, contra la España plebeya, quien responde con las armas en la mano en lucha por los derechos de ciudadanía, por la tolerancia y las libertades populares.
La España mojigata que prohibía el uso de joyas y vestidos ostentosos, al tiempo que proclamaba la religiosidad y el honor como el fundamento de una vida "políticamente correcta", tuvo que vérselas con la España que deseaba "progresar", que detestaba los estamentos feudales y la pirámide social estática de una vez y para siempre, la monotonía de los rezos en una sola lengua y un solo sentido, que deseaba bailar, emborracharse y divertirse sin inquisiciones que indagaran, supervisaran y prohibieran, que castigaran y reprimieran. Así lo entendió Antonio de Sosa cuando escribió que en la sociedad norteafricana "no se valora la honra: Entre ellos no hay preeminencias de honra... tan bueno es Pedro como su amo y no vale ninguno más de lo que tiene."[Principio burgués por excelencia] (Sola y de la Peña, 1996, p. 60).
Los españoles del pueblo, que podían ser cristianos, moros, moriscos, o judíos buscaban en el norte de Africa la libertad del cuerpo, lo que significaba "poder comer mejor, medrar económicamente, permisividad sexual, la posibilidad de tener varias esposas y hasta algún bardaj (amante homosexual joven), ascender en la escala social en un grupo humano cosmopolita en el que un llegado de fuera podía detentar cotas importantes de poder, incluso si era de origen humilde. Realmente era tentador" (Sola y de la Peña, 1996, p. 210).
Durante siglos estas dos Españas habían mantenido un equilibrio inestable pero duradero, sin embargo, la decisión de los reyes católicos tuvo consecuencias desastrosas para el naciente Imperio, las cuales, finalmente lo llevaron a la ruina.
Los corsarios berberiscos se aliaron al gran Imperio Otomano y consiguieron su protección al aceptar rendirle vasallaje al Emperador y pagar puntual y fielmente sus impuestos.
También se comprometieron a participar con todos sus recursos materiales y humanos en cualquier combate contra España al cual fuesen requeridos con tiempo. A cambio, se les reconocieron a sus líderes como pachás norteafricanos, jefes políticos y militares de esa zona del Imperio, por tanto, bajo protección de los jenízaros turcos, militares valerosos de bien ganada fama.

"Que Valencia se encuentre amenazada, que Nápoles se vea bloqueado (en julio de 1561, 500 hombres no pueden pasar de Nápoles a Salerno debido a los corsarios), que Sicilia y las Baleares se encuentren cercadas, son todas circunstancias que pueden explicarse desde un ángulo geográfico, dada la proximidad al Africa del Norte de todas estas regiones meridionales. Pero sucede que los corsarios también llegan a las costas del Languedoc, de Provenza y de la Liguria, regiones, todas ellas, bastante tranquilas hasta entonces. Cerca de Villafranca, el duque de Saboya estuvo a pique de caer en sus manos en junio de 1560." (Braudel, 1997, tomo II p. 306)
Los imperiales españoles por su parte, tampoco estaban dormidos y luchaban contra los "renegados" y los turcos con todos los recursos a su alcance, desde la "gran guerra" o guerra formal, promovida y encabezada por don Juan de Austria en el Mediterráneo oriental, hasta el terrorismo de estado muy adentro del territorio enemigo, como sucedió cuando el espía español Juan Curenzi, empleado del duque de Terranova, Virrey de Sicilia, hizo explotar el polvorín otomano en la misma Constantinopla, durante el verano de 1574 (Sola y de la Peña, 1996, p. 90 -91).
Las autoridades españolas se hicieron de otro poderoso enemigo cuando, en 1563 John Hawkins fue a vender negros de Guinea a las Antillas y se le decomisaron sus propiedades, a causa de las leyes monopolísticas hispanas, arruinándosele el negocio. Por supuesto que no defendemos el tráfico de esclavos pero, en ese momento existía y los españoles deseaban controlarlo ellos solos. Hawkins hizo cuatro viajes a América y casi cada uno de ellos, fue de consecuencias fatales para el gobierno español.
Durante el tercer viaje que empezó el 2 de octubre de 1567 cuando John Hawkins salió de Plymouth; contrabandeó en Tenerife el 23 de octubre, costeó Africa para cazar negros y llegó a Dominicana donde compró agua, carne y fruta. Forzó el comercio en Río Hacha amenazando a sus habitantes con cañonear la población si no le compraban sus negros, de los que vendió 200 a muy buen precio, pues nadie le regateó. También comercializó tejidos de algodón. Lo mismo sucedió en Santa Marta. En julio de 1568 quiso comerciar en Cartagena de Indias pero fue rechazado a cañonazos por la autoridades, aunque logró desembarcar lejos de la fortaleza y convocó a la población, gracias a lo cual logró vender cincuenta esclavos, algunos de ellos enfermos, y muchos textiles, a cambio compró agua, vino, miel y aceite.
Hawkins pretendió navegar hacia Cuba, pero una tempestad al oeste de la isla lo acercó demasiado a Veracruz, por lo que decidió comerciar en México, como había hecho antes en Sudamérica.
Las autoridades españolas lo dejaron entrar a la bahía porque esperaban la llegada del Virrey Martín Enríquez de Almanza para el quince de septiembre de 1568, Hawkins entró primero y se estacionó en la isla de Sacrificios donde se hizo fuerte y amenazó con atacar a la población si no se le daban agua y alimentos.


El Virrey estaba en una situación comprometida pues no podía empezar su gobierno dejándose vencer por un pirata, así que espero a que los ingleses bajaran la guardia y, el 22 de septiembre por la noche, los españoles atacaron los barcos y la isla con ciento treinta arcabuceros que los abordaron incendiando el Minon, apoderándose del barco de la reina Isabel I, el Jesus of Lübeck, además de hundir a la vista de toda la población que les aplaudía y estimulaba con silbidos y ruidos de trompetas y timbales desde la orilla, los buques Angel y Swallow (Santiago Cruz, 1962, p. 30 y ss.).
Ante la evidencia de la derrota y la humillación de los aplausos y silbidos jarochos, que nunca olvidarían, Francis Drake, de mucho renombre y fama de valiente adquirida después con gente menos combativa y experta que los marinos campechanos y veracruzanos que los acosaban, huyó en la madrugada del 22 de octubre en la goleta Judith, dejando abandonado a su tío (De Jarmy Chapa, 1983, p. 87).
Cuando Howkins observó que su sobrino había escapado sin previo aviso, comprendió que estaba perdido, por lo que huyó en el Minion aún en llamas con un patache de acompañamiento pero los novohispanos lo alcanzaron y lograron hundirlo.
La tripulación de Hawkins estaba desmoralizada y desconcertada, pues nunca habían encontrado tal resistencia en otras partes del imperio, ni la gente había luchado con tal determinación y con la actitud carnavalesca de estarse matando y hacer bromas, cánticos y bailes al mismo tiempo, bajo las llamas y explosiones de sus naves de guerra, que tomaban como fuegos de artificio en día de fiesta.
Se dice que hubo una fuerte discusión en el único barco inglés sobreviviente; posiblemente temerosos de ser alcanzados en el mar por estos aguerridos soldados novohispanos, ciento catorce hombres de su tripulación,”los que menos hacían falta” fueron desembarcados cerca de Tampico, mientras los demás le rogaron que regresara lo más pronto posible a Inglaterra (Lourdes de Ita, 2001, p. 153).
El 10 de octubre de 1568, Hawkins aceptó abandonar a sus hombres en la costa mexicana y salió apresuradamente a Plymouth, a donde llegó los primeros días de febrero de 1569. El 15 de octubre, las tropas coloniales capturaron a setenta y ocho fugitivos ingleses, quienes fueron entregados al Tribunal de la Santa Inquisición de México, donde se les juzgó como herejes, protestantes o luteranos, no como piratas, porque entonces era menos grave robar que desconocer el Padre Nuestro (De Jarmy Chapa, 1983, p. 87).
Los pocos que renegaron de sus creencias religiosas fueron solamente ahorcados, mientras que los obstinados supieron lo que era ser quemados en leña verde. Los treinta y seis que no llegaron a la Santa Inquisición fueron cazados como animales por los habitantes de la costa, asesinados con cuchillos, palos, piedras o sogas, mientras que una minoría murió tranquilamente de paludismo (De Jarmy Chapa, 1983, p. 87).
Según la investigación más actual sobre el tema, realizada por la doctora De Ita Rubio, no todos los ingleses murieron de inmediato, sino que algunos se integraron a la población local ya sea entre tribus indígenas o gente mestiza, incluso menciona que al menos dos de ellos: Miles Philips y Job Hortop, lograron llegar a Inglaterra después de muchas peripecias y años en el extranjero, por lo que pudieron narrar sus desventuras en un libro colectivo que contribuyó poderosamente a difundir la leyenda negra de los españoles (Lourdes de Ita, 2001).




El pobre de Hawkins quedó tan escamado de su aventura mexicana, que tardó veintiséis años en animarse a salir de nuevo contra el Imperio español, dejando mientras tanto la estafeta a su sobrino, quien había demostrado méritos piratescos suficientes a ojos de sus iguales y de la reina misma que confiaba en él.
Hawkins murió como buen pirata en la zona del Caribe el siete de septiembre de 1595; su sobrino lo alcanzó en el más allá el 28 de enero de 1596.












4.-Los sistemas complejos tienen procesos de distinta naturaleza al mismo tiempo

Quienes piensen que los piratas solamente asaltaban sin ninguna consecuencia posterior olvidan que, los capitanes dedicados a tan peligroso oficio eran en ocasiones gente de muy alto nivel social en sus países, con una cultura e inteligencia excepcionales y que si bien salían a causar todo el daño posible al imperio español, siempre estaban alerta de las oportunidades que pudieran surgir en el trayecto, como ocurrió el 20 de marzo de 1579 en el Golfo de Nicoya cuando Drake capturó una nave entre cuyos documentos encontró las cartas de la ruta Manila Acapulco, o cuando el mismo Francis Drake atacó el Puerto de Cádiz en 1587; y a su regresó a Inglaterra capturó la nave portuguesa San Felipe entre cuyos papeles halló la clave del comercio portugués con el oriente, esto es, rutas, tiempos de recorrido, puertos principales, datos políticos sobre las costas para una navegación segura, de esta información salió el plan para fundar la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, es decir el Imperio Inglés. Posiblemente sin estos datos, la conformación del Imperio habría llegado más tarde o nunca, por lo que podemos afirmar que, gracias a una inesperada y afortunada casualidad, los marinos ingleses lograron apoderarse de una información valiosa que nada o casi nada les costó. Así, al tiempo que se asaltaban las naves para robar literalmente todo su contenido, también se asesinaba a la tripulación o a los pasajeros que pudieran causar problemas, mientras se seleccionaba a las personalidades notables para secuestrarlas y pedir rescate, se hacía uso de toda la información técnica o científica, controlada entonces por los peninsulares, y se copiaban los diseños de las naves, las armas, los instrumentos de navegación y todo lo que fuera de utilidad, al tiempo que los embajadores de la reina de Inglaterra y toda su burocracia estaban dispuestos a ayudar, apoyar y encubrir mediante todos los recursos posibles las actividades piráticas de sus súbditos. Cuando en 1588 la Armada Invencible fue derrotada frente a las costas de Holanda, se desataron las fuerzas que andando el tiempo terminarían con el Imperio español. A partir de ese momento, España entró en un lento pero perceptible declinar que es aprovechado de inmediato por sus enemigos quienes día a día cobraban mayor fuerza y se atrevían a más. De este modo, en julio de 1596 una flota inglesa se apoderó de Cádiz, ciudad y puerto que fue saqueado durante 10 días.
En 1598 Félix Lope de Vega y Carpio, el Fénix de los ingenios del siglo de oro español ya había terminado La Dragontea, poema heroico narrativo en diez cantos, escritos en octavas reales cuyo tema son las aventuras de Francis Drake el "dragón inglés", que había asolado el imperio español hasta su muerte
Lope de Vega hacía no sólo arte, sino también política de Estado e historia cuando escribió:
¿No basta de Mahoma el señorío
que causa a Italia, a España tal desve
[lo?
¿También quieres que crezca y se derrame
la vil simiente de Lutero infame?
Mira las almas que perdidas lloran
Italia triste, España miserable,
cautivas de los bárbaros que adoran
la rapiña de cuerpos lamentable.
Los cuatro que en Argel corsarios mo
[ran
con daño mío y perdición notable,
Chafer, Fucher, Mamifali y Morato,
de Trípol, Túnez y Bizerta el trato.
Elis, Caratalí, Mami, Arnaüto,
de aquestas dos destruyen las riberas,
tomando como mísero tributo
barcas, tartanas, zabras y galeras.
Hacen los que las guardan poco fruto,
que tienen por reparo y ladroneras
Astrangol Finicú, Poncia y Linosa,
Las islas Sabiñana y Lampadosa.
....Ansí viven los siervos de Mahoma;
los de Lutero y su dragón caminan
al puerto que del vuestro el nombre
[toma,
por donde a Panamá su armada incli-
[nan.
(Lope de Vega, 1987, Tomo III, p. 343)




Poco tiempo después, Miguel de Cervantes, escribió el soneto
A LOPE DE VEGA EN SU "DRAGONTEA":
Soneto
Yace en la parte que es mejor de España
una apacible y siempre verde vega,
a quien Apolo su favor no niega,
pues con las aguas de Helicón la baña.
Júpiter, labrador por grande hazaña,
Su ciencia todo en cultivarla entrega;
Cileno alegre en ella se sosiega;
Minerva eternamente la acompaña.
Las musas su Parnaso en ella han hecho;
Venus honesta en ella aumenta y cría
la santa multitud de los amores;
y así, con gusto y general provecho,
nuevos frutos ofrece cada día
de ángeles, de armas, santos y pastores.
(Cervantes, 1991, tomo I, p. 49 - 50)


5.- Un parámetro puede estar afectado por múltiples causas

Antecesor berberisco de Drake fue el pirata Murad Reis, quien empezó su carrera de las armas en el sitio de Malta de 1565, donde a pesar de haber sido desalojados por la parte española, dio la batalla con honores.
Reis comenzó a cobrar fama individual gracias a su atrevimiento y audacia, pues con sólo dos canoas tomó por sorpresa y capturó dos grandes galeras pertenecientes al Papa Gregorio XIII, una de ellas era la capitana de la flota pontificia y, cuando fue atrapada viajaba llena de grandes tesoros, con frailes y monjes goliardos sin disciplina eclesiástica (Philip Gosse, 1947, p. 54 - 55), muchos de los cuales seguramente se pasaron a las filas berberiscas, en vista de que sus superiores los habían cargado de cadenas.
Gran hazaña de Murad Reis fue su salida de Argel en 1585 con tres galeones de batalla rumbo a las islas Canarias, que ningún berberisco conocía. Se dice que por entonces, los piratas más atrevidos preferían no perder de vista la línea de la costa y acostumbraban navegaciones de pocas jornadas dentro del Mediterráneo, tanto para no alejarse mucho de sus territorios, como por la falta de instrumentos de navegación y desconocimiento de su uso. Sin embargo Murad Reis fue la excepción; con ayuda de un renegado europeo y doscientos cincuenta fusileros, asaltó las Canarias, secuestró a la familia del gobernador español y cobró una elevada suma por su rescate.
Al regreso, los españoles sabían que tenía que pasar por el estrecho de Gibraltar, por lo que no se molestaron en perseguirlo, sino que comisionaron a Martín Padilla para que lo atrapara con dieciocho galeras de vela y remo muy veloces. Padilla patrulló con toda calma el estrecho pero, advertido Murad Reis, decidió pegarse a la costa, esconderse de día y viajar de noche, con lo que logró escabullirse y disfrutar los productos de su trabajo en su ciudad, donde fue recibido como héroe (Philip Gosse, 1947, p. 58).
El fenómeno de la piratería en el mundo hispánico tuvo desde sus inicios un gran número de causas concurrentes que lo estimularon y le permitieron prosperar, a las que ya mencionamos arriba, debe agregarse la transferencia de tecnología europea que se dio casi naturalmente, con motivo de los constantes intercambios de personal civil y militar, voluntario o a la fuerza, entre el Imperio español y sus adversarios.
Es famoso el doblemente renegado Simón Dauser apodado el viejo, para diferenciarlo de su hijo del mismo nombre, ambos marinos de origen holandés, de la ciudad de Dodrecht. El viejo se dedicó a la piratería y sentó sus reales en la ciudad norteafricana de Argel, lugar a donde llegó el también marino de origen inglés Warde.
Se dice que ambos, para congraciarse con sus nuevos colegas, les enseñaron a construir y navegar alrededor de 1606, "barcos de vela redonda", como los usados por los españoles y portugueses, quienes eran los dueños de la tecnología de punta en navegación, geografía, cartografía y todas las demás artes marítimas; tecnología que, por supuesto, cuidaban celosamente y trataban de monopolizar.
No obstante, la participación de marinos que habían pertenecido al Imperio español como ciudadanos [tal era el caso de Dauser, pues Holanda fue colonia española] y luego renegaban, permitió que los secretos tan celosamente guardados se difundieran entre los adversarios, causando una verdadera revolución tecnológica que tuvo inmediatos efectos económicos y políticos.


La piratería berberisca en el Mediterráneo y en el Atlántico norte cobró nuevos ímpetus y permitió que la cacería de naves ibéricas fuera más eficiente, con lo que los peligros de la navegación aumentaron. (Gosse, 1947, p. 65 - 66).
Dauser cambio del bando español al berberisco haciendo mucho daño a los europeos; sin embargo, ya en su vejez se puso nostálgico de su vida anterior, busco la protección del rey francés, pues sabía que de los españoles no sacaría nada.
El rey Enrique IV de Francia necesitaba personal militar y dinero, por lo que lo recibió de buena gana, con la condición de que encabezara una flota francesa contra Túnez. Dauser cometió el error de aceptar sin reflexión, pues sólo veía el brillo del poder, el mando, la ganancia.
Dirigió la flota franca contra sus antiguos camaradas tunecinos; gracias a sus conocimientos de esa sociedad, pudo triunfar en su ataque regresando a Francia con un tesoro de cuatrocientas mil coronas de oro y cincuenta y cinco cañones.
El Pasha de Túnez, consideró inaceptable hasta para un pirata esta falta de lealtad para quienes lo habían acogido sin prejuicios y le habían ayudado a salir adelante durante muchos años, por lo que utilizó una estratagema política: fue a comer al barco de Dauser con sus hombres de mayor confianza, lo que significaba un honor y una cortesía exquisita. Terminado el banquete, se invitó a Dauser a devolver la cortesía visitando el castillo del Pasha, lo que este aceptó. En cuanto Dauser traspuso las puertas del palacio fue capturado y decapitado de inmediato, mientras que su tripulación recibió permiso para volver a Francia. Pese a sus errores políticos, Dauser fue recordado por mucha gente en ambas márgenes del Mediterráneo durante bastante tiempo, pues sus transferencias de tecnología permitieron a los berberiscos asolar el sur de España; Francia y toda Italia, con ganancias exorbitantes (Gosse, 1947, p. 65 - 66).










6.- Una misma causa puede provocar multitud de efectos

En 1601 el sacerdote mexicano Agustín Dávila Padilla, Obispo de Santo Domingo propuso al rey Felipe III que declarara el comercio libre para acabar con los piratas y corsarios en el Caribe, pues los gobiernos de estas naciones protestaban de manera constante en busca del libre comercio como se dice ahora, porque de cualquier manera, la industria española no existía y los artesanos ibéricos sólo podían abastecer un número muy limitado de objetos de lujo para la población de muy alto nivel de ingresos, dejando desprotegidos y desabastecidos a la mayoría de los potenciales consumidores dentro de su cerrado imperio. En contra de tan atinadas sugerencias, persistió el monopolio, además de que, por cédula real de Felipe III se ordenaba, el 6 de agosto de 1603, concentrar toda la población de La Española en Santo Domingo, lo que dio vía libre al establecimiento de bucaneros y filibusteros en la zona de la actual Haití y de la isla Tortuga, quienes no encontraron el obstáculo natural de un grupo humano de diferente cultura y costumbres que se les opusiera con su simple presencia.
Otro de los motivos que propiciaron la piratería y el corso tanto en Africa como en el Caribe fue la falta de libertades ciudadanas, entre ellas la de conciencia dentro del Imperio Español. En Turquía durante la época de Cervantes (siglos XVI y XVII), el Sultán trataba a los cristianos de sus reinos como una minoría religiosa, con todos sus derechos civiles, de propiedad y de religión garantizados, lo que no ocurría en España (Márquez Villanueva en Solá y de la Peña: 1996, p. 201).
El mismo Cervantes reconoce con admiración que, durante su cautiverio de cinco años en Argel, "estos perros sin fe, nos dejan, como se ve, guardar nuestra religión", permitiéndoles oír misa, aunque fuera en secreto, que no dejaría de comparar con el hecho de la represión inquisitorial en España a los que islamizaban en secreto, sin duda" (Solá y de la Peña: 1996, p. 202).
El fanatismo religioso de los reyes y del gobierno español, así como su empeño de convertir al catolicismo a todas las personas con las que tenían que convivir dentro y fuera de sus fronteras les representó un alto costo político, que pudo medirse en términos económicos, contabilizando el dinero gastado solamente en guerras de conquista y patrullas de protección a sus flotas y ciudadanos. Así en el sermón fúnebre con motivo de la muerte de Felipe II, el orador dominico Agustín Salucio calculaba en más de sesenta millones de ducados de oro, la cantidad que el monarca recientemente fallecido había gastado "al servicio de la fe" (Sola y de la Peña: 1996, p. 202).
Por el lado de los ingleses, su mayor escritor nacional, William Shakespeare, incluyó muy a la moda, en Otelo, el moro de Venecia, una descripción de los supuestos tipos humanos que los piratas ingleses encontraban en las islas del Caribe:

Rough quarries, orcks and hull whose heads touch heaven,
It was my hin´to sperk - such was the process;
And of the Cannibals that each other eat,
The Antropophagi, and the men whose heads
Do grow beneath their shoulders.

En Enrique IV, describió los cocodrilos que Hawkins conoció en el Caribe, de los que posiblemente introdujo en Londres algunos como mascotas reales, equivalentes a las cacatúas que Colón gustaba llevar en sus primeros tornaviajes a España: As the mournful crocodile / With sorrow snares relenting pasengers.
En 1613 Cervantes habla con respeto y admiración de la reina Isabel I, en La española inglesa, sin dejarse llevar por el fácil nacionalismo, aunque exalta los valores católicos e hispanos. La anécdota de Cervantes, convertida en novela ejemplar, parte del ataque inglés a Cádiz en 1596.
Su descripción de Recaredo el corsario inglés, uno de los personajes principales de su novela no denigra ni en lo físico ni en lo moral a los ingleses y pone muy en alto la capacidad literaria del autor. Si debemos creer a Cervantes, los corsarios del siglo XVI eran casi unos héroes, muy diferentes de los sanguinarios asesinos en que se habían convertido ya en los siglos XVIII y principios del XIX.

Era Recaredo alto de cuerpo, gentil hombre y bien proporcionado;
y como venía armado de peto, espaldar, gola y brazaletes y
escarcelas, con unas armas milanesas de once vistas, grabadas y
doradas, parecía en extremo bien a cuantos le miraban; no le
cubría la cabeza morrión alguno, sino un sombrero de gran falda,
de color leonado con mucha diversidad de plumas terciadas a la
valona; la espada, ancha; los tiros, ricos; las calzas, a la esguizara.
Con este adorno y con el paso brioso que llevaba, algunos hubo
que le compararon a Marte, dios de las batallas, y otros, llevados
de la hermosura de su rostro, dicen que le compararon a Venus,
que para hacer alguna burla a Marte, de aquél modo se había
disfrazado (Cervantes, 1991, La española inglesa, tomo II, p. 112).
Según las normas de cortesía y moralidad de la época, con hombres como este no era ningún desdoro que se casara una hermosa española que estaba cautiva en su casa, a la que se había tratado con respeto todo el tiempo, más como hija que como prisionera o esclava, que entonces era legal tener.
Como en el siglo XVI las justificaciones de la conquista y colonización de América era principalmente elaboradas por clérigos católicos del lado español y protestantes de parte de sus enemigos, siempre hubo discusiones acerca de la legalidad de las incursiones inglesas en el Caribe, por lo que incluso sacerdotes católicos de origen irlandés se inclinaban por Inglaterra en ocasiones, en vista de su identidad lingüística con esa nación.
Tal es el caso del sacerdote Thomas Gage, quien pudo hacer un largo recorrido por mar y tierra dentro de las posesiones españolas en América durante varios años gracias a su religión católica pero, a su vuelta a Europa, publicó un libro con la memoria de su viaje, dedicando su prólogo a Sir Thomas Fairfax, Capitán General del Ejército del Parlamento. En este libro, Gage ofrece un informe de las riquezas y alto nivel de cultura que observó en Guatemala y México.
Además de mostrar un conocimiento detallado de la Nueva España, ofrece una justificación jurídica para la piratería, el filibusterismo y el corso inglés en el Caribe, al afirmar que los indios americanos habían invitado a los ingleses para que los protegieran contra los españoles, dada la rapacidad y conocida crueldad de éstos, por lo que los ingleses tenían obligación de acudir al llamado local con toda su tecnología y poder. Como dato interesante adicional, el sacerdote Thomas Gage puso el ejemplo y él mismo se convirtió en un temible pirata.








7.- A lo largo de una crisis los procesos cambian su estructura y función

En julio de 1615 el almirante holandés Joris Van Speilberg derrotó en el Callao a la flota española del almirante Rodrigo de Mendoza, el 11 de octubre de ese mismo año Speilberg entró a Acapulco a canjear prisioneros españoles por agua y alimentos, con la condición de que no se le atacara, algo que consideraba muy remoto en vista del notorio pacifismo de la población.
El 18 de octubre, los holandeses continuaron su viaje hacia el norte sobre la costa mexicana con la intención de tomar el camino de Filipinas y atacar alguno de los navíos que hacían la ruta asiática, sin embargo, a principios de 1616 la guarnición jalisciense de Sebastián Vizcaíno atacó a las tropas de Speilberg y les hizo numerosos muertos y prisioneros. Así, de conquistador y agresor, Speilberg se convirtió en víctima de los feroces jaliscienses, quienes no se impresionaron por el largo historial delictivo del holandés, ni hicieron caso de sus recientes hazañas sudamericanas.


Entre 1623 y 1626 la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, formada en 1621, mandó al Caribe 800 naves con 60,000 marinos quienes lograron apresar más de 500 barcos españoles. Confiados en esta suerte caribeña, el 28 de octubre de 1624, la flota holandesa al mando de Jacobo L´Heremite y Hugo Schapenham que había atacado sin éxito El Callao, llegó a refugiarse a Acapulco, posiblemente sin conocer la suerte de Speilberg sin embargo, al desembarcar en Puerto Marqués en busca de agua sufrieron cuatro muertos a causa del fuego del Castillo; salieron huyendo a Zihuatanejo, pero debieron abandonar la Nueva España el 29 de octubre sin ningún botín, atormentados por la sed y perseguidos por los bravos costeños de Guerrero, a quienes no atemorizaron los sucios y hediondos piratas holandeses, tan diferentes de los civilizados ciudadanos de esa nación que ahora se nos presentan por esas mismas costas.
Por varios años los holandeses y los españoles se disputaron el control de la ciudad clave de Bahía, la cual cayó en manos holandesas en 1624, cuando los corsarios Piet Heyn y Willekens se apoderan de ella; al año siguiente, 1625 el Almirante Fadrique de Toledo la recuperó en tanto que dos años más tarde Piet Heyn volvió a saquear tan solicitada presa.
El atrevimiento de Piet Heyn parecía no tener límite pues en 1628 capturó cerca de Cuba la Flota Novohispana, logrando un botín de 11 millones de florines holandeses, tasado de esta manera pues fue a su país a vender el producto de su rapiña.
En 1629 Fadrique de Toledo expulsó a ingleses y franceses de la isla de San Cristóbal, algunos se refugiaron en Haití apoyando a bucaneros y filibusteros; con lo que continuaban una especie de juego de nunca acabar: los españoles podían desplazar provisionalmente a los competidores de algunas islas, pero a estos les bastaba refugiarse en las islas adyacentes, muy abundantes en el Caribe para escapar de la persecución ibérica, reponer sus fuerzas, rearmarse y volver a empezar.
Así las cosas, entre 1630 y 1654 los holandeses ocuparon Olinda capital de Pernambuco en Brasil, en una época en que Portugal formó parte del Imperio español. En 1680 ocurrió el ataque inglés a Lisboa, debido a que Portugal había sido anexado a España.



8.- Los procesos están estructurados en niveles jerárquicos y cada uno tiene una organización significativa

En el nivel más alto de la lucha entre imperios se encontraban los nobles parientes de los monarcas y sus allegados de más confianza, que dirigían ejércitos y armadas enormes para su época, como es el caso del Comandante supremo de las fuerzas españolas en la batalla de Lepanto ocurrida el 7 de octubre de 1571, don Juan de Austria, hombre entonces de veinticuatro años, hijo del Emperador Carlos V y la hermosa Bárbara de Bloomberg, por tanto medio hermano del Rey don Felipe II. Giovanni Doria sobrino del entonces recién fallecido Almirante Andrea Doria, era comandante de una flota de doscientos seis galeras y cuarenta y ocho mil hombres.

Antes de empezar la batalla que inmortalizaría Cervantes, se dice que los generales sugirieron a don Juan de Austria una reunión de Consejo para perfeccionar el plan de ataque, contestando éste "no se molesten vuestras mercedes sino en pelear", ya no era hora de pláticas.

"Los turcos lucharon como endemoniados, abordando repetidamente con sable y cimitarra, tan sólo para ser barridos por el fuego mortal de los mosquetes; al fin, las superiores armas de Occidente salieron triunfantes. Hacia el anochecer comenzó a ceder la resistencia turca, y la disciplina de las tropas aliadas convirtió su derrota en desastre. A la caída de la noche de aquél día de octubre, el imperio marítimo otomano había sido aplastado para no revivir jamás. Durante siglos los corsarios africanos continuaron hostigando y saqueando a los cristianos en el Mediterráneo, pero sólo como bandas aisladas, jamás como auxiliares de una potencia de primer orden." (Philip Gosse, 1947, p. 52 - 53)
Debajo de estas eminencias se encontraban los corsarios. Del lado berberisco podemos mencionar a los hermanos Barba Roja; el primero de ellos de nombre Jacob Arudj, quien puso en jaque a la flota española e intentó conquistar toda Argelia, para disgusto de los aliados de España en Africa. Carlos V envió un contingente de diez mil veteranos a atraparlo en Tremecén. Tomado por sorpresa, la leyenda dice que huyó dejando atrás oro y joyas tirados en el camino, para distraer a sus captores y salvarse. Desgraciadamente para él, los soldados imperiales eran disciplinados y no cayeron en la trampa, lo alcanzaron y exterminaron con mil quinientos de sus más leales seguidores cuando atravesaba el río Salado (J. y F. Gall, 1978, p. 27).
Kheyr-ed-Din su hermano, lo sucedió en el mando: "de estatura elevada y porte majestuoso, era bien proporcionado y robusto. Muy velludo, tenía una barba frondosa, cejas y pestañas muy largas y espesas. Aunque no tenía el cabello rojo, se le llamaba también Barbarroja" (J. y F. Gall, 1978, p. 28).
Más político que su antecesor, envió embajadores al Gran Señor de la Sublime Puerta en Constantinopla y se presentó como vasallo leal del Imperio Otomano. En respuesta, fue nombrado Gobernador General de Argel, reforzando su autoridad con la presencia permanente de dos mil jenízaros.
Barbarroja fue dirigente hábil y eficaz, pues reconquistó las ciudades en manos de los españoles, reorganizó sus dominios, construyó una flota, puso bajo sus órdenes a los piratas más hábiles y sanguinarios: Dragut, Sinán, judío de Esmirna apodado "el mago"; Aidin, cristiano renegado mejor conocido como "terror del Diablo" (J. y F. Gall, 1978, p. 28- 29).
Barbarroja era desmesurado como buen pirata; oyó decir que la mujer más bella de Italia en el siglo XVII era Julia Gonzaga, a la que doscientos poetas habían dedicado sus versos, por lo que se le ocurrió raptarla, no para sí, sino para ofrecer un magnífico presente a su emperador. Atacó Frondi, pasó a cuchillo a la guardia, tomó la plaza, asaltó el pueblo, sin embargo, la duquesa salió semidesnuda en un caballo a todo galope rumbo al norte, se salvó por poco de caer en tan nefastas manos.
Barbarroja no se desanima fácilmente, regresa a Africa y asalta Túnez, destituye al sultán Hassan, protegido de España, lo persigue la flota imperial: alemanes, italianos, españoles, caballeros de Malta, no consiguen atraparlo.
En vez de huir al oriente como pensaba el almirante Andrea Doria, asalta Menorca, toma seis mil prisioneros españoles que venderá al mejor postor y un rico barco portugués. En premio a sus servicios el sultán lo nombra Gran Almirante de la Flota Otomana (J. y F. Gall, 1978, p. 31). Así eran estos aventureros que de la nada forjaban imperios; el de los Barbarroja terminó hasta que en 1830, los franceses asaltaron Argel y lo colonizaron por más de cien años.
Los piratas como Francis Drake y John Hawkins eran empresarios modernos de primer nivel en toda la extensión de la palabra, asociados con la reina de Inglaterra Isabel I y los nobles más poderosos.
Socialmente varios escalones abajo, los piratas de clase media se contrataban a sueldo de los grandes jefes para poder participar en sus expediciones y recibir ganancias y protección política del gobierno inglés. Henry Morgan, hijo de un labrador acomodado empezó su carrera navegando canoas y fue electo almirante por sus colegas en la toma de Santa Catalina. Con diez buques y quinientos piratas atacó Cuba y se apoderó de un rescate de mil reses, que vendió con ganancias. Después de esto atacó Portobelo, acción descrita magistralmente por Vicente Riva Palacio Guerrero:
"No tardó en comenzar el ataque contra él; los piratas acometían con valor, pero eran rechazados; la muerte diezmaba sus columnas, sin disminuir el valor y la rabia de los que sobrevivían. Arrojábanse los más decididos sobre las puertas para abatirlas con las hachas; pero morían en la empresa, porque aquéllas puertas no cedían. Morgan comenzaba a desesperar..." (Riva Palacio, 1946, p. 58).
Para lograr sus objetivos, Morgan no dudó en usar como parapeto a monjas y sacerdotes católicos. La treta le funcionó, los defensores de la ciudad se rindieron inmediatamente. Por azares del destino Morgan murió en su cama como vicegobernador de la isla de Jamaica, encargado de acabar ¡con los piratas!
Puede considerarse a Pierre Legrand un pirata burgués; poco o casi nada se sabe de sus orígenes, ¿cómo llegó a la Española?, ¿dónde consiguió su nave?, ¿de qué modo convenció a su tripulación?, es un misterio.
Se sabe de cierto que nació en Dieppe, zona francesa generadora de corsarios desde fines del medievo, apareció en el Caribe con un pequeño bote y veintiocho hombres desarrapados, sedientos, a punto de morir de hambre. De pronto su suerte cambia, se encuentran un enorme Galeón español pesado y perfectamente artillado. Los bucaneros saben que si atacan a plena luz del día serán barridos fácilmente. Esperan la noche, juran apoderarse de la nave o morir en la empresa.


Ya a oscuras, escalan la borda, asesinan a cuchillo a los vigías, entran a las habitaciones de los oficiales, donde los encuentran despreocupados, jugando naipes. Sorpresa total. Uno de ellos alcanza a exclamar: ¡Jesús!, ¿Son demonios o qué?
Se apoderan del barco y toda su carga que es riquísima. Pero, no son filibusteros comunes y corrientes. No regresan a repartir el botín a la isla de la Vaca, no buscan prostitutas en Jamaica, no se embriagan hasta perder el sentido. Nada de eso. Ponen proa a Dieppe, donde Legrand se instala y se convierte en un rico propietario, "respetado como cualquier comerciante que ha ganado su dinero honradamente" (J. y F. Gall, 1978, p. 91 y 92).
Los bucaneros tenían un nivel menor política y económicamente, por lo que pueden considerarse pequeños empresarios independientes que medraban a la sombra de los grandes.
Originalmente los bucaneros eran colonos franceses, holandeses e ingleses que comenzaron a llegar a la costa norte de Santo Domingo, abandonada por los españoles con grandes hatos de reses y piaras de cerdos que pronto se hicieron salvajes y prosperaron en un ambiente sin depredadores naturales.
Los primeros bucaneros sólo deseaban aprovechar las riquezas naturales de la parte despoblada de Santo Domingo y la Isla Tortuga, pues se dedicaban a la cacería de cerdos y reses a las que mataban con arcabuces para secar su carne al sol y salarla, con la intención de venderla a las tripulaciones de aventureros de las que el Caribe estaba lleno. El alimento favorito de los bucaneros era el tuétano crudo de las reses que mataban, comían sobre una piedra, dormían sobre troncos de árboles "Y su techo era el cálido y rutilante cielo de las Antillas" (Gosse: 1948, p. 14). Piratas, bucaneros y corsarios eran...”hombres endurecidos en los negocios, desembarazados de cualquier escrúpulo religioso, liberados de toda conciencia social y situados al margen del anticuado sentido feudal de responsabilidad; eran, en suma, hombres modernos” (Ortega y Medina, 1981, p. 111).
Los españoles pensaron que tanto extranjero no católico ni hispanohablante podría representar un peligro para las colonias y decidieron desplazarlos de la isla Juana, Santo Domingo o Haití.
Batieron sin mucha dificultad a los salvajes comerciantes de carne quienes se escondieron en la isla Tortuga, pero al mismo tiempo se convirtió a los "matarifes de reses en carniceros de hombres" (Gosse: 1948, p. 15), porque se les dio un motivo para odiar a los "papistas españoles".
En 1640 llegó de Sain Kitts el francés M. Levasseur quien se apoderó de Tortuga con cincuenta hombres, construyó un sólido fuerte artillado en la colina más alta de la isla y emplazó allí su propia casa a la que llamó "El Palomar", porque sólo se podía llegar a ella mediante escalones tallados en la piedra y una escala de hierro en el último tramo.
M. Levasseur fue el creador y rey de un pequeño imperio, pues organizó con sabiduría a los pobladores de Tortuga, estimulando el cultivo de tabaco, caña de azúcar, además de la producción de carne vacuna y porcina con el método bucanero o "a la bucana" (carne seca al sol y salada en tiras, que duraba meses o años y era el principal alimento de las tripulaciones piratas).
También llevó a su isla comerciantes franceses y holandeses que vendían coñac, pólvora, armas de fuego, telas, vestidos y zapatos, además de servicios de comida y hospedaje para los pasajeros en tránsito (Gosse: 1948, p. 18). En 1643 los españoles atacaron la isla Tortuga, cuando ya había sido fortificada y organizada para su defensa por el ingeniero francés Levasseur, todo fue inútil y debieron retirarse con grandes pérdidas.
Aventureros de menor estofa que ascienden en la escala social gracias a su arrojo y falta de escrúpulos abundaban entonces, ejemplo de esto sería un tal Francisco Leclerc apodado "Pata de Palo", a quien el rey francés Enrique II le facilitó diez barcos y le asignó como lugarteniente a un luterano conocido como Jacques o Jacobo de Sores, o de Soria.
La expedición se hizo a la mar en 1553, durante seis años atacaron a los españoles en el Caribe y amenazaron Santo Domingo y Cartagena de Indias; Leclerc incendió las ciudades de Puerto Rico; de Sores da la vuelta e invade Cuba de donde sacó un botín de ochenta mil pesos en oro. En esa misma ocasión atacó e incendió la Habana, salvándose sólo la catedral y los fuertes.
Para demostrar que la piratería no tenía únicamente fines económicos, sino también se entrelazaba con motivaciones político - religiosas, en su asalto a Santa Cruz de la Palmas en las islas Canarias, los corsarios franceses profanaron la Iglesia y destruyeron los conventos, y en el ataque a Santa Marta en Colombia, el año 1555, Pata de Palo en persona entró al templo y apuñaló la imagen de la Virgen en uno de los altares, con lo que terminó de poner en su contra a las poquísimas voluntades que pudieran haber simpatizado con él (Santiago Cruz, 1962). Al regreso a Francia, Leclerc recibió un título de nobleza y se retiró con honores. Sobre De Sores no se supo más. (J. y F. Gall, 1978, p. 57).
A siglos de distancia, las diferencias religiosas y políticas entre países no se han diluido ni mucho menos; esto puede observarse en las interpretaciones de los escritores contemporáneos. El católico mexicano Santiago Cruz afirma que fue Leclerc apodado Pata de Palo, quien promovió y ejerció personalmente los abusos contra el clero católico y sus imágenes en Colombia y Cuba.
Los Gall por su parte, seguramente católicos no practicantes de Francia, atribuyen los abusos a De Sores porque, afirman, este era protestante de origen francés que aprovechó la oportunidad para mostrar su posición ideológica. Al mismo tiempo, "protegen" la imagen de Leclerc diciendo que era sólo un buen militar en cumplimiento de las ordenes de su rey natural, el que por lo demás, le otorgó a Leclerc un título y una pensión (J. y F. Gall, 1978, p. 57). De ponerse en duda la integridad de Leclerc, estaría en juego la reputación de la monarquía francesa, extinguida hace muchos años, por otra parte; lo que parece importa mucho a los Gall.
En la escala más baja de la sociedad, sin otra motivación más que la ganancia rápida, o el abuso, estaban bucaneros como el llamado Juan David Nau, también conocido por el sobrenombre de Francisco Lolonois, quien llegó al Caribe como un esclavo blanco o "bond - man", se convirtió en marino una vez puesto en libertad por su amo y consiguió que el gobernador de la Tortuga entre 1662 y 1665 Monsieur de la Place le confiara un barco, lo cual no le sirvió de mucho pues, por su falta de pericia lo encalló en las costas de Campeche y tuvo que fingirse muerto para no se aprehendido por las autoridades locales.
Una vez a salvo, llegó como pudo a la Tortuga donde consiguió un pequeño navío con el que se dirigió a Cuba. En la Villa de los Cayos logró apresar un buen galeón español, asesinando a toda la tripulación.
A la entrada de Maracaibo asaltó un navío cargado de plata y productos regresando de inmediato a la Tortuga, a repartir el botín. En Tortuga conoció y reclutó a Miguel Basco como capitán de tierra además de quinientos hombres dispuestos a asaltar Maracaibo.
Cerca de Puerto Rico capturaron un barco que iba a la Nueva España, tomaron diez y seis piezas de artillería, ciento veinte libras de cacao, cuarenta mil reales de a ocho en moneda y diez mil pesos en joyas. De camino a Savona capturaron otro barco en ruta a Santo Domingo y se apoderaron de doce mil reales de a ocho.
Lolonois era tan desalmado y atrevido que con sólo puñales y espadas tomó la fortaleza de Maracaibo avanzando a la ciudad, que estaba desierta, porque sus habitantes habían buscado refugio en la selva.
Ciento cincuenta hombres batieron la selva, regresaron con una recua de mulas cargadas de muebles, artículos de casa, veinte mil reales en efectivo, ropa en abundancia y veinte presos.
Lolonois asesinó a uno de los cautivos a la vista de todos y, con su alfanje, le sacó el corazón, lo devoró crudo, aún sangrando, para que los demás confesaran el paradero de sus vecinos. Sin embargo, los españoles se habían dispersado por lo que, después de quince días de espera, los piratas abandonaron la ciudad (De Jarmy Chapa, 1983).
Lolonois y su gente tomaron la Villa de Gibraltar cerca de Mérida, Venezuela obteniendo diez mil reales de a ocho, como les pareció insuficiente, regresaron a Maracaibo donde pidieron treinta mil reales. Después de un interminable regateo recibieron veinte mil reales y quinientas vacas, que inmediatamente fueron a repartirse a la Isla del mismo nombre, situada en la parte suroccidental de la Española.
En su último viaje, Lolonois decidió saquear Nicaragua con una poderosa flota, pero el clima le fue adverso y le deshizo sus naves, la selva debilitó y desmoralizó a sus hombres, bastantes lo abandonaron y, después de muchas penurias, lo atraparon los indios del Darién, lo despedazaron vivo y lo quemaron "para que no quedase memoria de tan infame humano" (Exquemelin, 1988, p. 85 - 113).
Los bucaneros para salir a "trabajar" al mar, se organizaban siempre con un amigo que era su socio y cómplice, además de su heredero universal. Todos los demás colegas eran tratados como hermanos. En las travesías se hacían dos comidas diarias, donde cada quien comía a llenar, sin protocolos ni jerarquías de ninguna especie. En tierra, se organizaban excursiones, paseos y cacerías de cerdos salvajes que abundaban en las islas ( Alexander Exquemelin, 1988).
Al llegar de una razzia o expedición, los bucaneros repartían el botín considerando primero a los heridos y minusválidos producto del combate: un brazo derecho perdido valía seiscientos pesos o seis esclavos, una pierna derecha se estimaba en quinientos, la izquierda cuatrocientos; un ojo o un dedo se valoraban en cien pesos a lo sumo. Cabe decir que esta tabla de valores de "seguridad social pirática" se encuentra en Exquemelin y de allí la tomaron muchos otros escritores más cercanos en el tiempo a nosotros, incluyendo a Arciniegas.
Casi era un honor entre los piratas mostrar en su propio cuerpo los resultados de sus latrocinios. Así como los militares de carrera acumulan medallas, ellos acumulaban y exhibían con orgullo sus heridas; sus patas de palo, sus parches en los ojos, sus garfios. (Arciniegas, 2000, p. 178).
En 1654 los españoles lograron apoderarse de Tortuga con grandes esfuerzos y a muy alto costo porque no pudieron colonizarla con gente civil, debiendo dejar únicamente una guarnición militar que no era económicamente autosuficiente, por lo que en 1659 Jerome Deschamps desalojó a los españoles y restableció el dominio francés en la Tortuga. Esta reconquista permitió que prosperaran en el Caribe por muchos años más, las operaciones de piratas como Barba Negra, quien nació en Gran Bretaña con el nombre de Juan o Eduardo Teach; con el tiempo se convirtió en distinguido habitante de la pequeña isla caribeña de Saint Tomé, donde se estableció para ejercer su profesión alrededor de 1717, es descrito como:
Con tres pares de pistolas puestas en fundas que le colgaban
de los hombros, y con mechas encendidas que le salían por
sobre ambas orejas bajo el ala del sombrero, avanzaba como
furia desatada. - furia tan terrífica para los suyos como para los
contrarios -, ante la cual se hendían bordas de barcos enemigos
se abatían mástiles, se acallaban bocas de fuego y se rendían,
de hinojos, tripulaciones que pocas veces escaparon de ser
pasadas a degüello o de morir ahogadas en el mar.
(Martín Luis Guzmán,1995 , tomo I, p. 1108).
















9.- La descripción de cada nivel en un sistema complejo requiere disciplinas y leyes especiales

La piratería como sistema complejo obedece a esta ley: las expediciones mediterráneas de Haruch y Jeredín Barbarroja o Hasán Bajá, descendiente de éstos se explican principalmente en el contexto de la política mundial de entonces como producto del enfrentamiento entre el expansivo y sumamente agresivo Imperio Español y el no menos beligerante Imperio Turco, pues éstos corsarios o señores de la guerra en el mar servían a los objetivos político - militares de la dinastía otomana, lo mismo que las incursiones al Mediterráneo oriental de Alvaro de Luna, Juan de Austria, Andrea Doria o Giovanni Doria, servían a los intereses de Felipe II.
Por tanto, las acciones de estos líderes político - militares del siglo XVI necesitan ser vistas a través de la historia, la diplomática, la política internacional y la economía mundial.
Las deserciones de uno u otro bando, los matrimonios mixtos de moros con cristianas (generalmente secuestradas de sus aldeas costeras), las familias que de estas uniones resultaban, sus conflictos religiosos, pueden estudiarse por el derecho; mientras que el ambiente cultural, las formas de vida en una u otra sociedad, los valores su indumentaria y costumbres deben ser estudiadas por la sociología o la antropología.
Los conocimientos adquiridos por los piratas en sus expediciones enriquecieron la geografía, la cartografía, las técnicas de navegación y construcción de barcos; también debieron mejorar las técnicas de conservación de alimentos, agua potable y cirugía, la balística y la tecnología de construcción de armas de fuego personales y de gran tamaño serán objeto de la historia de la ciencia y la tecnología.
Con el paso del tiempo, las descripciones que de ambas sociedades hicieron los escritores de calidad y talento como Miguel de Cervantes Saavedra, quien en numerosas ocasiones retrató con todo lujo de detalles la vida de la costa norteafricana en obras como La Gran Sultana doña Catalina de Oviedo, Los tratos de Argel, El gallardo español, Los baños de Argel, El coloquio de los perros, el Cautivo, segunda novela intercalada dentro del Quijote desde el capítulo XXXIX hasta el XLI inclusive, son estudiadas por la literatura, la psicología e incluso, la hermenéutica.


Dice Cervantes en el cautivo:
"Lleváronme a Constantinopla, donde el Gran Turco Selim hizo general de la mar a mi amo, porque había hecho su deber en la batalla, habiendo llevado por muestra de su valor el estandarte de la religión de Malta. Halléme el segundo año, que fue el de setenta y dos, en Navarino, bogando en la capitana de los tres fanales. Vi y noté la ocasión que allí se perdió de no coger en el puerto toda el armada turquesca; porque todos los leventes y genízaros que en ella venían tuvieron por cierto que les habían de embestir dentro del mesmo puerto, y tenían a punto su ropa y pasamaques, que son sus zapatos, para huirse luego por tierra, sin esperar ser combatidos; tanto era el miedo que habían cobrado a nuestra armada." (Cervantes, 1994, tomo II, p. 503).
Así por ejemplo, las acciones del gobierno español para proteger sus dominios de los ataques y depredaciones piráticas tales como la Real Cédula para la protección de los cargamentos de fecha 16 de junio de 1661, pueden enmarcarse en una perspectiva de geopolítica global; mientras que las acciones defensivas para repeler los ataques organizadas por los gobernantes locales, pueden considerarse como prácticas de autodefensa desde el punto de vista social y militar, como sucedió cuando en mayo de 1571 piratas franceses se apoderaron de Sisal Yucatán, o cuando el 18 de julio de es mismo año fueron ahorcados en Mérida los franceses Esteban Gilberto, Isaac de Ruet, Juan Luaizel y Claude Imbl, dedicados a la piratería pero juzgados como luteranos.
El 21 de septiembre de 1597 filibusteros de William Parker invadieron Campeche, con la complicidad de Juan Venturate, un campechano que las propias autoridades ejecutaron arrancándole trozos de su propia carne con una tenaza ardiente, para que sirviera de ejemplo a los que desearan pasarse al campo enemigo.
En 1598 navíos ingleses se apoderaron de San Juan Bautista (Villahermosa), aunque fueron desalojados; al año siguiente, cuatro navíos ingleses escondidos en Cozumel atacaron Río Lagarto, Campeche, siguieron hacia el Golfo de México y a principios de 1600 estos mismos piratas atacaron de nuevo San Juan Bautista (Villahermosa) Tabasco y pasaron frente a Sisal.
El holandés Juan Cruyes atacó a Sisal, el 10 de diciembre de 1661, que fue repelido por la pronta reacción de sus habitantes. Lo mismo sucedió cuando en 1663 el pirata conocido como Bartolomé Portugués atacó una hacienda cercana a Campeche y murió en el intento.
El 7 de agosto de 1633 corsarios ingleses habían incendiado un carguero frente a Dzilam, Yucatán, mientras cuatro días después 10 navíos del holandés Cornelio Jol alias pata de Palo, guiados por Diego el Mulato, pirata local, se ubicaron frente a Campeche, puerto y ciudad que atacaron el día 12. Escribió la crónica de estos acontecimientos el sacerdote franciscano Diego López de Cogolludo.
En abril de 1636 siete buques bajo el mando de Diego el Mulato atacaron la nave del Marqués del Santo Floro en Dzilam, ese mismo año Diego el Mulato apresó en alta mar entre Hecelchakán y Campeche el barco de Isabel Caraveo reciente viuda del gobernador de Yucatán Fernando Centeno, a la que respetó y devolvió sus propiedades al saber su nueva situación (De Jarmy Chapa, 1983).
En octubre de 1642 corsarios holandeses secuestraron a fray Martín Tejero y Lucas de San Miguel en los pueblos de Zoité y Cehaké, que saquearon, sabían que la población siempre pagaba rescate por los sacerdotes y las monjas, lo que no era tan seguro tratándose de gobernantes civiles o militares. Ese mismo año, Diego el Mulato asaltó la villa de Salamanca de Bacalar y el pueblo de Zoité. En 1644, el corsario inglés Jacobo Jackson se dejó ver en Campeche y bajó en
Champotón por provisiones donde secuestró a los frailes Antonio Vázquez y Andrés Navarro. Todas estas aventuras pueden ser objeto de estudio de la historia regional.
La sociología y la psicología se deben conjuntar para entender fenómenos piráticos como la llamada Cofradía de los hermanos de la Costa.
J. y F. Gall nos dicen que son inciertos los orígenes de esta organización, pero que seguramente se formó con prófugos de la ley y con los esclavos blancos llamados "bons - men", evadidos de sus amos; eran éstos hombres tomados a la fuerza en las costas europeas para que sirvieran en las islas, o gente pobre que se ofrecía a servir de manera voluntaria por un cierto número de años a cambio del pasaje. Con esta base se fundaron las estirpes de bucaneros que colonizaron la Española.
Cuando los españoles desalojaron de Haití a los bucaneros, éstos se pasaron a la isla Tortuga y comenzaron a organizarse para sobrevivir. Los unían dos razones poderosas: la búsqueda de la libertad y el botín que podían obtener de los ataques a los españoles, sus odiados enemigos.
Los bucaneros fundaron en Tortuga la Cofradía de los Hermanos de la Costa que funcionó entre 1620 y 1655, e incluso elaboraron unas normas mínimas de convivencia en una especie de democracia muy primitiva:
1ª. Ley: Ni prejuicios de nacionalidad ni de religión
2ª. Ley: No existe la propiedad individual
3ª. Ley: La "Cofradía" no tiene la menor injerencia en la libertad de cada cual.
4ª. Ley: No hay Código Penal, las querellas se ventilan de hombre a hombre
5ª. Ley: No se admiten mujeres.
Aunque las cuatro primeras leyes eran algo inusuales para la época y a decir de los Gall, representan una primera manifestación de pensamiento libertario inspirada en el protestantismo individualista francés (hugonote), la más peculiar por llamarla de alguna manera es la quinta. Esta última podría funcionar en clubes masculinos, bares y demás pero, ¿en una isla habitada permanentemente por varios miles de hombres en un período de treinta y cinco años?
Según la narración de los Gall respecto a la Cofradía, los filibusteros reunidos en Asamblea, elegían un Gobernador por votación mayoritaria, controlado y supervisado por un Consejo de Ancianos, quienes eran los únicos autorizados a admitir el ingreso de un nuevo miembro.
Las reglas de entrada no estaban escritas ni eran rígidas, pero si configuraban un ritual de todos conocido denominado genéricamente "matelotage", el cual prescribía en términos generales que para poder pertenecer a la Cofradía, el recién llegado debía entrar al servicio de un filibustero. Los mismos Gall aclaran que en el francés de su época se llamaba "matelote" a la confidente de una cortesana o a la esclava de una dama.
El joven "matelot" no participaba en la elección del gobernador ni recibía salario, pero era protegido, alimentado y vestido por su amo. En las expediciones de piratería, los matelotes deben preparar las municiones, recargar las armas, incendiar los restos y ayudar a cargar el botín. En casa, el matelot debía lavar, planchar y zurcir la ropa, hacer la comida, preparar y servir las bebidas a su amo y amigos. Después de varios años, entre dos y cinco, se ponía a votación si se admitía o no como "hermano" de pleno derecho al matelot, entonces ya no tan joven, completamente adiestrado en las artes y vida bucaneras.
Por lo que se puede observar hasta aquí, la forma de vida e incluso el nombre y funciones de los aprendices en Tortuga, sugiere con un alto grado de probabilidad, la posibilidad de que esta isla fuera el refugio gay más grande del mundo occidental, pues los aprendices por lo general eran muchachos de quince a veinte años que servían para todo a hombres entre treinta y cincuenta años.
No hubiese sido raro que en un ambiente tan artificial y alejado de cualquier práctica social considerada "políticamente correcta" en la época, que los piratas se hubieran enamorado de sus jovencitos, usándolos como o en vez de mujeres, las cuales estaban prohibidas por la quinta ley, lo que daba una cierta legitimidad a estas uniones. Sin embargo, falta una investigación más profunda.








10.- Las estructuras son configuraciones pasajeras que adoptan los procesos

Las estructuras estatales de los imperios entre los siglo XVI y XIX cambiaban con una velocidad casi semejante a la de la vida contemporánea, pues la diplomacia y la política internacionales iban siempre a la saga de las poblaciones de aventureros que colonizaban y se apoderaban de diferentes territorios con cambiante fortuna.
En 1562 los franceses establecieron su primera colonia en Florida, de la que fueron expulsados a sangre y fuego por españoles provenientes de Cuba y Santo Domingo, isla esta última que valía entonces más que toda Inglaterra, a decir de Germán Arciniegas en su bello texto.
Los ingleses comenzaron a colonizar las costas de América del Norte con la fuerte oposición española, pues este país argumentaba el derecho de descubrimiento y la concesión otorgada por el Papa Alejandro VI mediante su Bula Alejandrina, quien dividió el mundo entre españoles y portugueses. Los ingleses por su parte justificaban su presencia en América negando los derechos españoles y portugueses que no les parecían consistentes con el derecho natural, además de que, según ellos, los indios americanos les habían pedido ayuda para defenderse de las depredaciones ibéricas, en tanto carecían de tecnología propia equivalente a la europea, según la versión del padre Gage.
Como Inglaterra no podía chocar de frente con España en un primer momento, mando a sus colonos a Jamestown Virginia en 1607, colonizó Saint Kitts (San Cristóbal para los españoles) en 1623, y debió compartir la isla con los franceses veintinueve años más tarde en aras de la unidad contra un enemigo común bastante poderoso. Los bucaneros empezaron a colonizar Jamaica en 1655 e inyectaron nueva vida a su capital Port Royal, "que se transformó en una de las más ricas y probablemente de las más viciosas poblaciones de toda la redondez de la tierra" (Gosse: 1948, p. 25).
Ese mismo año, el gobernador francés de Tortuga Monsieur Bertand D´Ogeron mandó a traer de París huérfanas, rameras sacadas de la cárcel, pelanduzcas recogidas del arroyo, vagas sinvergüenzas, y organizó una subasta entre los corsarios para sacar los costos del pasaje de estas damas, pero advirtiéndoles a los posibles compradores que las podrían adquirir como "compañeras", en un rango un poco inferior al de "esposas", dado sus orígenes, pero muy superior al de "esclavas", con la intención de formar familias blancas que ayudaran a mantener el control de esos territorios en manos francesas (Santiago Cruz, 1962, p. 105 - 106).
"Ha llegado hasta nosotros una relación sobre la llegada de esas mujeres a la isla de Tortuga, según la cual, la acogida que les hicieron los filibusteros fue muy distinta de la que pudiera imaginarse. Los hombres formaban un semicírculo en la playa; muchos se habían rasurado. Las mujeres fueron siendo desembarcadas de diez en diez. Cuando la canoa encallaba en la arena, ellas saltaban al agua con las faldas recogidas hasta la mitad del muslo, y allí esperaban al resto de sus compañeras.
Todo el mundo permaneció en silencio hasta que la última mujer puso pie en tierra. Las mujeres no osaban mirar a los hombres a la cara y estos parecían indiferentes. De repente, uno de los "hermanos" se destacó de los otros y apoyado en su fusil empezó un largo discurso, ceremonioso, severo y grandilocuente. Habló de "buen comportamiento", de "honestidad", de "fidelidad" e incluso de "redención". Y acabó diciendo a las mujeres que puesto que habían escogido esa línea de conducta, deberían seguirla a toda costa y corregir sus "malos instintos".
La "venta" se desenvolvió dentro de la mayor calma. Las mujeres se adaptaron sin dificultad" (J. y F. Gall, 1978, p. 109 - 110). Al parecer, la mayoría de las uniones dieron frutos en la persona de numerosos chiquillos rubios, que pronto siguieron los pasos profesionales de sus progenitores.
En 1670 mediante el Tratado de Madrid, los ingleses obtuvieron en propiedad la isla de Jamaica, con lo que lograron una base formidable para sus posteriores depredaciones de toda la zona del Caribe y Golfo de México, como lo demostró el hecho de que en ese mismo año piratas ingleses dominaron la Laguna de Términos y las islas de Santa Ana, Cozumel, Mujeres y Zacatlán, dentro de territorio novohispano, actualmente mexicano.
La miopía de los negociadores españoles de Madrid, en vez de alejar el peligro bucanero del continente americano lo acercó más aún, hasta el seno mismo de los territorios y permitió que en 1671 Morgan se apoderara de Panamá (Gosse: 1948, p. 12).
Gosse afirma que Morgan entabló y ganó una demanda contra un escritor francés que había afirmado en un libro que Morgan había sido esclavo en las Antillas menores y había desempeñado trabajos serviles. Lo que según Gosse molestó a Morgan era que se había tratado de rebajar su origen social, que él mismo consideraba de alcurnia.
En 1666 Sir Thomas Moodyford, gobernador inglés de Jamaica comisionó al capitán Edward Mansfield para capturar Curazao, según Gosse esta fue la primera oportunidad que tuvo Morgan para obtener el mando de un buque (el más pequeño de la flota, pero infinitamente mayor que las endebles canoas en las que Morgan inició su práctica pirática); y al parecer la aprovechó de inmediato.
En 1669 Morgan saqueó Maracaibo y retuvo secuestrada a la ciudad y a sus habitantes por cinco semanas, torturándolos con violaciones, asesinatos, robos, estupros y demás violencias propias de delincuentes impunes.
De regreso a Jamaica, el gobernador Moodyford le ordenó:
"que juntase una gran flota y saliese a hacer todo el daño posible a los españoles en sus buques, ciudades, almacenes y depósitos",
"como no hay otra paga con que animar a la flota, tendrán (los tripulantes) todos los bienes y mercancías que capturen en esta expedición, dividido entre ellos, de acuerdo con sus reglamentos"
( Gosse, 1948, p. 27 y 28).
La justificación jurídica del Mare clausum o monopolio español en América fue elaborada por Camilo Borrel en su libro De regis catolico protestantia, tesis que apoyaron Fray Serafín de Freitas y Solórzano Pereyra; mientras que del lado contrario, el holandés Hugo Grocio publicó en 1609 su obra magna Mare liberun sive de jure quod Batavis competit ad Indicana comercia disertatio, publicado en primera edición en Leyden Holanda, aunque después se tradujo a los idiomas nacionales y se reimprimió numerosas veces. A la idea española de monopolio, débilmente sustentada, Grocio opone la idea del libre comercio y mares abiertos, algo muy de moda al día de hoy.
En 1698 diez años después de la muerte del gobernador / pirata Morgan y con la intención de institucionalizar el control político / administrativo de la isla, John Locke, escribió sus Instrucciones para el buen gobierno de la isla de Jamaica, después de la experiencia de haber redactado en 1670 la Fundamental Constitution of Carolina, territorio que años más tarde sería parte de los Estados Unidos de América.
Estas instrucciones le fueron solicitadas gracias a su prestigio como escritor y filósofo, además de su vasta experiencia como asesor de políticos ingleses de primer nivel, por el Board of Trade de Londres, oficina de comercio exterior del gobierno inglés encargada de supervisar el funcionamiento de las burocracias coloniales.
Con el apoyo de intelectuales de tal fuste, es evidente que las empresas piráticas tenían que prosperar con rapidez, pues los españoles no tenían entonces talentos de calidad equivalente asesorando a su gobierno. Todavía en el siglo XVII, el poeta inglés John Milton, publicó su Scriptum domini protectoris contra hispanos, donde argumentaba la necesidad de abrir los mares y el comercio mundial a todas las naciones, en vista de que los propios españoles no eran capaces de abastecer sus colonias con los productos de primera necesidad en cantidad suficiente para sus habitantes.
En aparente respuesta a las demandas inglesas, francesas y holandesas de libre comercio con las colonias españolas, el 1º. de octubre de 1650 llegó a Campeche el nuevo gobernador de Yucatán García Valdés y Osorio Conde de Peñalva, quien de inmediato construyó fortificaciones en la ciudad y armó una fragata de guerra con tripulación campechana, la cual le sirvió para capturar 20 filibusteros, inmediatamente ejecutados pues no tenían redención posible. Antes estas circunstancias el inglés Thomas asaltó Yobaín en abril de 1652;un mes después, el inglés Abraham asaltó Salamanca de Bacalar, donde asesinó al capitán Bartolomé Palomino.
En cuanto a filibusterismo no había concepto de nacionalidad que valiera, pues hasta españoles como Salvador de Herrera aprovechaban el caos para asaltar tierras novohispanas. Este pirata bajó a tierra en Santa Clara con ciento cuarenta filibusteros apenas dos meses después de Abraham.
Como no existe mejor defensa que el ataque, unos pescadores campechanos de San Román que habían sido secuestrados por ingleses en 1654, atacaron a sus captores, mataron a ocho, entre ellos al capitán y llevaron la fragata a Campeche donde la pusieron al servicio de la guardia costera. José Canul su jefe fue nombrado capitán, para aprovechar su valentía y arrojo en la defensa de sus paisanos.
Cuatro años después una balandra campechana que regresaba de La Habana con sólo once tripulantes logró capturar a un navío inglés cargado de mercancías, con lo que se aplicó el dicho de "ladrón que roba a ladrón..."
El 7 de enero de 1661, Henry Morgan incendió dos fragatas frente a Campeche puerto y ciudad atacados dos años después con mil docientos hombres por el filibustero holandés Eduard Mansvelt. Posteriormente, filibusteros ingleses desembarcaron en Chicxulub y avanzaron por tierra hasta Ixil.
Campeche también sufrió el ataque en 1664 del pirata llamado Rock el Brasileño. Originario de Gröningen en el norte de Holanda, había emigrado al Brasil siendo muy joven en compañía de sus padres, quienes tenían la intención de colonizar la zona de Bahía.
De inteligencia excepcional, aprendió rápidamente portugués y las lenguas indígenas más usadas en Brasil, de aventura en el Caribe pronto se desenvolvió en inglés y en español como nativo de Castilla, por lo que confundía a muchos con su habilidad.
"Era un hombre vigoroso, de mediana estatura, cara ancha y ojos grandes, a la vez duros y sonrientes. Una de sus características era la crueldad con que trataba a sus prisioneros, llegando hasta a asarlos en un palo, como si se tratase de reses."(De Jarmy Chapa, 1983, p. 197 - 198).
Una vez que navegaba cerca de Campeche, una tormenta lo hizo zozobrar, tras caminar dos días en busca de ayuda se enfrentó a un grupo de españoles que habían sido alertados por los indígenas. Los derrotó y se apoderó de sus caballos con los que siguió adelante, hasta encontrar a un grupo de madereros que talaban palo de campeche y lo subían a una embarcación. Robó el barco y se acercó a la ciudad, fue hecho prisionero y enviado a España. En Europa consiguió liberarse, viajó a Inglaterra y regresó a las Antillas, allí se asoció con otro bucanero de nombre Tribulot, a quien propuso atacar Mérida en Yucatán, aprovechando su reciente estancia en la zona.
Pusieron manos a la obra y atacaron, pero nuestros paisanos ya estaban advertidos; se defendieron; atacaron bravamente a los piratas, haciéndoles muchos muertos, heridos y prisioneros. Rock el Brasileño se apoderó de un carguero y regresó a Jamaica. No se volvió a saber de él (De Jarmy Chapa, 1983, p. 198 - 199).
Laurent de Graff de origen holandés o Lorencillo, como le decían de cariño los campechanos, atacó la ciudad y puerto de Campeche por primera vez el 31 de marzo de 1672, diez días después incendió el puerto de Champotón.
Lewis Scott y sus filibusteros sabían que Campeche estaba mal resguardada, por lo que al regreso de la ciudad de Tuxpan reunieron en la laguna de Términos una fragata, dos balandras y ocho piraguas con doscientos cincuenta hombres quienes se introdujeron en el Castillo el diez de julio de 1678. Tomaron la ciudad y cometieron sus ya acostumbrados excesos sobre la población civil (Santiago Cruz, 1962, p. 164). En 1680 el gobernador de Alvarado, Veracruz, Layseca expulsó a los ingleses de la Laguna de Términos, por lo que el rey español Carlos II lo nombró Conde de la laguna de Términos.
El17 de mayo de 1683, Lorencillo, Grammont y Van Horne, atacaron Veracruz con once naves y mil dos cientos hombres que se reunieron en el sitio conocido como Vergara, a una legua del puerto, que por entonces no estaba fortificado y contaba sólo con el baluarte de Caleta y el de la pólvora, bajo la custodia de unos cuantos soldados que fueron muertos a puñaladas.
Reunida la población en la catedral, por los facinerosos, se le hicieron las presiones y tormentos de rigor para que los ricos de la ciudad pagaran un rescate de dos millones de a ocho en oro. Como sólo se lograron reunir trescientas mil piezas, el tormento y las violaciones continuaron por once días hasta juntar ciento noventa mil piezas más.
El domingo 30 de mayo entro a puerto la flota española con diecisiete naves de guerra, por lo que Lorencillo tuvo que salir huyendo entre estos barcos sin que nadie lo persiguiera, pues no estaban advertidos.
(De Jarmy Chapa, 1983)

Como siempre, dos meses después del desastre llegó el virrey a Veracruz y ordenó perseguir a los bucaneros, logrando atrapar una sola nave con noventa hombres. Lorencillo juró volver a recoger el botín que había abandonado en su huida. (De Jarmy Chapa, 1983, p. 241).
El 23 de abril de 1684 parte de la gente de Lorencillo atacó y tomó Tampico, mientras que el 6 de julio de 1685 éste pirata y su colega Grammont atacaron de nuevo Campeche con diez navíos, seis balandras, un "barco luengo" y veintidós piraguas. Van Horne había sido asesinado en el Caribe por sus socios.
En este ataque se cometieron abusos contra la población y nuevas depredaciones, resintiéndose además el incendio de los archivos históricos campechanos por los piratas. Por fortuna, cuando se intentó atacar la ciudad de Mérida, Lorencillo y sus compinches fueron obligados a huir (De Jarmy Chapa, 1983, p. 242).
El 3 de enero de 1686 el gobernador de Campeche Bruno Téllez colocó los cimientos de la muralla y los baluartes, para frenar otro ataque de piratas y proteger mejor a la población. En la primavera de ese año, Lorencillo desembarcó con 500 hombres en la Bahía de la Ascensión, y saqueó Tihosuco y Tixcacalcupul.
Alvaro de Rivaguda gobernador de Yucatán expulsó a los ingleses de la laguna de términos en julio de 1704, aunque al año siguiente el filibustero Barbillas regresó a la laguna con hombres recién contratados en Jamaica.
El alcalde mayor de Tabasco Pedro Mier y Terán desalojó a los ingleses de la isla de Tris en 1707, aunque no pudo evitar que en 1708 Barbillas anclara frente a Campeche y saqueara la población de Lerma. Todavía en 1710 Barbillas asaltó las poblaciones de Santa Clara, Dzilam y Tecax.
El 1º de enero de ese mismo año pero del lado del pacífico, el pirata inglés Woodes Rogers se apoderó del buque Nuestra Señora de la Encarnación que venía de Manila a Acapulco frente a las costas de Mazatlán.
La encarnizada lucha entre civiles, soldados y marinos novohispanos contra la penetración inglesa en tierras continentales continuaba: el diecisiete de abril de 1713, filibusteros de esa nacionalidad se apoderaban de Cozumel desde Belice, para reforzar su avance hasta la isla y laguna de Términos frente a Campeche, de donde fueron desalojados hasta 1716, iniciando un impulso que culminaría en 1724, cuando una flota campechana incendió las posiciones inglesas en la rivera del río Walix y se prolongó hasta 1733, fecha en que el gobernador Antonio de Figueroa y Silva atacó y destruyó todas las posiciones inglesas en Belice.
Por desgracia, para mediados del siglo XVIII la situación geopolítica mundial había cambiado a favor de Inglaterra, pues mientras España era una potencia en agonía, su adversario londinense había aumentado su población, consolidado sus flotas mercante y de guerra, estaba en un proceso acelerado de industrialización conocido como Revolución Industrial, y disponía de recursos económicos crecientes y grandes bases en el norte de América, pues las colonias prosperaban sin cesar, estando aún lejana la lucha por la independencia de los Estados Unidos.
Las colonias españolas en América, especialmente la Nueva España se sostenían con sus recursos y se defendían con sus propios capitales y la bravura de sus hombres y mujeres, lo que dificultaba los avances ingleses pero no los impedía, como lo demostró el ataque del comodoro George Anson a Zihuatanejo el 24 de febrero de 1742, así como su frustrado ataque a Acapulco tres meses después.


En vista de la valentía de los mexicanos Anson decidió merodear en el Pacífico lejos de nuestras costas con lo que logró capturar a la vista de Filipinas, el primero de julio de 1743, al galeón Nuestra Señora de Covadonga que se le había escapado de Acapulco.
Un año después, Anson volvió a su país y, con el tiempo, fue nombrado Primer Lord del Almirantazgo, en acatamiento de la antigua tradición inglesa de elevar a los puestos de mando más destacados a los mejores y más cínicos piratas.
Los ataques ingleses a las poblaciones de la península de Yucatán desde Belice continuaron con cierta regularidad, pues la zona era muy rica y poblada; aunque al parecer ya no se arriesgaban a bajar a Campeche, pues sus baluartes eran sólidos y su gente era experta en la defensa de sus intereses.
De este modo, en 1779 se organizó una flota campechana que atacó y destruyó todas las posiciones inglesa en Belice, lo que en cierto modo fue inútil, pues cuatro años después, España autorizó la colonización inglesa de Belice por el Tratado de Versalles.



Una vez iniciado el siglo XIX y con él los disturbios políticos y militares causados por las guerras de independencia de Latinoamérica, los piratas como Luis Aury tuvieron otro buen pretexto para continuar con sus desmanes en las zonas de conflicto, que estaban fuera de control administrativo. Aury estableció su base en Galveston, Texas y desde allí atacó el comercio español del Caribe a partir de 1816.
Las tácticas de los piratas caribeños del siglo XIX son descritas magistralmente por don Martín Luis Guzmán en su estudio, del que cito un fragmento a continuación.
El 20 de agosto (de 1812) a la altura de las Bahamas, el
bergantín La Trinidad fue apresado por un bergantín-goleta
de su majestad británica, The Variable, que condujo su presa
al puerto de Nassau, en la isla de Nueva Providencia.
La fe de Correa de que alguien había de pagarle alguna vez
daños y perjuicios se acrecentaba en presencia de lo que
sucedía entonces en Nueva Providencia, ya famosa en los
tiempos en que Morgan asolaba con sus piraterías las rutas
y puertos de la Spanish Main. Presas españolas, aparte de La
Trinidad, tenían en Nassau ocho o nueve, la fragata Resolución,
los bergantines Antílope y Correo de la Habana, las goletas
Isabel, Luisa, María, Luisa Antonia. Y al par que estas presas
españolas, las había francesas, americanas, italianas,
holandesas y de otras muchas nacionalidades. Varios
capitanes de buques estaban presos, y sus barcos, todos o
casi todos, saqueados, confiscados, vendidos al mejor postor.
Desposeídas de sus víveres y muriéndose de hambre,
las tripulaciones vagaban por las callejuelas del puerto
hasta que se enrolaban en los navíos ingleses -que era
justamente lo que se quería, pues a la marina británica le
faltaban hombres- o hasta que conseguían fugarse de
aquél infierno ( Guzmán, 1995 tomo I, p. 1058 a 1060).

Entre 1807 y 1810 merodeaba al norte del Golfo de México un pirata conocido como Juan Lafitte, cuya base de operaciones estaba en la desembocadura del río Mississipi, desde donde atacaba navíos de todas las banderas, inclusive norteamericana.
En 1817 el pirata Lafitte se disfrazó de patriota latinoamericano en lucha por la independencia de las colonias españolas en América para ocultar su verdadero negocio y estableció una base de operaciones en la isla de Galveston, de la que desplazó a Aury para controlar personalmente el negocio, hasta que en 1819 fue expulsado hacia el sur del Golfo de México por el comandante norteamericano Kearny. Martín Luis Guzmán consigna que Lafitte murió en Dilam, pueblo yucateco, en 1826 ( Guzmán,1995, tomo I).
El almirante inglés Thomas Cochrane ofreció sus servicios a Iturbide quien declinó. No obstante, Cochrane aprovechó su estancia en México para saquear el 17 de febrero de 1822 San José del Cabo y poco tiempo después Loreto.


11.- Los procesos siempre hacen crisis

La piratería puede explicarse también como el resultado de un proceso que hizo crisis: el Imperio español creció muy rápido, Castilla se convirtió en el centro de un imperio mundial en menos de setenta años, por lo que, al tratar de imponer sus concepciones feudales como el monopolio comercial favorable a sus empresarios, la prohibición de colonizar a gente no católica ni de lengua castellana y el rechazo de la libertad religiosa sobre amplios territorios, lo único que consiguió fue generar descontento y oposición entre todos aquellos que se sentían capaces de competir contra los ibéricos.
Los españoles siempre describieron a los piratas, corsarios, filibusteros y bucaneros como poco menos que bestias sedientas de sangre católica; incluso durante muchos años hicieron sinónimo corsario de luterano, con lo que se mostraron dispuestos a llevar el conflicto al campo religioso para consolidar el odio popular a todo lo extranjero o "no hispánico". Llegaron a apodar a los ingleses, al menos por dos siglos "los perros del mar" y cuando atrapaban a algún navío juzgaban a los tripulantes como luteranos o "no católicos", no como delincuentes que asaltaban, robaban y mataban.
Daniel Defoe en Robinson Crusoe, novela publicada a principios del siglo XVIII, ya menciona la suerte corrida por sus compatriotas en la Nueva España: “Le dije que resultaría muy duro que yo me convirtiera en el instrumento de su salvación, y que luego ellos me hicieran prisionero en Nueva España, donde un inglés tenía todas las posibilidades de ser ejecutado, fueran cuales fuesen las razones que lo habían llevado allí, ya fuera la necesidad o un accidente; y que prefería ser entregado a los salvajes y ser devorado vivo, que caer en las despiadadas garras de los sacerdotes y ser llevado ante la Inquisición” (Defoe, 1999, p. 255).
En diciembre de 1604 el embajador veneciano en Londres escribía que "los españoles en las Antillas capturaron dos barcos ingleses, les cortaron las manos, pies, narices y orejas a las tripulaciones, les untaron miel y los abandonaron, después de amarrarlos a los árboles, para que las moscas y otros insectos los torturasen" (Gosse: 1948, p. 12). Defoe se refiere a los españoles de manera indirecta en su novela, haciendo decir a nativos del Caribe que los hispanos mataban a mucha gente; “Comprendí que se refería a los españoles, cuyas crueldades en América se habían extendido por todos los países y eran recordadas por todas las naciones de padres a hijos” (Defoe, 1999, p. 226).
Por supuesto que esta forma de combate entre naciones "civilizadas" (España contra Inglaterra) no podía menos que hacer crisis y conducir a una intensificación de la violencia y odio con los que un bando trataba al otro a la menor provocación.
España comenzó a perder la batalla contra otros imperios desde el momento en que no se modernizó, ni se industrializó, al tiempo que evitaba actualizar su flota y revalorar socialmente el oficio de marinero.
“En las flotas españolas ser marinero venía a significar el pertenecer a un rango social casi equivalente al de los galeotes; era un oficio que atraía bien poco a los habitantes de las costas por lo mal pagado y porque el ejercitarlo significaba para el enganchado largo servicio, mala comida, pésimo vestido y menosprecio social” (Ortega y Medina, 1981, p. 152).
Tanto Ortega y Medina como los Gall, están de acuerdo en que la marinería entre los españoles estaba siempre muerta de hambre,
esclavizada a los nobles que ejercían el mando, sin derechos laborales ni humanos y con salarios simbólicos, mientras que del lado pirata se hacían siempre dos comidas al día, a las diez de la mañana y a las seis de la tarde, según la costumbre inglesa, pero no había límite a lo que debiera ingerir de ración cada marinero, la bebida era abundante y a cualquier hora, los piratas tenían una tabla para repartirse el botín y la respetaban escrupulosamente, dando oportunidad a cualquiera de enriquecerse, todos los barcos piratas llevaban músicos a bordo quienes debían tocar durante los alimentos, combates, asaltos o cuando lo ordenara el capitán, de día o de noche. Sólo exigían obediencia servil al capitán o jefe de tropas de tierra durante los combates y asaltos, pero los marinos tenían libertad personal enganchándose por períodos variables según su propia voluntad o criterio. De este modo se explica por qué las flotas imperiales españolas siempre andaban escasas de personal, mientras los piratas abundaban.
Otro elemento en contra de los españoles fue su empecinamiento en técnicas navales obsoletas y su negativa a evolucionar, como si hicieron los ingleses por ejemplo. Los españoles estaban acostumbrados a derribar a cañonazos las velas de los barcos enemigos, atraerlos con ganchos, abordarlos y combatir cuerpo a cuerpo sobre la nave enemiga; la neurosis de Felipe II lo llevó a reglamentar tan minuciosamente todos los actos de la vida de su pueblo que implantó de manera definitiva esta forma de combate en los manuales operativos de su marina de guerra, castigando cualquier innovación al respecto.
Sabedores de ese penoso pero fundamental detalle reglamentario, los ingleses desarrollaron artillería naval de mayor alcance y mejor poder de fuego, con la intención de hundir los barcos enemigos a distancia con menor riesgo para ellos.
Por otra parte, los españoles dejaron el control de la fundición y diseño de la artillería en manos de alemanes, holandeses y belgas quienes, una vez independizados del Imperio se llevaron sus conocimientos consigo. A fines del reinado de Felipe IV, “en el colegio jesuita de San Isidro sólo quedaba el padre Affito, que impartía sus clases (de balística y artillería) frente a ocho alumnos que jamás habían visto cargar y apuntar un cañón ni oído ni oirían nunca el estampido de una pieza” (Ortega y Medina, 1981, p. 213).
Como los piratas era una forma de lucha provisional de los imperios menos maduros y/o más débiles contra el poderoso Imperio español de los siglos XVI y XVII, en cuanto se consolidó la monarquía francesa y el gobernante en turno Luis XIV, se sintió capaz de combatir con la fuerza del Estado, de manera frontal a su adversario, disolvió la Compañía de las Indias Occidentales, mediante el edicto de Saint-Germain-en-Laye en 1674, con lo cual puso fuera de la ley a los corsarios y similares que tan buenos servicios habían prestado a sus antecesores.
















12.- Los procesos complejos interaccionan fuertemente con el medio

El hecho de que la piratería o el corso no hayan sido fenómenos simples o aisladas manifestaciones de delincuencia organizada, queda demostrado porque la existencia de actividades piráticas en una región del mundo, tenía como consecuencia la dinamización de la vida económica de la ciudad que les servía de base y la creación de numerosos empleos que generaban aumento de la población, complejización de su vida social y aparición de especialidades profesionales incluso dentro de la misma piratería, que exigía expertos en navegación para oficiales y capitanes, maestres de velamen, pilotos, médicos cirujanos, músicos, carpinteros, artilleros, herreros.
(J. y F. Gall, 1978, p. 160 - 162).
Ya bien sea en el norte de Africa, en el Mediterráneo oriental, el Atlántico norte o el Caribe, aparecieron ciudades muy prósperas donde sólo había aldeas de pescadores o casi ningún habitante antes de las acciones de corso, filibusterismo o piratería, de cualquier signo o nación que fueran sus practicantes.
"La piratería exige necesariamente un circuito de intercambio; es inseparable del comercio. Argel no habría llegado a convertirse en un gran centro de corsarios sin llegar a ser, al mismo tiempo, un gran centro comercial" (Braudel,1997, Tomo II, p. 291).
La interacción pirática se daba no únicamente en su entorno inmediato, tuvo repercusiones mundiales a largo plazo y de manera global, pues fortaleció a la burguesía de la City londinense, le dio fuertes argumentos de dominación mundial en forma de datos geográficos precisos, cartas de navegación confiables, conocimientos de rutas y riqueza de los grandes territorios en poder de los españoles.
Piratas ingleses hubo que bajaban del barco en que habían cometido sus depredaciones en el Caribe y otros mares, para dictar conferencias, escribir libros que les daban gloria y les acarreaban el respeto de los intelectuales de Cambridge, Oxford y la Real Sociedad. Ejemplo notable en este sentido fue Lancelot Blackburne, un graduado del Christ Church en Oxford, quien vagabundeó con los bucaneros del Caribe entre 1681 y 1682.


"Corrió la historia de que un buen día apareció en Inglaterra un bucanero preguntando qué había sido de su camarada Blackburne, hasta ser informado que era ahora Arzobispo de York. Horace Walpole, (Conde de Oxford, célebre poeta e historiador inglés, hijo de Horacio Walpole, Barón de Walterton, estadista inglés) creía o al menos pretendió creer, que Blackburne fue bucanero, pues escribió: <El viejo y jovial Arzobispo de York, quien tenía todas las maneras de un hombre de calidad, había sido bucanero y clérigo, pero no tenía nada de su primera profesión, salvo el serrallo>" (H. Walpole, Los últimos diez años de Jorge II, 1822, I, p. 75, en Gosse, 1948, p. 41).
Dicen los que saben que el Arzobispo Balckburne tenía como ayuda de cámara al famoso ladrón de caminos inglés Dick Turpín y que la gente de los alrededores del Palacio Arzobispal ( Bishopthorpe) pronto comenzó a notar que todas las noches en que el Arzobispo y Turpin salían "a pasear", las diligencias del Norte eran atracadas. Mera coincidencia, posiblemente.
Aunque este Arzobispo de la Iglesia Anglicana es uno de los casos más notables de jóvenes descarriados que reflexionan y retornan al buen camino, al menos en apariencia, no es el único. Se menciona también el caso de John Popham, salteador que llegó a ser Jefe de la judicatura (Lord Chief Justice) o Justicia Mayor en términos españoles, bajo el rey Jaime I de Inglaterra. En contra de lo que pudiera pensarse, Popham desempeñó su cargo con honestidad durante quince años, como experto que era en el oficio, ningún asaltante se le escapaba; todos terminaron en la horca (Gosse, 1948, p. 41).
Lo mismo sucedió con el temible pirata Morgan mencionado arriba, quien destruyó Panamá, lo que generó una queja del gobierno español de Carlos II ante el monarca inglés el cual debió arrestar y encarcelar a su protegido por breve tiempo.
Como realmente Morgan actuaba bajo la protección del rey y las personas más destacadas de Inglaterra, no era posible castigarlo. Se le armó caballero en Londres, otorgándosele el puesto de Teniente de Gobernador de la isla de Jamaica en abril de 1672. Al contrario de la mayoría de sus colegas que morían violentamente y en condiciones horribles, Sir Henry Morgan murió en su cama en 1688; se le enterró en la Iglesia de Santa Catalina de Port Royal (Gosse, 1948, p. 30).
Es de justicia mencionar que los últimos dieciséis años de su vida, Morgan se dedicó a perseguir, atrapar, juzgar y colgar a cuanto pirata se le ponía enfrente, aunque prefería a los franceses, holandeses, cubanos y mexicanos para decorar los árboles de Jamaica.
Ni que decir del sacerdote jesuita Juan Bautista Labat, que escribió un libro sobre piratas intitulado Viajes a las islas de la América (Antillas), donde por supuesto no menciona que él mismo cantaba misas para los piratas en sus barcos, rogando a Dios por el éxito empresarial de sus clientes (Gosse, 1948, p. 42 - 42).
A cambio de sus piadosos servicios, el jesuita era recompensado con oro, joyas, muebles, telas y esclavos negros que trabajaban para él mientras vivió en la isla convenientemente llamada "de los santos", al sur de la Española, de la que sólo salió para ir a morir a Francia donde alcanzó a imprimir la obra que le dio fama de historiador.
El santo padre Dutertre, jesuita francés del siglo XVII, también viajó con sus colegas filibusteros, corsarios, piratas y bucaneros franceses en el mar Caribe, por lo que escribió en su libro muchas de las experiencias que tuvo y varias otras que inventó para robustecer el nacionalismo francés, algunas tan exageradas como cuando habla de los indios caribes y los tacha de caníbales:
"Aunque les gusta la carne de todos los cristianos, la de los franceses les parece la más suculenta y tierna" (J. y F.Gall, 1978, p. 72). Esto significaba posiblemente, que hasta en la cazuela los franceses eran superiores a los españoles y a los ingleses.
Alexander Olivier Oexmelin era un ciudadano francés natural de Honfleur que arribó a las Antillas en 1658, trabajó diez años en servidumbre para pagar su traslado con un primer patrón malo y tiránico y un segundo amo de buen corazón que era cirujano, quien le concedió la libertad en poco tiempo.
Libre ya en 1668, con conocimientos médicos y un cajón de medicinas se alistó como cirujano en un navío bucanero y, mientras suturaba heridas, amputaba miembros destrozados o acomodaba huesos dislocados, se dio tiempo para escribir sus memorias un poco a escondidas, otro poco abiertamente, porque el único que sabía leer en el barco era él.
En 1678 Exquemelin como lo conocieron los españoles de su tiempo, publicó en Amsterdam en idioma valón su libro bajo el título Die Americaensche Zeerovers, el cual fue traducido al español tres años después por Alonso de Buena Maisón, en vista de los datos de primera mano que contenía y la notoria utilidad de la obra para el gobierno hispano, bajo el título de Piratas de la América y luz a la defensa de las Indias Occidentales, en la ciudad alemana de Colonia; sobre el texto español se hicieron la traducción inglesa: The Bucaniers of America, or a true account of the most remarkable assaults committed of late years upon the coasts of the West Indies, 1684, London; y la francesa Histoire des aventuriers filibustiers qui sont signales dans les indies..., chez Benoit & Joseph Duplaix, Lyon, 1774, 4 vols., 12º .
Este libro es denominado por Gosse el manual del bucanerismo y ha sido saqueado por todos los que desde entonces desean tratar este tema con cierta propiedad, incluyendo a Gosse, Arciniegas y muchos otros, quienes ni siquiera lo citan o mencionan, siguiendo los usos antiguos de plagio o piratería intelectual.
La edición más reciente que conozco es la de 1988, española, de bolsillo, en pasta rústica, lo que demuestra la perdurable popularidad de este clásico de la piratería.
La obra de José de Espronceda, La canción del pirata. Es producto únicamente de una visión literaria romántica del mundo porque, para 1840 en que se dio a conocer, los corsarios y piratas de verdad tenían más de un siglo de haber desaparecido del Mediterráneo oriental y todos habían sido antihispanos, por lo que el argumento del pirata español contra Inglaterra era sólo una ilusión, posible canto del cisne de un Imperio desmoronándose, al que sólo le quedaban algunas islas como Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. Sin embargo suena bien a los oídos de algunos niños sin conocimientos de historia:

Con diez cañones por banda,/viento en popa, a toda vela,/no corta el mar, sino vuela/un velero bergantín./Bajel pirata que llaman,/por su bravura, el Temido,/en todo mar conocido/del uno al otro confín./
La luna en el mar rïela,/en la lona gime el viento,/y alza en blando movimiento/olas de plata y azul;/y va el capitán pirata,/cantando alegre en la popa,/Asia a un lado, al otro Europa,/y allá a su frente Stambul:/
«Navega, velero mío,/sin temor,/que ni enemigo navío/ni tormenta, ni bonanza/tu rumbo a torcer alcanza,/ni a sujetar tu valor. /Veinte presas/hemos hecho/ a despecho/del inglés,/y han rendido/sus pendones/cien naciones/a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,/que es mi dios la libertad,/mi ley, la fuerza y el viento,/mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra/ciegos reyes/por un palmo más de tierra;/que yo aquí tengo por mío/cuanto abarca el mar bravío,/a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,/sea cualquiera,/ni bandera/de esplendor,/que no sienta/mi derecho/y dé pecho/a mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,/que es mi dios la libertad,/mi ley, la fuerza y el viento,/mi única patria, la mar. /
A la voz de «¡barco viene!»/es de ver/cómo vira y se previene/a todo trapo escapar;/Que yo soy el rey del mar,/y mi furia es de temer.
En las presas/yo divido/lo cogido/por igual;/sólo quiero/por riqueza/la belleza/sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,/que es mi dios la libertad,/mi ley, la fuerza y el viento,/mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!/Yo me río; /no me abandone la suerte,/y al mismo que me condena,/colgaré de alguna antena,/quizá en su propio navío./Y si caigo,/¿qué es la vida?/Por perdida/ya la di,/cuando el yugo/del esclavo,/como un bravo,/sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,/que es mi dios la libertad,/mi ley, la fuerza y el viento,/mi única patria, la mar. /Son mi música mejor/aquilones,/el estrépito y temblor/de los cables sacudidos,/del negro mar los bramidos/y el rugir de mis cañones.
Y del trueno/al son violento,/y del viento/al rebramar,/yo me duermo/sosegado,/arrullado/por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,/que es mi dios la libertad,/mi ley, la fuerza y el viento,/mi única patria, la mar.»

Al igual que Espronceda, la escritora Cecilia Böhr de Faber, nacida en Alemania y criada por sus padres en Cádiz, toma elementos de la historia para hacer literatura de muy buena calidad en español.
Böhl de Faber escribió con el seudónimo de Fernán Caballero un librito de cuentos donde incluye uno intitulado "Los caballeros del pez", en el cual los piratas africanos del siglo XVI son reducidos a una bruja llamada "Berberisca" que atrapa en su castillo, mediante artes mágicas, a personalidades de muy diversos orígenes. Es precisamente un "caballero del pez" (la marina de guerra) el encargado de salvarlos. Esta es la última mención que conozco de los piratas en la literatura en nuestra lengua.
Otra obra de calidad literaria con el tema piratesco fue hecha por el inglés James Barrie, en el libro The little white bird, publicado en Londres en 1902. Dos años después, el pajarito blanco ya se había convertido en Peter Pan, publicado en la misma ciudad. La última versión que hizo Barrie de su libro se llamó Peter and Wendy, que apareció en 1911 en Londres.
La obra de Barrie comenzó a popularizarse en medios más amplios cuando Eva Le Gallienne la montó e interpretó a Peter Pan en una obra de teatro en Londres. Es curioso que el personaje de Pan sea actuado por mujeres, cuando todos los roles de piratas verdaderos fueron siempre masculinos, a excepción de las dos mujeres piratas Anne Bonnet y Mary Read quienes se disfrazaron de hombres para bucanear, estuvieron unidas a varones, pero en realidad eran lesbianas, pues se enamoraron una de la otra y vivieron juntas como pareja. Es probable que Bonnet y Read sean la excepción que confirme la regla, al menos en Tortuga: se les admitió como camaradas porque en cierto modo también eran gays.
En 1951 Jean Arthur escenificó a Peter Pan, mientras que el excelente autor Boris Karloff representó al Capitán Hook, con música de Leonard Bernstein en una puesta en escena en la ciudad de Nueva York. Para esta fecha ya estaban dadas las condiciones de una obra infantil y juvenil exitosa: el pirata bueno (Pan) se enfrenta en una lucha inofensiva contra el pirata malo (Garfio) con una escenografía de comparsas con parches en los ojos, patas de palo, camisetas rayadas horizontalmente como sugerencia y ligera alusión a que los piratas eran delincuentes -hay que recordar que los presos llevaban en Estados Unidos y México ropa con rayas verticales desde 1925 cuando menos, para imponerles los barrotes de la cárcel a donde quiera que fueran-.
El muy talentoso Walter Disney reelaboró esta obra que era de dominio público con algunas adaptaciones: el Peter Pan niño (ya no mujer) como de diez años, la minúscula hada campanita (esta si muy femenina, la ultima versión en película representada por Julia Roberts) su tripulación de niños abandonados (ahora les diríamos "de la calle"), la "Tierra de Nunca Jamás" como archipiélago, un Capitán Garfio de juguete, muy decorado con plumas, sable, monóculo, ropa llamativa, botas de charol, que siempre sobre actúa; un ayudante bonachón y borracho, lo mismo que todos sus piratas siempre pegados al barril aparentemente de cerveza, lo que le da un toque de veracidad al asunto pues, según todos los autores consultados, el alcoholismo estaba muy arraigado en el gremio.
Curiosamente y este dato no ha sido investigado, los piratas de Pan son niños desadaptados que se enfrentar en escenas de violencia atenuada, porque nadie sale herido ni corre sangre, con los piratas de Garfio, todos adultos mayores por un supuesto tesoro que nadie define con precisión. La primera película de Disney, sobre Peter Pan salió en caricaturas y se estrenó en 1953, transformándose en un éxito inmediato.
En la última versión actuada por Julia Roberts y Robin Williams, aparentemente el conflicto se genera por dos situaciones: Peter Pan (Robin Williams) creció y aceptó vivir como adulto "normal" olvidándose de su infancia. Garfio no lo perdona y secuestra a su hijo, por lo que Williams debe volver a la "Tierra de Nunca Jamás" a rescatar a su hijo con la ayuda y el consejo de Campanita (Julia Roberts), apoyado por varios niños pobres a los que finalmente abandona a su suerte. Esto es lo que se ve en la película pero, con los antecedentes que poseemos de los bucaneros, podríamos estar viendo representada en forma light, la lucha de dos machos maduros por un efebo, algo que seguramente pasaba con cierta frecuencia en Tortuga, referente real de la "Tierra de Nunca Jamás".




Conclusiones

Como hemos visto a lo largo de este trabajo, el tema de los piratas es muy rico y todavía puede aportarnos muchos elementos para comprender la historia del mundo occidental.
En primer lugar, como tema complejo, sólo puede ser entendido en una perspectiva global con una lógica no lineal, sino caótica, pues según los principios del caos las cosas nunca ocurren como esperamos que sucedan y pueden tener multitud de consecuencias inesperadas.
La piratería fue una forma que tuvieron los estados europeos pobres y subdesarrollados como Inglaterra, Francia y Holanda de atacar al coloso español del siglo XVI, debilitarlo, igualarlo, superarlo y vencerlo en un lapso de dos siglos. Como dice Marx y aquí podemos observar, la violencia en la historia tiene un papel destacado, y sus consecuencias económicas son notables, lo que podemos corroborar pues, gracias a la actividad depredadora de los piratas, llamados por los españoles "mendigos" o "perros del mar", países muy pobres y atrasados como Inglaterra, quien en el siglo XVI tenía una población de cuatro a cuatro y medio millones de personas con graves deficiencias culturales y dietéticas, o Francia, en condiciones similares, pudieron superar a España y convertirse ellos mismos en grandes imperios mundiales.
La piratería sirvió para acelerar la acumulación originaria del capital y potenciar el desarrollo capitalista de los países europeo occidentales que se atrevieron a practicarla con éxito, desplazando a los pioneros del colonialismo España y Portugal.
La piratería permitió, en plazos muy breves, acumular conocimientos técnicos y científicos sobre astronomía, geografía, cartografía, navegación a vela, aprovechamiento de las corrientes marítimas, construcción de barcos, artillería, conservación de alimentos, anatomía humana, cirugía, antropología e idiomas, a los países participantes, capacitando en el terreno a sus comandantes y tripulaciones, con lo que primero el Mediterráneo y luego el Atlántico y el Caribe sirvieron como enormes escuelas prácticas de utilidad a las burguesías europeas, en vista de que las universidades estaban rezagadas y empantanadas en discusiones medievales, totalmente inútiles para las nuevas necesidades. Gracias a la piratería florecieron las actividades culturales y crecieron las ciudades y las poblaciones europeo occidentales a un ritmo insospechado. Se dice que el siglo que inicia en la mitad del XVI y hasta la primera mitad del XVII en España fue "de oro", nosotros podemos agregar que esta edad dorada se extendió a los demás países europeos gracias a los recursos materiales aportados por los piratas, con los que se inició la modernización europea.
Como todo fenómeno complejo, la piratería fue una empresa con motivaciones globales de hegemonía mundial para los monarcas y sus allegados, pero también fue un negocio lucrativo para los grandes empresarios y armadores; una forma de vida para los piratas y bucaneros y un lugar de refugio para las minorías étnicas, religiosas, raciales, culturales o sexuales.
La piratería dio lugar a numerosas obras literarias del más alto nivel, generó discusiones teológicas, jurídicas y de derecho internacional público y privado, en su momento. Tiempo después, ha sido objeto de escritores de novelas de aventuras, poetas románticos, historiadores metidos a escritores, historiadores interesados en escribir historia, autores de obras de teatro y escritores de cuentos para niños. Ahora existen numerosas películas incluso de caricaturas. El estudio de la piratería desde diferentes perspectivas aún no termina; puede dar lugar a materiales y trabajos muy interesantes. Así sea.
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Indice

Presentación p. 1
Conceptos fundamentales p. 4
1.- Los sistemas complejos tienen un número muy
grande de componentes p. 12
2.- Los sistemas complejos son muy heterogéneos p. 20
3.- Los procesos de los sistemas complejos no son
lineales ni equilibrados p. 27
4.- Los sistemas complejos tienen procesos de distinta
naturaleza al mismo tiempo p. 38
5.- Un parámetro puede estar afectado por múltiples
causas p. 43
6.- Una misma causa puede provocar multitud
de efectos p. 48
7.- A lo largo de una crisis los procesos cambian
su estructura y función p. 54
8.- Los procesos están estructurados en niveles
jerárquicos y cada uno tiene una organización
significativa p. 57
9.- La descripción de cada nivel en un sistema complejo
requiere disciplinas y leyes especiales p. 73
10.- Las estructuras son configuraciones pasajeras
que adoptan los procesos p. 82
11.- Los procesos siempre hacen crisis p. 100
12.- Los procesos complejos interaccionan fuertemente
con el medio p. 106
Conclusiones p. 120
Bibliografía p. 123
Indice p. 129

[1] Profesor Titular “C” de Tiempo Completo en la Unidad Ajusco de la Universidad Pedagógica Nacional, mail to: alvaromarinmarin@yahoo.com.mx

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