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“La Tensión Esencial”, de Thomas S. Kuhn


Salvador Carreño

Publicado en 1977 por la Universidad de Chicago, este título de Thomas S. Kuhn se editó por primera vez en español en el año de 1982, con el trabajo de traducción de Roberto Helier, a partir de la mencionada edición en inglés (de Estados Unidos), por lo cual el lector hispanoparlante podría esperar un material de tercera generación.

El texto tiene su origen declarado como una antología de artículos del propio Kuhn, organizados por efectos de un proyecto que le fue solicitado en Alemania, coordinado por el profesor de Filosofía Lorenz Krüger, de la Universidad de Bielefeld.

En el prefacio de la edición estadounidense, Kuhn advierte la existencia de sutiles diferencias de contexto cultural entre la versión en alemán e inglés, y refiere someramente el proceso que lo condujo desde su condición estudiantil del doctorado en Física hacia su transición de un estadio científico a otro de historiador de la Ciencia, y cómo luego, contra la acumulación de experiencias y el nutrimento que le supuso la Hermenéutica, se fue haciendo consciente de la necesidad de valorar el trabajo científico, así como sus referencias filosóficas e históricas, a la luz del contexto espacio temporal en que fue realizado.

En “La Tensión Esencial”, Kuhn distribuye los ensayos en dos partes principales, la primera de las cuales se conforma por seis ensayos -devenidos capítulos-, con temáticas centradas en el binomio Historia-Ciencia, además del vínculo entre ambas y ciertas concepciones de la Física, la Matemática y la Filosofía.

Kuhn se manifiesta al tanto de las reacciones adversas que sus ensayos han implicado en sus críticos, pero asegura que en la legitimidad de su abordaje –mesurado, cuando advertía desconocer suficiente del tema tratado, y enérgico y combativo al percatarse de la sólida consistencia de sus ideas-, la antología resulta pertinente.

De esta manera, dicha Primera Parte de “La Tensión Esencial” da inicio con una exploración entre la Historia y la Filosofía de la Ciencia, a guisa de contextualización, para posteriormente sustentar el acercamiento del sujeto común al conocimiento, justo por la contrastación de una perspectiva filosófica –y otra científica- del mundo y la vida.

La tónica de esa primera parte de la obra contribuye con el lector a comprender con mayor transparencia los relatos que sobre la historia y el devenir de la Física, las ciencias baconianas, la ciencia moderna y la también moderna Física, aun cuando algunos de los escritos correspondientes fueran creados con bastante anticipación respecto de la edición del libro.

Más adelante, siempre en la Primera Parte, Kuhn trata de perfilar el corpus general de lo que concibe como la “Historia de la Ciencia”, tanto en sus generalidades sociales, como en sus elementos endógenos y exógenos, incluyendo la conocida tesis de Merton, entre cuyos argumentos se puede atisbar ya una perspectiva sociológica de la Filosofía de la Ciencia. Esta visión de Merton, a través de Kuhn, puede orientarse en la concepción de una apreciación del Cosmos mucho más integral, integradora, que los propios quehaceres científico, filosófico, histórico y social difícilmente nos afectan particularmente. De hecho, Kuhn hace énfasis, en el apartado sobre la hisotira interna y externa de la Ciencia, en el hecho de la influencia ascendente que la Sociología ejerce sobre el discurso científico.

Para concluir su Primera Parte, Thomas S. Kuhn cierra la pinza del holismo cuando confornta las concepciones de Historia e Historia de la Ciencia, que indefectiblemente deben dejar de observarse como contrincantes, toda vez que los efectos de la interacción social derivada de las revoluciones científicas y sociales, han convertido tanto a la Historia como a la Historia de la Ciencia en bienes de consumo general; esto es, en bienes culturales.

Por supuesto, al inundar el vasto campo del conocimiento con las aguas tempestuosas de la indentidad cultural, por necesidad llegan a nosotros los conceptos propios de la Tecnología, que al interactuar permanentemente con la Ciencia, su historia, y la historia de sus efectos sobre la ideología, la moral y la vida cotidiana, nos dan la certidumbre de que nos hallamos ante el estadio de una gran Unidad, parcelada por consecuencia de nuestra propia finitud, pero unitaria como sea.

Todo esto, que en el libro de Kuhn parece bastante obvio, casi de sentido común, no lo es tanto en la práctica, y la polarización entre científicos y humanistas es notoria, no sólo en los niveles mayoritariamente intuitivos, como podría ser el entorno de los estudiantes de Bachillerato (más atrás, la discusión es inútil, porque el usuario con menor instrucción formal no llega siquiera a plantearse la diferencia), sino en terrenos de los cuales se podrían suponer rebasados ciertos prejuicios. En los mismos cursos de licenciatura, maestría y doctorado, en las especializaciones, y con frecuencia en los diplomados, se escucha hablar a historiadores acerca de los físicos casi como si se tratara de cro-magnones, o a científicos “de buena cepa” expresarse con desprecio de los psicólogos, toda clase de humanistas o artistas.

En cuanto a la Segunda Parte del libro, a la que Kuhn denomina “Estudios Metahistóricos”, la organización de los contenidos da inicio con un primer apartado (de 8), intitulado “La estructura histórica del descubrimiento científico”, en el que subyace la idea de que el desarrollo científico no se da precisamente por efecto de una evolución normal; es decir, de acumulación de situaciones, sino a consecuencia de movimientos revolucionarios (o sea, aquellos que de acuerdo con una definición convencional supone cambios contundentes en los modos de producción y los estándares de vida), desde los que se materializa el relato histórico (Aristóteles, Copérnico, Newton, Darwin, etc.).

Después aborda la cuestión de la medición en la Física moderna. En ese ensayo, Kuhn trata de explicar la función de dicha concepción en la comprensión de un proceso típico de la Ciencia normal.

El tercer ensayo de la antología de Kuhn es justo el que da nombre al documento completo, y en él trata acerca del binomio constituido por la tradición y la innovación en la investigación científica. Fruto de esa relación diádica tenemos, tal como si fuese el caso de la redundancia y la entropía conocidas en el proceso de la Comunicación, al Paradigma, especie de minarete mágico al que el investigador científico se apega cual si fuere, por tradición, una estrella guía.

Luego de este capítulo, al cual podríamos considerar como el clímax de la obra, Kuhn inicia un descenso paulatino hacia la superficie de la pragmaticidad, cuando se refiere a la función de los experimentos científicos imaginarios, que prestan un interesante servicio, en términos hipotéticos, y que contribuyen a ofrecer, según se revisa en el capítulo posterior, una certidumbre en el pensamiento formal, en la psique del investigador, a través de lo cual se fortalece el sistema estructural de Paradigmas, sobre el que se tiende el entramado discursivo de la objetividad, los juicios de valor y la elección de teoría (nombre, por cierto, del penúltimo capítulo).

Y como si fuera una buena película de la que puede presumirse que habrá más tela para cortar, en una segunda o tercera parte, Kuhn concluye “La Tensión Esencial” con una serie de comentarios relativos a las relaciones entre la Ciencia y el Arte, acotando cómo ambos entornos, ignorantes el uno del otro, representan un binomio más, tan complejo como los que han dado tanto de qué hablar en el plano filosófico, sociológico e histórico, lo mismo en dirección de la Ciencia que en del Arte, por separado, y en ambos sentidos simultáneamente.

Salvador Carreño. Comunicólogo. Profesor de Ética en los Negocios en la Facultad de Contaduría y Administración UNAM.

Varios ejemplares de la obra, disponibles en las bibliotecas universitarias: Central y de Posgrado de la Facultad de Contaduría y Administración.


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